lunes, 1 de noviembre de 2010

Dos gotitas y a correr

“Dos gotitas y a correr, dos gotitas y a correr”, me repetía a mi misma para darme ánimo. Pero aún con el gotero justo arriba de mi boca, no me animaba a dejar caer las gotitas. Volvi a poner el adminículo dentro del frasquito.

“Dos gotitas y a correr” OK. No podía ser tan difícil. Sólo debía poner dos gotitas del líquido del frasquito en mi boca, tragarlas, y empezar a correr, eso era todo, luego, la magia? el destino? la fe? Bueno, lo que fuese, haría el resto, o al menos eso había dicho la imagen de mi misma en el mensaje grabado por mi Súper Yo vaya Dios a saber cuándo… Si, sonaba todo medio raro… Estaba sin lugar a dudas frente a unos de esos casos de Creer o Reventar. Pero desde hacía bastante tiempo me encontraba en una zona bastante enrarecida… y como aún no había reventado, sería cuestión de creer, no más!

Entonces era “dos gotitas y a correr”… pero a dónde?! No debía olvidar que uno de los requerimientos para no ir a parar al lado de Juana de Arco justo en el momento en que la están prendiendo fuego, era saber exactamente el lugar a dónde quería ir, atraer ese lugar con la mente.

Bueno, entonces sería: “dos gotitas, atraer un lugar con la mente, y a correr”.

Tendrá algo que ver con la ley de atracción??? Espero que no! Espero que este mecanismo tenga un nivel de seguridad un tanto mayor! En la bendita ley esa, las pequeñas omisiones suelen derivar en grandes catástrofes! Siempre en todos mis intentos, me faltaron 5 pal peso! Si lo que quería era un trabajo, algo simple, de mesera, por ejemplo, para ganarme unos mangos, me salía uno en un bar de mala muerte en el puerto, lleno de trabajadores olorosos y poco adeptos a dejar propina, del que finalmente era echada porque tampoco les daba para pagar un sueldo. Cuando quise un novio, me olvidé de aclarar que no estuviese casado y con dos hijos, -es necesario aclararlo?!- y para cuando me enteraba de su doble vida, ya era tarde, o mejor dicho, ya había pasado suficiente tiempo como para que me rompiera el corazón. Cuando buscaba departamento, encontré justito lo que soñaba, luego descubrí que en el piso de abajo hacían macumba con gallina muerta incluída y en el piso de arriba vivían dos muchachitos de 20 que habían venido a estudiar, -o eso le habían dicho a sus padres-, y se la pasaban de juerga con la música a tope hasta las 4 de la mañana… O sea, mi experiencia con la ley de atracción no había sido muy buena hasta el momento. O quizás no soy muy buena para atraer buenas cosas hacia mi? No se, y para el caso es lo mismo, sea como sea, estas cosas a mi no me salían nada bien. No habría una forma más fácil de llegar al lugar al que uno quería ir? No era lo mismo si lo escribía en un papel? No existía ningún botón para apretar y listo? Pero no, no existía...

Y una vez allí, qué??? Otra incógnita que me llenaba de preguntas: una vez allí, qué haría? No tenía más que lo puesto y un monedero con unas pocas monedas y algún que otro billete que había quedado dentro del bolsillo de la babucha desde Dios sabe cuándo, convengamos en que así tampoco podía llegar muy lejos. Y tampoco me la podía pasar viajando, o si?! Tenía que comer, tenía que dormir en algún lugar… UFFF!!! Todo esto ya estaba comenzando a atormentarme más de la cuenta. Aquí debería aparecer esa luz de la que hablaba la Jimena del mensaje, indicándome el camino, “quiero que aparezca la luz! quiero que aparezca la luz!” comencé a gritar casi sin darme cuenta. Y ahí los vi. Dos hombres, muy bien trajeados, giraron hacia mi al oir mis gritos, e inmediatamente comenzaron a correr en mi dirección. No demoré ni un segundo más en tomar la decisión, volví a abrir el frasco, me zampé dos gotitas en la boca, y comencé a correr…