lunes, 1 de noviembre de 2010

Dos gotitas y a correr

“Dos gotitas y a correr, dos gotitas y a correr”, me repetía a mi misma para darme ánimo. Pero aún con el gotero justo arriba de mi boca, no me animaba a dejar caer las gotitas. Volvi a poner el adminículo dentro del frasquito.

“Dos gotitas y a correr” OK. No podía ser tan difícil. Sólo debía poner dos gotitas del líquido del frasquito en mi boca, tragarlas, y empezar a correr, eso era todo, luego, la magia? el destino? la fe? Bueno, lo que fuese, haría el resto, o al menos eso había dicho la imagen de mi misma en el mensaje grabado por mi Súper Yo vaya Dios a saber cuándo… Si, sonaba todo medio raro… Estaba sin lugar a dudas frente a unos de esos casos de Creer o Reventar. Pero desde hacía bastante tiempo me encontraba en una zona bastante enrarecida… y como aún no había reventado, sería cuestión de creer, no más!

Entonces era “dos gotitas y a correr”… pero a dónde?! No debía olvidar que uno de los requerimientos para no ir a parar al lado de Juana de Arco justo en el momento en que la están prendiendo fuego, era saber exactamente el lugar a dónde quería ir, atraer ese lugar con la mente.

Bueno, entonces sería: “dos gotitas, atraer un lugar con la mente, y a correr”.

Tendrá algo que ver con la ley de atracción??? Espero que no! Espero que este mecanismo tenga un nivel de seguridad un tanto mayor! En la bendita ley esa, las pequeñas omisiones suelen derivar en grandes catástrofes! Siempre en todos mis intentos, me faltaron 5 pal peso! Si lo que quería era un trabajo, algo simple, de mesera, por ejemplo, para ganarme unos mangos, me salía uno en un bar de mala muerte en el puerto, lleno de trabajadores olorosos y poco adeptos a dejar propina, del que finalmente era echada porque tampoco les daba para pagar un sueldo. Cuando quise un novio, me olvidé de aclarar que no estuviese casado y con dos hijos, -es necesario aclararlo?!- y para cuando me enteraba de su doble vida, ya era tarde, o mejor dicho, ya había pasado suficiente tiempo como para que me rompiera el corazón. Cuando buscaba departamento, encontré justito lo que soñaba, luego descubrí que en el piso de abajo hacían macumba con gallina muerta incluída y en el piso de arriba vivían dos muchachitos de 20 que habían venido a estudiar, -o eso le habían dicho a sus padres-, y se la pasaban de juerga con la música a tope hasta las 4 de la mañana… O sea, mi experiencia con la ley de atracción no había sido muy buena hasta el momento. O quizás no soy muy buena para atraer buenas cosas hacia mi? No se, y para el caso es lo mismo, sea como sea, estas cosas a mi no me salían nada bien. No habría una forma más fácil de llegar al lugar al que uno quería ir? No era lo mismo si lo escribía en un papel? No existía ningún botón para apretar y listo? Pero no, no existía...

Y una vez allí, qué??? Otra incógnita que me llenaba de preguntas: una vez allí, qué haría? No tenía más que lo puesto y un monedero con unas pocas monedas y algún que otro billete que había quedado dentro del bolsillo de la babucha desde Dios sabe cuándo, convengamos en que así tampoco podía llegar muy lejos. Y tampoco me la podía pasar viajando, o si?! Tenía que comer, tenía que dormir en algún lugar… UFFF!!! Todo esto ya estaba comenzando a atormentarme más de la cuenta. Aquí debería aparecer esa luz de la que hablaba la Jimena del mensaje, indicándome el camino, “quiero que aparezca la luz! quiero que aparezca la luz!” comencé a gritar casi sin darme cuenta. Y ahí los vi. Dos hombres, muy bien trajeados, giraron hacia mi al oir mis gritos, e inmediatamente comenzaron a correr en mi dirección. No demoré ni un segundo más en tomar la decisión, volví a abrir el frasco, me zampé dos gotitas en la boca, y comencé a correr…

lunes, 25 de octubre de 2010

La Revelación

“SOLO POR DESESPERACIÓN” repetía en mi cabeza como un mantra sin fin, hasta que un torbellino de imágenes se me presentó como una revelación. Una a una íban pasando las imágenes, como si se tratara de una película: yo pequeña, en aquel viaje familiar en avión, cuando mi mamá me retara frente a la azafata, y el primer salto se produjera, casi sin notarlo, pero corroborando el inicio de toda esta locura. Luego vinieron otros tantos pasajes de mi vida en los que también se produjeron saltos a otras realidades, muchos de los cuales fueron momentos en que ni siquiera registré el cambio de realidad, y así, hasta que los saltos de realidad a realidad se volvieron evidentes…

Y entonces, en la misma nebulosa en la que estaba viendo mi vida como una película, se presenta ante mi, con una claridad digna de la más absoluta realidad, (¡¿?!) una figura, borrosa al comienzo, pero que fue ganando corporeidad hasta convertirse en mi misma imagen, estaba frente a mi propia imagen! Y eso, sea cual fuese la realidad en la que me encontrara, resultaba sumamente extraño…

Sin dejarme salir del asombro que me invadía, de pronto, la imagen de mi que tenía en frente comenzó a hablar:

“Mirá Jimena, no te pido que comprendas, porque en principio, todo esto es incomprensible, pero confiá, al menos confiá en vos, soy un mensaje que vos misma grabaste para serte revelado a vos misma por vos misma, si llegaba el momento en que te encontraras acorralada, desesperada… Confiaba en que ese momento nunca llegara, pero se ve que no tuvimos esa suerte… Y tampoco tenemos tiempo… Somos un grupo, somos varios, que descubrimos que hay más de una realidad, aunque nos quieran hacer creer lo contrario, hay miles, hay millones de realidades, tantas como puedas imaginar, sólo somos, en esta realidad, una porción mínima del potencial de nuestro ser… Y así está formado el mundo, así funciona, y así gira. Sólo que, como siempre ocurre, hasta el más perfecto de los mundos tiene sus grietas. En este mundo, nosotros, los que son como nosotras, somos las grietas, por eso estamos en peligro, porque nos quieren acallar, nos quieren tapar, como se hace con las grietas, pero a veces las grietas, son la única forma que existe para respirar. Existen ciertos seres con gran caudal de imaginación y alguna que otra característica más que no tenemos tiempo de enumerar, que somos capaces de atravesar los umbrales límites de realidades, lo que hace que podamos saltar de una realidad a otra. Lo más probable es que aún no sepas cómo hacer para dominar estos saltos, no te preocupes, ya los dominarás, sólo es cuestión de práctica, como en la mayoría de las cosas. Lo que es importante es que entiendas que quienes te persiguen, no se tomarán el trabajo de averiguar qué sabés y qué ignorás, sólo te tienen en la mira, saben que sos una amenaza para el sistema que han formulado, y así las cosas, no dudarán en arremeter con todas sus fuerzas para acabar con la amenaza que los acecha… si, ya se, ya se, que no querés ser una amenaza, que no pretendés desbaratar el perfecto sistema de nadie ni de nada, pero creeme, los que te buscan, no se van a quedar calladitos escuchando lo que tenés para decir. Se acaba el tiempo, por ser la primera vez que tomaste estas gotitas, apareciste dándote este mensaje, pero eso no volverá a suceder. Ahora estás sola, y tenés que correr por tu vida. Somos varios, te estamos esperando, y vamos a tratar de ayudarte en lo que podamos, pero de momento, estás sola. Yo se quién sos, se quién soy! Lo vamos a lograr, no tengas miedo, tené fe y confiá en vos. Cuando tengas que saltar a otra realidad, tomá dos gotitas y empezá a correr, mentalizá el lugar y el momento al que quieras ir, y atraelo hacia vos, parece loco, pero es así, no te preocupes, con el tiempo y con la práctica lo vas a ir dominando cada vez más. Jimena, esto es muy importante, aquí comienza otra historia, otra vida, a partir de ahora vas a cargar una mochila muy ligera, sólo lo indispensable. Es difícil al comienzo, pero de a poco, te vas a acostumbrar, como a todo… Pensá que al estar lejos de la gente que queremos, también los estás protegiendo, nadie quiere que esto salga a la luz y no van a hacer nada en contra de los que queremos, pero si saben que estás cerca, tampoco van a dudarlo, alejarte es lo mejor que podés hacer. Ya vas a encontrar las maneras de comunicarte con ellos, pero eso será en otro momento, más adelante, ahora te tenés que ocupar de vos, de mantenerte en movimiento, cuanto más te muevas, más difícil les resultará encontrarte. No se cuánto podremos estar metidas en esta locura, acá somos un grupo de alter egos que nos unimos para desbaratar esta mentira, somos de una realidad específica, casi sin conexión con las demás realidades, aquí no podrá llegar cualquiera que salte de realidad en realidad, pero vos tenés que lograrlo. Hay muchos que conviven con estos saltos sin siquiera saberlo, y no presentan ningún riesgo, son pacíficamente apaciguados, simplemente, se los neutraliza, se les duerme el deseo de vivir otras realidades. Vos misma viajaste a través de las realidades durante mucho tiempo hasta darte cuenta de qué se trataba todo esto… y ahora, el reloj ha comenzado a marchar, ya no hay vuelta atrás, sin quererlo nos vamos internando más y más profundamente en este desquicio. Despedite de lo que conocías, una vida nueva comienza para vos. Mi consejo, si es que te puedo dar un consejo, es que saques provecho de esta prueba que te pone la vida, no te pelees con lo que te tocó, creeme, no sirve de nada, ya lo hice, es sólo energía perdida. Aprovechá la experiencia, agenciala, es lo mejor que podés hacer. Espero que no tardemos mucho en encontrarnos, confiá en que cuando lo necesites, una luz aparecerá para guiarte el camino, estate atenta y permeable a las señales, están por todas partes, sólo que nos cuesta percibirlas… Corré, ante la duda, corré, al final de cuentas, es lo que le sirvió a Forres, no?

Y así, con ese signo de pregunta sobrevolando la nebulosa de la imagen que ya comenzaba a descomponerse, mi alter ego de la realidad a la que corriendo debería llegar en algún momento, desapareció, y yo me desmayé…

Cuando volví en mi, seguía recostada a la sombra del mismo árbol que me había alojado a sus pies al llegar a la Plaza San Martín. Nadie parecía haber notado nada, supongo que no es tan extraño ver a alguien tendido a la sombra de un árbol en plena plaza San Martín, aún durmiendo, no sería nada que llamara la atención. De todos modos, me costó un poco desentrañar en dónde estaba y qué había sucedido. Poco a poco fui recordando, recordé estar en casa y que sonara el portero eléctrico, recordé haber atendido y poco después escuchar los tiros, recordé la huida, recordé llegar casi sin aliento a esta plaza y recordé la desesperación. Luego volvió a mi la imagen del mensaje que yo misma me había dejado desde sólo Dios sabe qué clase de realidad. Y ahí dejé de recordar. Supongo que coincide con el momento en que me desmayé.
Si todo lo dicho en el mensaje era cierto, estaba en problemas, y graves, pero… por qué a mi??? Y me recordé diciéndome desde los confines de mi mente: “no te pelees con lo que te tocó, creeme, no sirve de nada, es sólo energía perdida” O.K, parecía muy fácil dicho así, pero aún no podía dejar de preguntarme lo mismo una y otra vez…
Al menos ya sabía una forma de huir, tenía que correr. Ahora empezaba a congraciarme un poco más con las dimensiones que había adquirido mi anatomía, parecía no haber sido del todo caprichoso, después de todo. Qué debía hacer ahora? Era posible que todo lo dicho por mi desde no se dónde fuese cierto? Sonaba todo tan raro… Por otra parte, sería cierto el mensaje en si mismo, o sería otra potente creación de mi evidente poder de imaginación? Si era cierto lo que decía el mensaje, debía tomar sólo dos gotitas del líquido que contenía el frasquito misterioso, atraer con la mente algún lugar al que quisiera llegar, y comenzar a correr. Eso era todo, esas habían sido las únicas indicaciones, estaba sola, estaba por mi cuenta, y tenía que correr, al menos eso me había quedado claro, si a Forrest le había servido… No pude evitar sonreírme con otra frase de la misma película que se me vino a la cabeza: “la vida es como una caja de bombones, nunca sabés qué te va a tocar”, y vaya sorpresa que me había llevado! Desde hacía bastante tiempo que las cosas venían siendo raras, muy raras para mi gusto, pero tener tan claramente la imagen de mi misma haciendo la gran revelación era absolutamente disparatado! Sonaba todo tan descabellado… por otra parte, el frasquito seguía firme en mi mano… Sería posible? Sólo había una forma de comprobarlo…

martes, 7 de septiembre de 2010

La Huida

Con el cuerpo deforme y musculoso que esta realidad me tiene reservado, decidí darme una ducha de agua fría que despertara todos mis sentidos y me dispusiera del mejor modo posible para la investigación que seguramente me tendría horas, días recluída. Pensé que el agua helada era la mejor opción para despabilar sentidos, y que si me había esforzado tanto haciendo ejercicio hasta alcanzar un cuerpo de tales dimensiones, entonces seguramente estaría acostumbrada a soportar grandes esfuerzos y demás incomodidades, cómo no toleraría una simple ducha de agua helada? Así que confiada, me metí de lleno bajo el chorro de agua helada. Mala idea. El agua estaba realmente congelada, así que con rapidez hice enroque de canillas, abriendo a full la caliente y cerrando a la vez la fría, con tanta mala suerte que el primer chorrito caliente cayó con fuerza sobre el cuero cabelludo, protegido por los escasos pelos que quedaban en mi cabeza, y el dolor fue tal que enseguida me fui con todo el cuerpo para atrás, como escapando del agua caliente que caía, pero al hacerlo, trastabillé de modo tal que caí al piso llevándome conmigo la cortina de la ducha. Parecía que nada en esta realidad resultaría simple.

La caída dejó como secuelas un moretón enorme en el cachete izquierdo de mis asentaderas y un corte no profundo pero considerable en mi codo derecho. Lo primero, ponerme de pie con un rosario de quejidos acompañando cada movimiento. Entrar en la ducha, nuevamente, ya sin cortina ni nada, sólo para enjuagarme así no más, una vez que logré, bien lejos del chorro, que el agua saliera a temperatura templada. Después de secarme comencé la búsqueda de algo que sirviera para tapar el corte del codo y, de ser posible, alguna crema que aliviara el golpe del trasero, que ya estaba comenzando a hincharse. Lo primero a lo que atiné es a revisar el armarito del baño, supuse que en ésta y en cualquier otra realidad, de guardar gasas, algodón, alcohol, curitas y demases para dolores y cortes, seguramente los guardaría en un botiquín o armarito en el baño, pero qué sabía yo, después de todo? Así que sin demasiadas expectativas, abrí el armarito, y para mi sorpresa, un arsenal de ungüentos, gasas, cintas adhesivas, píldoras y calmantes me llevaron al edén de los músculos golpeados. Y claro, con semejante cuerpito que me había echado, gasas, vendas, y cremas para dolores musculares era lo mínimo que podía tener. Así que desinfecté la herida, la cubrí con gasa y cinta, y así por pura casualidad, descubrí un frasquito misterioso con dosificador, que contenía un líquido transparente y cuya etiqueta me llamó poderosamente la atención: “SOLO POR DESESPERACIÓN”, se leía en letra imprenta. La letra, era bastante parecida a la mía, aunque también podía haber sido de cualquier otro, y la leyenda era algo que perfectamente podría haber escrito yo, siempre extremista y dramática, sea en la realidad que fuera. Por un momento me quedé paralizada, con la vista fija ante semejante descubrimiento. A qué clase de desesperación aludía la etiqueta? Imposible saberlo. Todo este asunto estaba volviéndose cada vez más escabroso. Sin tomar ninguna decisión, tomé el frasquito y salí del baño. Me vestí con unas babuchas circenses, de muchos colores y dudoso gusto, una remera amplia, y fui a la cocina a prepararme un café con leche, con un poco de cafeína en la sangre, supuse, podría comenzar a ver las cosas con mayor claridad y retomar mis investigaciones. Para mi asombro, (aunque a esta altura ya pocas cosas podían asombrarme), tras revolver todas las alacenas, no encontré por ninguna parte un frasco de café decente, todos eran descafeinados, se podía ser tan distinta en otra vida? Así estaba, a las puteadas, cuando el sonido del timbre me sacó de mis pensamientos. Por un momento no supe qué hacer. Estaba todo demasiado patas para arriba, hacía un día no más, yo era yo, y no otra, y acababa de volver de mis vacaciones con calavera. Tras dormir una noche, nuevamente había despertado en el cuerpo de otra yo, había sufrido una caída que casi me rompe la crisma, y había corroborado que el cambio de latitud de mis vacaciones me había mantenido en mi realidad, para volver a sacarme de ella de un tirón apenas volviera. Para colmo de males, de calavera ni noticias. Además de eso, no había averiguado mucho, salvo que todo este asunto de los viajes era mucho más complejo de lo que podía imaginar, y sin tener la completa seguridad, comenzaba a intuir que mi vida corría peligro. En esos pensamientos estaba cuando decidí que lo mejor era atender el portero, cualquier cosa podía servir como pista que me guiara sobre cómo continuar con todo esto. Al preguntar por el portero eléctrico quién llamaba, reconocí la voz del viejito hippie que había venido aquella mañana, (parecía que había pasado una eternidad ya!), con la joven de overol y me habían hablado por primera vez de la CSS. Si bien ya nadie me parecía demasiado confiable, incluso en su primera visita me había sentido intimidad por ellos, algo en mi tendió a confiar, y cuando estaba a punto de tocar el botón para que entraran, escucho un “Cuidado!” un poco más lejano, seguramente de la joven, un sonido como de disparo y un quejido después. No me quedé a escuchar nada más. Ya todo esto estaba pasando de castaño a oscuro. Saltar de una realidad a otra, era una cosa, que la gente se muera de un balazo en la puerta de mi casa era otra muy distinta. Así que comencé a correr. Con una agilidad suprema trepé de un tranco la escalera caracol, llegué a la terraza, y sin frenarme por ningún obstáculo comencé a saltar por las terrazas vecinas. Ya antes de llegar a la terraza de mi casa había escuchado como rompían la puerta y entraban de prepo varias personas, y si bien no volví a echar la vista atrás, sabía que estaban persiguiéndome, acechándome. Yo sólo podía correr, y eso hico. Por los techos vecinos primero, por subtes y pasadizos después, pero corrí, corrí, corrí con un afán y una destreza que no me llamaron la atención hasta que, en plaza San Martín, me tiré bajo la sombra de un árbol a descansar. Entonces comprendí que la huída que había protagonizado no era normal, sólo una persona acostumbrada a huir podía hacerlo con la maestría que había desplegado. Y comencé a pensar que este cuerpo no era sólo producto de un extraño interés por desenvolverme en las artes de la acrobacia. Parecía que toda yo estaba preparada para huir. Quién era yo realmente? De qué estaba huyendo? Y lo más importante, hacía cuánto que huía? Me dolía la cabeza, el corazón latía agitadamente dentro de mi pecho, y entonces, del bolsillo de la babucha circense asomó el frasquito con la leyenda “SOLO POR DESESPERACIÓN”. No sabía a qué me había referido con esas palabras, ni siquiera sabía si había sido yo quién las había escrito, pero este era un momento de desesperación, de eso estaba segura, y si la letra era mía, tenía que confiar en mi. Claro que podía ser que la letra no fuese mía, pero prefería ni pensar en eso. Algo tenía que hacer, no se me ocurría nada, y estaba claramente desesperada. Luego de unos segundos de sostener el frasquito entre mis dedos, sin pensarlo más, lo abrí y con el dosificador eché unas cuantas gotitas debajo de la lengua. Y lo tragué. En mi mente rebotaban las palabras “SOLO POR DESESPERACIÓN”

martes, 17 de agosto de 2010

El comienzo de la investigación

El tema estaba planteado, mis vacaciones habían terminado, y nuevamente, me encontraba yirando entre las vidas paralelas, cuánto tiempo habría pasado desde la última vez que estuve por esta vida? No tenía ni pistas. Lo único que sabía, era que todo podía ser posible, todo podía ser real, así como todo podía esfumarse en un santiamén, la única aseveración cierta, era que la delgada línea que separaba una realidad de otra, era lo suficientemente insondable como para que ninguna paralela se cruzara con la otra, podría, entonces, yo hacer un cruce de realidades??? podría, al menos, moverme libremente entre una realidad y otra???

Rápidamente debía organizarme, tomar el toro por las astas, recopilar toda la información con que contaba, y trazar un plan para moverme con la mayor autonomía posible, fuese en la realidad que fuese…

Lo que era claro, era que el cambio de latitudes había posibilitado mi estadía a largo plazo en la realidad de origen, hecho comprobado, además, por el brusco cambio producido una vez vuelta a la latitud de pertenencia.

Entonces, no quedaba otra más que pensar que, efectivamente, había una matriz que encerraba todos estos procesos y mecanismos, y al menos un conductor de esa matriz también debía haber. Ahora me faltaba averiguar quiénes eran, qué pretendían y qué podía hacer yo para recobrar mi autonomía. Cuántos seríamos en mi misma situación?


Aquella noche que desperté en pleno viaje de ida a Bolivia, cuando caí en la realidad a la que pertenezco de origen y a la que no estaba pudiendo volver desde hacía un tiempo considerable, comencé a sospechar que todo estaba mucho más sistematizado de lo que yo podía siquiera imaginar. De ser así, si realmente había alguien o alguienes digitando todo esto, entonces era claro que había algo en donde me estaba metiendo, o estaba a punto de meterme o quizás, ya me había metido sin aún saberlo, que me convertía de un ser, sino peligroso, al menos amenazante para el buen equilibrio del sistema. No atinaba a saber del todo qué era, pero algo tan poderoso como la intuición me anunciaba que estaba cerca…

Las posibilidades de que me mantuviera en esta misma realidad por un tiempo prolongado eran más bien escasas según los últimos acontecimientos. De hecho, haber vuelto a obrar por estas latitudes me había sorprendido sobremanera. Entonces fue que comencé a pensar que el cambio físico en las coordenadas espacio-temporales de los saltos a otras realidades, había posibilitado no sólo la vuelta a mi realidad de origen, sino además la libre estadía en ella. Cuando al día siguiente desperté en la misma realidad de vacaciones que el día anterior, y al siguiente lo mismo, me percaté de que ésta era una oportunidad que no podía desaprovechar… Debía averiguar lo más que pudiera acerca de estos saltos temporales y de estos pasajes a otras realidades.

Pronto comencé a darme cuenta de que la mía era una aventura por lo menos peligrosa. Si había logrado engañar los sensores del sistema de saltos de realidades, era lógico pensar que al menos notarían alguna falla. Quizás no supieran quién había zafado los rigurosos controles, quizás no tuvieran ni la más mínima idea de por qué latitudes encontrarme, pero estarían atentos a cualquier tipo de pista que pudiera dejar en el camino. Debía andar con mucho cuidado, no podía dejar ni un cabo suelto.

En estos pensamientos me debatía cuando el primer índice de fatalidad me rozó de cerca. Luego de que aquella piedra diera con todo en la chapa del micro que nos llevaba de Buenos Aires a Bolivia, al inicio de nuestras vacaciones, una señal de alarma pareció encenderse dentro mío… No podría explicar con palabras qué fue exactamente lo que pensé o, mejor dicho, lo que sentí. Sólo puedo decir que una incomodidad, como un rayo de electricidad, me atravesó todo el cuerpo. La piedra, entonces, no quedó más que en un borroso recuerdo que no pasó a mayores: una piedra más que tiran desde la carretera a los micros y autos que pasan, se supone, para robarles. Como la piedra no causó ningún daño ni nadie salió herido, pronto el episodio piedra quedó en el olvido, pero por algo no dejó de ocupar un espacio allí, en los albores de mi mente. Luego vendría lo peor…

Cuando la pobre boliviana nos espantó a todos con sus llantos y sus quejidos, todos supimos que lo peor había sucedido, el joven boliviano había fallecido. Como conté en su momento, todos quedamos absolutamente impresionados y tomados por la desgracia ocurrida. Sin embargo, yo sabía, aunque no me animara a mencionarlo, que ahí había algo más… Todos los acontecimientos posteriores no hicieron más que avalar lo que pensaba: se habían dado cuenta de que me había escapado del sistema, y estaban haciendo todo lo posible para traerme de vuelta, sea como sea… y por lo visto, no estaban muy lejos. La carrera había comenzado.

Fue ahí que decidí usar mis vacaciones para investigar, averiguar todo lo que pudiera al respecto. Si mis cálculos eran ciertos, entonces podría estar en esta realidad, al menos, hasta que volviera a mi latitud de origen. Si eso era así, contaba con 20 días aproximadamente para hacerme de toda la información que pudiera, sin interrupción que me hiciera perder el hilo de mis investigaciones como ya me había pasado tantas otras veces. Por supuesto que en cuanto había comenzado a notar algo, había comenzado a investigar también. Pero cada vez que me acercaba a algún punto, uno de estos saltos se producía y me hacía perder el hilo de todo lo que venía investigando. No tenía medios ni conocimientos para hacer de mi búsqueda un trabajo sistematizado. También es cierto que demoré bastante el inicio de mis investigaciones, pero quién podría culparme por ello? Si bien ya comenzaba a sospechar algo al respecto, la verdad es que eran sólo sospechas que prefería enterrar bien profundo en la oscuridad de la conciencia, sin intentar dilucidad a cuento de qué venían. No niego que en algún momento noté que había algo que no estaba funcionando de un modo “normal”, pero no se me cruzó ni por un segundo la posibilidad de las realidades paralelas, sabía que algo raro estaba pasando, pero de allí a creer que existían las vidas paralelas, es más, creer que yo podía saltar de una realidad a otra como quien atraviesa el umbral de una puerta… Nadie, ni el más cuerdo ni el más loco lo hubiese pensado, y tampoco yo lo pensé. De hecho, si me tocara cruzarme frente a frente con un hombrecito verde de mediana estatura y dedos largos que repitiera como un mantra “mi casa, mi casa”, seguramente pensaría que es un borracho saliendo de una fiesta de disfraces, no se me ocurriría pensar que me estoy topando con el mismísimo ET intentando establecer contacto con el más allá, hasta dudaría sobre la originalidad del disfraz… Por eso, que no se me culpe por la cautela con que empecé la investigación. Más bien, la investigación la comencé porque en verdad empecé a creer que me estaba volviendo completamente loca, y todo lo que estaba viviendo lo atribuía a extraños dejavu, a sueños en plena vigilia, a una imaginación demasiado estimulada, y a la mismísima insanía. Fue ahí cuando comencé a explorar mi árbol genealógico, estaba segura de que encontraría la explicación a todo esto, seguramente, algúna tía loca, algún tataratataraprimo lejano que hubiese perdido el copete sería la explicación a cierta demencia que estaba haciendo de las suyas en mi cabeza, y, ojalá, fuese algo a lo que pudiese ponerle fin, aunque sea bajo tratamiento. Pero nada, pude descubrir entre mis ancestros, nada salvo un tatarabuelo idealista que cada tanto se le daba por bajar del monte en paños menores y a los tiros, armado con un trabuco naranjero al grito de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” y una bisatíabuela soltera, que cada domingo iba a la iglesia con su vestido de novia, esperando encontrar allí a su amado, que la había abandonado días antes de la boda para huir con una heredera de la alta alcurnia cuya familia no aprobaba la unión. Salvo estos dos casos perdido, no encontré otros índices de locura preocupantes… El único cabo suelto, la única rama que no había cerrado, provenía de una prima de mi abuela, de la que no se supo nada más desde que, a los 28 años y tras despedirse entre sollozos de sus seres queridos, simplemente desapareció, como si se la hubiese tragado la tierra… Entonces fue que no me quedó más opción que empezar a considerar la posibilidad de que todo lo que sospechaba, era en realidad cierto, y que quizás estaba en mi continuar con el sino de aquella pariente perdida…


Entonces recordé aquella mañana en la que de improvisto, dos personas que decían pertenecer a la C.S.S, Comisión de Seguridad Secreta, vinieron a mi casa con la excusa de que investigaban la existencia de realidades paralelas. Recuerdo que en su momento no le di mayor importancia, pero ahora todo parecía cobrar otra magnitud.

Si, debía aprovechar mis vacaciones, debía aprovecharlas para averiguar lo más que pudiera sobre el cruce de vidas paralelas. Si mis conjeturas eran ciertas, estaba pronta a descubrir algo, y eso me hacía igualmente peligrosa y vulnerable a la vez…

jueves, 5 de agosto de 2010

LAS PARALELAS NO SE CRUZAN

Un paréntesis. Las vacaciones finalmente no fueron más que un paréntesis, o unas vacaciones dentro del ajetreado ida y vuelta de las vidas paralelas…

Recuerdo perfectamente ese viernes. Una vez que el hermano de calavera y la mujer se fueron de casa, calavera se acostó, (recordemos corridas al baño durante la noche anterior, abrazo a maceta con palmera, bolsita en el avión, etc), estaba lógicamente cansado y debilitado, y pronto se quedó dormido.

Yo, en cambio, me puse a ordenar, a desempacar, guardar y hacer lavados. No quería dormir, no quería acostarme, cerrar los ojos y ser vencida por el sueño y el cansancio, no quería porque no sabía qué podría suceder después. Pero era una batalla perdida de antemano, el sueño, más tarde o más temprano, me vencería y se apoderaría de mi para trasladarme vaya a saber a qué realidad…

Evidentemente, el cambio de latitudes, había posibilitado la continuidad de mi vida sin saltos hacia otras realidades, si hubiese seguido yirando por tierras bolivianas, peruanas, o por cualquier otra que no compartiera latitudes con el sitio de origen, seguramente seguiría viviendo la realidad de aquella Jimena Luján a la que con tanto ahínco intentaba volver desde antes de comenzar el viaje. Como si el cambio de latitud hubiese “mareado” al mecanismo que se pone en juego cuando se producen los saltos de realidades. Pero al volver a la latitud de origen, el mecanismo, que nunca abandonó su estado de alerta, enciende todos sus sensores que se ponen en marcha para rastrear a aquel que había osado engañar sus tentáculos receptores cambiando, sin aviso previo, su latitud de residencia. Por eso, caer nuevamente en el abismo de los saltos temporales, era una cuestión de tiempo. Yo tenía la esperanza de que el tiempo con que contara, me diera alguna chance de acción antes de caer nuevamente en otra realidad. Pero era sólo una ilusión, y para cuando me venció el sueño, yo aún estaba intentando dilucidar en mi cabeza todos estos razonamientos, mientras apilaba a un costado calzas, medias, remeras y buzos que no tendrían otro destino más que el lavarropas. Pero el sopor fue superior, y ya entrada la madrugada caí rendida, sentada en el piso, con la espalda recostada en las patas del sillón, con una calza llena de barro y polvo en una mano y una remera aún sudorosa en la otra.

Cuando desperté, a la mañana siguiente, todo rastro del viaje había desaparecido. Y todo rastro de calavera también. Nuevamente, la musculosa de pelo corto se había apoderado de mi, nuevamente, ya no era yo la dueña completa de mi ser, nuevamente debía correr contra reloj en un intento desesperado de reencontrarme con mi vida…

Cómo explicar la angustia? Deseaba no haber vuelto nunca, no haber tomado nunca ese avión. Pero sería una fugitiva toda la vida… Por otra parte, la matriz que todo lo sabía, se daría cuenta de que uno de sus eslabones no estaba en su lugar y comenzaría mi rastreo por todas latitudes. Sabía que, más tarde o más temprano, finalmente me encontraría, y sólo Dios sabe qué realidad me depararía a modo de represalia.

Es innegable que estas cosas, las realmente serias, las que realmente te colocan entre la espada y la pared, tienen la virtud de acomodar todo en su justo rango. De pronto, el camino a Coroico, las 6 horas de caminata en subida o la vuelta por la montaña, el abandono de los guías y el atravesar caminos empantanados y derrumbados no parecían ser tan malos… Casi desee haber caído aquel día barranco abajo por la montaña, rumbo al infinito y más allá… Pero no! No podía dejarme caer en la desesperación! No podía rendirme tan fácilmente, no, al menos, sin oponer resistencia. Debía luchar con todas mis fuerzas y hasta las últimas consecuencias por volver a tomar las riendas de mi vida. Aunque en ello me fuese la vida, aunque fuese lo último que hiciera… lo último…

miércoles, 4 de agosto de 2010

09/04 Regreso con gloria

A la madrugada, y después de una noche repleta de corridas al baño, el aeropuerto comenzó, da a poco, a llenarse de gente nuevamente. Por lo que calavera y yo debimos abandonar la fila entera de asientos que habíamos ocupado y conformarnos con un asientito cada uno. Dormimos lo más que pudimos, incómodos, y no profundamente, (al final, estábamos con todas nuestras cosas alrededor), y en el caso de calavera, yendo y viniendo del baño cada dos por tres. Yo supongo que, además del sándwich que seguramente le hizo mal, algo en él debe haber relajado el manojo de nervios que venía acumulando, y ahí lo largó todo… literalmente hablando.

Para cuando debíamos hacer todo el chek in para abordar el segundo avión, estaba doblado del dolor en una silla, así que de todo el papelerío me encargué yo.

Por supuesto que toda esta situación también a mi me preocupaba, así que podría decirse que no fue una espera óptima. Pero agradezco que nos haya agarrado dentro del aeropuerto, y no vagando por las calles de La Paz.

Para cuando llegó la hora de tomar el segundo avión, calavera estaba verde. Pobre! Viajar en esas circunstancias es un garrón! Pero una vez más, no nos habían consultado al respecto.

Tomamos el avión y otra vez fue un viaje cortito. Menos mal que existen las bolsitas esas que te dan “por las dudas”! Digamos que calavera hizo uso y abuso de todas las instalaciones del avión…

Aterrizamos en Santa Cruz de las Sierras. La escala era por un par de horas, pero entre que hay que pasar por la aduana, llenar formularios etc, el tiempo se pasó volando.

Cuando se baja del avión siempre, al pasar por la aduana, está ese sector donde uno deja sus bártulos personales para que pasen por la cinta, y uno pasa por esa especie de umbral donde, si tenés algo de metal, suena, te pasan un cosito y chau pinela, no? Bueno, pues no, a veces se ponen un cachito cabreros y la cosa no es tan sencilla… Resultó que la mina que estaba haciendo los controles no había dormido bien, evidentemente, y se topó conmigo que había dormido peor. Yo estaba preocupada por calavera, había pasado una noche pésima y un viaje peor, y lo único que quería era terminar pronto el tramiterío y sentarnos tranquilos a que se tomara una seven up, a ver si se le pasaba. Así que cuando fue el momento de pasar por el control, hice lo que venía haciendo en el resto de los controles que ya había pasado sin problemas. Pero esta mina, con cara de pocos amigos y muchas ganas de molestar, me pidió que me sacara el cinturón. Me indigné, si sueno, pasame el cosito ese y punto, dejame en paz! Calavera estaba verde musgo, se notaba que veníamos juntos, así que empecé con eso de “qué ganas de jorobar a la gente, vos te sentís mal y a mi me hacen perder tiempo, por qué no buscan a narcotraficantes en lugar de molestar a la gente que viene a dejar la plata en su país y así…” Calavera por todos los medios trataba de callarme, pero bueno, callar a una mujer, es difícil, y a mi ni te cuento! La historia terminó conmigo sacándome hasta los borregos que tenía puestos. Una imbécil la mina!!!

Pero finalmente pasamos y sorteamos con éxito el resto del tramiterío que nos quedaba por delante.

Esta vez si, finalmente, éramos merecedores de acceder al free shop!!!! Y me compré el perfumito!!!!!!!!! Calavera, que de a poco venía mostrando una leve mejoría, volvió a recaer, pero imagino que el precio del perfumito tuvo algo que ver…

Ahora debíamos esperar que nos llamaran para ir a la sala anterior al embarque, y mientras esperábamos, se me ocurrió que calavera se tomara una seven up, qué se yo, es lo que a mi me daban cuando era chica y andaba mal de la panza. Pareció mejorar instantáneamente, el color verde se le fue retirando de la cara y volvió a su tono habitual, incluso a reirse…

En eso, desde el alta voz llaman a embarcar a los de nuestro avión, y no se si fue el ímpetu que tomó al levantarse de la silla o qué, pero para cuando llegamos a la sala previa al embarque, calavera, corriendo lo más que pudo, no atinó más que a abalanzarse sobre una enorme maceta que sostenía a una palmera. No pude más que pensar: "qué considerado, yo hubiese dejado mi huella ahí no más, en medio del hall" Evidentemente, la seven up no había sido la idea más brillante que se me había podido ocurrir…

Después del abrazo a la palmera, ya desahuciado, calavera se tiró sobre tres sillas y se entregó a lo que el destino tuviera preparado para él. Mientras, yo no veía la hora de terminar con todo este calvario y por fin llegar a casita.

Por suerte, no mucho después los números que identificaban nuestro vuelo sonaron desde los parlantes como señal para abordar el avión que nos traería de regreso a Bs. As.

Luego de un viaje corto, con bolsita incluida pero sin mayores inconvenientes, aterrizamos nuevamente en la República Argentina, más precisamente en la ciudad de Bs. As. en el aeropuerto de Ezeiza! Cómo me gusta irme de vacaciones, y cómo me gusta volver también!!!

Al aeropuerto nos fueron a buscar el hermano de calavera y la mujer, qué bueno ver caras conocidas!

Después del abrazo y los saludos de rigor, nos subimos al auto y comenzamos el recuento de nuestras aventuras.

Para cuando llegamos a casita, no habíamos superado aún el viaje de ida con el finadito de repasador en el rostro incluído…

Casita estaba preciosa! Como la habíamos dejado, la encontramos… HOGAR DULCE HOGAR.

Los chicos se quedaron en casa un rato, pero se fueron temprano. Calavera por suerte ya estaba bastante mejor, pero se acostó para no revolver más de la cuenta lo ya revuelto, y yo me puse a desempacar todo…

Y listo.

La verdad, y más allá de todas las que nos pasaron, creo que fueron las mejores vacaciones de mi vida. Imborrables momentos, imborrables paisajes, imborrables vacaciones.

Como toda historia que se cuenta, tiene una contra partida que no se cuenta, claro. Para más informaciones sobre la contrapartida que no se cuenta, acceder a www.amolasalxxx.blogspot.com

CREDITOS: casi todas las fotos hermosísimas del viaje, las sacó calavera, bien hecho calavera!

BUEN VIAJE

BUENA VIDA

08/04 En avión

A las 6 de la mañana, ya estábamos arriba, ansiosos como si llegaran los reyes mayos. Ya nuestro viaje había llegado a su fin, (en algún momento consideré la posibilidad de que el fin llegara a nosotros antes que a nuestro viaje), y estábamos sanos y salvos. Y si bien por un momento creí que íbamos a volver en aviones separados, pues no, nos volvíamos en el mismo. Media hora después, ya nos estaba pasando a buscar el taxi que nos llevaría hasta el aeropuerto.

Si algo habíamos pensado bien, había sido justamente eso, hacer el viaje de ida en micro, y reservarnos el avión para la vuelta. Por supuesto que no contábamos con el agregado ese del pobre boliviano tiradito en el pasillo del micro con un repasador cubriéndole el rostro, pero sabíamos que para la vuelta seguramente estaríamos muy cansados, y que nos quedara la vuelta en avión era un aliciente más que reconfortante.

Mi hermana se había encargado de hacer la confirmación de los vuelos, y vía mail me había indicado que estaba todo ok, el único cambio, un agregado, en lugar de 2 aviones, tomaríamos 3, pero sin demasiado tiempo de espera entre uno y otro, y sinceramente, después de todo lo que habíamos pasado, no pensábamos que fuese un cambio relevante.

Llegamos al aeropuerto, hicimos todo el tramiterío, presentamos todos los papeles, y ahora si, sólo restaba esperar que saliera el avión, y para amenizar la espera, hacía días que venía soñando con el free shop y el riquísimo perfumito que me compraría libre de impuestos…

Primero fuimos a desayunar, compramos alguna tontería de recuerdo, (las tonterías de recuerdos las pensábamos comprar durante nuestro último día en Cuzco, pero siendo que nuestro último día en Cuzco fue en realidad en Santa Teresa, no habíamos podido comprar nada, bah, calavera no había podido comprar nada, yo, previsora, ya lo había comprado todo en Copacabana).

Y ahora si! Ya estaba lista para hacer la comprita del perfumito, la única comprita que a mi me interesaba hacer, y con la que venía soñando desde hacía días. No contaba con que, al tomar este avión, no tendría acceso al free shop…

UFA!

Pronto se hizo la hora de embarcar, y subimos al avión.



Ahhh!!! Qué lindo volar! Qué lindo estar entre las nubes! Qué lindo llegar tan rápido!

El vuelo fue cortito, apenas un par de horitas hasta La Paz, (nuevamente en tierras Bolivianas).

Una vez que aterrizamos, buscamos nuestras maletas, otra vez el tramiterío… y una vez que terminamos con todo, buscamos el free shop. Pero no, el próximo vuelo era dentro del país, así que tampoco teníamos acceso al free shop… De pronto, el perfumito comenzaba a evaporarse frente a mis narices. Lo único que nos quedaba por delante eran las 24 horitas de espera hasta el próximo vuelo.

Estábamos en La Paz, como poder, se podían hacer un montón de cosas, teníamos 24 horas!!! Pero después de todas las que habíamos pasado, calavera y yo decidimos no movernos del aeropuerto. Iba a ser una larga espera, pero estábamos seguros de que, si salíamos a recorrer la ciudad, algo nos iba a pasar, quizás nos cayéramos en un pozo sin fondo, o nos secuestraran narcotraficantes del cartel de Juarez, o fuéramos abducidos por algún objeto volador no identificado, y claro, perderíamos el avión. Así que no, no íbamos a salir. En cambio, teníamos un lugar de Internet, un libro cada uno, música para escuchar con los auriculares y un bar donde clavarnos algo cada tanto, cuando la ansiedad se tornara insoportable. El tiempo se pasaría lento, pero estaríamos seguros, qué nos podía pasar en un aeropuerto, no???????????????????

Así que, con todos nuestros petates alrededor, nos acomodamos en un par de poltronas, y dimos rienda suelta a la espera interminable.

En algún momento, el hambre se hizo insoportable, y nos metimos en uno de los dos bares que había para comer un bocado. Yo me pedí una ensalada cesar que estaba buenísima, y calavera optó por un sándwich que no lo dejó del todo conforme. Siempre lo digo, no hay nada que hacerle, vayamos a donde vayamos, siempre hago mejores elecciones de menú que calavera, (algunos me intoxican y casi me matan, pero esas son otras cuestiones).

Al caer la tarde, de a poco, el aeropuerto se fue vaciando, los negocios fueron cerrando, y para las 21 hs, no quedaba ni el loro… o mejor dicho, sólo quedaba el de seguridad, nosotros dos y el loro…

Yo solita me había embarcado en la difícil tarea de leer “La Montaña Mágica”, libro que fielmente me acompañó a lo largo de todo el viaje, y que aún hoy conservo en la mesita de luz, con la ilusión de terminarlo algún día, y mientras estaba con toda mi atención sumergida en la lectura, calavera, desde otro plano de la realidad, me comunica que no se sentía bien… quizás el sándwich le había caído mal???

Cerca de las 23 hs, y sabiéndonos dueños absolutos del aeropuerto, nos estiramos sobre las poltronas lo más comodamente que pudimos, y nos dedicamos a intentar hundirnos hasta el fondo en el sueño más profundo.

En eso estaba cuando, después de unos bruscos movimientos hacia un lado y hacia el otro, veo como calavera se levanta corriendo.
Al rato, y más blanco que la sal de Uyuni, volvía después de haber descargado parte de su anatomía en el inodoro del baño. Y así seguiría durante toda la noche…

miércoles, 28 de julio de 2010

07/4 Casi - Casi II De vuelta a Cuzco

A las 8 de la mañana, y después de dar vueltas y vueltas en la cama, de a uno, nos fuimos levantando. A los 4 nos había pasado lo mismo, desde hacía 2 horas estábamos despiertos, sin poder conciliar el sueño, expectantes a cualquier ruido que indicara que alguien se acercaba para despertarnos anunciando la feliz noticia de que nos íbamos.

Pero nada…

Ningún sonido tras la puerta, ningún paso acercándose. Lo único que se oía era la lluvia, que suave, no había parado de caer en toda la noche, complicándolo todo aún más.

Para las 8 de la mañana, ya nuestros cuerpos entumecidos por los nervios, no aguantaban más. Así que nos levantamos, de a uno, e hicimos todos el mismo recorrido, primero al baño a lavarnos los dientes, y luego agolparnos todos frente a la ventana a ver caer la lluvia.

Lo peor que nos podía pasar, era tener que quedarnos ahí un día más, con todo lo que eso traía aparejado, y que en principio, no resultaba gracioso para nadie, pero en el caso de los chicos, más que eso, no iba a pasar. En nuestro caso, en cambio, la cosa se agravaba, al día siguiente a las 8 de la mañana, salía nuestro avión para La Paz, nosotros DEBIAMOS abandonar Santa Teresa ese día.

Después de clavarnos mirando hacia fuera por la ventana, después de organizar nuestras cosas, después de ponernos más o menos en condiciones a nosotros mismos, ya no nos quedaba nada más por hacer en la habitación, así que nos fuimos, y encaramos para el restaurante donde esperábamos encontrar a Flora y a las buenas noticias.

Con la parsimonia esa que ya nos estaba impacientando, Flora nos dijo que no nos preocupáramos, (ya era tarde para esa recomendación), y que ella nos avisaría cuando apareciera una combi que podía trasladarnos al lugar del derrumbe. Como a esta altura ya no creíamos en espejitos de colores, la obligamos a que nos dijera cuánto tiempo debíamos esperar, hasta qué hora debíamos esperar, “un rato”, a esta altura de los acontecimientos, nos parecía un dato demasiado incierto. Así logramos robarle un “hasta el mediodía”, y con esa respuesta nos conformamos… por un tiempo.

Desayunamos, recorrimos un poco el lugar, y tratamos de divertirnos, aunque sinceramente, ya nos costaba un poco, el miedo a perder el avión lo ensombrecía todo.

Ya pasadas las 11 de la mañana, sin moros ni combis a la vista, y con la experiencia que veníamos acumulando, volvimos a buscar a Flora. Nuestra desesperación era tal, que no pudo más que hacerse cargo de la situación y comenzó a hacer llamados. Ahí se contagió la desesperación que nos invadía, tampoco ella parecía ahora encontrar respuestas. Y nuevamente el panorama se nos tiñó de un negro profundo.

Ya bastante después del mediodía, consiguió dar con una combi que iba a trasladarnos hasta el lugar del derrumbe, e intentó hacer lo que todos venían haciendo, “del otro lado del derrumbe, va a ver un tal Daniel que tiene una combi que los va a llevar a Cuzco”, pero en todo este tiempo, algo habíamos aprendido, así que le rogamos a Flora que viniera con nosotros, cruzara el derrumbe con nosotros, y nos despidiera con la mano una vez que nos viera arriba de la combi del tal Daniel. Por suerte, accedió a nuestros ruegos, sino, no nos hubiese quedado otra opción más que secuestrarla…

Llegó la combi, nos subimos, y en silencio viajamos hasta la zona del derrumbe. De día, todo se veía con otra claridad, y esa claridad anunciaba la locura que estábamos por cometer. Los trabajadores, intentaban allanar el camino con sus máquinas, y en la faena, montones de piedras caían desde lo alto de la montaña para estrellarse contra el derrumbe o seguir precipicio abajo. Un montón de gente intentaba cruzar tanto de un lado como del otro, y en ambos lados, los choferes, al lado de sus camionetas, observaban divertidos la odisea que todos, atemorizados, debíamos enfrentar.

Los que dirigían el “operativo cruce loco y peligroso”, a la voz de “YA”, daban la orden para que comencemos a cruzar. Yo no puedo explicar lo que fue eso, lo recuerdo y se me erizan todos los pelos. No sólo no era sencillo caminar por ahí, no sólo existía el riesgo de dar un mal paso y caer precipicio abajo, además las piedras no cesaban en su caída. Y los gritos de todos ordenando que nos apuremos, sólo lo empeoraba todo. Fue horroroso, de verdad, sentí miedo, mucho mucho miedo, no podía dejar de pensar en que estaba exponiendo mi vida de un modo tonto e inconciente, y lo peor del caso, es que no dejaba de tener conciencia de lo peligroso que era. Recé, mucho, a lo largo de toda esa caminata, y sentí mucha culpa también por estar comprometiendo mi vida de una manera tan pava, y si me caía? y si me caía una piedra en la cabeza? Listo, así no más, “un día se fue de vacaciones y nunca más volvió” Ya me imaginaba las noticias en “Una turista argentina muerta en Machupicchu mientras intentaba cruzar un camino desmoronado” Horrible, horrible final. Una piedra en la cabeza, un paso mal dado y chin pun, c´est fini!

Si a lo largo de este viaje había temido por mi vida, de pronto todo aquello me pareció un juego de niños, esta vez me las vi negras de verdad. Fui la última en cruzar, de los cuatro, evidentemente los otros o eran más corajudos o más inconscientes, no lo se, pero una vez que llegué del otro lado, no pude contener las lágrimas. Durante el cruce, varias veces estuve tentada de volver hacia atrás, pero el riesgo era el mismo para un lado como para el otro. Una parte creí que no iba a lograr cruzarla nunca, que me iba a quedar ahí, trabada sin poder avanzar, pero lo hice, en cuatro patas, pero logré llegar del otro lado… Nunca más, por favor, nunca más una cosa así!!!!!!!!!!!!!

Del otro lado, estaba calavera esperando que me agarró fuerte y me contuvo como pudo. Y también estaba Flora, que con casi el mismo miedo que yo había logrado cruzar. Entonces comenzó la siguiente lucha, encontrar a ese tal Daniel que nos iba a llevar hasta Cuzco. El tema, aparentemente, era que nadie quería hacer el trabajo de nadie, y menos gratis. Nosotros teníamos la vuelta paga, por supuesto, pero de los que nos tenían que llevar, ni rastros. Flora tuvo que pedir por favor, y comprometerse ella con pagarle al chofer en el supuesto de que en Cuzco, la empresa que habíamos contratado, no quisiera pagarle, y después de promesas y súplicas, por fin Flora logró su cometido y nosotros logramos 4 lugares en la combi.

UFFF!!!!!!!!!! Nunca un regreso se me había hecho tan cuesta arriba, aunque este también había tenido bastante de cuesta abajo.

Ya en la combi, una vez que todo lo peor había pasado, pudimos relajarnos y descansar pensando que al día siguiente, a esa hora, ya habríamos dejado Perú.

Y comenzó el retorno. Además de nosotros 4, viajaban un grupito de gringos todos rubios, altos, atlético, (qué comen los gringos? por qué todos parecían ser rubios, altos y atléticos???). Sin posibilidad de establecer contacto, (a esa altura, mis neuronas ya no hacían sinapsis, intentar hablar en otro idioma hubiese sigo una tarea titánica y no tenía fuerzas para enfrentarla), el regreso comenzó callado. Pero, así como después de la tormenta viene la calma, también hubo calma antes de la tormenta, así que este silencio que parecía inalterable, de pronto se vió absolutamente interrumpido, en medio del camino, nos topamos con un camión que tenía toda la cabina cayendo montaña abajo, y era sostenido por detrás por varios hombres que, con cuerdas, se esforzaban en no dejarlo caer. Increíble! En mi vida había visto cosa igual, salvo en las películas, claro, pero así, en vivo y en directo, jamás! Entonces la combi estacionó a un costado, y el chofer bajó y pidió socorro a calavera y Juan y al grupito de gringos rubios y atléticos. Por suerte, entre todos y a la voz de “tiren tiren” lograron subir a tierra firme al camión trapecista. Esta pequeña aventura, además de hacernos sentir en una película por 5´, le inyectó un poco más de bullicio a este viaje silencioso. Pero la emoción no duró mucho más, un ratito después, de a uno, íbamos cayendo en un sueño profundo…


Alrededor de las 19 hs. aproximadamente, llegamos a Cuzco.

Qué felicidad! Qué alegría! Qué contentura!

Lo primero que hubiésemos hecho, en circunstancias normales, hubiese sido volver a la agencia donde habíamos contratado la excursión, contar lo bien que la habíamos pasado, y devolverles la mochila que tan gentilmente nos habían alquilado. Pero las circunstancias distaban mucho de ser las normales, y lejos de agradecerles, queríamos pegarles por haber teñido nuestra excursión, que debió haber sido perfecta, de tantas cosas desagradables. Así que sin siquiera tener que charlarlo, con la mirada, calavera y yo decidimos cobrarnos con la mochila el mal trago que nos habían hecho pasar.

Ceci y Juan nos apoyaron un 100 % en nuestra decisión, y en una esquina nos despedimos de los chicos, cada cual debía volver a su hostel a reencontrarse con sus cosas y, en nuestro caso, prepararlo todo para viajar mañana, pero quedamos en volver a encontrarnos para cenar juntos.

Así que nos alejamos, y calavera y yo fuimos al hostel. Ahí nos enfrentamos a otra tormenta, la nuestra, la de Calavera y Jimena Luján. Un garrón! Aunque ahora me parece inevitable, después de todas las peripecias que habíamos vivido…

Así que así fue, nos gritamos un poco, pero después pudimos hablar otro poco, y finalmente nos arreglamos.

UFFFF! MUCHO! TOO MUCH!

A la noche, nos encontramos con los chicos, fuimos a comer pollo con ensalada y papas fritas, comimos como caballos y después a un bar a tomar un par de birras.

Nos despedimos pasándonos teléfonos, y ahora si, cada uno volvió a su hostel.

Casi sin poderlo creer, esa noche, al apoyar la cabeza sobre la almohada, caí rendida en un sueño profundo y placentero, por fin la pesadilla había terminado, sólo quedaba espacio para el sueño más dulce y placentero…

martes, 27 de julio de 2010

6/4 El comienzo del fin

Dormimos como angelitos, toda la noche, con la tranquilidad de la misión cumplida.

Como teníamos que dejar la habitación antes de las 10 de la mañana, pasó Alex a buscarnos, nos entregó a cada uno el ansiado boleto de tren y nos citó en un punto donde debíamos encontrarnos a las 12 para que nos llevara a tomar el tren.

Pero aún faltaba para las 12 y ya teníamos que abandonar el hotel, así que nos fuimos los 4 a desayunar. Nos sacamos fotos, una vez más recordamos los sucesos vividos hasta el momento y pudimos reirnos de cada uno, ya el viaje estaba llegando a su fin, sólo nos quedaba volver…

A las 12 nos reencontramos con Alex que nos acompañó a tomar el tren. Ahí nos despedimos, le agradecimos eternamente que se hubiese comportado tan bien con nosotros y no nos hubiese dejado de garpe como venían haciendo todos sistemáticamente, y le pedí mil veces perdón por lo mal que le había hablado el día anterior.

Y así, con un gran abrazo y un apretón de manos, nos subimos al tren.

Ya sabíamos lo que se venía, esa larga hora de caminata hasta llegar a la tirolesa, y ahí la larga cola hasta finalmente cruzar al otro lado. Además de la gente que viajaba en el tren, estaban los muchos que habían salido bien temprano en la mañana para hacer el recorrido del tren caminando, así que suponíamos que la cola para cruzar el río en tirolesa iba a ser inmensa. Por eso, entre los cuatro, planeamos la siguiente estrategia: ni bien frenara el tren, calavera y Juan tomarían la delantera, y Ceci y yo iríamos más tranquis, cosa de llegar a la tirolesa y que ellos ya estuvieran más adelantados haciendo la cola, y ser de los primeros en cruzar, y encontrarnos rápidamente con el guía que estaría del otro lado esperando por nosotros... si, otra vez, ni yo misma puedo creer que hayamos caído otra vez en la misma trampa, pero vayamos por partes…

La fabulosa idea que se le ocurrió a calavera, fue que llevara yo la mochila más pesada. Vale aclarar que en el viaje de ida la cargó él y despotricó a lo largo de todo el viaje. Un poco para no oirlo despotricar más, otro poco porque la idea era que ellos se adelantaran, pero sobre todo para no oirlo más, cerré trato, “además, -pensé-, ahora nos queda la mejor parte, si esta caminata de ida fue en subida, ahora nos toca en bajada” pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…

Una vez que frenó el tren, los chicos, como habíamos quedado, tomaron la delantera, y nosotras, yendo a paso firme, los seguíamos por atrás. Un primer tramo fue normal, hasta que llegamos al momento en donde debería comenzar la bajada para nosotros. Ese camino que hicimos a la ida que bordeaba el río, lo pudimos hacer porque era domingo y no había nadie trabajando, pero en realidad, es un camino cerrado, el camino que hay que tomar es por la montaña, y como era día de semana y la gente estaba, obviamente, trabajando, no nos dejó pasar y todos debimos tomar el camino de la montaña, MALDICIÓN!!!!!!!!!!!!!

Sentí que el mundo se me caía a los pies… se estrellaba contra el piso y se rompía en mil pedazos.

La mochilota ya no la soportaba más sobre las espaldas, cada 2x3 paraba Ceci a preguntarme si andaba bien, porque mis ojos inyectados en sangre y mi respiración de caballo agitado indicaban todo lo contrario. Y claro! Si a calavera le pesaba la mochila, qué se podía pretender de mi??? Sin mencionar que venía de una seguidilla de dejarme kg en el camino porque para qué cargarlos, no? Y en medio de la montaña! No sólo había subidas por doquier, sino que el camino no era fácil, (bah, no había camino), era peligroso, te podías caer… un garrón!

Lo admito, tenía ganas de asesinar a calavera. Sólo me calmó un momento en que Ceci me ofrece agua, yo le agradezco, pero ya estaba destapando la botella que cargaba yo, y en ese momento, Ceci se aviva que toda el agua con que contábamos, la teníamos nosotras. En ese momento, una breve sonrisa asomaba a mis labios…

Ya nos contarían después los chicos que les pasó más o menos lo mismo, en un momento, Juan le pide a calavera un poco de agua, y calavera le dice que la cargaba yo, y se lamentaron y putearon en todos los idiomas. Y bueno, chillá calavera, chillá, varios mts atrás estaba yo chillando de lo lindo también…

Caminamos, caminamos y caminamos.

Hasta que finalmente, con el último suspiro llegamos al tramo final donde debíamos, también por la montaña, comenzar a bajar para llegar hasta la tirolesa. Ahí lo encontramos a calavera que estaba indicando el lugar por donde debíamos bajar, ya más adelante estaba Juan.

Al verme, desfigurada, desarmada, desencajada, desesperada y todas las “ada” posibles, intentó tomar la mochila para cargarla él. No fue necesario que mediara palabra, mi mirada lo dijo todo. Creo que esa vez no lo tiré barranco abajo porque no tenía fuerzas suficientes… pero lo hubiese tirado.

Por suerte, Juan estaba bien adelantado en la cola, así que prontito cruzamos al otro lado. Como cada vez pueden cruzar sólo 3, yo crucé con los chicos, no quería ni compartir la tirolesa con calavera!

Ya del otro lado, una vez que me compuse un poco, todo volvió a tomar un tono más ameno. Ahora debíamos esperar que Miguel, así nos había dicho Alex que se llamaba el guía con el que nos debíamos encontrar, nos pasara a buscar con la combi y emprendiéramos el regreso a Cuzco

CRI CRI CRI CRI

Nos reímos, charlamos, almorzamos atún con queso y galletitas y esperamos, esperamos y esperamos.

Esperamos hasta que nos empezamos a preocupar, podía ser que nuevamente nos hubiesen dejado varados???????? Y si, podía ser…

El tiempo pasaba, los grupos enteros cruzaban y los veíamos irse en sus combis con sus guías, -qué envidia!- pero nadie acusaba el nombre de Miguel, nadie sabía dónde estaba ni quiénes éramos nosotros ni qué teníamos que hacer. Como estábamos en el medio de la nada, y no faltaba mucho más para que comenzara a oscurecer, decidimos tomar un taxi hasta Santa Teresa, y ver ahí qué corno podíamos hacer.

Con toda la bronca del mundo nos subimos a un taxi, y una vez en Santa Teresa, comenzamos a averiguar qué hacer.

Los chicos intentaban comunicarse con su agencia, calavera y yo intentábamos que una combi nos llevara de regreso, sin que nos cortara la cabeza. En eso estábamos con uno de los guías que se creía el rey teniéndonos en sus manos, hasta que llegaron los chicos diciendo que habían hablado con su agencia, y que esa combi que pretendía cobrarnos el pasaje era la que nos tenía que llevar de vuelta. Les habían dicho que había 4 pasajeros que no formaban parte del tour que estaban trasladando a quienes tenían que buscar, pero en ningún momento se les ocurrió hacer 2+2 son 4 y pensar que esos 4 que tenían que llevar éramos nosotros 4, no en ningún momento se les ocurrió, ni tampoco estaban muy preocupados por esos 4 que debían llevar y no estaban llevando. Según nos dijeron, nos buscaron del otro lado de la tirolesa, y como no estábamos, se fueron. No me consta que nos hayan buscado, de verdad que fuimos de los primeros en cruzar, y vimos irse a un montón de camionetas, y a nadie vimos que nos buscara. Pero de todos modos, no nos esperaron, y eso no está bien, no?

Por suerte dimos con ellos en el restaurante donde habíamos parado a la ida para almorzar, y ahí estuvimos un rato largo, luego, ese rato largo ahí lo pagaríamos caro.

Todos nos subimos a la combi y parecía que ahora si la odisea había terminado. Pero al llegar al lugar que tuvimos que cruzar a pie a la ida, la combi se frenó: el camino estaba 100000000000 veces peor que la primera vez que lo cruzamos. Con el agravante de que ya estaba oscuro, (esto por la demora en el restaurante, demora que todo el pasaje les echaría en cara: "nos tuvieron una hora ahí, para que consumamos, para que gastemos, y ahora, de noche, no se puede cruzar, si no hubiesen sido tan codiciosos..."),así que no se veía nada. La gente que estaba trabajando en el lugar, nos prohibió cruzar, (a pie, claro, en combi era imposible). Así que el guía, al enterarse de esto, subió a la combi a avisarnos que debíamos pasar la noche en Santa Teresa. Muchos de los que viajaban tenían avión para el día siguiente, lo que significaba que este retraso les haría perder el vuelo, pero no parecía que hubiese demasiadas alternativas.

Así las cosas, lo que les empezamos a decir, es que nos garantizaran alojamiento y comida. Ahí la cosa se puso peliaguda.

La gente que estaba trabajando en el derrumbe, tras delimitar la zona con una franja de seguridad que prohibía su cruce, se fue. Y los guías entonces, no tuvieron mejor idea que cortar la franja, (esto no es un delito???!!!), e instarnos a cruzar a oscuras un camino que se venía abajo y que teníamos prohibido cruzar. Por suerte, todos estuvimos de acuerdo en no hacerlo, salvo una señora que también tenía vuelo al día siguiente y no pensaba perderlo. Pero el resto, nos mantuvimos firmes. Una pareja de españoles que también debía volar al día siguiente, a voz en cuello pregonaba “que no he venido al Machupicchu a dejar la vida” Y tenían razón, yo tampoco había ido a Machupicchu para caerme de cabeza por un barranco desmoronado.

Y nos tuvieron que llevar de vuelta a Santa Teresa.

No se si es verdad eso de que Dios aprieta pero no ahorca, o eso de que todos contamos con un ángel protector, pero la cuestión es que, dentro de todos los garrones que nos tuvimos que comer, siempre encontramos una forma de solucionarlo o dimos con una persona que piadosamente nos ofreció su ayuda. Y así como Alex nos salvó en su momento, ahora Flora, la dueña del restaurante de Santa Teresa, no se por qué, pero nos dijo que nos tenía a su cargo y que se iba a ocupar de nosotros. Nos dio alojamiento, comida, y nos aseguró que al día siguiente nos iría a buscar al alojamiento en cuanto nos encontrara un lugar en alguna combi que nos llevara de vuelta a Cuzco.

Bueno, mañana veríamos qué haríamos, (ya eso de “yo te lo resuelvo todo” no se lo creíamos a nadie), en principio, teníamos comida y dónde pasar la noche, ya era algo…

Una vez más, y tratando de olvidar lo pasado y enfrentan con fe lo que faltaba, comimos, tomamos cerveza, charlamos y nos reímos.

Y luego, los 4 a una de esas habitaciones multitudinarias de los hostels, pero a esa altura, qué me importaba? Podía dormir parada en la plaza del pueblo!

domingo, 18 de julio de 2010

05/04/2010 MACHUPICCHU

De pronto, unos golpes secos, graves, me sacaron de un zarpazo del sueño profundo en que me había dejado caer, eran los insistentes golpes a la puerta de la recepcionista del hotel que nos avisaba que ya eran las 4 de la mañana. “Las 4 ya?!” Grité mientras de un salto salía de la cama, y a los gritos despertaba a calavera, que seguía navegando en las aguas de un sueño remoto, “dale que ya son las 4, a las 4 se iba el micro, ya son las 4, dale, dale, dale” eternamente insistente mientras me ponía una calza con una mano y guardaba el sepillo de dientes con la otra, “levantate que nos despertaron tarde, la puta madre, otra vez caminar 3 horas no!” “no se van a ir sin nosotros”, me respondió el iluso, yo, en cambio, no dije nada, sólo lo miré, con ojos inquisidores…

Dos minutos después, corríamos por la calle con los cordones sin atar y la mochila a medio cerrar.
Pero por suerte, ahí en el punto de encuentro, estaban todos aún, esperando, y así seguimos, esperando, por un rato más… Pero la espera se vió interrumpida cuando, por ahí, escucho algo así como que estaban entregando los boletos del tren para el día siguiente. Me acerco y pido los nuestros, pero no estábamos en la lista, (ya empezamos con las listitas!). Los estaba repartiendo el guía que se encargaría de nosotros desde que, esa misma tarde, volviéramos de Machupicchu. Así que me acerqué, y volví a pedir nuestros boletos. Ante la insistencia sobre eso de que no estábamos en la listita, saco el baucher le muestro como sí teníamos los boletos, así que un comino me importaba a mi la bendita listita, perdiendo absolutamente la compostura, (recordemos: venía descompuesta desde Copacabana!), le dije un par de cositas más también, pero conseguimos nuestros boletos… yo otras 7 horas no volvía a caminar ni en trance! Pero al pobre chico lo traté pésimo, y sería el único que nos daría una mano después…

Una vez apaciguada la tormenta de boletos pasajeros, vemos llegar a Ceci y Juan, la parejita de argentinos copados, que venían caminando de lo más campantes. Y así, calavera, con expresión triunfal en el rostro, me demostraba que había exagerado un poco con el apuro…

Un rato después, ya subidos al micro con destino a Machupicchu, y mientras desayunábamos una barra de cereal y un jugo que nos habían dado dentro de una bolsita a modo de vianda, nos pusimos a charlar con Ceci y con Juan y pegamos una onda increíble, y qué suerte! aún no sabíamos todo lo que nos faltaba compartir…

Llegamos a Machupicchu súper temprano, ni siquiera había abierto aún. Las entradas ya las teníamos, así que sólo debíamos hacer la cola para registrarnos, porque todos los que entran en Machupicchu deben registrarse, con número de DNI, para tener contabilizado el número de gente que ingresa, porque hay un tope determinado.

Y entramos…



No tengo palabras…



Una vez más, todo lo que habíamos padecido, la odisea atravesada, todo pasaba a segundo plano ante la inmensidad de la recompensa, hasta lo volvía un poco más místico todo…



Es inmenso, es bellísimo, es realmente sorprendente. Ni bien entras, lo que se ve es la imagen más conocida que todos tenemos de Machupicchu, y ahí nos sacamos mil fotos!!! Con la tecnología que es una cosa que no se puede creer, con la que no me amigo, pero que respeto, eso de tener la posibilidad de ver la foto en el mismo momento en que la tomás, y eso de poder sacar 1000 es fantástico! Y me pasó algo increíble, calavera me sacó la foto y cuando la vi, ni ahí mismo me lo podía creer, estaba ahí, me veía ahí, pero al ver la foto, me parecía que estaba photoshopeada, no lo podía creer, todavía no puedo creer que estuve ahí…

Pero ahí estábamos. Amoroso nos citó a todos a determinada hora para hacer la recorrida guiada, pero hasta ese momento, teníamos el tiempo libre. A recorrer entonces! Y estuvimos haciendo turismo los 4 juntos, Ceci, Juan, calavera y yo.

Cuando se hizo la hora señalada por Amoroso, fuimos al punto de encuentro, pero a la cita sólo acudimos nosotros 4 y Amoroso, se ve que los otros 6 que habían caminado por horas la noche anterior con nosotros, seguían muy furiosos con el chabón, y tenían razón, no es que nosotros no lo estuviéramos, es sólo que no nos queríamos perder las explicaciones… Así que lo que siguió fue la visita guiada que nos hizo Amoroso. Fue súper interesante, además me parece que Amoroso lo contaba y explicaba todo muy bien. Es inimaginable la organización, lo adelantados que estaban, los conocimientos que tenían… una cultura inmensa. Y como Amoroso era descendiente directo de los Incas, (o al menos eso nos dijo, y yo le creo), lo contaba de un modo especial, y dando siempre un condimento personal que sólo engrandecía todo. Así que no me arrepentí de haber tomado su guía, al contrario, cuando estaba a punto de amigarme con él, de casi quererlo un poco, calavera me cuenta que, cuando terminó de hacernos la visita a nosotros, una colega que estaba ahí le preguntó: “pero ya la terminás?” “si, ya está, les hago hasta acá”… Lo que más bronca me dió fue saber que me estaba haciendo perder un montón de cosas que me encantarían que me contaran como todo lo demás que me habían contado! Pero bueno, es así, qué se yo… es duro saber que eso de “hermanos latinoamericanos” es una mentira, tanto de un lado como de otro, no? es feo darse cuenta de que el sueño no fue posible, de que el sueño no es posible…

Cuando Amoroso decidió terminar con la visita guiada, también terminó con nosotros, y nos encomendó en las manos de Alex, el guía con el que me había carajeado a la mañana.

Adiós Amoroso.

Y los 4 seguimos recorriendo Machupicchu a nuestras anchas, y a nuestras largas también! Qué lugar inmenso, por Dios! Me impresionó ver a mucha gente que pareciera que suele ir a visitar las ruinas, que va a meditar, que se lleva una sillita y elige un lugar y se queda horas, otros que van con súper cámaras con trípode y todo, y las colocan en un lugar y también se pueden quedar horas. Otros van con un pañuelo o algo así, para poner en el piso, y arrodillados, meditan, o hacen TAI-CHI… La sensación era como que la gente esta, VIVIA, RESPIRABA Machupicchu… o algo así. Y por supuesto, esta gente, (en su mayoría, personas mayores), no llega a Machupicchu cruzando en tirolesa, eh!

Dicen que Machupicchu tiene poderes curativos, que tiene una energía muy especial… Yo no se nada de nada, lo único que puedo decir, es que a mi Machupicchu me curó. Después de Machupicchu, comencé a sentirme muchísimo mejor, ya no más descompuesta… Listo es lo único que tengo para decir. Ah, y lo de la energía, también, se siente… Ahora si, listo.

Almorzamos tirados en el pastito de Machupicchu, con una llama que andaba paseando cerca…

BELLISIMO
ME ALEGRA HABER ESTADO AHÍ

Alrededor de las 14 hs. ya no podíamos mantenernos en pie, así que nos despedimos de Machupicchu hasta siempre, y emprendimos la retirada.

La subida la habíamos hecho en bondi, ahora la vuelta debíamos hacerla caminando. No fue tan terrible como si hubiese sido al revés, pero estábamos tan cansados, que cualquier cosa era demasiado, y cada vuelta que terminábamos, al comprobar que aún nos faltaba al menos otra vuelta más, era desesperante!

No se cuánto tiempo nos habrá llevado terminar esa bajada, pero finalmente lo logramos, y fuimos directo a clavarnos una grande de muzza, y esperar encontrarnos con Alex en algún lugar…

Por suerte Alex, era bastante más responsable que sus compañeros, así que se ocupó de conseguirnos los boletos de tren y de conseguirnos alojamiento, porque una vez más, calavera y yo nos habíamos quedado afuera de una “listita”

El resto del día fue trasladarnos al nuevo hotel, bañarnos y luego salir a cenar.

Sería nuestra última noche en Aguas Calientes, al día siguiente emprenderíamos la vuelta a Cuzco, o eso creíamos al menos…

viernes, 16 de julio de 2010

04/04 La odisea a Machupicchu

A las 5.50, la camioneta de la agencia, nos estaba pasando a buscar por el hostel. Como las callecitas de Cuzco son, en general, angostísimas, había un concierto de bocinas apurandonos ahí afuera, y con toda la rapidez de la que éramos capaces para esa hora de la madrugada, dejamos el equipaje que no llevábamos en manos del pibe del hostel para que lo guardara en el depósito hasta nuestra vuelta, y con nuestra mochila prestada y la propia, bajamos escaleras abajo para dar inicio a lo que aún no sabíamos, pero se transformaría en una odisea digna de Ulises...

Nos subimos a la camioneta hermosa, moderna, cómoda, y el sr. con quien habíamos contratado la excursión, nos informa sobre un cambio que tuvo que hacer, el tren que tomaríamos después de cruzar con la tirolesa, ya no lo teníamos, en cambio, nos había agregado el micro para subir a Machupicchu. Nos pareció bien, y sin chistar estuvimos de acuerdo, y seguimos en viaje, sólo hasta donde estaba la van que nos llevaría a la excursión –no viajaríamos en esta divinura- y donde estaba el resto del pasaje. Al llegar, ya casi todos estaban allí, incluso la van a la que debíamos subir, una especie de catramina, polvorienta y tosca, donde debimos encarar las primeras 6 horas de lo que sería un viaje de locura…

En total, viajábamos unas 15 personas aproximadamente, 13 turistas (+ o -), el guía y el chofer.

Como decía, el primer trecho de viaje fueron 6 interminables horas, de cuerpos pegados y plegados sobre si, (calavera tenía un dolor de rodilla que no daba más!), en esta lata de asientos incómodos y duros. Por suerte paramos en un punto a desayunar, -moríamos de hambre!- porque además, en mi caso, me apremiaba la urgencia sanitaria: no olvidemos que yo desde Copacabana, no volví a regularizar mi estado, y no se si todo mi cuerpo estaba en descomposición, pero una parte importante, seguro que si!

Pero al transcurrir estas primeras 6 horas, ya era cerca de las 13, debimos hacer un parate obligado: el camino se había venido abajo. Nos habían advertido que los caminos no estaban en condiciones, nos lo habían advertido… y no lo quisimos escuchar. Claro que esta otra agencia nos dijo que si se podía, que no había problema, y la versión “no hay problema”, sonó más dulce a nuestros oídos. Cuestión que camino en medio de la montaña, ya no había, sólo era precipicio de un lado y un montón de barro y piedras caídas del otro, y la única opción que quedaba, era cruzarlo a pie. No era un trecho largo, serían unos 5´ caminando, pero ya la cosa se fue tornando de castaño a oscuro…

Calavera, que entre la catramina y el dolor de rodilla tenía un humor que se lo llevaba el demonio, embistió nuevamente con eso de “yo me voy, me vuelvo al hostel que estaba tan tranquilo y me quedo viendo la tv, total, yo a Machupicchu ya fui…” OK, casi lo tiro barranco abajo. Pero me acordé de que él tenía los documentos, los pasajes, la plata, y opté por la paciencia zen, (esa que dice contá hasta 10, si no alcanza, que sea hasta 100, y si tampoco sirve, seguí hasta 1.000.000), y mientras todos los guias y demás peruanos gritaban que nos apresuremos, metí borceguí en barro y me dediqué a la tarea de cruzar caminando un camino intrasitable. Como tampoco le quedaba mucha opción, calavera, hizo lo mismo. Y así lo hicieron el resto de los compañeros de viaje, y los demás que como nosotros habían quedado varados de uno u otro lado del camino. La cosa era así, los que íbamos, una vez atravesado este trecho caminando, debíamos subirnos a las camionetas que desocupaban los que venían, que harían lo propio con las camionetas que nosotros habíamos dejado libre. A medida que nos íbamos cruzando con los que “venían”, uno a uno nos iban advirtiendo: “preparense, esto recién empieza” Lo confieso, sentí pavor!

Ya del otro lado, ya subidos en la nueva van, nuestro próximo destino sería el lugar donde almorzaríamos. ALELUYA! Comer era, sin lugar a dudas, un muy buen plan. En el lugar donde hicimos la parada para alimentarnos, nos cruzamos con otros tantos que volvieron a repetirnos eso de “esto recién empieza”, pero decidí hacer oídos sordos, ya lo peor, supuse yo, había pasado…

La comida rica, con gusto a poco, pero rica. El baño, aceptable, otra visita a las instalaciones del lugar se me presentó como cita impostergable.

Ya con el estómago lleno, el humor de calavera mejoró notablemente, y así las cosas, nos dispusimos a disfrutar lo que quedaba del viaje hasta Aguas Calientes. Pero, como nos venían advirtiendo, esto recién empezaba…

Volvimos a montarnos a la combi, que nos llevó un trecho más hasta donde debíamos cruzar el río en tirolesa. Había bastante gente antes que nosotros y sólo una tirolesa que cruzaba, así que tuvimos un rato largo de espera, pero una vez que nos tocó el turno, fue sumamente divertido! Debíamos cruzar de a 3, sentados en un tablón, uno detrás del otro, con las piernas abiertas que caían al vacío, y el de adelante, debía tirar de la soga para ir avanzando. No se cuánto habrá durado el viajecito, no mucho, pero fue lindo y adrenalínico a la vez, al final de cuentas, estábamos a un montón de mts de altura, cruzando un río, subidos a un tablón de madera y sostenidos por cuerdas.

Una vez que cruzamos al otro lado, debíamos encontrarnos con otro guía de nombre Amoroso que continuaría el viaje con nosotros, ya que el guía con el que habíamos salido de Cuzco no cruzaba al otro lado del río, sino que se quedaba esperando a los que cruzaban para dar la vuelta. Ese fue uno de nuestros grandes errores, y no sería el único…

Sabíamos que lo siguiente era caminar durante una hora hasta llegar a la Hidroeléctrica, de donde salía el tren que nos llevaría hasta Aguas Calientes, y sabíamos que ese recorrido debíamos hacerlo con un ese tal Amoroso, con el que debíamos encontrarnos una vez hecho el viajecito en tirolesa, pero no sabíamos mucho más.

Lo que ocurrió fue que, una vez del otro lado, Amoroso no aparecía por ninguna parte. De todos modos, lejos de desconfiar, nos sentamos en círculo a charlar entre los que ya habíamos cruzado, mientras esperábamos a los que aún faltaban, total, no nos iba a abandonar un guía en el medio de la nada, no??????????????????????????????

Lo que detonó la hecatombe fue que a un avispado se le ocurrió preguntar por el tren, y así nos enteramos de que el único tren que salía hasta Aguas Calientes, partía a las 16 hs. A esa altura ya eran las 15.30 hs, y si llegar a la hidroeléctrica nos llevaría una hora de caminata… En ese momento comenzaron a no cerrar nuestros cálculos. “Y qué pasa si perdemos el tren?” se le ocurrió preguntar a uno, fácil, otras 6 horitas más de caminata hasta llegar a Aguas Calientes. Ese fue el momento en que el grupo se empezó a movilizar. Mientras los últimos rezagados del terminaban de cruzar por la tirolesa, el resto de nosotros cantaba a voz en cuello el nombre Amoroso, selección poco afortunada para llamar a alguien en esas circunstancias. Otro guía que andaba por ahí con otro grupo nos informó: “Amoroso ya se fue con otro grupo para la hidroeléctrica” WHAT??????????????????????????????????????? Cómo otro grupo? Qué otro grupo? Y nosotros??????????????????????????????

PANICO

Una vez que nos sobrepusimos del baldazo de agua fría, comprendimos que no podíamos quedarnos mucho tiempo más mirándonos las caras, alguna decisión debíamos tomar. A esa altura, de todos los que nos habíamos subido a la van en Cuzco, quedamos un grupo de 10: una pareja de Brasileños, una australiana que viajaba con unos amigos que ya hacía rato habían comenzado la caminata a la hidroeléctrica, 3 yanquis que viajaban juntos, Ceci y Juan, una parejita de argentinos con los que luego pegaríamos mucha onda, y calavera y yo. Muchas opciones no teníamos, no nos quedaba otra más que caminar a la hidroeléctrica. Pero algo que pensábamos hacer despreocupadamente descansando en el guía que nos acompañaría, comenzó a preocuparnos, cómo coño vamos a la hidroeléctrica???????????? Y mientras más preguntábamos, más nos preocupábamos: “ah, si les pasó lo mismo que a nosotros… tengan cuidado por qué camino agarran, nosotros nos equivocamos, nos perdimos, fuimos por la montaña, y estuvimos 12 hs caminando”, nos relató uno de los pibes que esperaba para cruzar por la tirolesa, pero en plan de vuelta. Así las cosas, decidimos juntarnos y, fuese lo que fuese que hiciéramos, hacerlo todos juntos. De ahí en más, nos convertimos en un grupo de 10 bien armado y afianzado. Junto con otros que estaban en igual situación que nosotros, emprendimos la marcha hacia la hidroeléctrica. Nos costó bastante dar con el camino que debíamos tomar “por ahí no más, toman el caminito de la montaña, lo van a ver, ahí abajito” "Ahí abajito" Dónde cuernos será "ahí abajito", pensaba yo. En síntesis, lo mismo que nada. Un par tomaron la delantera, y el resto los seguimos, y así comenzamos a escalar la montaña… Dicho así, suena fácil, pero no lo era. Estábamos cargados con mochilas, no había un camino por el cual ir, así que íbamos casi en cuatro patas, agarrándonos de pastitos y ramitas para no caernos, hasta que llegó un momento en que la cosa se puso difícil de verdad, y yo pensé: “este no puede ser el camino, está muy complicado, me puedo matar en cualquier momento”. Y en eso vemos que, por debajo de nosotros y en sentido contrario, iba llegando un grupo de gente “es por ahí”, gritamos!. No se cómo nos las ingeniamos para bajar, y una vez que nos cruzamos con otro grupito que venía en nuestra dirección, nos informaron que, ahora si, había que seguir derecho hasta llegar a la estación de tren.

Ya encaminados, nos tranquilizamos un poco. Había que trepar un trechito por la montaña, pero en seguida bajar y seguir derecho por la playita que iba al costado del río… por supuesto, en subida! Más allá del cansancio y el esfuerzo, ya estábamos encaminados.

Para cuando llegamos a la hidroeléctrica, ya era cerca de las 18 hs. Unos trabajadores del lugar nos hicieron firmar el libro en el que queda asentado quienes pasaron por allí, y aprovechamos para preguntarles cómo llegar a Aguas Calientes y contarles nuestras penurias. Los muy truhanes vieron algún motivo de risa en nuestra odisea –que recién comenzaba- y casi nos los comemos crudos. Al ver lo desmedida de nuestra reacción, (la brasileña ya estaba sacando cuchillo y tenedor para entrarles en la yugular), recapacitaron y pacientemente nos explicaron cómo continuar, a partir de ahora, debíamos seguir las vías del tren. En un primer trayecto, iba todo bien, pero luego había que subir por la montaña nuevamente atravesar la maleza, y retomar el camino de las vías. No queríamos hacerlo, nos negábamos, cómo meternos en medio de la selva? Pero no quedaba alternativa, en ese punto, no se por qué pero no se podía seguir en la misma dirección, y había que retomar las vías por arriba, y para eso, debíamos volver a trepar a la montaña y hacernos camino entre la maleza, con el agravante de que, a la noche que se aproximaba, había que agregarle la oscuridad de la selva… Un garrón! Por suerte siempre hay una luz si uno la sabe buscar, y 3 de los 10 que éramos en el grupo, tenían linterna. Lo que siguió fue sinceramente admirable, si, formamos una cuadrilla admirable, encabezada, nada más ni nada menos, que por calavera y Juan! Una vez que sorteamos la parte selvática de nuestra aventura, volvimos a la ruta de las vías del tren, pero a esta altura, ya la noche había caído sobre nosotros, no se veía nada. Y ahí la audacia de nuestros líderes de cabecera! Adelante, y como si conocieran el camino, iban calavera y Juan, indicando cuando había un pozo, cuando algún desnivel o cualquier otra cosa que nos pudiera hacer caer, tropezar, etc. Y al costado, los tres con linternas apuntaban a nuestros pies. Así estuvimos, caminando, flaqueando por momentos y dando ánimos en otros, riendo, parando un rato para tomar o comer algo -yo aún tenía de ese maíz inflado que habíamos comprado en Bolivia y fue muy bien recibido- charlando… Y así, durante 6 horas…

Hasta que, cuando ya creíamos que no lo íbamos a lograr, cuando ya creíamos que habíamos equivocado el camino y que estábamos siguiendo las vías equivocadas, cuando ya creíamos que algún monstruo marino de la época de los incas iba a expulsarse de alguna de las tantas aguas que cruzamos en la oscuridad y nos iba a hacer desaparecer de un bocado para adentrarse en las profundidades por 600 años más, unas luces allá adelante comenzaron a parpadear de pronto “LLEGAMOS” exclamamos todos, mientras corríamos con la última exhalación de aliento que nos quedaba antes de derrumbarnos por el agotamiento. Pero la ilusión no duró demasiado. No se trataba de otra cosa más que de la estación de trenes de Aguas Calientes, que dadas las altas horas de la noche, (ya eran las 23 hs!), estaba vacía… y oscura. Nos cruzamos, sin embargo, con un grupito que en ese momento terminaba de jugar un picadito en una canchita que había por ahí, y cuando les preguntamos por Aguas Calientes, nos informaron que “sólo les quedan 30 minutos de caminata” PERO LA PUTA, VIEJO! NO LLEGAMOS MÁS!!!!!

Nos desmoralizamos.

De verdad.

Mucho.

Y así…
de a poco…
nos fuimos apoyando
unos a otros hasta que logramos
ponernos en marcha otra vez por otros 30 minutos más

Hasta que, finalmente, llegamos.


Durante toda esta odisea, desde el comienzo, todos, sin excepción, habíamos estado pensando algo de lo que no queríamos hablar, no queríamos ni mencionar, pero ahora que ya habíamos llegado a destino, debíamos enfrentarlo, no nos quedaba más que asumirlo: no teníamos ni la menor idea de qué hacer ahora.

Todos habíamos comprado nuestro baucher en agencias distintas, cada cual había hecho su arreglo particular con su agencia, lo único que todos sabíamos que compartíamos, era el guía y el hotel, pero no contábamos con los datos sobre los mismos. Sabíamos que del otro lado de la tirolesa debíamos encontrarnos con Amoroso, que nos llevaría hasta el hotel, nos daría de cenar y nos llevaría al día siguiente a Machupicchu, pero ahora que, amorosamente, nos había abandonado, qué hacer???

En cuanto pusimos un pie en Aguas Calientes, nos precipitamos en el primer hotel que encontramos, y le explicamos todo al pibe que estaba en la recepción. Como siempre digo, en la oscuridad hay que tener la capacidad de ver la luz, y los que hablábamos castellano, tomamos las riendas del asunto. Como yo soy bastante quisquillosa con algunas cosas, tenía baucher, n° de teléfonos y todo lo que podría llegar a servirnos, claro que a esa altura, quién nos aseguraba nada, no? Pero por suerte, los teléfonos que había anotado el de la agencia eran reales, el pibe del hotel lo llamó, yo hablé con él, debe haber notado el tono de desesperación en mi voz, y me dijo que iba a mandar a alguien a que nos pasara a buscar…

Y ahí nos quedamos, esperando…

Ya estábamos trazando planes sobre cómo seguir, todos habíamos pagado el total de la excursión, (error!), pero nada nos garantizaba que alguien cumpliera en algún sentido con nosotros, y cuando estábamos a punto de preguntar cuánto costaban las habitaciones en ese hotel, un muchacho llegó para rescatarnos!!!

ALELUYA!!!!!!! Al menos algo parecía comenzar a encaminarse! Le preguntamos si era Amoroso y nos aclaró que no, pero que nos llevaría a donde estaba él… yo sólo podía repetir en mi cabeza unas cuantas cositas que tenía para decirle a este tal Amoroso.

Nos llevó hasta la plaza principal, nos derrumbamos en los bancos, y esperamos pacientemente que Amoroso apareciera. En cuanto lo vimos acercarse, automáticamente, todas las mujeres, nos abalanzamos encima como leonas enjauladas! No se si alguna vez tuvo un recibimiento más violento, pero si no nos paraban, yo creo que le pegábamos, sobre todo por la angustia que nos había hecho pasar! Cómo abandonarnos así, a la buena de Dios en un lugar que no conocemos??? A quién se le ocurre??? Y le chanté una que no le gustó ni un poquito, pero que me salió del alma: “yo creía que ser guía tenía algún sentido especial para quien elegía esa profesión, pensar que cuando fue la inundación un guía como vos se murió por intentar rescatar a una chica, y vos nos dejás abandonados a nuestra suerte”, o algo así…

Y despotricamos, despotricamos, despotricamos.

Una vez que calmamos un poco la furia, nos llevó al restaurant.

Qué bueno sentarnos a comer! Qué alivio, de verdad! Ya relajados, pudimos conocernos un poco más entre nosotros, divertirnos incluso de todo lo que habíamos pasado, empedarnos un poco y reirnos mucho!!! Otra vez la estábamos pasando bien.

Para cuando terminamos de cenar, ya eran más de las 12, y estábamos sucios y agotados. Nos llevaron al hotel, y nos dijeron que al día siguiente a las 4 de la mañana, teníamos que estar listos para tomar el micro que nos llevaría a Machupicchu.

La habitación era muy linda, aunque no la disfrutamos demasiado. Nos bañamos, no por una cuestión de obsesiva limpieza, sino porque realmente estábamos roñosos, y nos acostamos a dormir aunque más no fuesen un par de horitas… O mejor dicho, nos desmayamos en la cama hasta que un rato después nos vinieran a tocar la puerta para continuar viaje…

martes, 13 de julio de 2010

03/04 Cuzco

El despertar fue un tanto… como decirlo… ruidoso. En principio, vecinos de cuarto que ya habían dado por satisfecho el descanso requerido por sus cuerpos, decidieron prestarle atención a otros requerimientos de su pretenciosa anatomía, dando rienda suelta a la algarabía de la carne.

Intentando satisfacer el requerimiento de mi no menos pretencioso cuerpecito que consideraba que aún no había descansado lo suficiente, seguí durmiendo mientras soñaba con gangsters y princesas.

Un rato después, la ruidosa mañana nos sacó de la cama a los gritos pelados. Aparentemente, una turista alojada en el hostel, -mi intuición me dice que se trataba de la misma que, hacía un rato, había estado alardeando con alaridos desproporcionados- estaba tomando una ducha cuando se percató de que estaba siendo fotografiada por uno de los empleados del hostel.

Con calavera, a pesar de que teníamos muchas cosas para hacer, (recorrer la ciudad, por ejemplo), decidimos quedarnos un rato más en la habitación, con la oreja pegada a la puerta, para no perder detalle de lo que la atormentada mujer, entre sollozos, relataba mientras que pedía a gritos que llamaran a la policía. La recepcionista del lugar, queriendo defender lo indefendible, -es que el muchacho tiene aires de paparazzi- no sabía cómo tranquilizarla, (a mi sólo me hubiesen podido calmar con un dardo tranquilizante). Para cuando llegó la dueña del hostel, ya todo se había vuelto bastante más escabroso de lo que imaginamos, y no alentaba seguir escuchando detrás de la puerta. Así que nos abrigamos bien, y con un cortés “buenos días”, saludamos a la policía, a la turista con los ojos inyectados en sangre, a la dueña que intentaba mantener la compostura a toda costa, y a la recepcionista con cara de “esto no estaba incluido en el sueldo”. Y así, muy campantes, nos fuimos a desayunar.

Calavera quería llevarme a un lugar donde solía desayunar él, cuando con un amigo había estado en Cuzco hacía ya 3 años. Pero o el lugar no estaba más o no lo encontró, y buscando, buscando caímos en otro lugar repleto de exquisiteces.

Luego comenzamos la recorrida de la ciudad, a la vez que íbamos averiguando opciones para realizar la excursión al Machupicchu. La situación era la siguiente: por las inundaciones producidas en febrero, Machupicchu fue cerrado al público, y recién volvío a abrirse el 01/04, es decir, dos días antes. Pero los caminos no estaban aún en condiciones óptimas como para llegar al lugar sin problemas, y la mejor opción era el tren. Cuando averiguamos por esta opción, nos dijeron que hasta el día 09/04 no había lugar, y para esa fecha, ya estaríamos de vuelta en Bs. As. La desilución fue enorme, pero las ganas de conocer Machupicchu era más enorme aún, y sin darnos por vencidos, seguimos averiguando. Finalmente, contratamos una excursión que te aseguraba el feliz arribo al lugar vía terrestre…

La excursión constaba de un micro hasta un lugar donde había que cruzar un río en tirolesa, luego caminar bastante hasta una estación de tren que nos llevaría a Aguas Calientes, la noche en un hotel, la visita con guía al Machupicchu para el día siguiente, otra noche en el hotel, y luego la tirolesa de vuelta hasta el lugar donde debíamos tomar el micro de regreso a Cuzco. Todo, por supuesto, con las correspondientes comidas y colaciones.

Ya tranquilos con nuestro baucher de la excursión bien guardadito, seguimos disfrutando de la ciudad.

Luego volvimos al hostel a tomar una ducha, y mientras rezaba por no estar siendo espiada por ojos ajenos, me esforzaba probando poses, por las dudas, para salir lo más decorosamente posible en fotos indiscretas de pseudos paparazzis…

Después de una ducha reparadora, tirarse a mirar un poco de tv fue un placer recuperado, que por un momento me hizo caer en la tentación de cancelar toda excursión posible y trocarla por una estadía de cómoda poltrona, papas fritas bien saladas, mucha coca-cola y sobredosis de tv. Pero la vida del turista es sacrificada y, como un soldado, en la primera propaganda, me puse de pie y comencé a armar la mochila para nuestra excursión a las ruinas incas. Los de la agencia donde habíamos contratado la excursión, nos habían alquilado una mochila, que debíamos pagar y devolver a la vuelta-, que estaba buenísima, y si bien era grande, no era TAN grande como las mochilas con las que viajábamos, así que pesaba menos.

Una vez organizado el temita de las mochilas, ya bañaditos y cambiaditos, y con un hambre feroz, salimos a cenar por las frías calles de Cuzco. Al día siguiente debíamos arrancar muy temprano a la mañana, así que lo mejor era tempranito, estar bien guardaditos en la cucha, con el edredón hasta las pestañas y disfrutando de los últimos momentos televisivos, hasta el regreso de la visita a las ruinas.

Cada vez un poquito más cerquita de MACHUPICCHU!!!

lunes, 12 de julio de 2010

Y en el medio, un sueño...

Tuve un sueño… En uno de los interminables viajes que hicimos de un lugar a otro, en algún momento me quedé dormida, y tuve un sueño.

El chico malo que siempre se vestía todo de negro, estaba muerto…

Yo estaba en mi laburo, que no era como es realmente mi laburo, pero que en el sueño, era mi laburo.
En eso, empieza a llegar la policía, y claro, todos nos precipitamos en averiguar qué había pasado. Así me enteré de que, en otra habitación vacía, cercana a la oficina en que me encontraba yo, yacía sin vida el cuerpo del chico malo que siempre se vestía todo de negro…

Aparentemente, lo había encontrado en el baño de su casa, colgando de una soga, la señora que iba una vez por semana a limpiar.

Todo parecía indicar que chico malo que siempre se vestía todo de negro, se había suicidado, pero la policía sospechaba que no era así, que en realidad, se trataba de un asesinato… Y yo pensaba igual. Suicidarse chico malo??? No era su estilo. Si el menosprecio, si el desplante y el desinterés, si el asesinato a palabra limpia, pero el suicidio… No, definitivamente, ése no era su estilo. Así que, al igual que la policía, yo también sospechaba que se trataba de un asesinato. Al final de cuentas, había mucha gente que no quería a chico malo que siempre se vestía todo de negro… y al parecer, en estos últimos años, el número se había acrecentado.

Fuera como fuera, la realidad decía que el cuerpo de chico malo yacía boca arriba en una oficina vacía muy cercana a la oficina en la que trabajaba yo, y esto me colocaba en una posición sumamente incómoda. Por qué se encontraba ahí? No era ni cerca de su casa, ni siquiera de su trabajo, qué tenía que hacer, entonces, el cuerpo sin vida de una persona que para mi hacía mucho tiempo que había muerto? Es que me encontraba yo engrosando una lista de “sospechosos”? De pronto, sentí que todas las miradas recaían sobre mi, sentí que en mi frente se dibujaba la palabra “sospechosa”, y encima, sentí culpa por la cantidad de cosas que he dicho sobre chico malo…

Y empecé a actuar de un modo extraño, se me caían las cosas, tartamudeaba, transpiraba… Traté de tranquilizarme. Traté de no caer en la paranoia. Traté de pensar en otra cosa. Después de todo, hacía mucho que no lo veía, que no sabía nada de él, y sobre todo, yo era inocente! Traté… pero no pude. No podía sacarme la sensación de culpabilidad de encima.

La policía estaba pidiendo que cualquiera que contara con algún tipo de información se comunicara con ellos, “cualquier dato, por tonto que parezca, nos puede ser de gran utilidad”.
Todos se acercaban y me preguntaban lo mismo, por qué no iba a hablar con la policía? mi testimonio podría ser relevante, y yo respondía, “qué puedo decir yo que les sirva para algo? hace 5 años que no lo veo” y seguía con mi trabajo.
Pero la verdad es que me daba miedo, me daba miedo verme involucrada en semejante entuerto, y sobre todo, me daba miedo que la policía considerara que contaba con motivos suficientes como para incurrir en un asesinato, sin dudas porque yo misma consideraba que tenía motivos más que de sobra como para haber cometido el acto…sólo que no lo había hecho.

Pero siempre hay una bocona dando vueltas por ahí, siempre hay una de esas personas que, como no tienen nada que ocultar, se creen que los demás tampoco tienen nada de lo que prefieran no hablar. Y cuando la policía llegó a nuestra oficina pidiendo cualquier tipo de información, ella tuvo que abrir su bocota de “todolodigoyentodomemeto”, y mencionó la relación que habíamos tenido.

Acto seguido, yo estaba, en la habitación donde yacía el cuerpo sin vida de chico malo, explicando por qué no me había presentado ante ellos de forma espontánea, sabiendo que estaban intentando recopilar toda información posible. Me llevó un tiempo explicarles que hacía mucho que no sabía nada de él y que no me parecía que pudiera aportar ningún dato de relevancia, y otro tanto me llevó explicarles qué quería decir con eso de que “para mi ya hacía mucho que estaba muerto”, pero finalmente pude establecer mi coartada y quedé libre de toda sospecha. Me pidieron que reconociera el cuerpo, y aunque no me causaba gracia, tampoco estaba en condiciones de negarme, así que acompañé a uno de los oficiales que me condujo hasta la mesa donde descansaba, boca arriba, el cuerpo inanimado de chico malo. Su aspecto no era el típico de rostro hinchado, morado y desencajado, al contrario, seguía con esa sonrisita sobradora tan caractarística. Los ojos permanecían cerrados, cosa que agradecí, aunque por un momento, me pareció ver que se abrían, me miraban y se sonreía por completo. Pero lo admito, pudo haber sido mi imaginación. Bueno, todo es producto de mi imaginación, porque todo esto no es más que un sueño, pero quiero decir mi imaginación dentro de la imaginación global que es el sueño, se entiende?

Una vez hecho el reconocimiento, me preguntaron, luego de una pausa que denotaba gravedad, qué opinaba yo con respecto al caso: “yo tampoco creo que se haya suicidado”, respondí. Fue lo último que dije, me agradecieron, me acompañaron hasta la puerta, y así, sin mas, me retiré.

Finalmente el caso se cerró. Si bien había sospechosos, no había pruebas firmes que sirvieran para incriminarlos. Tampoco existía nadie verdaderamente interesado en que el caso se resolviera, y quedó en la nada, como tantos otros casos que quedan en la nada, que se cierran sin resolución concreta, ya sea por desidia o por desinterés.

Y me desperté. Me desperté con la rara y aliviadora sensación de haber podido velar, a cuerpo presente, el cadáver de esa relación espasmódica y tortuosa, y enterrarlo bien profundo en las entrañas de la tierra, y así, por fin, dar por terminado un duelo que hacía mucho debió haber cerrado y que, ante la ausencia tan repentina del “objeto”, (no olvidemos que chico malo sencillamente se “esfumó” de un día para el otro), no había podido atravesar en su momento, y que ahora podía decir sin más: que en paz descanse!