martes, 20 de abril de 2010

19/03

A esta altura, ya había arrancado nuestro segundo día de viaje, ya estábamos en viernes 19/3.
Y nuestra azafata, con enérgico entusiasmo, iba cantando los números, uno a uno, y yo veía cómo los demás iban tachando en sus cartoncitos mientras el mío quedaba impecable…

Por una de esas cosas raras que tiene la vida, en determinado momento se escucha el tan ansiado BINGO! Y resultó ser que el suertudo no había sido otro más que calavera, (si si, de no creer!), haciéndose en ese mismo momento acreedor del 2° premio: el bolso de POTOSI BUSES!!! Lo que hemos usado ese bolso durante todo el viaje, es inimaginable, no hago más que preguntarme, qué hubiésemos hecho sin el bolso de Potosí???!!!

El bingo continuó y el 1° premio lo ganó un argentino que viajaba con un boliviano que en realidad vivía desde hacía 7 años en Suecia, se había casado con una argentina, (hermana del argentino que la acompañaba), y estaban los dos con la hijita del boliviano, de vacaciones igual que nosotros. INCREÍBLE! Parece cosa de Mandinga, pero en un bus cargado de boliviano, si se juega un bingo, lo ganan los argentinos, y ha sido siempre la misma la suerte boliviana...

Así siguió el viaje, entre el bingo, malas pelis, rica comida y la cumbia boliviana.

Pero claro, todo termina al fin, y cuando llegamos a Jujuy, no terminó el viaje, (no señores! para nada, aún nos quedaba mucho recorrido por delante!), más bien, sufrió una interrupción… larga... una interrupción larga...

De pronto, el micro, se estancó. Parado, no avanzaba, cri-cri, nada de nada. Lo primero, lo de siempre, mirarnos las caras entre todos, cómo buscando la respuesta en la cara del que tenemos en frente. Pronto llegaron las novedades, que siempre llegan del mismo modo, como radio pasillos del estilo de “parece que”…

La novedad: un piquete! Vaya novedad, ahora que lo pienso, era lo mínimo que podía suceder, sobre todo, viendo y considerando que hasta el momento habíamos zafado de los piedrazos! No de que nos tiren piedras, claro está, pero al menos si de que rompan vidrios y lastimen a alguien… algo es algo!

Pero frente a un piquete, no hay mucho que se pueda hacer, salvo esperar… o al menos, eso creía hasta el momento…

Como hacía calor, ya el sol estaba alto en el cielo y calentaba con intensidad, y como no sabíamos para cuánto tendríamos ahí estancados y las piernas berreaban suplicando más espacio, de a poco fuimos bajando todos del micro con el único propósito de tomar un poco de aire y "estirar las piernas" frase poco agraciada teniendo en cuenta lo que sucedería después…

Así se armó en plena carretera una situación al estilo “La autopista del Sur”, de Cotazar, una gran confraternidad de “qué barbaridades” y “nosotros qué culpa tenemos” y “es la historia de nunca acabar”, opinólogos del primer momento, todos al costado del camino…

Pero calavera y yo estábamos de vacaciones, y nada iba a cambiar nuestro buen ánimo y las ganas de pasarla bien que teníamos acumuladas desde semanas, todo, cualquier cosa que nos sucediera, formaba parte de la aventura que había comenzado el día anterior, y nada iba a cambiar esto... nada excepto, claro está, la fatalidad, que desgraciadamente se hizo presente en cuerpo vivo y se retiró como lo haría una gran dama, dejando todo alborotado y confundido a su alrededor…

Subí al bus a buscar algo, en plena tarea de pasarla bien a pesar de todo y contra piquete y marea, y al bajar, un grupito de gente rodeando uno de los asientos de abajo y un sonido de respiración costosa y cortada, me llamó la atención: “che, me parece que hay un viejito que tiene problemas para respirar” le informo a calavera. Pronto él vendría con la posta: “no es un viejito, es un pibe, 29 años tiene, y está muy enfermo… parece que acá, la altura lo desestabilizó, no saben si llega a Villazón”

¿?????????????????????????????????????????????????????????????????????????????

WHAT???????????????????????????????????????????????????

Más o menos en el mismo momento todos los del bus nos enteramos de la existencia de este compañero de viaje anónimo, callado, fugáz y moribundo…

Y por supuesto, comenzaron las interpretaciones y demás…

En principio, más allá de todas las cuestiones que se puedan enumerar, la situación real era: en un bus, estancado en medio de la ruta por un piquete que no lo deja avanzar, hay un moribundo que, de no recibir atención inmediata, probablemente muera, y ante la urgencia de la situación, lo primero es intentar resolverla. Eso hizo, o al menos eso intentó hacer nuestra azafata, pero del modo más tonto que pudo habérsele ocurrido. Fue caminando hasta el comienzo del piquete para pedir por favor que lo levantaran, y solicitar ayuda médica y policial. Se equivocó, desgraciadamente, se equivocó. En situación piquetera, se sabe, las suceptibilidades están a flor de piel, y pareciera que hay dos bandos: ellos y nosotros, así que eso de ir a pedir algo delicadamente, no fué la idea más brillante. Debimos haber ido todos con el bus y sencillamente explicar al llegar la situación y solicitar el inmediato levantamiento del piquete al menos para el bus, o bien el pronto traslado del pobre pibe en ambulancia al hospital. Pero eso no sucedió, y todo se demoró demasiado, la policía estaba más desorientada que nosotros, la ambulancia no aparecía, y cuando apareció, no contaba con lo necesario y se convirtió en un auto más estorbando en medio de la ruta hasta que llegó la otra ambulancia, pero para cuando llegó, ya era demasiado tarde…

Todo se desarrolló de forma enroscada, tumultuosa, y a esa altura, ya era un todos contra todos. Cuando parecía que finalmente iban a levantar el piquete, todos subimos como vólidos al bus, para arrancar lo antes posible e intentar llegar al hospital, pero antes de arrancar, antes de que se pudiera avanzar, antes que nada, los gritos de la hermana del pobre pibe nos anunciaron lo peor…

Después de un rato en que la policía, desorientadísima, diera vueltas alrededor del bus sin saber qué hacer, un auto con alguna orden clara llegó y nos sirvió de cabecera de caravana, y así llegamos entre ambulancias y carros de policías, a la comisaría de Jujuy.

Como sacar al pobre muchacho no había sido tarea fácil en medio de la autopista, y por otra parte, ya no había nada qué hacer, lo tuvimos ahí tirado, toda su anatomía a lo largo del pasillo del ómnibus con una franela que le tapaba la cara. Espantosa postal, no? Cómo explicar la desolación??? Después nos enteraríamos de algunos pormenores del caso, que el pibe, al parecer tenía leucemia, que no había recibido tratamiento, que quería ir a morirse a su país, (en Villazón lo esperaba su padre), que si se moría en Argentina, trasladar el cuerpo hubiese costado una fortuna, y que, evidentemente, la embajada no hace demasiado por sus compatriotas bolivianos en Argentina.

Si no puedo explicar mi desolación, cómo describir la de la hermana de este chico??? Sola, en otro país, con su hermano muerto y tirado en el pasillo de un bus con una franela tapándole la cara, en la comisaría de Jujuy… durante 6 horas???!!!! Y ahí la veías, sentadita en un rincón, con la vista perdida, a veces derramándose en llantos, otras como ausente, otras hablando con su familia por celular, tratando de calmarlos otras pidiendo ella calma a gritos…

Terrible, no se me ocurrió otra cosa más que llamar a mi mamá. Pero me atendió el contestador, así que la llamé a mi hermana y con ella si pude hablar. Luego mi mamá me mandaría mensajitos de fuerza y que tratemos de ayudar a la señora y todo eso. Pero en qué??? cómo??? cómo se ayuda en una situación así??? También calavera habló con su mamá y su hermano. El desconsuelo era agobiante…

Y nuevamente las especulaciones, qué “cómo va a viajar así” que “cómo sin tratamiento” que “cómo lo dejaron subir” Y nuevamente estamos perdiendo el foco de lo importante. Si lo importante es la vida, entonces, desperdiciamos lo importante, la perdimos en el camino, literalmente. Y no hay espíritu vacacional que pueda con eso.

El ánimo de todos quedó aplastado, por el piso. Pero también nos unió un poco. Nos quedarían 6 horas por delante en las calurosas tierras jujeñas, a la espera de peritajes y declaraciones, así que los grupos de charla comenzaron a armarse y fuimos conociendo gente, todos bolivianos menos el argentino que viajaba con su cuñado y la hijita de éste, así que nos llenamos de recomendaciones y buenos augurios, (a pesar de todo), para el resto del viaje.

Uno con el que pegamos buena onda fue Macario, el boliviano que hacía 7 años que vivía en Suecia y que, aclaraba, sólo volvía a Bolivia de vacaciones. Su mujer, argentina, había preferido quedarse en Bs.As para estar con su familia, pero su hermano había viajado a Bolivia con su cuñado para conocer las tierras del esposo de su hermana. Resulta que en Bolivia había tenido una empresa de turismo, así que nos hizo unas cuantas recomendaciones sobre la excursión al salar de Uyuni, que tendríamos en cuenta más adelante al momento de hacerla…

Las 6 hs que nos llevó la parada obligatoria en Jujuy se debieron, en su mayor parte, a que el juez no estaba y había que ir a buscarlo… o algo así. Pero una vez que estaba, recién ahí, y no antes, se les ocurrió comenzar con las declaraciones, lo que lo demoró todo más aún. A esa altura, con tantas horas de viaje encima y un difunto a cuestas, calavera y yo comenzamos a pensar en la posibilidad de que algo, en todo el plan de viaje que habíamos trazado, algo, podía salir mal…

Para cuando pudimos reanudar el viaje, ya estábamos tan cansados, tan agotados física y espiritualmente, que tomar una decisión sobre qué hacer se nos volvió una tarea imposible. No queríamos hacer noche en Villazón, pero para ir a Uyuni había que ir primero a Tupiza o a Potosí y luego a Uyuni, pero tampoco queríamos seguir viajando, qué hacemos??????????? Esa era la pregunta, pero no se nos ocurría ninguna respuesta. Entonces, hicimos lo que nos dijo Macario: “vengan conmigo, yo voy a Potosí, Tupiza es más cerca, pero no hay nada” y dijimos “vamos a Potosí con Macario” A Tupiza teníamos 6 hs. de viaje, y a Potosí 12, lo cual no nos entusiasmaba demasiado, pero llegar en medio de la madrugada a un lugar donde no hay nada, tampoco era una idea que nos entusiasmara en demasía, y por otra parte, Potosí era uno de los destinos que teníamos pensado, así que hacerlo antes o después, era lo mismo, y de ahí si podíamos ir a Uyuni, así que nos pareció una buena opción. Pero claro, lo que parece bueno a la luz del día, puede tornase un tanto menos ideal en plena noche…

Vimos con asombro y agrado al mismo tiempo como Macario se hizo cargo de la situación, nos llevó al lugar de dónde salían los micros para Potosí, y se encargó de subir uno por uno para ven en qué estado se encontraba y en cuál nos convenía viajar. Sinceramente me asombre, no son todos iguales??? No, eso lo aprendería esa vez y para siempre, no sólo no son todos iguales, sino que siempre puede haber uno peor…

Resultó que el bus que Macario consideró en mejores condiciones, tenía una ventanilla rota, más precisamente, la ventanilla que estaba sobre los asientos de calavera y mío. Cuando subimos al nuevo bus más viejo del mundo, alrededor de las 18 hs. no nos importó demasiado, lo que cambiaría diametralmente al acercarnos a las 21 hs…

Es necesario aclarar el cansancio? Nos habíamos subido a un ómnibus el jueves a las 9.30hs y el viernes a las 18 estábamos comenzando otro viaje que nos demandaría otras 12 hs, hace falta aclarar el cansancio? el hambre? el ánimo? el humor?

Al subir al micro, calavera le preguntó al chofer si habría una parada para cenar, -reitero HAMBRE!- a lo que le contestó que si, en 2 hs. y con esta promesa, arrancamos el viaje. Ya nos habían advertido que los micros bolivianos no tienen baño, así que en la primera parada que hizo para recoger más gente, bajé y fui al baño, y fue lo mejor que hice en todo el viaje, puesto que el muy degenerado no hizo otra parada hasta la 1 de la mañana!!!

Pero eso ya sucedió el sábado 20/03, y debe ser contado otro día...

viernes, 16 de abril de 2010

18/03/2010

A ver, vayamos de a poco… Recapitulando, haciendo memoria, recordé cómo comenzó todo…

Efectivamente, en esa realidad de la que provengo y en la que cada vez permanezco por menos tiempo, calavera y yo habíamos decidido viajar a tierras bolivianas y peruanas de vacaciones. Y abusando al máximo de mi memoria, recuerdo que todo comenzó más o menos así:

El jueves 18/03, con las mochilas a cuestas y las ilusiones renovadas, partimos rumbo a Retiro, de dónde saldría el micro que, tras un día de viaje, nos llevaría hasta Villazón, frontera boliviana y nuestra primera parada.

El primer error, también comenzó aquí. Habíamos sacado el pasaje en una empresa llamada Potosí Buses, no nos detuvimos a pensar en la posibilidad de que la empresa fuese boliviana, lo cual, en si mismo, no tendría ninguna importancia a no ser que efectivamente sí la tenía…

Todos, absolutamente todos los pasajeros, menos calavera y yo, eran bolivianos. Esto, en si mismo, tampoco sería un dato importante, a no ser, claro que si lo fuese…

No sólo resultó ser un lechero, es decir uno de esos buses que pasa por todas partes recogiendo gente, lo cual, por supuesto, demora mucho todo, sino que todos comparten un mismo gusto por la cumbia boliviana, que no sólo no compartimos, sino que además padecimos a lo largo de todo el viaje.

De todos modos, estábamos de vacaciones, recién arrancaba nuestro viaje, así que, con las ilusiones intactas y las ganas en ebullición, lo tomamos como un dato pintoresco más, aún a las 3 de la mañana cuando el disco ya sonaba por cuarta vez…

Como el servicio incluía la comida, salvo a la noche, para cenar, no hicimos ninguna parada en la ruta, lo que ameritaba mucha imaginación para que el tiempo no se volviera eterno y las piernas no se nos atrofiaran por completo.

Más allá de un par de películas que pasaron, (la segunda, debo decir, sin incluir el final porque ambas eran tan malas, que nadie se prendió a ellas), la lectura que cada uno traía consigo y, en el mejor de los casos, un par de auriculares que unidos a algún aparatito nos bendiciera con otro sonido diferente al de la cumbia boliviana, no había demasiado para hacer…

Pero el ingenio es el mejor de los creadores, y nuestra azafata, Zulema, tuvo la buena idea de organizar un bingo. Un juego que, sinceramente, no convoca mi interés en lo absoluto, pero que en esas circunstancias, se convirtió, de pronto, en el mejor de los programas. Con el estímulo, además, del 1° y 2° premio, a saber, un viaje de vuelta, de Villazón a Buenos Aires y un bolso con la impresión POTOSI BUSES estampada en el frente…