sábado, 26 de junio de 2010

02/04 Chau Bolivia! Hola Perú!

Amanecí bien. No se si con ayudita extra por ser viernes santo, pero me sentía renovada, (y cada tanto renovaba mi abono a cualquier baño que hubiese por ahí, pero ese es otro tema). Una de las cuestiones que nos tenía medio inquietos era si iba a sentirme lo suficientemente fuerte como para caminar hasta donde debíamos tomar el bondi a Cuzco, cargada con la mochilota, y en subida! Al final de cuentas, el chistecito éste de la intoxicación ya me venía costando como 4 kgs! Así que estaba hecha medio una piltrafita. Pero si, me sentía lo suficientemente fuerte.

Así que, cargados, comenzamos la caminata.

Al pasar por la iglesia de Copacabana, vimos una caravana de autos adornados con flores, que esperaban ser bendecidos por el cura. Era un espectáculo realmente impresionante. Lástima que no sacamos fotos, es que, cargados como estábamos y con ansias de abandonar Bolivia, el ánimo fotográfico no nos acompañaba.

Pero aquí va foto de la iglesia que habíamos sacado un par de días antes, resta imaginar la caravana de autos floreados cubriendo la calle…



Llegamos al lugar de dónde salía el micro, (siempre sale de “lugares”, las terminales, bien, gracias), y una vez superado el tramiterío de rigor, subimos al micro y comenzamos el viaje.

Volvimos a bajar un rato después, para hacer tramiterío de aduana, pero lo resolvimos con rapidez. Un rato más tarde, ya por tierras peruanas, nos estaban dejando en una estación de micros donde debíamos tomar otro que nos dejaría en Cuzco.

El siguiente micro, era bastante peor que en el que habíamos hecho la primera parte del trayecto. Y aún nos faltaban unas cuantas horas por delante! Además, iba plagado de gente, incluso algunos viajaban parados, y muchos bártulos por todas partes, al mejor estilo boliviano, lleno de Cholos y Cholas con bolsas hasta en las orejas!!! Había una señora que te metía su bártulo donde podía. Alegaba ser boliviana y que al llegar a destino, sólo por ser boliviana, no la dejarían pasar sus cosas, acusándola de contrabando. Claro que lo que transportaba era, ni más ni menos, contrabando, pero ella decía: “es sólo ropa”. Aceptamos llevarle alguna bolsa debajo de nuestros asientos, con la advertencia de que si algún guardia subía, la bolsa volaba, al final de cuentas, quién me aseguraba a mi qué había dentro de esas bolsas? Por suerte no subió nadie, así que todo el contrabando llegó a destino sin mayores inconvenientes.

Los viajes tan largos son un plomo. No se puede hacer demasiado, salvo charlar, leer, dormir y ver el paisaje. He aquí un paisaje que rescató calavera desde la ventanilla del micro, no es maravilloso?



Y siguió el viaje. Ya ni me acuerdo cuántas horas fueron, pero se nos pasó el día. Para cuando llegamos a la Terminal de Ómnibus de Cuzco, ya se había hecho de noche.

Inmediatamente nos abordó una chica ofreciéndonos un hostel que parecía bueno, parecía bien ubicado, y parecía bastante barato. Ella trabajaba ahí con un taxista que nos llevaba al lugar. Estábamos exhaustos, no andábamos con intenciones de hacer turismo en búsqueda de alojamiento, teníamos hambre, (yo estaba hacía más de un día a maíz inflado!), y queríamos resolver pronto el tema de dónde quedarnos. Así que sin pensarlo dos veces, aceptamos la propuesta. Por suerte, esta vez, no nos equivocamos, el lugar efectivamente era lindo, efectivamente estaba bien ubicado, y efectivamente estaba a buen precio, (la misma habitación en temporada alta, estaba a más del doble!).

Lo primero que hicimos al ingresar a la habitación fue dejar todo y prender la tv. Tenía televisión, teníamos televisión en el cuarto, ALELUYAAA!!! Creo que fue uno de los paisajes más lindos que vio calavera en todo el viaje, y debo admitirlo, yo también!!!

Así que, contentos con todo, fuimos a buscar un lugar donde cambiar plata, y de paso echar un vistazo a la ciudad.

Cuzco es una ciudad increíble. Histórica y moderna a la vez. Tiene de todo y para todos los gustos, en las vitrinas se observan las tendencias que marcan la moda de Milan, Nueva York y Londres, y por otra parte, las placas alusivas que retratan la historia vivida en tiempos de incas y de españoles llegados en carabelas



“Acá si que si necesitás agua conseguís a cualquier hora! Acá si que está la ciudad preparada para recibir al turista, acá si!” pense… Lo que olvidé es que continuaba en tierras latinoamericanas, lo que convierte a cualquier viaje de placer en un viaje de turismo de aventura a la fuerza, aunque ni por las tapas sea esa la intención.

Pero con el espíritu y la esperanza renovados, cambiamos plata y nos fuimos a una pizzería a clavarnos sin miedo una grande de muzzarella!

Estábamos en Cuzco, estábamos en Peru, nos faltaba aún Machupicchu y yo estaba como niño en caramelería, no me daban los ojos para ver tantas cosas… Todo lo que nos faltaba aún!!! Y era verdad, todo lo que nos faltaba aún! No tenía ni la menor idea de todo lo que nos faltaba aún…

jueves, 24 de junio de 2010

01/04 Casi casi...

Cuando calavera se fue en búsqueda de agua, sentí que el que acababa de irse en realidad era Indiana Jones, y que no era agua lo que iba a buscar, sino una pócima mágica que me salvara la vida.

Pero por suerte no se trataba ni de Indiana Jones ni era una pócima mágica lo que tenía que traer, porque de haber sido así, el final de esta película no hubiese sido “happy end”.

Resultó que calavera se recorrió toda Copacabana y no encontró nada abierto, ni un kiosquito berreta donde comprar una Villavicencio. Resultó, también, que el dueño o el administrador del hostel no tenía ni una botellita de agua para facilitarnos ni vendernos ni nada, pero le dijo a calavera que tomara agua de la canilla, que era potable. Así que, cuando volvió a la habitación calavera, con las manos vacías y el cuentito del agua potable, (incluso en la página de la Embajada Boliviana aconsejan NO tomar agua corriente), agradecí no estar metida en una película de Indiana Jones, porque sino esta con seguridad hubiese sido “la última cruzada”.
Tenía dos opciones: o morir deshidratada o morir envenenada. Como la primera opción ya la venía probando y no estaba muy a gusto en esta situación, opté por tomar agua de la canilla y rezar… En todo caso, ya estaba intoxicada, evitaría la deshidratación y a lo sumo empeoraría la intoxicación… Ninguna de las dos opciones me seducía realmente, pero no estaba en condiciones de ponerme muy selectiva, y con todo el temor del mundo, le entré al agua de la canilla.

De a poco, muuuuyyyy de a poco comencé a sentirme mejor, pero al baño lo seguí frecuentando con la misma asiduidad… hasta que volví a Buenos Aires!

El resto de la noche pasó, así… pasó…

En algún momento, no se cuándo, me debo de haber quedado dormida. Calavera creo que ya no pudo dormir más.

Bien temprano calavera se levantó y fue a la Agencia donde habíamos contratado la excursión a la Isla del Sol, para explicarles lo sucedido y cancelarla. Obvio, no le devolvieron ni un centavo. Una pena haberse perdido esta excursión, una gran pena…


Cuando me desperté ya era el mediodía. Me sentía mal, incómoda, débil. No quería saber nada con comer, ya no quería volver a probar ni un bocado en tierra Boliviana, esta vez no quedaban dudas de que todo había sido producto del pescado, tanto esta vez como la anterior, y mientras que a calavera, alias “estómago de acero”, no le hizo nada, a mi me dejó KO.

Pero “algo” tenía que comer. Le pedí a calavera barritas de cereal o turrón o galletitas de agua, algo envasado y que considerara que no me iba a hacer mal. No se por qué la panza me pedía turrón, y se me ocurrió que si lo pedía mi panza en ese estado, no me iba a hacer mal, (mi panza no podía equivocarse tanto, no?). Pero no consiguió. En cambio, vino con una bolsa enorme de maíz inflado. Bien por calavera, era algo así lo que quería, y estuve a maíz inflado el resto del día.

Me había pasado todo el día en la cama, leyendo y durmiendo. A las 5 de la tarde, quise salir un poco, a tomar un poco de aire fresco. Así que eso hicimos, salimos a tomar un poco de aire. Aprovechamos para acercarnos otra vez a la agencia de la excursión fallida, por si el remordimiento no había dejado en paz a la señora que nos había atendido y, ahora piadosa, nos devolvía al menos una parte del dinero. Pero el remordimiento no se había presentado por allí. En cambio, nos pidió el papel que contrataba el servicio, supongo que con ese papel en su poder, podía rascar unos mangos más para quedárselos solita sin darle nada a nadie, (como que no había vendido esos lugares, sino que esos lugares quedaron sin vender, y la platita iba limpita a sus bolsillos). Pero se encontró con otra de su tamaño, y con la sonrisa más plena que logre dibujar en todo un día de retortijones, le comuniqué que como no habíamos podido recuperar ni un centavo, acababa de tirar el papelito a la misma basura. Le vi en la mirada una expresión de odio y arrepentimiento mezclado. Lástima, haber hablado con claridad y ella se quedaba con unos mangos y a nosotros nos devolvía otro tanto, lo que es no saber negociar!

Luego fuimos a hablar por teléfono, pero se ve que estaba débil de verdad, porque caminar me costaba un perú, me agitaba y me cansaba mucho, así que prontito emprendimos la vuelta y cuando llegué al hostel me sentía peor que antes.

Esa noche no salimos a cenar. Bien temprano me quedé dormida, y dormí toda la noche como un lirón, no se si estaba agotada, o si entré en coma, pero hasta la mañana siguiente, no volví a abrir un ojo. Claro que, al despertar, lo primero que hice fue correr al baño… y bueno, parecía que iba a seguir así un rato más. Luego ese rato se convertiría en días, pero aún no lo sabía…

Por suerte teníamos planeado dejar Copacabana al día siguiente para emprender el viaje a Cuzco. Sinceramente, después de tantos engorros atravesados, estábamos un tanto hartos, cómo podía ser que todo nos costara tanto?! Sobre todo porque la noche anterior la había pasado realmente mal, había tenido miedo, y si no me mejoraba así no más? Y si no solucionaba nada tomando agua de la canilla? A esta altura ya había sentido miedo mortal por la tercera vez, un poquito demasiado para unas vacaciones de 22 días, no?

Otra vez, Bolivia se nos volvía áspera, otra vez…

Pero listo, al día siguiente, tomábamos el bus para Cuzco, y suponíamos que allí todo sería distinto. Calavera, incluso, había pensado en suspenderlo todo, terminar el viaje allí y sencillamente volvernos a Bs. As. También para él había sido demasiado. Pero yo quería ir a Machupicchu!!!!!!! Calavera ya lo conocía, en el 2007 había estado ahí, pero yo no, y tenía mucha ilusión por conocerlo. Escudándome en mis encantos, (que a esta altura del viaje y en el estado en que me encontraba, había que esforzarse bastante para encontrarlos), logré convencerlo.

Mañana sería otro día. Mañana abandonaríamos tierras bolivianas para adentrarnos en tierras peruanas. Y calavera ya me había dicho que seguramente me encantaría Cuzco. Si, mañana sería otro día…

miércoles, 23 de junio de 2010

31/03 Paseando por Copacabana

Después de una noche en la que dormí como angelito y descansé como oso hibernando, nos levantamos y comenzó nuestro día de turismo por Copacabana. Es una ciudad muy religiosa, de hecho, la iglesia principal, plantada como corresponde en la plaza principal, es hermosa y enorme, y la imagen de la virgen de Nuestra Señora de Copacaban, está por todas partes. Vinicius nos había comentado que la Copacabana brasileña tomó su nombre de esta Copacabana boliviana, quién diría, no? Pero aparentemente, la nombraron así porque descubrieron esta Copacabana y era tan preciosa, que bien valía homenajearla nombrando así a una de las playas más emblemáticas de Brasil.

Pero la cuestión es que es una ciudad muy religiosa y de mucho valor histórico, además ya que, más allá de la Isla del Sol, hay otros lugares donde los incas solían practicar sus rituales religiosos, ofrendas, sacrificios y a recorrer esos puntos dedicamos el día de hoy.

Los tres puntos más importantes son El Calvario, La Horca del Inca y La Piedra del Sol.
Si bien son tres puntos de gran valor histórico y por ende turístico, una de las grandes –a mi gusto- fallas que tiene Bolivia es que justamente no te facilita nada. Vuelvo a lo de siempre, no está preparada para el turista, así que aquello que podría recorrerse en una tarde y con toda la comodidad de un city tour y el valor agregado de la información que pudiera brindar un guía, se complica porque ni siquiera saben indicar con exactitud dónde queda cada lugar.

Desde la playita, se veía claramente dónde estaba El Calvario, y como no había otra forma de llegar más que subiendo la montaña en cuya cima se encontraba el lugar, y estábamos de acuerdo en visitar El Calvario pero no en vivirlo, decidimos conformarnos con la foto que podíamos sacar desde la playita.



El otro punto que nos llamaba la atención y nos interesaba conocer era La Horca del Inca. Quedaba también en la cima de una montaña a la que se accedía una vez que se recorría un camino en subida –siempre en subida!- durante 40 minutos aproximadamente. Ahí, te encontrabas con un señor cuya misión era quedarse ahí paradito, con un talonario, vendiendo los ticket de “entrada” por unos módicos 10 bls. Una vez abonado el ticket, sólo restaba trepar las escalinatas montañesas hasta llegar a La Horca. Dicho periplo se hace largo, eterno… Uno que ya tuvo bastante con los 40 minutitos en subida ahora le queda una escalinata interminable! Y con el sol, que prepotente, nos calentaba la cabeza. Luego de varias paradas en el camino a recuperar aire, luego de que creíamos que el inca nos vencería y no llegaríamos jamás a destino, finalmente vislumbramos la horca. Y sacamos, claro, las fotos de rigor, más alguna que otra donde hacía de inca ahorcadita… Desde ahí, la vista es preciosa. Lástima que sería lo último que vería el Inca, no?



Como no había nadie, el silencio era completo y la vista suprema, armamos nuestro mini-picnic ahí, y tuvimos nuestro almuerzo en medio de la naturaleza, qué lindo!

Luego bajamos por las mismas escaleritas por las que habíamos subido, pero ya bajar es otra cosa…

Lo próximo era conocer La Piedra del Sol. Llegar se nos hizo bastante difícil, ya que a quién le preguntábamos, o no sabía de qué le hablábamos o nos mandaba a cualquier parte. Pero preguntando se llega a Roma, y en nuestro caso, a La Piedra del Sol.
Sabíamos, por algo que habíamos leído, que era un lugar donde se hacían ofrendas y sacrificios, pero no pudimos averiguar mucho más. Cuando llegamos, nos encontramos con un lugar cercado por un alambrado cuya puerta tenía una especie de candado. Pero como el candado estaba abierto, pudimos entrar, y más o menos adivinar qué era cada cosa, y por fotos de referencia, distinguir a la que, entre todas, era la Piedra del Sol, (había otras supuestamente para sacrificios “menores”).



No podía dejar de pensar en que ese lugar, un poco más urbanizado, quizás con un bañito en la entrada, donde se cobrara para usarlo, por supuesto, y una mini “casilla” donde alguien cobrase una entrada al lugar histórico. Todo además, un poco mejor conservado, con el pasto cortado, quizás incluso algún puestito que vendiera merchandising, qué se yo, la remera del inca, llaveritos de la Piedra del Sol, guías con los recorridos y un detalle histórico de cada uno… Lo típico que sucede en todo el mundo. Si uno va a la Catedral de Notre Dame de Paris y puede pasar, antes de salir de la misma, por un local donde te venden de todo, por qué no salir de Nuestra Señora de Copacabana con un rosario bendecido??? Pero no, ni siquiera te dejan sacar fotos dentro de la iglesia… Qué se yo, es una opinión, no más, que me parece que al turista le facilita las cosas y que el Boliviano se vería sumamente beneficiado si aprovechara un poco más las opciones turísticas con las que cuenta. Obvio que lo agreste y a la que te criaste también tiene su atractivo, sin dudas, pero con los tiempos que corren, qué se yo, una ayudita de unos dinerillos extras no creo que le vinieran nada mal a la República de Bolivia… bueno, se la tiro al ministro de turismo…

Así las cosas, y después de caminar mucho, (siempre en subida!), volvimos a lo que era el centro y seguimos recorriendo por ahí.

A la noche, fuimos a cenar al mismo bolichito al que habíamos ido la primera noche, y que tanto nos había gustado. Yo me pedí unas pastas a la salsa blanca de trucha, que venía con una trucha entera. No tenía tanta hambre, y durante el día no me había sentido del todo bien, así que comí las pastas, pero la trucha, entera, se la comió calavera.

Cuando volvimos al hostel comenzaría lo que creí que podía ser la última noche del resto de mi vida.

Comencé a sentirme no del todo bien, incluso antes de salir a cenar. Pero al volver al hostel, ya me sentía pésimo. Lo malo fue esperar a estar mejor, porque eso nunca sucedió. Comencé a ir al baño con la misma regularidad de quién acaba de ser sometido a una terapia de enema. Así mi situación, para las 12 de la noche, estaba que no daba más, transpirando y tiritando al mismo tiempo. Calavera, no se cómo, se había dormido, pero se ve que mis movimientos en convulsión eran aún peor que los de la otra noche, y cerca de la 1 calavera se despertó. Debe haber visto en mi la cara del espanto, porque saltó de la cama y con un hilo de voz me preguntó qué me pasaba. Yo sólo pude articular la siguiente frase: “necesito agua ya”. Claro! De tantas veces que había ido al baño, ya sentía claramente que me estaba deshidratando, tenía necesidad de agua. Calavera se vistió rapidísimo y salió en busca de agua, vino, una cantimplora o lo que fuese, pero yo necesitaba líquido! Comencé a pensar en si pasaría esa noche o no…

martes, 22 de junio de 2010

30/03 Primer día en Copacabana

No pegué un ojo en toda la noche. Entre los retortijones de panza y el dolor de cabeza, no hice otra cosa más que moverme convulsivamente en la cama, primero, tratando de que los movimientos reptarios no fuesen demasiado bruscos, como para despertar a calavera, y luego con total brusquedad notando que calavera estaba sumido en las profundidades del sueño, hasta que la danza convulsiva terminó con la cena en el inodoro. Ahí si, se despertó calavera.

Pero habiéndome desprendido de todo aquello que me había hecho sentir mal, comencé a sentirme mejor y enseguida los dos volvimos a quedarnos dormidos, (bueno, calavera volvió a quedarse dormido, yo dormía por primera vez en toda la noche).

A la mañana siguiente, cuando nos levantamos, yo me sentía medio débil, al final de cuentas, no tenía nada en el estómago. Como calavera se sentía bien, supusimos que no se había tratado de la comida, sino que había sido la cerveza, quizás la había tomado muy rápido…

Pero bueno, ya había pasado todo, ya me sentía mejor el día estaba precioso y Copacabana nos esperaba para que disfrutemos del lugar.

Ya era medio tarde, así que fuimos a almorzar directamente, yo pedí sopita. Luego, comenzamos a recorrer el lugar. Paseamos, vimos negocios, yo compré algún que otro recuerdito, un par de carteritas de llamitas para mis sobris y alguna que otra chuchería, calavera se probó un sombrero enorme que lo hacía ver igual que Jamiroquai, y así seguimos, boludeando… Hasta que llegamos a la playita. Precioso lugar! No me esparaba algo así! Lo que le faltaba a este viaje, un poco de agua!!! Muy lindo Copacabana! Sacamos mil fotos, aproximadamente.



Por esta zona estaba los hoteles más bacanes. Ya había notado a lo largo de todo el viaje, que en Bolivia acostumbran colgar las sábanas y toallas de los marcos de las ventanas, los balcones o de las barandas de las escaleras para que se sequen. Yo también en casa, suelo colgar cosas de la baranda de la escalera cuando llueve o está muy húmedo, pero que lo hiciera uno de los hoteles “bian” de Copacabana me pareció digno de fotografiar.



Como era un día dedicado a pasear y al relax, tuvimos tiempo de alquilar un botecito de esos a pedal y tener nuestro paseo romántico por las aguas del Titicaca, je! Qué me contursi? No acá no más, en los lagos de Palermo, eh! No! En el lago Titicaca!!!

El lugar es divino, el lago, cómo le da el sol… Supongo que en temporada alta debe ser un mundo de gente… Por suerte estábamos en temporada baja, porque yo, que lo único que puedo manejar es algo que vaya con pedales, casí choco contra otro botecito estacionado! Por suerte, el incidente no llegó a mayores…

Una vez pasada la media hora del romántico paseo, volvimos a la orilla, y ahí no más, sobre la playita, había un barcito divino, que estaba pasando música de Bob Marley, con mesitas y silloncitos afuera, y la temperatura estaba tan ideal, que nos apoderamos de una mesa y con vista al Titicaca y bajo el rayo del sol, tomamos una rica merienda.

Cuando comenzó a bajar el sol y a ponerse más fresco, abandonamos el barcito y fuimos a un lugar de Internet, hacía unos cuantos días que estábamos desconectados del mundanal ruido.

Una vez que nos pusimos al tanto de lo que ocurría por estos pagos, (no demasiado), seguimos paseando. Encontramos un lugar lindo donde cenar, y nos quedamos charlando un rato con la señora que lo atendía. Así nos enteramos de que había bastante bronca generalizada. Resulta que estábamos en vísperas de semana santa, es decir, feriados, es decir, turismo para zonas que, como Copacabana, son zonas turísticas. Y la bronca estaba en que, estos lugares, le habían pedido a Evo que retrasara una semana más las elecciones, para que no cayeran en domingo de pascuas, lo que cortaría abruptamente el fín de semana largo y única oportunidad para esta gente de hacer la diferencia hasta el mes de mayo en que volvería a comenzar lo que para ellos es temporada alta. Pero no hubo caso, Evo no quiso saber nada con retrasar las elecciones, así que varios por estos lares estaban furiosos con Evo…

Como la señora nos había advertido que estos lugares no permanecían abiertos hasta muy tarde en esta época del año, tempranito fuimos a cenar. Comimos carne, rica, no como Buenos Aires, pero rica al fin.

Después, volvimos al hostel y a descansar. Habíamos averiguado por la excursión a la Isla del Sol, pero la dejamos para más adelante, mañana nos esperaba la ciudad y una recorrida completa, ya con una Jimena Luján al 100%...

lunes, 21 de junio de 2010

29/03 De Coroico a La Paz

Esta mañana también, sin despertador, nos levantamos cuando nuestro cuerpito consideró que había descansado lo suficiente…

Desayunamos en donde siempre, nos despedimos del loro piropeador, y cargados con nuestras mochilas fuimos a la Terminal a tomar el bondi que, camino de la muerte de mediante, nos devolvería no se si la paz, pero al menos a la ciudad con ese nombre.

La espera fue bastante larga, no hay forma de saber con exactitud a qué hora saldrán los micros, ni hay forma de sacar el boleto con anterioridad, hay que ir, sacar el boleto, y esperar que el bondi llegue, luego se llene, y recién ahí salga. Así que si, fue una larga espera…

El camino de vuelta fue un poco menos terrible que el de ida, básicamente porque ya era un malo conocido, (que siempre es mejor que un bueno por conocer), y además porque si bien en la zona de la niebla, siempre hay niebla, esta vez era un poquitito más tenue.

Quiero resaltar, por otra parte, que los lugareños efectivamente conocen el camino como la palma de su mano, y se mueven con tal seguridad, que sin dudas podrían hacerlo con los ojos cerrados, pero no jodamos! Cuando lo veo al chofer que, en medio del camino en la zona de la niebla espesa, para, baja, pasa por un puestito, se compra un sándwich y una coca y vuelve al micro, me pareció demasiado. Pero bueno, está bien, supongamos que el señor tiene hambre, tampoco se va a morir de hambre, no? Pero qué necesidad de manejar en semejante camino con semejante niebla, con una mano porque la otra la tiene ocupada en llevarse el sándwich a la boca???!!! “No, dejá, por nosotros no te preocupes que no tenemos apuro, comé tranquilo y después seguimos”, quería decirle! Pero no, callé, y en su lugar, elevé una oración al Dios de Todos los Seres, para que nos ayude a llegar vivitos y coleando a La Paz, (y no precisamente a los cementerios privados!).

Así, entre oraciones y ruegos y después de 4 hs de viaje! –se hizo mucho más larga la vuelta- llegamos finalmente a La Paz. Pero no terminaba ahí la cosa. La idea, nuevamente, no era quedarnos en La Paz sino seguir hasta Copacabana, así que debíamos tomar un micro, pero antes debíamos ir hasta donde salían los micros para Copacabana que no era el mismo lugar donde nos dejaba el micro que venía de Coroico. Todo así en Bolivia, mucho viaje para todo, todo tarde siempre un montón, todo es complicado…

La cuestión es que le preguntamos al chofer del micro si no nos alcanzaría hasta el lugar de dónde salían los bondis para Copacabana, que dicho sea de paso, salen desde el cementerio (¡?), a cambio de unos mangos, claro, pero no, nos dijo que no. Le preguntamos entonces cómo hacíamos para llegar, y sin ganas nos indicó un lugar, nunca entendimos cuál, a donde ir a tomar, nunca entendimos qué… Aspera Bolivia y hostil La Paz!!!

Preguntando y sin lograr contestación, nos avalanzamos sobre un bondi que pasaba, y le preguntamos si iba hasta el cementerio, con cara de pocos amigos nos contestó que si y nos subimos, como pudimos, armados con todas nuestras cosas. Quizás fuera más fácil tomar taxi, podría pensar cualquiera. Pero justamente es lo que te aconsejan no hacer, por un tema de inseguridad, claro, así que estábamos atados a manejarnos de esta forma, y así de cargados como estábamos, entrar en una de esas camionetitas a las que le ponen asientos hasta en la ventanilla, se complicaba. Claro que uno cuenta con la buena voluntad del resto de los pasajeros, y que si uno pide permiso, de un buen modo se correrán apenas un poquito para que uno pueda pasar, así todo cargado como viene, con una mochila más grande que la persona misma… Y uno se equivoca! Hostil, hostil La Paz, no me gustó su gente! Así como en Coroico eran alegres y en Potosí amables, en La Paz ganó la hostilidad! Pero bueno, fue sólo un lugar de paso…

Una vez en el cementerio, casi nos tuvimos que tirar de la camionetita esa para poder bajar, pero lo logramos. Ahora ir a sacar el ticket para viajar a Copacabana!

Otra vez, había que esperar a que el micro se colmara de gente, hasta que no se vende hasta el último lugar, el micro no sale. Así que ahí estuvimos, un rato subidos al bondi, esperando a que se dignara a partir.

Y mientras, fuimos al baño, compramos un queso muy rico y extraño y sacamos fotos del típico perfil de La Paz, ese monte colmado de casas y edificios tan característico.



Un rato después, comenzábamos el viaje hacia Copacabana.

Cómo se nota cuándo uno está en una gran ciudad y cuando no! El tránsito era una cosa insoportable, íbamos a paso de hormiga, nos costó un triunfo salir de La Paz! Pero una vez que abandonamos La Paz para adentrarnos en la ruta, ya la cosa fue distinta, la marcha se hizo mucho más veloz y entretenida, y el paisaje también cambió considerablemente. Hasta que llegamos al Lago Titicaca, bah, no llegamos al lago, más bien, lo íbamos bordeando. Es enorme! Y precioso! Tiene unos colores! Y el sol, que ya se estaba guardando, lo iluminaba de un modo que lograba una tonalidad especial.

Una vez más, áspera Bolivia nos demostraba que después de todo, siempre aparecía el sol, siempre tenía un as de una belleza singular guardado bajo la manga, una vez más, áspera Bolivia se transformaba en maravillosa Bolivia.

En determinado momento, se para el micro, y nos dicen a todos que bajemos, que debíamos cruzar el Lago en botecito y luego seguir la marcha en bondi. Esto significaba, dejar todo arriba del bondi, y solitos con nuestros cuerpitos, subirnos a un bote de dudosa seguridad, cruzar el Lago, y confiar en que del otro lado, nos encontraría el bondi con nuestras cosas. Había un grupito de chicas inglesas que no quería saber nada con abandonar sus cosas. Pero no tenían/mos alternativa, y eso hicimos, todos, mientras tratábamos de no perder de vista el bondi con nuestros bártulos.

Por suerte, del otro lado, nos reencontramos con el micro, con nuestras cosas, y todos contentos seguimos viaje.

Un ratito después, ya el bondi nos estaba dejando en la plaza principal de Copacabana. Ya era noche tarde, hacía frío, estábamos cansados y teníamos hambre. Así que al primero que vino a ofrecernos un hostel más o menos en precio, le dijimos que si, y lo seguimos hasta el lugar. Como vimos que era más o menos decente, dimos por terminada la búsqueda, y nos quedamos ahí.

No tardamos ni 5 minutos, que ya estábamos afuera, famélicos, buscando un lugar para comer. Caminamos unas pocas cuadras, y vimos que otra vez había barullo de grupo musical. Nos quedamos un ratito, pero no era como Los Olvidados, no estaban tan copados, y nuestros estómagos ya estaban aullando por dentro. Así que pasamos por un lugar que más o menos nos gustó, y entramos.
Para nuestra sorpresa, descubrimos que tenían cerveza negra, así que nos pedimos una, para probar, y resultó riquísima. Luego descubriríamos que todo en el menú parecía exquisito. Nos pedimos trucha, (todo el mundo diche: si vas a Copacabana, comé trucha!), que vino con arroz y ensalada y papas y estaba buenísima.

Un rato después, ya estábamos en la cama dispuestos a partirla en dos.

28/03 Coroico 2° día

Hoy, por primera vez en mucho tiempo, no teníamos la obligación de levantarnos a ninguna hora en particular… ERAN NUESTRAS VACACIONES DE LAS VACACIONES!!!!!!!!!!!! Con ese espíritu vivimos Coroico, o mejor dicho, ése es el espíritu que te despierta Coroico.

Igual tipo 10 hs. ya no podía dormir más, (no nos habíamos acostado a las mil y quinientas!), y un poco sin querer y mucho queriendo, medio que lo desperté “sin darme cuenta” a calavera, y lo insté para que se levantara. Es que en la habitación, no hay mucho por hacer, y para leer prefería estar sentada frente a una enorme taza de café con leche. Así que, sin presiones de ninguna característica, (je!), lo desperté y le dije: “me voy a desayunar al barcito de siempre, -con qué rapidez generamos rutina, no?-, cuando te quieras levantar, venís”. Y bajé rauda por mi dosis de cafeína! Al rato se me unió calavera con cara larga, -nada que unos panes con manteca no puedan resolver- y yo me pedí otro café con leche para no dejarlo desayunar solo.

Qué bueno no estar apremiados por el tiempo! Qué bueno no tener que correr de un lado a otro para no perdernos de nada! Qué bueno unos días de vacación! Como Coroico mismo es tan lindo, sólo estar ahí y disfrutar del paisaje es la ocupación fundamental. Así que con todo el tiempo del mundo, desayunamos. Una de las cosas que nos habían dicho que podíamos hacer por nuestra cuenta, (también había excursiones para hacer, pero no queríamos saber nada más con hacer excursiones por un tiempo), era ir hasta unas cascadas, aparentemente preciosas, a las que se podía llegar o caminando, (hora y media de caminata por un camino a los pies de la montaña), o en ómnibus. Como no teníamos ningún apuro, nos decidimos por la caminata.
La parejita franco-mexicana nos había mencionado una excursión que habían hecho, de la que habían vuelto llenos de polvo hasta el caracú. Ni bien comenzamos nuestro periplo comprendimos que se trataba del mismo camino que había tomado esta pareja. Es que era un camino de tierra por el que pasaban autos, motos y todo tipo de transporte. Como el resto de Coroico y gran parte de Bolivia, los caminos son angostos, así que si dos coches venían en sentido contrario, uno debía dejar pasar al otro, y también nosotros debíamos corrernos bien hacia uno de los lados para que el auto pasara. Y claro, al pasar los autos, levantaban tremenda polvareda que te llenaba de polvo, pero qué problema teníamos? Por lo demás, estábamos en el medio de la naturaleza, con la montaña de un lado y la inmensidad del otro, y la vista era fantástica.

Con el fatídico pensamiento que me caracteriza, al comenzar esta ida a la cascada, pensé: “estamos solos, si pasa alguien nos puede hacer lo que se le de la gana y quién se entera?” Pero como reconozco mi lado alarmista, y supuse que al ser un paseo que recomiendan hacer, sería absolutamente seguro, enseguida pensé que nada podría pasarnos… Por otra parte, la vista era precioso, así que un lindo paisaje estaría acompañándonos a lo largo de toda la caminata



Como en varias partes de Bolivia, el camino iba en subida, y el sol ahí en lo alto pegaba fuerte. Pero estábamos bien predispuestos y preparados, (con protector solar y botellita de agua), y nadie nos corría, así que si bien por momentos se tornó bastante cansador, era soportable y continuamos. Una vez cumplida esa hora y media de caminata, y un poco más, quizás, llegamos a lo que era la primera del grupo de tres cascadas. Había gente almorzando y niños disfrutando del agua. Nosotros, primero, oímos el agua caer antes de llegar a verla, lo que aceleró nuestro paso por el mismo entusiasmo que provoca llegar a la meta, y cuando finalmente la vimos, no nos arrepentimos de semejante caminata. No era muy grande, pero siempre el sonido del agua es reparador, y la combinación entre agua y montaña siempre garpa. Pero sabíamos que las que nos faltaban por ver prometían mas…



De todos modos, decidimos parar un poco para descansar y almorzar, y ahí no más, en medio de la naturaleza y estirando un repasador que había traído de casa, improvisamos un picnic de lo más agreste. Qué lindo almorzar en el medio de la naturaleza! Qué linda la vida al aire libre. Pero claro, todo tiene sus pro… y sus contras. Al ratito, una jauría de perros callejeros quería participar también de nuestro picnic al natural. Luego de un rato de aburrirnos de echarlos una y otra vez por todos los medios posibles, decidimos levantar campamento y seguir rumbo a las cascadas que aún nos faltaban por conocer. Pero los perros no nos abandonaban, creo que eran 5 ó 6, que nos seguían, se nos cruzaban y nos saltaban encima. Ya nos estaban empezando a poner de mal talante los cuadrúpedos, luego serían nuestros salvadores…

Resultó que mientras íbamos avanzando en estas condiciones, intentando espantar a los perros, un auto que venía en la misma dirección en la que íbamos nosotros, se acerca y comienza a ir a mi par. Calavera iba un poco más adelante, justamente para que el auto que ya habíamos oído que se aproximaba, pudiera pasar sin problemas, pero el auto no pasaba, iba a mi lado y los varios pibes que, copeteados iban adentro, no paraban de decirme cosas. Por suerte, o por esas cosas que la Divinidad ha querido que así sucediera, había un señor y una señora cerca, lugareños sin dudas, y cuando lo llamé a calavera para que notara la situación y le pedí que me esperara, el auto nos pasó y siguió su curso. Pero a mi ya me había quedado la espina clavada…

Avanzamos un poco más, pero de las cascadas ni noticias, y se apoderó de mi la idea de que estos pibes, o bien nos estaban esperando en algún lugar, o bien volverían a buscarnos. Y salvo por algún coche que cada tanto pasaba o por alguna persona con la que de pronto nos cruzábamos, por el resto, estábamos solos en el medio de la nada, indefensos… solos y con unos 5 ó 6 perros que nos venían acompañando desde la primera cascada. Pero llegó un momento en que no me aguanté más, y le dije a calavera que volviéramos: tenía miedo. Primero me dijo algo así como: “no pasa nada”, a lo que respondí con un rosario de improperios y fue lo último que nos dijimos por un rato largo. Yo ya nos veía, como mínimo, atacados por estos y despojados de los pocos mangos que teníamos, camarita y demás, y eso como mínimo, y si eso sucedía, andá a cantarle a Gardel, y cantá fuerte, total nadie te va a escuchar…

Si bien soy alarmista y tremendista, a veces, por desgracia, mis presagios se cumplen. En determinado momento, dos coches se cruzan en sentido opuesto, el que venía en nuestra misma dirección era el auto blanco que nos habíamos cruzado antes. Como ya dije, los pibes estaban re-copete, así que casi pasa cualquier cosa, casi chocan con el otro auto, y se llevó puesto a uno de los perros, que aulló de dolor pero no tan fuerte como el alarido de espanto que pegué yo cuando ví cómo lo golpeaba y sentí el sonido que hizo el cuerpo del animal al ser golpeado por el auto. Supongo que semejante enjambre habrá hecho que estos pibes se asustaran, porque salieron carpiendo, además ya no estábamos solos, íbamos con unos cuantos perros de los cuales a uno lo habían lastimado, y además estaba el otro auto, que debió haber notado que algo no andaba bien, porque no se fue hasta que desapareció el otro auto. Recién ahí calavera comprendió que mi miedo no había sido del todo infundado. Y yo ya estaba un poco más tranquila, suponiendo que éstos se habían asustando y ya no los veríamos aparecer más. De todos modos, no me quedé en paz hasta que llegamos a un pueblito mínimo por el que habíamos pasado, y donde suponíamos que podíamos tomar un bondi que nos llevara otra vez a donde había comenzado nuestra odisea. Por suerte, así fue, y una vez que volvimos a la zona que conocíamos y donde estaba nuestro hostel, recuperé la paz.
Y una montaña de plátanos nos aguardaba en señal de bienvenida.



Ya en el hostel, una ducha que nos saque el polvo y la angustia que habíamos pasado.
Otra vez, áspera Bolivia, en pueblo de ensueños y todo, qué pena…

Pero siempre hay segundas oportunidades para recomponernos, y justo era domingo de Ramos, así que pasamos por la Iglesia de Coroico, preciosa, llena de gente, niñitas vestidas de un blanco inmaculado, y ya nos sentimos un poco mejor. Volvimos al hostel con nuestro ramito bendencido, que guardamos y atesoramos a lo largo del viaje, y hoy descansa en paz en nuestra biblioteca.

Lo que siguió: la merienda, armar el bolso (al día siguiente ya volvímos a La Paz para seguir rumbo a Copacabana, nuestro siguiente destino), y luego salir a cenar unas ricas hamburguesas con papas fritas.

27/03 De La Paz a Coroico

A las 2.30 de la mañana, aproximadamente, todas las luces del micro se encendieron. Viendo las caras de sueño, sorpresa y desconcierto que reinaban a mi alrededor, caí en la cuenta de que el resto del pasaje, al igual que yo, no entendíamos qué sucedía. Por suerte comprendo algo de inglés, que en la excursión debí practicar con holgura, porque enseguida por un alta voz, el azafato boliviano del ómnibus, nos comunicaba, pronunciando con perfección ese idioma, que en breve deberíamos bajar del micro para abordar otro de similares características en el que viajaríamos hasta nuestro destino final ¿¡!?

Todos abajo, entonces, con la almohadita y la frazadita que nos habían dado a cuestas, con las marcas del sueño en la cara, con frío, y sin entender todavía a qué se debía este cambio.

Pronto lo entendimos.

Resulta que las rutas, en gran parte de Bolivia, son inexistentes. Digamos que prácticamente, desde La Paz hacia el sur del país, no hay rutas, hay más bien caminos, bastante precarios y peligrosos, por cierto. Pero llegando a La Paz y de allí en adelante, los caminos cambian notablemente para transformarse de a poco en rutas.

Pues bien, nosotros veníamos de Uyuni, donde los caminos son aún de una precariedad importante, y lo que nos explicaron fue que el micro en el que veníamos viajando era lo suficientemente potente como para resistir esos caminos, pero que una vez pasada la zona “de conflicto”, semejante ómnibus no era necesario, y ya podíamos seguir viaje hacia La Paz en otro con menor envergadura. Vale aclarar que ese otro que debíamos abordar, venía a su vez desde La Paz y se dirigía hacia Uyuni, también cargado de gente. O sea, ya había hecho ese otro bondi el recorrido azfaltado, y ahora debía arremeter contra los inhóspitos caminos no azfaltados, para lo que necesitaba de una máquina como la que nos venía trayendo a nosotros. Si, ya se, increíble… pero real!

Eso no hubiese sido más que otra de las tantas bizarradas a las que Bolivia ya nos tenía acostumbrados, el pánico comenzó cuando vi a unos nn bajando todo el equipaje de un micro, que de a poco se iba mezclando con el equipaje que del otro micro estaban bajando otros nn. Una vez que el pánico se apoderó de mi corazón, no se si para dejarlo sin palpitaciones o para acelerarlas al 100%, opté por la filosofía que Bolivia me enseñó: “relájate y goza” Y si, más vale tender a confiar, a confiar en que, una vez llegados a La Paz, nuestros bártulos habrían llegado también…

Cuando por fin volvimos a subir al nuevo micro, una vez sentaditos en nuestros asientos, apoyé la cara en la almohada y otra vez quedé frita, estado en el que continué hasta la mañana bien temprano, en que nuevamente encendieron todas las luces, pero en esta ocasión por una razón mucho más reconfortante: servirnos el desayuno.

A las 7.30 hs. llegamos a la estación de La Paz.
Por cuestiones de necesidad y urgencia, calavera tuvo que dirigirse corriendo al baño. Así que yo me quedé solita, al costadito del micro, con el resto de los viajeros, esperando todos que bajaran nuestro maletaje para poder seguir cada cual su rumbo.
Uno a uno vi cómo bajaban valijas, mochilas, paquetes, bicicletas, de todo! Pero nada de las mochilas de calavera y mías. En eso me avivo que por el otro lado también estaban bajando equipaje, y rauda me dirigí hacia allí. Por suerte, y con un respiro de alivio, avisté nuestras mochilas, y entregando el ticket que comprobaban que eran nuestras, me hice de nuestras cosas. Y ahí me quedé, en un rinconcito, toda rodeada de bártulos, esperando que calavera regresara de su impostergable diligencia.

Pero la idea no era quedarnos en La Paz, a mi particularmente no me interesaba quedarme en ninguna ciudad, y menos en una ciudad que por lo que me habían dicho no contaba con demasiados atractivos y por lo que pude observar, resultaba bastante hostil para quien estuviera de paso. La idea era pasar por La Paz como destino obligado para llegar a donde realmente queríamos ir que era Coroico. Así que, preguntando preguntando, resolvimos que la mejor forma de llegar al lugar de donde partían los micros rumbo a Coroico era tomar un taxi, y eso hicimos.
10 minutos después, ya estábamos entre un mundo de gente, que nos ofrecían unos y otros subir al micro con destino Coroico.
Nos decidimos por uno entre todos los que había, dimos nuestras mochilas para que las sujetaran al techo del micro, subimos, nos acomodamos, y nos dispusimos a esperar que arrancara, que como es costumbre, sucede una vez que el micro esté completo, pero después del rally que veníamos haciendo, qué apuro teníamos?
Al ratito, la señora que nos había vendido el boleto nos ofrece devolvernos la plata, algo había ocurrido y el micro iba a tardar bastante más en salir. Nos miramos con calavera y bajamos. Otra vez el señor a treparse al techo, otra vez desamarrar todo para darnos nuestras mochilas y luego volver a amarrar el resto, otra vez… casi culpa me dio hacerlo trabajar tanto, pobre! Pero en un santimén se me borró la culpa por completo, en un santiamén comprendí tanta amabilidad: sólo querían sacarnos encima! Al parecer, un contingente de bolivianos que llegaba en dulce malón tenía la intención de viajar a Coroico también, todos juntitos, y para eso, necesitaban del micro libre. Pero no fue lo peor del caso, de hecho había varios micros también dispuestos a partir con igual destino en cuanto estuvieran ocupados los lugares, lo que no sabíamos es que todos los demás bondis eran más caros, y que los que estaban por salir, ya tenían los pocos asientos que quedaban libres reservados, (para más bolivianos que aún no estaban allí pero que tenían prioridad por sobre nosotros, o para los gringos que tenían prioridad por sobre todos). En síntesis, me agarré una bronca infernal. Siempre habíamos notado la especial atención que tenían con los gringos por sobre nosotros, pero nunca de un modo tan notorio. O.K, es verdad, lo de la hermandad latinoamericana no existe, DESPUES QUE NO LA RECLAMEN!!! Y si, che, enfurecí, y comencé a decir barbaridades a voz en cuello, y ningún intento de amordazarme por parte de calavera surtió efecto, y empecé con eso de que “y cómo no quieren que los traten como esclavos si se arrodillan ante el verde, si en todos los bondis y taxis tienen colgada la banderita yanki –verdad absoluta- si ni les presentaron la cadena de frío” y así… Es que me indignan que me mal traten! Al final de cuentas, estoy dejando mi guita ahí, que tanto laburo me costó conseguir, che!!! Si en lugar de comportarnos como esclavos, nos uniéramos entre nosotros en hacerle frente a ese que nos pone la pata encima, quizás otra sería la historia, no? Pero bueno, así las cosas, lo cierto es que no me llevé una buena impresión de La Paz, me pareció una ciudad sumamente hostil, y fea y sucia y ruidosa…

Un rato después, al fin logramos subirnos a una van, bastante más chica que el micro anterior, por eso también más cómoda y más cara, y partimos rumbo a Coroico, para lo que teníamos 3 horitas más por delante.

Una vez que abandonamos la ciudad, comenzamos a trepar por un camino de montaña, es decir, montaña de un lado, precipicio del otro. Hasta ahí, todo bien, alto, pero bien, paisaje panorámico, lindo, ciudad desde la altura, luego la naturaleza, lindo, muy muy lindo. Hasta que dejó de serlo… En un momento, la ruta, porque eso si, la ruta estaba en perfectas condiciones, toda asfaltada, lisa, prolija, bien señalizada, todo bien, pero en un momento, la niebla se apoderó del camino, y era todo niebla en una ruta de montaña que no paraba de subir y era todo en curva, todo el tiempo doblando. Sentí pánico, me quería bajar ahí y ponerme a llorar. Es que realmente no se veía nada. Y para colmo de males, en un momento, comienza a llover, horrible, la pasé tremendamente mal. Lo que es la ignorancia! De haber sabido que para llegar a ese lugar tan lindo del que tanto nos habían hablado, había que tomar un camino de semejantes características, sin lugar a dudas no hubiese ido. Tenía un miedo. Calavera también, intentaba calmarme pero ni a él mismo lograba calmar. Y las cosas que hace la cabeza solita, no? No podía dejar de pensar en mi mamá. Hasta ese momento, cada vez que nos íbamos de un lugar con destino a otra parte, se lo informaba vía mensajito de celular, para que estuviera al tanto de mi ruta. Pero esta vez, no lo había hecho, sabía que me iba a decir que después de toda la excursión que nos habíamos mandado, más las 12 hs a La Paz, le iba a parecer una locura que continuáramos viaje sin parar a descansar, y como por otra parte yo pensaba lo mismo, más allá de que nos conviniera por muchas cuestiones hacerlo como lo estábamos haciendo, decidí no decirle nada hasta llegar. Así que mientras estaba en la van en medio de la niebla pensando que en cualquier momento caíamos por el precipicio, no podía deja de pensar en cómo iba a hacer mi mamá para encontrar mi cadáver, si yo no le había dicho a dónde iba. Ridículo, no? Pero sin embargo la cabeza funciona así, después calavera me confesaría que él iba pensando: “ojalá que nos salvemos los dos o nos muramos los dos, porque si a Jimena le pasa algo, la madre me mata” Un exagerado, apenas lo torturaría un ratito… Pero bueno, a la cabeza se le da por tener pensamientos ridículos en los momentos menos oportunos…

Pero por suerte, o por la maestría del conductor, (a esta altura, y viendo la seguridad con que manejaba el chofer, habían quedado atrás todas las broncas y rencores, y los bolivianos volvieron a caerme sumamente simpáticos, no fue más que una rabieta de hermanos, je!), logramos superar con éxito las casi 2 horas de camino entre tinieblas, sin caernos por el precipicio, pero todavía faltaba un trecho. Llegamos a un punto en que el camino estaba cortado porque lo estaban arreglando, y debimos tomar por otro que era subiendo por el medio mismo de la montaña. Ya con lo que acabábamos de pasar, yo había logrado relajarme. Las condiciones no eran óptimas, claro, ya no había más ruta, era todo ripio y barrial, era muy angosto, sólo cabía un móvil, es decir, si venía otro de frente y lograban no chocar, entonces uno debía retroceder para que el otro avanzara, y seguía la montaña de un lado y el precipicio del otro, pero después de lo que acabábamos de pasar, todo me parecía “papita pa loro” Hasta que lo miré a calavera, y vi en su rostro la expresión misma del HORROR… No hablaba, no se movía, estaba pálido, aferrado al asiento, casi sin respirar, no me hablaba, le hacía preguntas y no respondía. Luego me enteraría que ese camino por el que estábamos era el viejo camino, ya en desuso, conocido como “el camino de la muerte”. Al parecer, el nuevo camino estaba siendo arreglado, y por eso la única opción para llegar a Coroico era tomar por el viejo camino, por el camino de la muerte... Por suerte yo ignoraba esa información.

Como 40 minutos después, un enorme cartel de BIENVENIDO A COROICO, nos anunciaba el fin de la tortura.

Lo que sigue, no tiene nombre… bueno, si, se llama Coroico, lo que quiero decir es que no puedo expresar con palabras lo que es este lugar… HERMOSO!!! Fue como entrar en un cuento, como de pronto aparecer en el país de las maravillas. Salir de la realidad y zambullirnos en un mundo de ensueños. Coroico es, sencillamente, un paraíso.



Debíamos buscar alojamiento, estábamos todos cargados, y ya muy cansados por tanto viaje. Y justo frente a nosotros, un puesto de información. Nos atendió un señor que nos dio algunas indicaciones, y yo aproveché para preguntarle otras posibles formas de abandonar Coroico, (después de todo no era la idea quedarse a vivir alli!), para seguir con nuestro viaje, pero nos informó que el camino que habíamos hecho de ida era el mismo que deberíamos a hacer de vuelta… Otra vez el mismo camino!? Comenzamos a considerar la posibilidad de quedarnos a vivir allí…

A una cuadra de la plaza principal, alrededor de la cual estaba todo, había un hostel que nos pareció bien y a buen precio, y decidirnos quedarnos allí. Nos dieron una habitación en la terraza, divina! Y nuestros vecinos eran una pareja como de unos 40 años, conformada por un francés y una mexicana bastantes hippies, que habían llegado ese mismo día un rato antes. No pudimos evitar comentar el camino, es decir, sólo nosotros la habíamos pasado tan mal?! Pero no, coincidían con nosotros en cada palabra… A mi me recordó la peli “El gran Pez”, en ese momento en que el protagonista debe elegir entre dos caminos, el “común” y el atajo, lleno de dificultades que atravesar, y elige este, pero la recompensa era llegar al pueblo al que llega, un paraíso… Bueno, con Coroico pasa igual, si pasás las tarántulas, llegás a Coroico, sería más o menos así…

Una vez que dejamos todo en la habitación, resolvimos salir, además de cansados y sucios estábamos famélicos, así que fuimos a buscar algún lugar donde comer algo. Entramos en un lugar muy lindo donde había un loro muy simpático que chiflaba y piropeaba a las mujeres, -muchas gracias señor loro!-, y donde nos pedimos un desayuno completo, abundante, rico y a muy buen precio. Además los que atendían también eran súper amables. Y pronto, todo el mal humor, la angustia por el camino y el cansancio, pasaron a un segundo plano y nos dedicamos a disfrutar de nuestra estadía en Coroico.

Como Coroico parecía no pertenecer a este mundo, todo lo que ocurría allí era distinto, incluso el tiempo. No sólo el clima era tropical, sino que las lluvias de la montaña en nieblas y lo nublado de La Paz habían desaparecido para darle lugar a un sol brillante y caliente, y otra vez salieron a relucir las mangas cortas.

Con el estómago lleno, ahora si, necesitábamos un poco de limpieza! Volvimos a la habitación, y conseguir que habilitaran el agua caliente era medio un plan chino, y como el frío no era insoportable, decidimos acelerar los procesos y pegarnos una ducha fría, pero igualmente reparadora. Y así relajaditos, a dormir!!!

Un rato después nos levantamos y salimos a pasear. Recorrimos un poco el pueblo, que cada vez nos enamoraba más, fuimos a Internet donde estuvimos otro rato conectados con el mundanal ruido, merendamos y seguimos paseando. Llegamos a un puesto de información turística, y decidimos hacer algunas preguntas, yo me negaba a creer que no había otra forma de volver más que pasar otra vez por ese camino, y he aquí una foto que sacamos de esa oficina:



A la noche fuimos a cenar al mismo bolichito en el que habíamos desayunado a la mañana. Comimos una trucha a la parrilla que venía con ensalada, arroz y papas, y que estaba exquisita! Y luego fuimos a la plaza central donde un grupo folclórico se mandó un showsaso de la hostia! En ese momento no lo sabíamos, pero los políticos bolivianos se encontraban en plena campaña electoral, y así como aquí es el pancho y la coca, allá es la birra y la música, así que parece que la estrategia electoral pasa por ofrecer a los electores grupos musicales y birrita.
Pero en ese momento sólo nos importaba disfrutar de la música y el show, que estaba divino. Era un grupo folclórico “Los Olvidados”, que sin pelos en la lengua cada dos por tres hacían referencia a la cerveza con que tan amablemente los convidaba el intendente de Coroico, bien por Los Olvidados, que parecían ser bastante memoriosos… Y ahí nos quedamos, en la placita del pueblo, disfrutando del recital y de una noche espléndida. Finalmente, después de tanto trajín, Coroico nos tenía preparada una recepción de puta madre!

lunes, 14 de junio de 2010

26/03 - Excursión Uyuni día 3

“Que grite todo lo que quiera, yo sin desayunar no voy a ninguna parte” Así arranqué el último día de nuestra expedición por el salar y el desierto de Uyuni, así, con el humor matinal que me caracteriza…

Es verdad, ya eran las 5.30, y se suponía que a esa hora debíamos estar partiendo, así que si, era tarde, (aún no se tarde para qué, pero por los gritos de Miguel era tardísimo!). Supuestamente, debían habernos despertado a las 4.30 hs., para que tuviéramos tiempo de vestirnos minimamente, guardar todo y tomar un desayuno, algo calentito, estábamos en medio del desierto! hacía un fresquete que te la regalo! Pero no nos levantaron a las 4.30, nos levantó Miguel, cuando llegó, a las 5.30, furioso! UFFF!!! Qué feo empezar el día tan temprano y a los gritos pelados… y sin desayunar!

Y por más velocidad que quisiéramos imprimirle a nuestros movimientos, recordemos que no había luz, así que nada ayudaba…

Cuando, en el medio del alboroto, fui capaz de abrir un ojo, sin abrir el segundo, me levanté con sepillo de dientes en mano y fui al baño a lavarme, pero no se qué hice que perdí el sepillo de dientes por ahí, bah, se me cayó, y como no se veía nada, era lo mismo que perderlo. De todos modos, una vez en el piso, ya nunca más lo volvería a usar. Por suerte se me cayó una vez que lo había utilizado! Y bueno, un sepillo menos…

La cosa es que uno intenta apurarse, y así las cosas salen mal, ya lo decía Napoleón: “vísteme despacio, que estoy apurado” Ja!

Ya sin sepillo pero con mis dientes limpísimos, fui a recoger todas mis cosas, tenía que guardar la bolsa de dormir y alguna otra cosilla que había utilizado hasta último momento y había quedado fuera de la mochila, y debía hacer todo esto en la oscuridad, y con un humor!

Es decir: es muy temprano, tengo sueño, tengo frío, no veo nada, no se ni qué estoy guardando ni qué me falta por guardar, me están apurando a la mañana y es lo peor que me pueden hacer… sin desayunar no iba a ir a ninguna parte, se entiende, no? Por más gritos pelados que anden dando todos por ahí…

Así que desayuné, yo y todos, rapidito, sin sentarnos casi, pero me tomé mi dosis de cafeína calentita que necesito para arrancar el día.

Y tipo 6, tardísimooo!!! aparentemente, partimos en la van con rumbo desconocido…

Cuando el mal humor matinal de Miguel se calmó, nos informó que nos estábamos dirigiendo a los geisers. Como Miguel no era un gran guía, y claramente prefería el silencio a tener una conversación con nosotros, nunca supimos con claridad qué eran los geisers, pero puedo contar lo que vi. Llegamos a un lugar de esos de paisaje medio lunar, árido, rocoso, sin vegetación, y que tenía la característica de tener como agujeros en la tierra de los que salía humo. Si te acercabas, podías ver agua dentro de esos agujeros, agua hirviendo, mientras que afuera los gorros, los sacos, los guantes y bufandas no nos alcanzaban para apalear el frío. Tampoco podíamos acercarnos demasiado, aunque la tentación era inmensa, porque bien cerquita de esos agujeros, el suelo era bastante inestable, y no sólo podías resbalar y caer, sino también quemarte. Así que no se muy bien qué son los geisers, pero fue fantástico estar ahí, algo nunca visto por mi antes, ni sabía que existía una cosa así. Y estábamos nada más ni nada menos que a 4970 mts. de altura!!! Eso es alto, no?

Admirando todo el paisaje estuvimos un rato considerable, primero sacando fotos, filmando con la camarita, y luego, sólo callados y absorbiendo la inmensidad.



Hasta llegar a los Geisers, desde el refugio donde habíamos pasado la noche teníamos un buen tramo para recorrer. Durante el trayecto, nos topamos con yamas, con paisaje lunar, con montañas, con arroyuelos que de pronto aparecían vaya uno a saber de dónde, y con el volcán Ollagüe, que aún hoy está activo y puede verse salir humo de su chimenea. Precioso, un recorrido precioso!



Pero ya habíamos contemplado los Geisers y ahora debíamos continuar el viaje, no nos olvidemos de que estábamos “atrasadísimos”!

Lo siguiente fueron las aguas termales. Sinceramente, toda la excursión fue una gran maravilla y uno no dejaba de sorprenderse con lo que veía, “aguas termales en el medio del desierto?” Pues si, aguas termales en el medio del desierto, Aguas Termales Polkes, para ser más precisos. Esa fue nuestra siguiente parada, por si a alguien le daban ganas de pegarse un bañito en las aguas. Con el frío que hacía, el sólo hecho de pensar en sacarme algo del abrigo que tenía, me daba escalofríos, pero no todos pensaban igual, y hacia allí fueron Sam, Melany y Less. Mientras que ellos desde dentro de las aguas nos invitaban a que nos metiéramos, contándonos la linda temperatura que tenían, nosotros, desde afuera, les indicábamos con señas los locos que creíamos que estaban… Pero la verdad, es que se los veía disfrutar, y cuando salieron, una aureola de humito los cubría alrededor como si los protegiera del frío mientras volvían a cambiarse…



Cuando los nuevos relajados habían acabado con su baño termal y ya habían vuelto a vestirse, todos otra vez a la van y a seguir rumbo.

Como estábamos apuradísimos, (de verdad, todavía no entiendo por qué tanto apuro), no pudimos parar, ni bajar, ni sacar fotos ni nada, pero pasamos por un lugar que se llama El Desierto de Dalí, que es un lugar montañoso, como tantos otros que ya habíamos visto, pero que tiene la particularidad de parecerse muchísimo a una pintura de Dali, esa de los relojes chorreando. Si, ya se, difícil de imaginar, no? Difícil de creer, quizás… Pero cierto, lástima no tener una foto, porque además de todo, era de una belleza sin igual…

Y seguimos camino…

Desde antes de comenzar la excursión nos venían hablando de la Laguna Colorada y la Laguna Verde. Ya el día anterior tuvimos la oportunidad de maravillarnos con la Laguna Colorada, pero ni noticias de la Laguna Verde. Ahora había llegado finalmente su turno. También depende mucho de la marea, cuanto más movimiento haya, más verde se verá. Y si bien también es muy linda, y grande, y hay flamencos, lamentablemente se está secando. De todos modos, es increíble, todavía no entiendo, cómo una laguna en el medio del desierto???

Nuestros compañeros de travesía australianos, Melany y Sam, nos abandonaban, ellos no iban a volver con nosotros a Uyuni, porque seguían rumbo a Chile, así que hacía allí nos dirigimos para dejarlos donde debían empalmar con otro transporte para seguir viaje. Y nosotros tuvimos la yapita de llegarnos hasta la frontera con Chile, qué se yo, una cosa más, inesperada…



Lo siguiente, el almuerzo. Llegamos a un pueblito perdido, de esos en donde uno no puede creer que viva alguien. Y allí paramos en lo que parecía ser otro especie de refugio. Algo no andaba del todo bien con la van, así que mientras comíamos, (atún con quenia y tomates), Miguel intentaba arreglar el desperfecto. Y yo, con la capacidad de ver la catástrofe siempre, comencé a pensar que posiblemente ese día no llegáramos a destino…

Después de almorzar, después de que almorzara Miguel también, y ya con la van en condiciones, (al menos eso esperábamos todos), emprendimos la vuelta a Uyuni, ya la excursión había llegado a su fin, ahora sólo quedaba retornar…

Y seguir contemplando ese paisaje desértico lunar que cada tanto que maravillaba con cosas así…



Sabíamos que teníamos muchas horas de viaje por delante, aunque no imaginábamos cuantas! Y se hizo duro, tuvimos que parar varias veces por la camioneta, y cada vez pensé que ahí mismo deberíamos pasar la noche, pero no, por suerte, siempre tiraba un cachito más…

Llegamos a Uyuni a las 18.40 hs. agotados, exhaustos, sucios, y todavía teníamos un largo viaje por delante.

Como en Uyuni no hay nada para hacer, ni es un lugar demasiado lindo como para quedarse, y como en estos viajes el tiempo siempre es corto, cuando contratamos la excursión, también compramos un boleto de ómnibus, (clase turística, coche cama, con cena incluída y azafata haciendo juego, algo bastante mejor de lo que nos tenía acostumbrados Bolivia), que partía esa misma noche, a las 20 hs. con rumbo a La Paz, otras 12 horitas de viaje! Pero bueno, había que hacerlo así, si bien fue muy cansador, sigo pensando que fue la mejor opción, nos ahorramos la noche de hostel en Uyuni, y ganamos un día. Eso si, estábamos triturados, pero contábamos con eso para dormir durante todo el viaje…

Así que llegamos a la agencia, tomamos nuestras cosas que por suerte continuaban allí, y nos fuimos a tomar el bondi. Un rato después de las 20 hs. el micro había partido con destino a La Paz. Arriba del micro nuestro azafato, simpático y servicial nos sirvió la cena, (unos fideos bastante ricos, con queso y todo), y después de engullirlos intenté leer un poco, pero enseguida quedé frita. Teníamos un largo camino por delante aún!

25/03 - Excursión Uyuni día 2

Para no perder lo que a esta altura ya se había convertido en rutina, bien tempranito, Miguel nos estaba despertando con toquecitos en la puerta. Así que nos levantamos, nos pusimos más o menos en condiciones, y luego de una veloz pasada por el baño, fuimos contentos al salón comedor a encontrarnos con los que, después de todo un largo día, eran nuestros amigos de excursión. Como acostumbrarse a lo bueno es lo más fácil que existe en la vida, el comentario de todos era: qué habrá de rico para desayunar?! Y claro, ya nos habían acostumbrado a comer rico, y no esperábamos otra cosa. Por suerte, nuevamente nuestras expectativas fueron colmadas con abundancia. Dos cafés con leche para mi, pero también había te, y cacao y yogurt y pan y galletitas y mermelada y manteca y dulce de leche… de todo para un rico desayuno!

Alrededor de las 8.30 hs. todos subiditos a la van y con el estómago caliente, nos preparábamos para lo que sería nuestro 2° día de excursión.

El periplo de hoy consistía en atravesar el desierto, al menos una parte de él, y recorrer toda la maravillosa fauna, flora y paisaje que tenía para regalarnos. Por momentos, el paisaje era sumamente desértico, con esa especie de vegetación medio verde, medio marrón, dura, todo roca y tierra alrededor, y montañas. Y en eso, así, de la nada, se te aparecía en frente una laguna llena de flamencos! Una maravilla, realmente! Era de no creer, todos quedamos admirados contemplando esa belleza, todo aridez y roca alrededor, y de pronto, la laguna CAÑAPA, o la CHIACOTA, o la HEDIONDA… Y ahí fue nuestra parada para almorzar.



La Laguna Hedionda, también llena de flamencos, era, como las demás, una laguna en el medio del desierto. Y si bien su nombre remite a los olores que emana, no era tan grave, y un poquito más alejados, donde había quedado la van estacionada, no se sentía en lo absoluto. Ahí volvimos, a la hora señalada, una vez que hubimos recorrido la laguna y sacado las fotos de rigor, a cumplir con el, a esta altura, ritual del almuerzo. Ahí, dispuesto sobre unas piedras, todos los manjares para que cada uno se sirviera y comiera a piacere sentado en otra cómoda butaca/piedra. El menú del día: milanesas con verduritas y ensalada y de postre, manzanas. Qué lindo comer en el medio de la naturaleza! Y el tiempo que siempre acompañó! Había que llenarse de protector solar para no quedar como un camarón! Y la temperatura también era ideal, sólo refrescaba una vez que había bajado el sol.

Y ahí, todos juntos, sentados alrededor de una piedra, comenzamos a chapucear como mejor pudimos, de bueyes perdidos y de otros encontrados...

Estos son los momentos en los que el tiempo parece detenerse, donde no existe el apuro para nada, donde el tiempo es inmenso y hay lugar y espacio para todo. Y para cada cosa, uno siente que puede tomarse el tiempo que desee, ésa libertad se siente estando en la naturaleza, y con esa libertad parecíamos movernos todos…

Una vez que se levantó todo lo del almuerzo, retomamos el viaje, todavía nos quedaba mucho más por delante.

Seguimos contemplando el paisaje por momentos lunar, y cada tanto, otra laguna nos sorprendía. En eso, empezamos a vislumbrar un cordón montañoso enorme, divino, nada más y nada menos que la Cordillera de los Andes!!! Precioso!!! Nunca, jamás en mi vida había visto de tan cerca la Cordillera! It´s amazing! Es realmente imponente! Y precioso, un paisaje precioso!

Continuamos con nuestro recorrido, y por instantes era como estar dentro de la película STAR WARS, el paisaje era tan parecido! En cualquier momento podía aparecerse por ahí OBI WAN KENOBI, y no nos hubiese extrañado en lo absoluto.

Pasamos también cerca de volcanes, algunos con sus chimeneas humeantes, y llegamos hasta el árbol de piedra, donde hubo otra parada para saciar la sed de fotografiarlo todo.



Pero para entonces, la batería de nuestra máquina de fotos que ya venía tambaleando, dijo finalmente BASTA! Y la del árbol de piedra fue la última foto que sacamos en el día. Una pena, realmente, aún faltaba lo mejor.

Seguimos camino y llegamos hasta la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa. Una vez que pagamos nuestro ticket, seguimos rumbo pero ya dentro de la reserva, donde también pasaríamos la noche en lo que recibía el nombre de refugio. Dentro de la reserva, además, está la LAGUNA COLORADA, que como su nombre lo indica, es colorada, a veces se nota más, a veces menos, dependiendo de cuán agitada esté la marea, pero si que se ve colorada. Y es inmensa! Y divina! Y llena llena de flamencos delicados, sofisticados, elegantes! Ahí nos detuvimos un rato, observando en silencio tanta belleza… una lástima habernos quedado sin batería, y bueh! cosas que pasan… Así también es la vida!

Lo que siguió fue un largo recorrido hasta llegar al refugio. Ahora si que estábamos en el medio de la nada, en el medio del desierto!

Esta vez si que el frío se hacía sentir, y la noche prometía ser aún peor. Esta vez, el refugio, contaba con habitaciones de esas enormes, con muchas camas, así que cada grupo que iba llegando se adueñaba de una de las habitaciones, donde dormían todos los componentes del grupo juntos, cada uno en su cama y cada uno con una bolsa de dormir! Es que por más mantas y frazadas que te dieran, el frío calaba profundo en los huesos. Debo admitir que sentí pánico, cómo sería pasar la noche en el desierto? Ya parecía haber zafado de una gangrena, zafaría también de un estado de hipotermia brutal???

El refugio tampoco contaba con demasiadas comodidades, casi con ninguna, podría decirse. No tenía electricidad más que un par de horas, desde las 20 hasta las 23, aproximadamente, momento en que todos fuimos corriendo a cargar baterías de máquinas fotográficas, celulares, ipods… había un muestrario de tecnología para todos los gustos y necesidades.
El baño también era uno de esos largos, con varios compartimentos, y sin distinción de género, obvio. Ducharse, hoy si, impensable, pero sinceramente era lo que menos me preocupaba.

Como tampoco había demasiado para hacer, y aún faltaba para la hora de la cena y de la electricidad, charlar era la mejor opción para pasar el tiempo, ese que parece eterno cuando uno no tiene obligaciones por delante. Así nos enteramos de varias cosas del viaje que venía haciendo Less, el inglés que llevaba más de 5 meses ruteando. Había estado en la India, y nos contaba que, si bien era maravilloso, por momentos la había pasado mal, demasiado sufrimiento. También había estado en la Argentina, y le había encantado! Les auguraba a Melany y a Sam una preciosa estadía en el país de calavera y mío. También Vinicius decía estar enamorado de las tierras Argentinas, y de cómo se comía! Y de la carne! Y de toda la oferta cultural con que contamos! Para qué mencionar el orgullo que sentíamos calavera y yo, no? No entrábamos en el refugio de tanto que nos agrandamos! Es que realmente tenemos un país maravilloso. La parejita australiana, continuaba viaje en Chile y después se iba para Argentina, iban a estar en Bs. As. y luego continuaban camino hacia el sur. Calavera, servicial como es, se ofreció a recomendarles tanguerías y parrillas donde comer rico. Lo mío vino más por el lado del MALBA, el MNBA, la Avenida de Mayo y, por supuesto, el Tigre!

Y así seguimos de gran charla, hasta que llegó la hora de la cena. Hoy: fideos con tuco y champignones con mucho mucho queso! Comimos un plato y repetimos! Y todo acompañado con vinito! Así que al mediar la cena ya todos hablábamos un mismo idioma, el idioma de los borrachos! Y había que ver lo bien que nos entendíamos!

Pero la cena llegó a su fin, la charla de a poco se iba apagando y el cansancio de un día largo se iba haciendo presente. La hora de irse a dormir se acercaba y el madrugón que nos esperaba al día siguiente, (4.30 hs arriba!), no hacía más que apurar el evento. Pero me daba miedo! Y si hace muchísimo frío y no puedo tolerarlo? Y si con la bolsa de dormir no me alcanza?

No se si es que en realidad no hizo tanto frío o si es que el cansancio ganó la pulseada, la cosa es que ni bien me metí en la bolsa de dormir y me la cerré hasta el cuello con la ayuda de calavera que se quedó al lado para darme el besito de las buenas noches, cerré los ojos y no los volví a abrir hasta el día siguiente que a los gritos pelados nos despertó Miguel anunciándonos lo tarde que ya se nos había hecho…

domingo, 13 de junio de 2010

La consigna, la misma que la de los días anteriores: madrugar! Y si, había que levantarse temprano una vez más, pero esta vez, el objetivo era comenzar la excursión!!!

Habíamos quedado con la “agencia”, -por llamar de algún modo a ese reducto donde contratamos la excursión-, que nos pasaban a buscar por el hostel. Así que bien temprano nos levantamos para organizar todo el equipaje. Como no podíamos llevar todo con nosotros, (ya nos habían dicho que lleváramos lo mínimo indispensable para estos 3 días de excursión), debíamos organizar todo en una mochila pequeña y distribuir el resto en las mochilas grandes que dejaríamos en la “agencia” hasta nuestro regreso. Y eso hicimos, de un modo tan organizado y expedito que a nosotros mismos nos sorprendió! Y tuvimos tiempo de ir a desayunar y todo.

Llegó la hora señalada, y ahí estábamos, calavera y yo, en la puerta del hostel, con todo embalado y deseosos de comenzar la epopeya por las sales de Uyuni!!!

Y llegó la hora señalada, la hora señalada y 15 minutos, y la hora señalada y 30 minutos… Y comenzamos a dudar de todo: pero nos pasaban a buscar o teníamos que ir para la agencia? pero era a las 10 o más tarde? o sería más temprano? se habrán ido sin nosotros? che, no nos habrán cagado, no?

Por suerte, cuando ya nos estábamos comenzando a impacientar más de lo conveniente para unas vacaciones, una “van”, (es una camionetita de esas que tiene 3 filas de asientos), finalmente nos pasó a buscar.

De allí, directamente a la agencia donde tuvimos que seguir esperando otro rato más hasta que llegara la “van” con el resto de los pasajeros que serían nuestros compañeros de excursión. Y esperamos un rato…

Pero todo pasa, y el tiempo de espera llegó a su fin, y llegó la van con nuestros compañeros de viaje.

En total, éramos 7: Miguel, nuestro guía y chofer, Vinicius, un brasileño que viajaba solo, Less, un inglés de Manchester –al que nada le importaba el football- que también viajaba solo –hacía 5 meses que venía viajando!- y una parejita de australianos, Melany y Sam, que como se habían mudado de Sydney a Melbourne, habían renunciado a sus trabajos y antes de comenzar su nueva vida en la nueva ciudad, habían emprendido este viaje de 6 meses! Encontrándose, al momento de la excursión, por la semana 3.

Le dimos nuestros bártulos a Miguel, (el resto de las cosas las dejamos en la agencia, detrás de un biombo, donde fueron apiladas junto con las cosas de otros tantos viajeros en excursión, y de las que nos despedimos con la sana convicción de que las volveríamos a ver, o con la sana inconciencia de ese que está en medio de un viaje y no le queda más que confiar), que con una maestría envidiable las amarró al techo de la van, junto con las cosas del resto de nuestros compañeros de viaje, nos subimos a la mini-camionetita y tímidamente nos presentamos al resto de los viajeros.

Así, calladamente, timidamente, comenzamos el viaje. Pero como calavera de callado tiene poco y de tímido menos, pronto comenzó a hacer bunas migas con el brasileño, primero hablando de football, (de qué más sino??? jogo bonito!), y luego la charla fue derivando por temas de los más diversos. Por su parte, la parejita de australianos estaban de gran charla con el inglés, lógico! compartían idioma! Y mientras, yo, iba calladita mirando el paisaje y prestando atención a lo poco, (poquísimo a lo largo de tooodooo el viaje), que nos comentaba Miguel…

Avisados: la primera parada sería el cementerio de trenes. Y hacia allí nos dirigíamos. No habría pasado demasiado tiempo desde que abandonamos la agencia, que ya nos encontrábamos en nuestra primera parada.



El cementerio de trenes consistía, nada más ni nada menos, que en un descampado donde había cadáveres de viejos trenes, vagones y locomotoras en desuso y muchos, muchos turistas por todas partes, de todas las razas y colores, sacando fotos a lo loco!.

También pasa por ahí una vía, lógicamente en desuso, pensamos todos, pero no, está en uso, es una vía que goza de perfecta salud y por el que pasa el tren que viene desde Tupiza, (viaje que nos habían recomendado hacer, pero que a causa de muertito en bondi y complicación total, preferimos evitar), y que llega nada más ni nada menos que hasta Chile!!!



La verdad es que en esta parada no hay demasiado para ver, no son más que unos cuantos trenes ahí tirados, pero qué se yo, tiene algo, es lindo, es al menos, pintoresco, y todas las leyendas que tienen a modo de graffiti esos trenes en su esqueleto también lo son. Y además es una parada obligatoria para, por lo menos, sacar unas cuantas fotos, de los trenes, con los trenes arriba de los trenes… y en eso estaba yo cuando PUM! Al piso, y casi me mato. Le dije a calavera, me voy a subir ahí, (y le señalé el techo de uno de los vagones), sacame una foto… Me gustaba ese en particular, porque en su carcaza tenía una leyenda que me gustaba: “LA VIDA ES ASÍ” Así que subí al vagón para luego treparme al techo del mismo. No se si por un momento me creí una acróbata china o si escuché que uno de los creadores del cirque du soleil estaba disfrutando también de la excursión, y pensé que quizás me contrataría, la cosa es que en el intento de trepar al techo, lejos de ir hacia arriba me fui de cabeza hacia abajo! Me di un golpazo tremendo, me raspé toda la pierna en un rayón interminable que al día de hoy me dura, y claro, sentí un dolor profundo, no tanto en la pierna como si en el ego… Algo raro presintió calavera, porque desde afuera escucho un tímido, “estás bien?” que no tiene que ver más que con un PUM que escuchó y un AY mío que no pudo no haber escuchado él y el resto de los 300 turistas que andaban en ese momento montando vagones y sacando fotos… Pero como el orgullo está ante todo, le dije que no había sido nada, “un raspón no más, mejor sacame la foto desde acá”, a lo que, al ver el “raspón”, respondió con un muy expresivo: “UY! TE HICISTE MIERDA”, pero obediente, sacó la foto, (y en la foto sonrío, eh!!!!!!! que conste!!!!!!!).

Finalmente me bajé del vagón a cuyo techo jamás accedí, y ahí vino la pregunta, esa que calavera nunca tendría que haber hecho: “vos te diste la antitetánica, no?” Me arruinó el viaje. A lo largo de los tres días que nos quedaban por delante de excursión, (en medio del desierto, dicho sea de paso), no hice otra cosa más que pensar en que una gangrena galopante iba subiendo por mi pierna, infectando y matando todo a su paso hasta terminar con mi vida, claro está… Pero bueno, ASI ES LA VIDA, no???



No se si, como dice el dicho, el show debe continuar, pero la excursión si debía continuar, así que todos volvimos a la “van” para continuar viaje. Mientras todos iban apreciando el paisaje o chapuceando entre un cocoliche de idiomas alguna conversación, yo iba callada, ensimismada pensando en cómo de a poco la vida iba desprendiéndose de mi cuerpo a fuerza de infección asegurada… En esto estaban mis pensamientos cuando, tras una nueva parada, Miguel nos informa que debíamos bajar. Habíamos llegado a Colchame, el pueblo que se encuentra justo antes de ingresar en el salar, y donde se lleva a cabo todo el proceso de la sal. Ahí un lugareño nos indicó en qué consistía todo el proceso de la sal hasta que es embolsada para su venta, pero también nos contó que sólo es utilizada para consumo interno, ya que cerquita, en Cochabamba hay otro salar, y también los hay en Argentina, por lo que no se puede ni exportar ni comercializar en otras ciudades por contar con igual capacidad de producción, así que luego de la explicación, a voluntad, esperaba algún tipo de recompensa por su explicación, deseo otorgado por todos nosotros que metimos mano en nuestras arcas, claro!

Luego visitamos un museo de sal con figuras todas hechas de sal, pero no podía quitar de mi mente el pensamiento de estar muriendo de a poco… Por suerte, dentro del museo, había un local de venta de artesanías, donde compramos 2 gorritos y un par de guantes para mi, (preciosos! divinos guantes!), que surtieron el efecto de un remedio contra la infección… o mejor dicho, contra los pensamientos infecciosos! Inmediatamente, con mis guantes y mi gorrito puesto, pude comenzar a ver todo de otra manera. Al final de cuentas, a mi me parecía que había sido sólo un raspón… un raspón grande, es cierto, que se me hinchó y me dura hasta el día de la fecha, pero un raspón al fin! Y en todo caso, de tratarse de algo más grave, tampoco había nada que pudiera hacer, así que decidí que el tiempo que me quedara de excursión, (o de vida, lo que acabara primero), iba a pasarlo del mejor modo posible, y con una sonrisa! Así que de ahí en más, sonrisa mediante, me saqué fotos con todas las figuras de sal, y seguimos el camino, ahora si, al salar!



Un rato más subidos a la van y finalmente, la maravilla!!! Cómo explicar lo que es el salar??? Una superficie enorme, (dicen que es el salar más grande que existe), toda blanca, toda de sal. El día estaba precioso, absolutamente despejado, el cielo celeste sobre nosotros se fundía en el horizonte con el blanco de la sal, de modo tal que era imposible pretender tener los ojos abiertos sin tener los lentes de sol puestos. Es muy parecido al paisaje de la nieve, tanto es así, que si uno no sabe que es sal, puede perfectamente creer que se trata de hielo. Bajamos, nos sacamos fotos, tomamos pedazos de sal e hicimos monerías de las más variadas, y la cantidad de fotos que nos sacamos es un número vergonzoso de revelar…




Una vez que hicimos cuanta pirueta y monería quisimos sobre la sal, y nos sacamos las fotos más variadas, Miguel nos llamó para continuar con el viaje. Un rato más andando sobre la sal y llegamos a la Isla del Pescado. Se llama así porque, según nos dijeron, vista desde arriba, tiene la forma de un pez. Pero la isla en si consiste en un pedazo de tierra, dentro del salar, COMPLETAMENTE LLENA DE CACTUS! Hay cactus por todas partes, y de todos los tamaños, hay, incluso, cactus que ya han pasado a mejor vida, con su correspondiente certificado de defunción, claro!




La consigna, entonces, era: “tienen 40 minutos para pasear, y luego almorzamos” Estas fueron las indicaciones de Miguel, que se quedaría cerca de la van preparando el almuerzo mientras nosotros nos íbamos a recorrer la isla.

Si la cantidad de fotos que nos habíamos sacado en el salar es vergonzosa, entonces no se me ocurre adjetivo para la cantidad que nos sacamos en la isla, de los cactus, entre los cactus, cactus y más cactus por doquier. Y de fondo, el blanco del salar… Precioso, un lugar hermoso, calavera y yo estábamos maravillados, fascinados, contentos con estar haciendo esta excursión, y ya mi gangrena había quedado casi en el olvido…



Cuando se cumplieron los 40 minutos, retornamos al punto de reunión, donde nos esperaba Miguel con el almuerzo listo. En qué consistía el menú: en unos bifes de llama con quinua y ensalada. De postre, banana, y para tomar, agua y coca, otra maravilla! Cómo se las arregló para cocinar ahí, es un misterio que aún no hemos podido resolver, pero en ese momento, y con la boca llena de degustar manjares, tampoco tuvimos la oportunidad de preguntar.

Después del almuerzo, y mientras Miguel levantaba todo, una caminata digestiva debajo del sol calentito por el salar y unas cuantas fotos más…

El primer día de excursión estaba llegando a su fin, y había alcanzado a cubrir más que exitosamente las expectativas!

Pero aún nos quedaba un largo trecho más, todo blanco y celeste hasta que el salar llegara a su fin y luego otro tanto por el desierto hasta llegar al alojamiento. Todo el paisaje, todo lo que se veía a un lado y al otro era de una perfección asombrosa. No se si por lo admirados que estábamos todos contemplando el paisaje o porque a esa altura ya estábamos bastante cansados, la cuestión es que dentro de la van no volaba una mosca, no se oía ni un sonido…

Finalmente, luego de un buen rato de andar entre la maravillosa naturaleza del lugar, llegamos al alojamiento, que consistía en un lugar sencillo pero limpio. Las habitaciones eran dobles, así que sólo la compartí con calavera, lo que siempre es mejor que tener que compartirla entre varios, y si bien, salvo las 2 camas no contaba con nada más, era lo justo y necesario para pasar una noche. El comedor quedaba afuera, así que tuvimos que tomar coraje para salir del alojamiento a la hora de cenar, pero una vez dentro del comedor, también estaba calentito. Nos sentamos en la mesa donde estaban los de nuestro grupo, y comenzamos, tímidamente, a charlar. Poco a poco fuimos ganando confianza y al rato ya éramos como chanchos. Todos mis esfuerzos juveniles por aprender la lengua inglesa finalmente parecían dar sus frutos, así que me transformé en una especie de traductora oficial del grupo. Calavera, debo decirlo, maravillado con mi dominio del idioma anglosajón, ja! Un rato de cháchara y luego el silencio que indica que la comida está rica. La cena estaba riquísima: pollo con papas y bananas fritas. De postre, otra vez fruta que era siempre riquísima, y luego, para los que quisieran, había te o café calentitos! Un manjar!

Nos había dicho que en estos 3 días de excursión, no habría posibilidad de bañarse con agua caliente, lo que es igual, -al menos en mi caso-, a no bañarse. Pero averiguamos y, pagando 5 bolivianos se accedía al agua caliente! Así que hasta pudimos bañarnos y todo!

Ahora si, ya comidos, ya bañados, dispuestos a irnos a dormir, el primer día de excursión había llegado a su fin. La habíamos pasado súper bien, los lugares conocidos nos habían parecido hermosísimos, y sabíamos que esto era sólo el comienzo, aún nos faltaba mucha excursión más por delante.

A esta altura, por suerte, los efectos de la gangrena, de existir realmente, ya no me importaban en lo absoluto. Estaba cansada, limpia y con panza llena, la sensación de felicidad era plena. Ahora había que dormir y recuperar fuerzas, mañana había que seguir con tutti!!!


Ahí la foto de un personaje extraño con que nos encontramos en el camino…