lunes, 1 de noviembre de 2010

Dos gotitas y a correr

“Dos gotitas y a correr, dos gotitas y a correr”, me repetía a mi misma para darme ánimo. Pero aún con el gotero justo arriba de mi boca, no me animaba a dejar caer las gotitas. Volvi a poner el adminículo dentro del frasquito.

“Dos gotitas y a correr” OK. No podía ser tan difícil. Sólo debía poner dos gotitas del líquido del frasquito en mi boca, tragarlas, y empezar a correr, eso era todo, luego, la magia? el destino? la fe? Bueno, lo que fuese, haría el resto, o al menos eso había dicho la imagen de mi misma en el mensaje grabado por mi Súper Yo vaya Dios a saber cuándo… Si, sonaba todo medio raro… Estaba sin lugar a dudas frente a unos de esos casos de Creer o Reventar. Pero desde hacía bastante tiempo me encontraba en una zona bastante enrarecida… y como aún no había reventado, sería cuestión de creer, no más!

Entonces era “dos gotitas y a correr”… pero a dónde?! No debía olvidar que uno de los requerimientos para no ir a parar al lado de Juana de Arco justo en el momento en que la están prendiendo fuego, era saber exactamente el lugar a dónde quería ir, atraer ese lugar con la mente.

Bueno, entonces sería: “dos gotitas, atraer un lugar con la mente, y a correr”.

Tendrá algo que ver con la ley de atracción??? Espero que no! Espero que este mecanismo tenga un nivel de seguridad un tanto mayor! En la bendita ley esa, las pequeñas omisiones suelen derivar en grandes catástrofes! Siempre en todos mis intentos, me faltaron 5 pal peso! Si lo que quería era un trabajo, algo simple, de mesera, por ejemplo, para ganarme unos mangos, me salía uno en un bar de mala muerte en el puerto, lleno de trabajadores olorosos y poco adeptos a dejar propina, del que finalmente era echada porque tampoco les daba para pagar un sueldo. Cuando quise un novio, me olvidé de aclarar que no estuviese casado y con dos hijos, -es necesario aclararlo?!- y para cuando me enteraba de su doble vida, ya era tarde, o mejor dicho, ya había pasado suficiente tiempo como para que me rompiera el corazón. Cuando buscaba departamento, encontré justito lo que soñaba, luego descubrí que en el piso de abajo hacían macumba con gallina muerta incluída y en el piso de arriba vivían dos muchachitos de 20 que habían venido a estudiar, -o eso le habían dicho a sus padres-, y se la pasaban de juerga con la música a tope hasta las 4 de la mañana… O sea, mi experiencia con la ley de atracción no había sido muy buena hasta el momento. O quizás no soy muy buena para atraer buenas cosas hacia mi? No se, y para el caso es lo mismo, sea como sea, estas cosas a mi no me salían nada bien. No habría una forma más fácil de llegar al lugar al que uno quería ir? No era lo mismo si lo escribía en un papel? No existía ningún botón para apretar y listo? Pero no, no existía...

Y una vez allí, qué??? Otra incógnita que me llenaba de preguntas: una vez allí, qué haría? No tenía más que lo puesto y un monedero con unas pocas monedas y algún que otro billete que había quedado dentro del bolsillo de la babucha desde Dios sabe cuándo, convengamos en que así tampoco podía llegar muy lejos. Y tampoco me la podía pasar viajando, o si?! Tenía que comer, tenía que dormir en algún lugar… UFFF!!! Todo esto ya estaba comenzando a atormentarme más de la cuenta. Aquí debería aparecer esa luz de la que hablaba la Jimena del mensaje, indicándome el camino, “quiero que aparezca la luz! quiero que aparezca la luz!” comencé a gritar casi sin darme cuenta. Y ahí los vi. Dos hombres, muy bien trajeados, giraron hacia mi al oir mis gritos, e inmediatamente comenzaron a correr en mi dirección. No demoré ni un segundo más en tomar la decisión, volví a abrir el frasco, me zampé dos gotitas en la boca, y comencé a correr…

lunes, 25 de octubre de 2010

La Revelación

“SOLO POR DESESPERACIÓN” repetía en mi cabeza como un mantra sin fin, hasta que un torbellino de imágenes se me presentó como una revelación. Una a una íban pasando las imágenes, como si se tratara de una película: yo pequeña, en aquel viaje familiar en avión, cuando mi mamá me retara frente a la azafata, y el primer salto se produjera, casi sin notarlo, pero corroborando el inicio de toda esta locura. Luego vinieron otros tantos pasajes de mi vida en los que también se produjeron saltos a otras realidades, muchos de los cuales fueron momentos en que ni siquiera registré el cambio de realidad, y así, hasta que los saltos de realidad a realidad se volvieron evidentes…

Y entonces, en la misma nebulosa en la que estaba viendo mi vida como una película, se presenta ante mi, con una claridad digna de la más absoluta realidad, (¡¿?!) una figura, borrosa al comienzo, pero que fue ganando corporeidad hasta convertirse en mi misma imagen, estaba frente a mi propia imagen! Y eso, sea cual fuese la realidad en la que me encontrara, resultaba sumamente extraño…

Sin dejarme salir del asombro que me invadía, de pronto, la imagen de mi que tenía en frente comenzó a hablar:

“Mirá Jimena, no te pido que comprendas, porque en principio, todo esto es incomprensible, pero confiá, al menos confiá en vos, soy un mensaje que vos misma grabaste para serte revelado a vos misma por vos misma, si llegaba el momento en que te encontraras acorralada, desesperada… Confiaba en que ese momento nunca llegara, pero se ve que no tuvimos esa suerte… Y tampoco tenemos tiempo… Somos un grupo, somos varios, que descubrimos que hay más de una realidad, aunque nos quieran hacer creer lo contrario, hay miles, hay millones de realidades, tantas como puedas imaginar, sólo somos, en esta realidad, una porción mínima del potencial de nuestro ser… Y así está formado el mundo, así funciona, y así gira. Sólo que, como siempre ocurre, hasta el más perfecto de los mundos tiene sus grietas. En este mundo, nosotros, los que son como nosotras, somos las grietas, por eso estamos en peligro, porque nos quieren acallar, nos quieren tapar, como se hace con las grietas, pero a veces las grietas, son la única forma que existe para respirar. Existen ciertos seres con gran caudal de imaginación y alguna que otra característica más que no tenemos tiempo de enumerar, que somos capaces de atravesar los umbrales límites de realidades, lo que hace que podamos saltar de una realidad a otra. Lo más probable es que aún no sepas cómo hacer para dominar estos saltos, no te preocupes, ya los dominarás, sólo es cuestión de práctica, como en la mayoría de las cosas. Lo que es importante es que entiendas que quienes te persiguen, no se tomarán el trabajo de averiguar qué sabés y qué ignorás, sólo te tienen en la mira, saben que sos una amenaza para el sistema que han formulado, y así las cosas, no dudarán en arremeter con todas sus fuerzas para acabar con la amenaza que los acecha… si, ya se, ya se, que no querés ser una amenaza, que no pretendés desbaratar el perfecto sistema de nadie ni de nada, pero creeme, los que te buscan, no se van a quedar calladitos escuchando lo que tenés para decir. Se acaba el tiempo, por ser la primera vez que tomaste estas gotitas, apareciste dándote este mensaje, pero eso no volverá a suceder. Ahora estás sola, y tenés que correr por tu vida. Somos varios, te estamos esperando, y vamos a tratar de ayudarte en lo que podamos, pero de momento, estás sola. Yo se quién sos, se quién soy! Lo vamos a lograr, no tengas miedo, tené fe y confiá en vos. Cuando tengas que saltar a otra realidad, tomá dos gotitas y empezá a correr, mentalizá el lugar y el momento al que quieras ir, y atraelo hacia vos, parece loco, pero es así, no te preocupes, con el tiempo y con la práctica lo vas a ir dominando cada vez más. Jimena, esto es muy importante, aquí comienza otra historia, otra vida, a partir de ahora vas a cargar una mochila muy ligera, sólo lo indispensable. Es difícil al comienzo, pero de a poco, te vas a acostumbrar, como a todo… Pensá que al estar lejos de la gente que queremos, también los estás protegiendo, nadie quiere que esto salga a la luz y no van a hacer nada en contra de los que queremos, pero si saben que estás cerca, tampoco van a dudarlo, alejarte es lo mejor que podés hacer. Ya vas a encontrar las maneras de comunicarte con ellos, pero eso será en otro momento, más adelante, ahora te tenés que ocupar de vos, de mantenerte en movimiento, cuanto más te muevas, más difícil les resultará encontrarte. No se cuánto podremos estar metidas en esta locura, acá somos un grupo de alter egos que nos unimos para desbaratar esta mentira, somos de una realidad específica, casi sin conexión con las demás realidades, aquí no podrá llegar cualquiera que salte de realidad en realidad, pero vos tenés que lograrlo. Hay muchos que conviven con estos saltos sin siquiera saberlo, y no presentan ningún riesgo, son pacíficamente apaciguados, simplemente, se los neutraliza, se les duerme el deseo de vivir otras realidades. Vos misma viajaste a través de las realidades durante mucho tiempo hasta darte cuenta de qué se trataba todo esto… y ahora, el reloj ha comenzado a marchar, ya no hay vuelta atrás, sin quererlo nos vamos internando más y más profundamente en este desquicio. Despedite de lo que conocías, una vida nueva comienza para vos. Mi consejo, si es que te puedo dar un consejo, es que saques provecho de esta prueba que te pone la vida, no te pelees con lo que te tocó, creeme, no sirve de nada, ya lo hice, es sólo energía perdida. Aprovechá la experiencia, agenciala, es lo mejor que podés hacer. Espero que no tardemos mucho en encontrarnos, confiá en que cuando lo necesites, una luz aparecerá para guiarte el camino, estate atenta y permeable a las señales, están por todas partes, sólo que nos cuesta percibirlas… Corré, ante la duda, corré, al final de cuentas, es lo que le sirvió a Forres, no?

Y así, con ese signo de pregunta sobrevolando la nebulosa de la imagen que ya comenzaba a descomponerse, mi alter ego de la realidad a la que corriendo debería llegar en algún momento, desapareció, y yo me desmayé…

Cuando volví en mi, seguía recostada a la sombra del mismo árbol que me había alojado a sus pies al llegar a la Plaza San Martín. Nadie parecía haber notado nada, supongo que no es tan extraño ver a alguien tendido a la sombra de un árbol en plena plaza San Martín, aún durmiendo, no sería nada que llamara la atención. De todos modos, me costó un poco desentrañar en dónde estaba y qué había sucedido. Poco a poco fui recordando, recordé estar en casa y que sonara el portero eléctrico, recordé haber atendido y poco después escuchar los tiros, recordé la huida, recordé llegar casi sin aliento a esta plaza y recordé la desesperación. Luego volvió a mi la imagen del mensaje que yo misma me había dejado desde sólo Dios sabe qué clase de realidad. Y ahí dejé de recordar. Supongo que coincide con el momento en que me desmayé.
Si todo lo dicho en el mensaje era cierto, estaba en problemas, y graves, pero… por qué a mi??? Y me recordé diciéndome desde los confines de mi mente: “no te pelees con lo que te tocó, creeme, no sirve de nada, es sólo energía perdida” O.K, parecía muy fácil dicho así, pero aún no podía dejar de preguntarme lo mismo una y otra vez…
Al menos ya sabía una forma de huir, tenía que correr. Ahora empezaba a congraciarme un poco más con las dimensiones que había adquirido mi anatomía, parecía no haber sido del todo caprichoso, después de todo. Qué debía hacer ahora? Era posible que todo lo dicho por mi desde no se dónde fuese cierto? Sonaba todo tan raro… Por otra parte, sería cierto el mensaje en si mismo, o sería otra potente creación de mi evidente poder de imaginación? Si era cierto lo que decía el mensaje, debía tomar sólo dos gotitas del líquido que contenía el frasquito misterioso, atraer con la mente algún lugar al que quisiera llegar, y comenzar a correr. Eso era todo, esas habían sido las únicas indicaciones, estaba sola, estaba por mi cuenta, y tenía que correr, al menos eso me había quedado claro, si a Forrest le había servido… No pude evitar sonreírme con otra frase de la misma película que se me vino a la cabeza: “la vida es como una caja de bombones, nunca sabés qué te va a tocar”, y vaya sorpresa que me había llevado! Desde hacía bastante tiempo que las cosas venían siendo raras, muy raras para mi gusto, pero tener tan claramente la imagen de mi misma haciendo la gran revelación era absolutamente disparatado! Sonaba todo tan descabellado… por otra parte, el frasquito seguía firme en mi mano… Sería posible? Sólo había una forma de comprobarlo…

martes, 7 de septiembre de 2010

La Huida

Con el cuerpo deforme y musculoso que esta realidad me tiene reservado, decidí darme una ducha de agua fría que despertara todos mis sentidos y me dispusiera del mejor modo posible para la investigación que seguramente me tendría horas, días recluída. Pensé que el agua helada era la mejor opción para despabilar sentidos, y que si me había esforzado tanto haciendo ejercicio hasta alcanzar un cuerpo de tales dimensiones, entonces seguramente estaría acostumbrada a soportar grandes esfuerzos y demás incomodidades, cómo no toleraría una simple ducha de agua helada? Así que confiada, me metí de lleno bajo el chorro de agua helada. Mala idea. El agua estaba realmente congelada, así que con rapidez hice enroque de canillas, abriendo a full la caliente y cerrando a la vez la fría, con tanta mala suerte que el primer chorrito caliente cayó con fuerza sobre el cuero cabelludo, protegido por los escasos pelos que quedaban en mi cabeza, y el dolor fue tal que enseguida me fui con todo el cuerpo para atrás, como escapando del agua caliente que caía, pero al hacerlo, trastabillé de modo tal que caí al piso llevándome conmigo la cortina de la ducha. Parecía que nada en esta realidad resultaría simple.

La caída dejó como secuelas un moretón enorme en el cachete izquierdo de mis asentaderas y un corte no profundo pero considerable en mi codo derecho. Lo primero, ponerme de pie con un rosario de quejidos acompañando cada movimiento. Entrar en la ducha, nuevamente, ya sin cortina ni nada, sólo para enjuagarme así no más, una vez que logré, bien lejos del chorro, que el agua saliera a temperatura templada. Después de secarme comencé la búsqueda de algo que sirviera para tapar el corte del codo y, de ser posible, alguna crema que aliviara el golpe del trasero, que ya estaba comenzando a hincharse. Lo primero a lo que atiné es a revisar el armarito del baño, supuse que en ésta y en cualquier otra realidad, de guardar gasas, algodón, alcohol, curitas y demases para dolores y cortes, seguramente los guardaría en un botiquín o armarito en el baño, pero qué sabía yo, después de todo? Así que sin demasiadas expectativas, abrí el armarito, y para mi sorpresa, un arsenal de ungüentos, gasas, cintas adhesivas, píldoras y calmantes me llevaron al edén de los músculos golpeados. Y claro, con semejante cuerpito que me había echado, gasas, vendas, y cremas para dolores musculares era lo mínimo que podía tener. Así que desinfecté la herida, la cubrí con gasa y cinta, y así por pura casualidad, descubrí un frasquito misterioso con dosificador, que contenía un líquido transparente y cuya etiqueta me llamó poderosamente la atención: “SOLO POR DESESPERACIÓN”, se leía en letra imprenta. La letra, era bastante parecida a la mía, aunque también podía haber sido de cualquier otro, y la leyenda era algo que perfectamente podría haber escrito yo, siempre extremista y dramática, sea en la realidad que fuera. Por un momento me quedé paralizada, con la vista fija ante semejante descubrimiento. A qué clase de desesperación aludía la etiqueta? Imposible saberlo. Todo este asunto estaba volviéndose cada vez más escabroso. Sin tomar ninguna decisión, tomé el frasquito y salí del baño. Me vestí con unas babuchas circenses, de muchos colores y dudoso gusto, una remera amplia, y fui a la cocina a prepararme un café con leche, con un poco de cafeína en la sangre, supuse, podría comenzar a ver las cosas con mayor claridad y retomar mis investigaciones. Para mi asombro, (aunque a esta altura ya pocas cosas podían asombrarme), tras revolver todas las alacenas, no encontré por ninguna parte un frasco de café decente, todos eran descafeinados, se podía ser tan distinta en otra vida? Así estaba, a las puteadas, cuando el sonido del timbre me sacó de mis pensamientos. Por un momento no supe qué hacer. Estaba todo demasiado patas para arriba, hacía un día no más, yo era yo, y no otra, y acababa de volver de mis vacaciones con calavera. Tras dormir una noche, nuevamente había despertado en el cuerpo de otra yo, había sufrido una caída que casi me rompe la crisma, y había corroborado que el cambio de latitud de mis vacaciones me había mantenido en mi realidad, para volver a sacarme de ella de un tirón apenas volviera. Para colmo de males, de calavera ni noticias. Además de eso, no había averiguado mucho, salvo que todo este asunto de los viajes era mucho más complejo de lo que podía imaginar, y sin tener la completa seguridad, comenzaba a intuir que mi vida corría peligro. En esos pensamientos estaba cuando decidí que lo mejor era atender el portero, cualquier cosa podía servir como pista que me guiara sobre cómo continuar con todo esto. Al preguntar por el portero eléctrico quién llamaba, reconocí la voz del viejito hippie que había venido aquella mañana, (parecía que había pasado una eternidad ya!), con la joven de overol y me habían hablado por primera vez de la CSS. Si bien ya nadie me parecía demasiado confiable, incluso en su primera visita me había sentido intimidad por ellos, algo en mi tendió a confiar, y cuando estaba a punto de tocar el botón para que entraran, escucho un “Cuidado!” un poco más lejano, seguramente de la joven, un sonido como de disparo y un quejido después. No me quedé a escuchar nada más. Ya todo esto estaba pasando de castaño a oscuro. Saltar de una realidad a otra, era una cosa, que la gente se muera de un balazo en la puerta de mi casa era otra muy distinta. Así que comencé a correr. Con una agilidad suprema trepé de un tranco la escalera caracol, llegué a la terraza, y sin frenarme por ningún obstáculo comencé a saltar por las terrazas vecinas. Ya antes de llegar a la terraza de mi casa había escuchado como rompían la puerta y entraban de prepo varias personas, y si bien no volví a echar la vista atrás, sabía que estaban persiguiéndome, acechándome. Yo sólo podía correr, y eso hico. Por los techos vecinos primero, por subtes y pasadizos después, pero corrí, corrí, corrí con un afán y una destreza que no me llamaron la atención hasta que, en plaza San Martín, me tiré bajo la sombra de un árbol a descansar. Entonces comprendí que la huída que había protagonizado no era normal, sólo una persona acostumbrada a huir podía hacerlo con la maestría que había desplegado. Y comencé a pensar que este cuerpo no era sólo producto de un extraño interés por desenvolverme en las artes de la acrobacia. Parecía que toda yo estaba preparada para huir. Quién era yo realmente? De qué estaba huyendo? Y lo más importante, hacía cuánto que huía? Me dolía la cabeza, el corazón latía agitadamente dentro de mi pecho, y entonces, del bolsillo de la babucha circense asomó el frasquito con la leyenda “SOLO POR DESESPERACIÓN”. No sabía a qué me había referido con esas palabras, ni siquiera sabía si había sido yo quién las había escrito, pero este era un momento de desesperación, de eso estaba segura, y si la letra era mía, tenía que confiar en mi. Claro que podía ser que la letra no fuese mía, pero prefería ni pensar en eso. Algo tenía que hacer, no se me ocurría nada, y estaba claramente desesperada. Luego de unos segundos de sostener el frasquito entre mis dedos, sin pensarlo más, lo abrí y con el dosificador eché unas cuantas gotitas debajo de la lengua. Y lo tragué. En mi mente rebotaban las palabras “SOLO POR DESESPERACIÓN”

martes, 17 de agosto de 2010

El comienzo de la investigación

El tema estaba planteado, mis vacaciones habían terminado, y nuevamente, me encontraba yirando entre las vidas paralelas, cuánto tiempo habría pasado desde la última vez que estuve por esta vida? No tenía ni pistas. Lo único que sabía, era que todo podía ser posible, todo podía ser real, así como todo podía esfumarse en un santiamén, la única aseveración cierta, era que la delgada línea que separaba una realidad de otra, era lo suficientemente insondable como para que ninguna paralela se cruzara con la otra, podría, entonces, yo hacer un cruce de realidades??? podría, al menos, moverme libremente entre una realidad y otra???

Rápidamente debía organizarme, tomar el toro por las astas, recopilar toda la información con que contaba, y trazar un plan para moverme con la mayor autonomía posible, fuese en la realidad que fuese…

Lo que era claro, era que el cambio de latitudes había posibilitado mi estadía a largo plazo en la realidad de origen, hecho comprobado, además, por el brusco cambio producido una vez vuelta a la latitud de pertenencia.

Entonces, no quedaba otra más que pensar que, efectivamente, había una matriz que encerraba todos estos procesos y mecanismos, y al menos un conductor de esa matriz también debía haber. Ahora me faltaba averiguar quiénes eran, qué pretendían y qué podía hacer yo para recobrar mi autonomía. Cuántos seríamos en mi misma situación?


Aquella noche que desperté en pleno viaje de ida a Bolivia, cuando caí en la realidad a la que pertenezco de origen y a la que no estaba pudiendo volver desde hacía un tiempo considerable, comencé a sospechar que todo estaba mucho más sistematizado de lo que yo podía siquiera imaginar. De ser así, si realmente había alguien o alguienes digitando todo esto, entonces era claro que había algo en donde me estaba metiendo, o estaba a punto de meterme o quizás, ya me había metido sin aún saberlo, que me convertía de un ser, sino peligroso, al menos amenazante para el buen equilibrio del sistema. No atinaba a saber del todo qué era, pero algo tan poderoso como la intuición me anunciaba que estaba cerca…

Las posibilidades de que me mantuviera en esta misma realidad por un tiempo prolongado eran más bien escasas según los últimos acontecimientos. De hecho, haber vuelto a obrar por estas latitudes me había sorprendido sobremanera. Entonces fue que comencé a pensar que el cambio físico en las coordenadas espacio-temporales de los saltos a otras realidades, había posibilitado no sólo la vuelta a mi realidad de origen, sino además la libre estadía en ella. Cuando al día siguiente desperté en la misma realidad de vacaciones que el día anterior, y al siguiente lo mismo, me percaté de que ésta era una oportunidad que no podía desaprovechar… Debía averiguar lo más que pudiera acerca de estos saltos temporales y de estos pasajes a otras realidades.

Pronto comencé a darme cuenta de que la mía era una aventura por lo menos peligrosa. Si había logrado engañar los sensores del sistema de saltos de realidades, era lógico pensar que al menos notarían alguna falla. Quizás no supieran quién había zafado los rigurosos controles, quizás no tuvieran ni la más mínima idea de por qué latitudes encontrarme, pero estarían atentos a cualquier tipo de pista que pudiera dejar en el camino. Debía andar con mucho cuidado, no podía dejar ni un cabo suelto.

En estos pensamientos me debatía cuando el primer índice de fatalidad me rozó de cerca. Luego de que aquella piedra diera con todo en la chapa del micro que nos llevaba de Buenos Aires a Bolivia, al inicio de nuestras vacaciones, una señal de alarma pareció encenderse dentro mío… No podría explicar con palabras qué fue exactamente lo que pensé o, mejor dicho, lo que sentí. Sólo puedo decir que una incomodidad, como un rayo de electricidad, me atravesó todo el cuerpo. La piedra, entonces, no quedó más que en un borroso recuerdo que no pasó a mayores: una piedra más que tiran desde la carretera a los micros y autos que pasan, se supone, para robarles. Como la piedra no causó ningún daño ni nadie salió herido, pronto el episodio piedra quedó en el olvido, pero por algo no dejó de ocupar un espacio allí, en los albores de mi mente. Luego vendría lo peor…

Cuando la pobre boliviana nos espantó a todos con sus llantos y sus quejidos, todos supimos que lo peor había sucedido, el joven boliviano había fallecido. Como conté en su momento, todos quedamos absolutamente impresionados y tomados por la desgracia ocurrida. Sin embargo, yo sabía, aunque no me animara a mencionarlo, que ahí había algo más… Todos los acontecimientos posteriores no hicieron más que avalar lo que pensaba: se habían dado cuenta de que me había escapado del sistema, y estaban haciendo todo lo posible para traerme de vuelta, sea como sea… y por lo visto, no estaban muy lejos. La carrera había comenzado.

Fue ahí que decidí usar mis vacaciones para investigar, averiguar todo lo que pudiera al respecto. Si mis cálculos eran ciertos, entonces podría estar en esta realidad, al menos, hasta que volviera a mi latitud de origen. Si eso era así, contaba con 20 días aproximadamente para hacerme de toda la información que pudiera, sin interrupción que me hiciera perder el hilo de mis investigaciones como ya me había pasado tantas otras veces. Por supuesto que en cuanto había comenzado a notar algo, había comenzado a investigar también. Pero cada vez que me acercaba a algún punto, uno de estos saltos se producía y me hacía perder el hilo de todo lo que venía investigando. No tenía medios ni conocimientos para hacer de mi búsqueda un trabajo sistematizado. También es cierto que demoré bastante el inicio de mis investigaciones, pero quién podría culparme por ello? Si bien ya comenzaba a sospechar algo al respecto, la verdad es que eran sólo sospechas que prefería enterrar bien profundo en la oscuridad de la conciencia, sin intentar dilucidad a cuento de qué venían. No niego que en algún momento noté que había algo que no estaba funcionando de un modo “normal”, pero no se me cruzó ni por un segundo la posibilidad de las realidades paralelas, sabía que algo raro estaba pasando, pero de allí a creer que existían las vidas paralelas, es más, creer que yo podía saltar de una realidad a otra como quien atraviesa el umbral de una puerta… Nadie, ni el más cuerdo ni el más loco lo hubiese pensado, y tampoco yo lo pensé. De hecho, si me tocara cruzarme frente a frente con un hombrecito verde de mediana estatura y dedos largos que repitiera como un mantra “mi casa, mi casa”, seguramente pensaría que es un borracho saliendo de una fiesta de disfraces, no se me ocurriría pensar que me estoy topando con el mismísimo ET intentando establecer contacto con el más allá, hasta dudaría sobre la originalidad del disfraz… Por eso, que no se me culpe por la cautela con que empecé la investigación. Más bien, la investigación la comencé porque en verdad empecé a creer que me estaba volviendo completamente loca, y todo lo que estaba viviendo lo atribuía a extraños dejavu, a sueños en plena vigilia, a una imaginación demasiado estimulada, y a la mismísima insanía. Fue ahí cuando comencé a explorar mi árbol genealógico, estaba segura de que encontraría la explicación a todo esto, seguramente, algúna tía loca, algún tataratataraprimo lejano que hubiese perdido el copete sería la explicación a cierta demencia que estaba haciendo de las suyas en mi cabeza, y, ojalá, fuese algo a lo que pudiese ponerle fin, aunque sea bajo tratamiento. Pero nada, pude descubrir entre mis ancestros, nada salvo un tatarabuelo idealista que cada tanto se le daba por bajar del monte en paños menores y a los tiros, armado con un trabuco naranjero al grito de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” y una bisatíabuela soltera, que cada domingo iba a la iglesia con su vestido de novia, esperando encontrar allí a su amado, que la había abandonado días antes de la boda para huir con una heredera de la alta alcurnia cuya familia no aprobaba la unión. Salvo estos dos casos perdido, no encontré otros índices de locura preocupantes… El único cabo suelto, la única rama que no había cerrado, provenía de una prima de mi abuela, de la que no se supo nada más desde que, a los 28 años y tras despedirse entre sollozos de sus seres queridos, simplemente desapareció, como si se la hubiese tragado la tierra… Entonces fue que no me quedó más opción que empezar a considerar la posibilidad de que todo lo que sospechaba, era en realidad cierto, y que quizás estaba en mi continuar con el sino de aquella pariente perdida…


Entonces recordé aquella mañana en la que de improvisto, dos personas que decían pertenecer a la C.S.S, Comisión de Seguridad Secreta, vinieron a mi casa con la excusa de que investigaban la existencia de realidades paralelas. Recuerdo que en su momento no le di mayor importancia, pero ahora todo parecía cobrar otra magnitud.

Si, debía aprovechar mis vacaciones, debía aprovecharlas para averiguar lo más que pudiera sobre el cruce de vidas paralelas. Si mis conjeturas eran ciertas, estaba pronta a descubrir algo, y eso me hacía igualmente peligrosa y vulnerable a la vez…

jueves, 5 de agosto de 2010

LAS PARALELAS NO SE CRUZAN

Un paréntesis. Las vacaciones finalmente no fueron más que un paréntesis, o unas vacaciones dentro del ajetreado ida y vuelta de las vidas paralelas…

Recuerdo perfectamente ese viernes. Una vez que el hermano de calavera y la mujer se fueron de casa, calavera se acostó, (recordemos corridas al baño durante la noche anterior, abrazo a maceta con palmera, bolsita en el avión, etc), estaba lógicamente cansado y debilitado, y pronto se quedó dormido.

Yo, en cambio, me puse a ordenar, a desempacar, guardar y hacer lavados. No quería dormir, no quería acostarme, cerrar los ojos y ser vencida por el sueño y el cansancio, no quería porque no sabía qué podría suceder después. Pero era una batalla perdida de antemano, el sueño, más tarde o más temprano, me vencería y se apoderaría de mi para trasladarme vaya a saber a qué realidad…

Evidentemente, el cambio de latitudes, había posibilitado la continuidad de mi vida sin saltos hacia otras realidades, si hubiese seguido yirando por tierras bolivianas, peruanas, o por cualquier otra que no compartiera latitudes con el sitio de origen, seguramente seguiría viviendo la realidad de aquella Jimena Luján a la que con tanto ahínco intentaba volver desde antes de comenzar el viaje. Como si el cambio de latitud hubiese “mareado” al mecanismo que se pone en juego cuando se producen los saltos de realidades. Pero al volver a la latitud de origen, el mecanismo, que nunca abandonó su estado de alerta, enciende todos sus sensores que se ponen en marcha para rastrear a aquel que había osado engañar sus tentáculos receptores cambiando, sin aviso previo, su latitud de residencia. Por eso, caer nuevamente en el abismo de los saltos temporales, era una cuestión de tiempo. Yo tenía la esperanza de que el tiempo con que contara, me diera alguna chance de acción antes de caer nuevamente en otra realidad. Pero era sólo una ilusión, y para cuando me venció el sueño, yo aún estaba intentando dilucidar en mi cabeza todos estos razonamientos, mientras apilaba a un costado calzas, medias, remeras y buzos que no tendrían otro destino más que el lavarropas. Pero el sopor fue superior, y ya entrada la madrugada caí rendida, sentada en el piso, con la espalda recostada en las patas del sillón, con una calza llena de barro y polvo en una mano y una remera aún sudorosa en la otra.

Cuando desperté, a la mañana siguiente, todo rastro del viaje había desaparecido. Y todo rastro de calavera también. Nuevamente, la musculosa de pelo corto se había apoderado de mi, nuevamente, ya no era yo la dueña completa de mi ser, nuevamente debía correr contra reloj en un intento desesperado de reencontrarme con mi vida…

Cómo explicar la angustia? Deseaba no haber vuelto nunca, no haber tomado nunca ese avión. Pero sería una fugitiva toda la vida… Por otra parte, la matriz que todo lo sabía, se daría cuenta de que uno de sus eslabones no estaba en su lugar y comenzaría mi rastreo por todas latitudes. Sabía que, más tarde o más temprano, finalmente me encontraría, y sólo Dios sabe qué realidad me depararía a modo de represalia.

Es innegable que estas cosas, las realmente serias, las que realmente te colocan entre la espada y la pared, tienen la virtud de acomodar todo en su justo rango. De pronto, el camino a Coroico, las 6 horas de caminata en subida o la vuelta por la montaña, el abandono de los guías y el atravesar caminos empantanados y derrumbados no parecían ser tan malos… Casi desee haber caído aquel día barranco abajo por la montaña, rumbo al infinito y más allá… Pero no! No podía dejarme caer en la desesperación! No podía rendirme tan fácilmente, no, al menos, sin oponer resistencia. Debía luchar con todas mis fuerzas y hasta las últimas consecuencias por volver a tomar las riendas de mi vida. Aunque en ello me fuese la vida, aunque fuese lo último que hiciera… lo último…

miércoles, 4 de agosto de 2010

09/04 Regreso con gloria

A la madrugada, y después de una noche repleta de corridas al baño, el aeropuerto comenzó, da a poco, a llenarse de gente nuevamente. Por lo que calavera y yo debimos abandonar la fila entera de asientos que habíamos ocupado y conformarnos con un asientito cada uno. Dormimos lo más que pudimos, incómodos, y no profundamente, (al final, estábamos con todas nuestras cosas alrededor), y en el caso de calavera, yendo y viniendo del baño cada dos por tres. Yo supongo que, además del sándwich que seguramente le hizo mal, algo en él debe haber relajado el manojo de nervios que venía acumulando, y ahí lo largó todo… literalmente hablando.

Para cuando debíamos hacer todo el chek in para abordar el segundo avión, estaba doblado del dolor en una silla, así que de todo el papelerío me encargué yo.

Por supuesto que toda esta situación también a mi me preocupaba, así que podría decirse que no fue una espera óptima. Pero agradezco que nos haya agarrado dentro del aeropuerto, y no vagando por las calles de La Paz.

Para cuando llegó la hora de tomar el segundo avión, calavera estaba verde. Pobre! Viajar en esas circunstancias es un garrón! Pero una vez más, no nos habían consultado al respecto.

Tomamos el avión y otra vez fue un viaje cortito. Menos mal que existen las bolsitas esas que te dan “por las dudas”! Digamos que calavera hizo uso y abuso de todas las instalaciones del avión…

Aterrizamos en Santa Cruz de las Sierras. La escala era por un par de horas, pero entre que hay que pasar por la aduana, llenar formularios etc, el tiempo se pasó volando.

Cuando se baja del avión siempre, al pasar por la aduana, está ese sector donde uno deja sus bártulos personales para que pasen por la cinta, y uno pasa por esa especie de umbral donde, si tenés algo de metal, suena, te pasan un cosito y chau pinela, no? Bueno, pues no, a veces se ponen un cachito cabreros y la cosa no es tan sencilla… Resultó que la mina que estaba haciendo los controles no había dormido bien, evidentemente, y se topó conmigo que había dormido peor. Yo estaba preocupada por calavera, había pasado una noche pésima y un viaje peor, y lo único que quería era terminar pronto el tramiterío y sentarnos tranquilos a que se tomara una seven up, a ver si se le pasaba. Así que cuando fue el momento de pasar por el control, hice lo que venía haciendo en el resto de los controles que ya había pasado sin problemas. Pero esta mina, con cara de pocos amigos y muchas ganas de molestar, me pidió que me sacara el cinturón. Me indigné, si sueno, pasame el cosito ese y punto, dejame en paz! Calavera estaba verde musgo, se notaba que veníamos juntos, así que empecé con eso de “qué ganas de jorobar a la gente, vos te sentís mal y a mi me hacen perder tiempo, por qué no buscan a narcotraficantes en lugar de molestar a la gente que viene a dejar la plata en su país y así…” Calavera por todos los medios trataba de callarme, pero bueno, callar a una mujer, es difícil, y a mi ni te cuento! La historia terminó conmigo sacándome hasta los borregos que tenía puestos. Una imbécil la mina!!!

Pero finalmente pasamos y sorteamos con éxito el resto del tramiterío que nos quedaba por delante.

Esta vez si, finalmente, éramos merecedores de acceder al free shop!!!! Y me compré el perfumito!!!!!!!!! Calavera, que de a poco venía mostrando una leve mejoría, volvió a recaer, pero imagino que el precio del perfumito tuvo algo que ver…

Ahora debíamos esperar que nos llamaran para ir a la sala anterior al embarque, y mientras esperábamos, se me ocurrió que calavera se tomara una seven up, qué se yo, es lo que a mi me daban cuando era chica y andaba mal de la panza. Pareció mejorar instantáneamente, el color verde se le fue retirando de la cara y volvió a su tono habitual, incluso a reirse…

En eso, desde el alta voz llaman a embarcar a los de nuestro avión, y no se si fue el ímpetu que tomó al levantarse de la silla o qué, pero para cuando llegamos a la sala previa al embarque, calavera, corriendo lo más que pudo, no atinó más que a abalanzarse sobre una enorme maceta que sostenía a una palmera. No pude más que pensar: "qué considerado, yo hubiese dejado mi huella ahí no más, en medio del hall" Evidentemente, la seven up no había sido la idea más brillante que se me había podido ocurrir…

Después del abrazo a la palmera, ya desahuciado, calavera se tiró sobre tres sillas y se entregó a lo que el destino tuviera preparado para él. Mientras, yo no veía la hora de terminar con todo este calvario y por fin llegar a casita.

Por suerte, no mucho después los números que identificaban nuestro vuelo sonaron desde los parlantes como señal para abordar el avión que nos traería de regreso a Bs. As.

Luego de un viaje corto, con bolsita incluida pero sin mayores inconvenientes, aterrizamos nuevamente en la República Argentina, más precisamente en la ciudad de Bs. As. en el aeropuerto de Ezeiza! Cómo me gusta irme de vacaciones, y cómo me gusta volver también!!!

Al aeropuerto nos fueron a buscar el hermano de calavera y la mujer, qué bueno ver caras conocidas!

Después del abrazo y los saludos de rigor, nos subimos al auto y comenzamos el recuento de nuestras aventuras.

Para cuando llegamos a casita, no habíamos superado aún el viaje de ida con el finadito de repasador en el rostro incluído…

Casita estaba preciosa! Como la habíamos dejado, la encontramos… HOGAR DULCE HOGAR.

Los chicos se quedaron en casa un rato, pero se fueron temprano. Calavera por suerte ya estaba bastante mejor, pero se acostó para no revolver más de la cuenta lo ya revuelto, y yo me puse a desempacar todo…

Y listo.

La verdad, y más allá de todas las que nos pasaron, creo que fueron las mejores vacaciones de mi vida. Imborrables momentos, imborrables paisajes, imborrables vacaciones.

Como toda historia que se cuenta, tiene una contra partida que no se cuenta, claro. Para más informaciones sobre la contrapartida que no se cuenta, acceder a www.amolasalxxx.blogspot.com

CREDITOS: casi todas las fotos hermosísimas del viaje, las sacó calavera, bien hecho calavera!

BUEN VIAJE

BUENA VIDA

08/04 En avión

A las 6 de la mañana, ya estábamos arriba, ansiosos como si llegaran los reyes mayos. Ya nuestro viaje había llegado a su fin, (en algún momento consideré la posibilidad de que el fin llegara a nosotros antes que a nuestro viaje), y estábamos sanos y salvos. Y si bien por un momento creí que íbamos a volver en aviones separados, pues no, nos volvíamos en el mismo. Media hora después, ya nos estaba pasando a buscar el taxi que nos llevaría hasta el aeropuerto.

Si algo habíamos pensado bien, había sido justamente eso, hacer el viaje de ida en micro, y reservarnos el avión para la vuelta. Por supuesto que no contábamos con el agregado ese del pobre boliviano tiradito en el pasillo del micro con un repasador cubriéndole el rostro, pero sabíamos que para la vuelta seguramente estaríamos muy cansados, y que nos quedara la vuelta en avión era un aliciente más que reconfortante.

Mi hermana se había encargado de hacer la confirmación de los vuelos, y vía mail me había indicado que estaba todo ok, el único cambio, un agregado, en lugar de 2 aviones, tomaríamos 3, pero sin demasiado tiempo de espera entre uno y otro, y sinceramente, después de todo lo que habíamos pasado, no pensábamos que fuese un cambio relevante.

Llegamos al aeropuerto, hicimos todo el tramiterío, presentamos todos los papeles, y ahora si, sólo restaba esperar que saliera el avión, y para amenizar la espera, hacía días que venía soñando con el free shop y el riquísimo perfumito que me compraría libre de impuestos…

Primero fuimos a desayunar, compramos alguna tontería de recuerdo, (las tonterías de recuerdos las pensábamos comprar durante nuestro último día en Cuzco, pero siendo que nuestro último día en Cuzco fue en realidad en Santa Teresa, no habíamos podido comprar nada, bah, calavera no había podido comprar nada, yo, previsora, ya lo había comprado todo en Copacabana).

Y ahora si! Ya estaba lista para hacer la comprita del perfumito, la única comprita que a mi me interesaba hacer, y con la que venía soñando desde hacía días. No contaba con que, al tomar este avión, no tendría acceso al free shop…

UFA!

Pronto se hizo la hora de embarcar, y subimos al avión.



Ahhh!!! Qué lindo volar! Qué lindo estar entre las nubes! Qué lindo llegar tan rápido!

El vuelo fue cortito, apenas un par de horitas hasta La Paz, (nuevamente en tierras Bolivianas).

Una vez que aterrizamos, buscamos nuestras maletas, otra vez el tramiterío… y una vez que terminamos con todo, buscamos el free shop. Pero no, el próximo vuelo era dentro del país, así que tampoco teníamos acceso al free shop… De pronto, el perfumito comenzaba a evaporarse frente a mis narices. Lo único que nos quedaba por delante eran las 24 horitas de espera hasta el próximo vuelo.

Estábamos en La Paz, como poder, se podían hacer un montón de cosas, teníamos 24 horas!!! Pero después de todas las que habíamos pasado, calavera y yo decidimos no movernos del aeropuerto. Iba a ser una larga espera, pero estábamos seguros de que, si salíamos a recorrer la ciudad, algo nos iba a pasar, quizás nos cayéramos en un pozo sin fondo, o nos secuestraran narcotraficantes del cartel de Juarez, o fuéramos abducidos por algún objeto volador no identificado, y claro, perderíamos el avión. Así que no, no íbamos a salir. En cambio, teníamos un lugar de Internet, un libro cada uno, música para escuchar con los auriculares y un bar donde clavarnos algo cada tanto, cuando la ansiedad se tornara insoportable. El tiempo se pasaría lento, pero estaríamos seguros, qué nos podía pasar en un aeropuerto, no???????????????????

Así que, con todos nuestros petates alrededor, nos acomodamos en un par de poltronas, y dimos rienda suelta a la espera interminable.

En algún momento, el hambre se hizo insoportable, y nos metimos en uno de los dos bares que había para comer un bocado. Yo me pedí una ensalada cesar que estaba buenísima, y calavera optó por un sándwich que no lo dejó del todo conforme. Siempre lo digo, no hay nada que hacerle, vayamos a donde vayamos, siempre hago mejores elecciones de menú que calavera, (algunos me intoxican y casi me matan, pero esas son otras cuestiones).

Al caer la tarde, de a poco, el aeropuerto se fue vaciando, los negocios fueron cerrando, y para las 21 hs, no quedaba ni el loro… o mejor dicho, sólo quedaba el de seguridad, nosotros dos y el loro…

Yo solita me había embarcado en la difícil tarea de leer “La Montaña Mágica”, libro que fielmente me acompañó a lo largo de todo el viaje, y que aún hoy conservo en la mesita de luz, con la ilusión de terminarlo algún día, y mientras estaba con toda mi atención sumergida en la lectura, calavera, desde otro plano de la realidad, me comunica que no se sentía bien… quizás el sándwich le había caído mal???

Cerca de las 23 hs, y sabiéndonos dueños absolutos del aeropuerto, nos estiramos sobre las poltronas lo más comodamente que pudimos, y nos dedicamos a intentar hundirnos hasta el fondo en el sueño más profundo.

En eso estaba cuando, después de unos bruscos movimientos hacia un lado y hacia el otro, veo como calavera se levanta corriendo.
Al rato, y más blanco que la sal de Uyuni, volvía después de haber descargado parte de su anatomía en el inodoro del baño. Y así seguiría durante toda la noche…