El tema estaba planteado, mis vacaciones habían terminado, y nuevamente, me encontraba yirando entre las vidas paralelas, cuánto tiempo habría pasado desde la última vez que estuve por esta vida? No tenía ni pistas. Lo único que sabía, era que todo podía ser posible, todo podía ser real, así como todo podía esfumarse en un santiamén, la única aseveración cierta, era que la delgada línea que separaba una realidad de otra, era lo suficientemente insondable como para que ninguna paralela se cruzara con la otra, podría, entonces, yo hacer un cruce de realidades??? podría, al menos, moverme libremente entre una realidad y otra???
Rápidamente debía organizarme, tomar el toro por las astas, recopilar toda la información con que contaba, y trazar un plan para moverme con la mayor autonomía posible, fuese en la realidad que fuese…
Lo que era claro, era que el cambio de latitudes había posibilitado mi estadía a largo plazo en la realidad de origen, hecho comprobado, además, por el brusco cambio producido una vez vuelta a la latitud de pertenencia.
Entonces, no quedaba otra más que pensar que, efectivamente, había una matriz que encerraba todos estos procesos y mecanismos, y al menos un conductor de esa matriz también debía haber. Ahora me faltaba averiguar quiénes eran, qué pretendían y qué podía hacer yo para recobrar mi autonomía. Cuántos seríamos en mi misma situación?
Aquella noche que desperté en pleno viaje de ida a Bolivia, cuando caí en la realidad a la que pertenezco de origen y a la que no estaba pudiendo volver desde hacía un tiempo considerable, comencé a sospechar que todo estaba mucho más sistematizado de lo que yo podía siquiera imaginar. De ser así, si realmente había alguien o alguienes digitando todo esto, entonces era claro que había algo en donde me estaba metiendo, o estaba a punto de meterme o quizás, ya me había metido sin aún saberlo, que me convertía de un ser, sino peligroso, al menos amenazante para el buen equilibrio del sistema. No atinaba a saber del todo qué era, pero algo tan poderoso como la intuición me anunciaba que estaba cerca…
Las posibilidades de que me mantuviera en esta misma realidad por un tiempo prolongado eran más bien escasas según los últimos acontecimientos. De hecho, haber vuelto a obrar por estas latitudes me había sorprendido sobremanera. Entonces fue que comencé a pensar que el cambio físico en las coordenadas espacio-temporales de los saltos a otras realidades, había posibilitado no sólo la vuelta a mi realidad de origen, sino además la libre estadía en ella. Cuando al día siguiente desperté en la misma realidad de vacaciones que el día anterior, y al siguiente lo mismo, me percaté de que ésta era una oportunidad que no podía desaprovechar… Debía averiguar lo más que pudiera acerca de estos saltos temporales y de estos pasajes a otras realidades.
Pronto comencé a darme cuenta de que la mía era una aventura por lo menos peligrosa. Si había logrado engañar los sensores del sistema de saltos de realidades, era lógico pensar que al menos notarían alguna falla. Quizás no supieran quién había zafado los rigurosos controles, quizás no tuvieran ni la más mínima idea de por qué latitudes encontrarme, pero estarían atentos a cualquier tipo de pista que pudiera dejar en el camino. Debía andar con mucho cuidado, no podía dejar ni un cabo suelto.
En estos pensamientos me debatía cuando el primer índice de fatalidad me rozó de cerca. Luego de que aquella piedra diera con todo en la chapa del micro que nos llevaba de Buenos Aires a Bolivia, al inicio de nuestras vacaciones, una señal de alarma pareció encenderse dentro mío… No podría explicar con palabras qué fue exactamente lo que pensé o, mejor dicho, lo que sentí. Sólo puedo decir que una incomodidad, como un rayo de electricidad, me atravesó todo el cuerpo. La piedra, entonces, no quedó más que en un borroso recuerdo que no pasó a mayores: una piedra más que tiran desde la carretera a los micros y autos que pasan, se supone, para robarles. Como la piedra no causó ningún daño ni nadie salió herido, pronto el episodio piedra quedó en el olvido, pero por algo no dejó de ocupar un espacio allí, en los albores de mi mente. Luego vendría lo peor…
Cuando la pobre boliviana nos espantó a todos con sus llantos y sus quejidos, todos supimos que lo peor había sucedido, el joven boliviano había fallecido. Como conté en su momento, todos quedamos absolutamente impresionados y tomados por la desgracia ocurrida. Sin embargo, yo sabía, aunque no me animara a mencionarlo, que ahí había algo más… Todos los acontecimientos posteriores no hicieron más que avalar lo que pensaba: se habían dado cuenta de que me había escapado del sistema, y estaban haciendo todo lo posible para traerme de vuelta, sea como sea… y por lo visto, no estaban muy lejos. La carrera había comenzado.
Fue ahí que decidí usar mis vacaciones para investigar, averiguar todo lo que pudiera al respecto. Si mis cálculos eran ciertos, entonces podría estar en esta realidad, al menos, hasta que volviera a mi latitud de origen. Si eso era así, contaba con 20 días aproximadamente para hacerme de toda la información que pudiera, sin interrupción que me hiciera perder el hilo de mis investigaciones como ya me había pasado tantas otras veces. Por supuesto que en cuanto había comenzado a notar algo, había comenzado a investigar también. Pero cada vez que me acercaba a algún punto, uno de estos saltos se producía y me hacía perder el hilo de todo lo que venía investigando. No tenía medios ni conocimientos para hacer de mi búsqueda un trabajo sistematizado. También es cierto que demoré bastante el inicio de mis investigaciones, pero quién podría culparme por ello? Si bien ya comenzaba a sospechar algo al respecto, la verdad es que eran sólo sospechas que prefería enterrar bien profundo en la oscuridad de la conciencia, sin intentar dilucidad a cuento de qué venían. No niego que en algún momento noté que había algo que no estaba funcionando de un modo “normal”, pero no se me cruzó ni por un segundo la posibilidad de las realidades paralelas, sabía que algo raro estaba pasando, pero de allí a creer que existían las vidas paralelas, es más, creer que yo podía saltar de una realidad a otra como quien atraviesa el umbral de una puerta… Nadie, ni el más cuerdo ni el más loco lo hubiese pensado, y tampoco yo lo pensé. De hecho, si me tocara cruzarme frente a frente con un hombrecito verde de mediana estatura y dedos largos que repitiera como un mantra “mi casa, mi casa”, seguramente pensaría que es un borracho saliendo de una fiesta de disfraces, no se me ocurriría pensar que me estoy topando con el mismísimo ET intentando establecer contacto con el más allá, hasta dudaría sobre la originalidad del disfraz… Por eso, que no se me culpe por la cautela con que empecé la investigación. Más bien, la investigación la comencé porque en verdad empecé a creer que me estaba volviendo completamente loca, y todo lo que estaba viviendo lo atribuía a extraños dejavu, a sueños en plena vigilia, a una imaginación demasiado estimulada, y a la mismísima insanía. Fue ahí cuando comencé a explorar mi árbol genealógico, estaba segura de que encontraría la explicación a todo esto, seguramente, algúna tía loca, algún tataratataraprimo lejano que hubiese perdido el copete sería la explicación a cierta demencia que estaba haciendo de las suyas en mi cabeza, y, ojalá, fuese algo a lo que pudiese ponerle fin, aunque sea bajo tratamiento. Pero nada, pude descubrir entre mis ancestros, nada salvo un tatarabuelo idealista que cada tanto se le daba por bajar del monte en paños menores y a los tiros, armado con un trabuco naranjero al grito de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” y una bisatíabuela soltera, que cada domingo iba a la iglesia con su vestido de novia, esperando encontrar allí a su amado, que la había abandonado días antes de la boda para huir con una heredera de la alta alcurnia cuya familia no aprobaba la unión. Salvo estos dos casos perdido, no encontré otros índices de locura preocupantes… El único cabo suelto, la única rama que no había cerrado, provenía de una prima de mi abuela, de la que no se supo nada más desde que, a los 28 años y tras despedirse entre sollozos de sus seres queridos, simplemente desapareció, como si se la hubiese tragado la tierra… Entonces fue que no me quedó más opción que empezar a considerar la posibilidad de que todo lo que sospechaba, era en realidad cierto, y que quizás estaba en mi continuar con el sino de aquella pariente perdida…
Entonces recordé aquella mañana en la que de improvisto, dos personas que decían pertenecer a la C.S.S, Comisión de Seguridad Secreta, vinieron a mi casa con la excusa de que investigaban la existencia de realidades paralelas. Recuerdo que en su momento no le di mayor importancia, pero ahora todo parecía cobrar otra magnitud.
Si, debía aprovechar mis vacaciones, debía aprovecharlas para averiguar lo más que pudiera sobre el cruce de vidas paralelas. Si mis conjeturas eran ciertas, estaba pronta a descubrir algo, y eso me hacía igualmente peligrosa y vulnerable a la vez…
Al comenzar el blog, jamás hubiese imaginado que se convertiría en la sistematización de mi propia investigación. Claro que tampoco hubiese imaginado nunca que me vería inmersa en un sin fin de viajes temporales a distintas realidades, y que eso mismo provocaría el comienzo de mis investigaciones que hoy conforman este blog… Para todos, bienvenidos al blog de las realidades paralelas donde todos, sin excepción, amamos la sal!
martes, 17 de agosto de 2010
jueves, 5 de agosto de 2010
LAS PARALELAS NO SE CRUZAN
Un paréntesis. Las vacaciones finalmente no fueron más que un paréntesis, o unas vacaciones dentro del ajetreado ida y vuelta de las vidas paralelas…
Recuerdo perfectamente ese viernes. Una vez que el hermano de calavera y la mujer se fueron de casa, calavera se acostó, (recordemos corridas al baño durante la noche anterior, abrazo a maceta con palmera, bolsita en el avión, etc), estaba lógicamente cansado y debilitado, y pronto se quedó dormido.
Yo, en cambio, me puse a ordenar, a desempacar, guardar y hacer lavados. No quería dormir, no quería acostarme, cerrar los ojos y ser vencida por el sueño y el cansancio, no quería porque no sabía qué podría suceder después. Pero era una batalla perdida de antemano, el sueño, más tarde o más temprano, me vencería y se apoderaría de mi para trasladarme vaya a saber a qué realidad…
Evidentemente, el cambio de latitudes, había posibilitado la continuidad de mi vida sin saltos hacia otras realidades, si hubiese seguido yirando por tierras bolivianas, peruanas, o por cualquier otra que no compartiera latitudes con el sitio de origen, seguramente seguiría viviendo la realidad de aquella Jimena Luján a la que con tanto ahínco intentaba volver desde antes de comenzar el viaje. Como si el cambio de latitud hubiese “mareado” al mecanismo que se pone en juego cuando se producen los saltos de realidades. Pero al volver a la latitud de origen, el mecanismo, que nunca abandonó su estado de alerta, enciende todos sus sensores que se ponen en marcha para rastrear a aquel que había osado engañar sus tentáculos receptores cambiando, sin aviso previo, su latitud de residencia. Por eso, caer nuevamente en el abismo de los saltos temporales, era una cuestión de tiempo. Yo tenía la esperanza de que el tiempo con que contara, me diera alguna chance de acción antes de caer nuevamente en otra realidad. Pero era sólo una ilusión, y para cuando me venció el sueño, yo aún estaba intentando dilucidar en mi cabeza todos estos razonamientos, mientras apilaba a un costado calzas, medias, remeras y buzos que no tendrían otro destino más que el lavarropas. Pero el sopor fue superior, y ya entrada la madrugada caí rendida, sentada en el piso, con la espalda recostada en las patas del sillón, con una calza llena de barro y polvo en una mano y una remera aún sudorosa en la otra.
Cuando desperté, a la mañana siguiente, todo rastro del viaje había desaparecido. Y todo rastro de calavera también. Nuevamente, la musculosa de pelo corto se había apoderado de mi, nuevamente, ya no era yo la dueña completa de mi ser, nuevamente debía correr contra reloj en un intento desesperado de reencontrarme con mi vida…
Cómo explicar la angustia? Deseaba no haber vuelto nunca, no haber tomado nunca ese avión. Pero sería una fugitiva toda la vida… Por otra parte, la matriz que todo lo sabía, se daría cuenta de que uno de sus eslabones no estaba en su lugar y comenzaría mi rastreo por todas latitudes. Sabía que, más tarde o más temprano, finalmente me encontraría, y sólo Dios sabe qué realidad me depararía a modo de represalia.
Es innegable que estas cosas, las realmente serias, las que realmente te colocan entre la espada y la pared, tienen la virtud de acomodar todo en su justo rango. De pronto, el camino a Coroico, las 6 horas de caminata en subida o la vuelta por la montaña, el abandono de los guías y el atravesar caminos empantanados y derrumbados no parecían ser tan malos… Casi desee haber caído aquel día barranco abajo por la montaña, rumbo al infinito y más allá… Pero no! No podía dejarme caer en la desesperación! No podía rendirme tan fácilmente, no, al menos, sin oponer resistencia. Debía luchar con todas mis fuerzas y hasta las últimas consecuencias por volver a tomar las riendas de mi vida. Aunque en ello me fuese la vida, aunque fuese lo último que hiciera… lo último…
Recuerdo perfectamente ese viernes. Una vez que el hermano de calavera y la mujer se fueron de casa, calavera se acostó, (recordemos corridas al baño durante la noche anterior, abrazo a maceta con palmera, bolsita en el avión, etc), estaba lógicamente cansado y debilitado, y pronto se quedó dormido.
Yo, en cambio, me puse a ordenar, a desempacar, guardar y hacer lavados. No quería dormir, no quería acostarme, cerrar los ojos y ser vencida por el sueño y el cansancio, no quería porque no sabía qué podría suceder después. Pero era una batalla perdida de antemano, el sueño, más tarde o más temprano, me vencería y se apoderaría de mi para trasladarme vaya a saber a qué realidad…
Evidentemente, el cambio de latitudes, había posibilitado la continuidad de mi vida sin saltos hacia otras realidades, si hubiese seguido yirando por tierras bolivianas, peruanas, o por cualquier otra que no compartiera latitudes con el sitio de origen, seguramente seguiría viviendo la realidad de aquella Jimena Luján a la que con tanto ahínco intentaba volver desde antes de comenzar el viaje. Como si el cambio de latitud hubiese “mareado” al mecanismo que se pone en juego cuando se producen los saltos de realidades. Pero al volver a la latitud de origen, el mecanismo, que nunca abandonó su estado de alerta, enciende todos sus sensores que se ponen en marcha para rastrear a aquel que había osado engañar sus tentáculos receptores cambiando, sin aviso previo, su latitud de residencia. Por eso, caer nuevamente en el abismo de los saltos temporales, era una cuestión de tiempo. Yo tenía la esperanza de que el tiempo con que contara, me diera alguna chance de acción antes de caer nuevamente en otra realidad. Pero era sólo una ilusión, y para cuando me venció el sueño, yo aún estaba intentando dilucidar en mi cabeza todos estos razonamientos, mientras apilaba a un costado calzas, medias, remeras y buzos que no tendrían otro destino más que el lavarropas. Pero el sopor fue superior, y ya entrada la madrugada caí rendida, sentada en el piso, con la espalda recostada en las patas del sillón, con una calza llena de barro y polvo en una mano y una remera aún sudorosa en la otra.
Cuando desperté, a la mañana siguiente, todo rastro del viaje había desaparecido. Y todo rastro de calavera también. Nuevamente, la musculosa de pelo corto se había apoderado de mi, nuevamente, ya no era yo la dueña completa de mi ser, nuevamente debía correr contra reloj en un intento desesperado de reencontrarme con mi vida…
Cómo explicar la angustia? Deseaba no haber vuelto nunca, no haber tomado nunca ese avión. Pero sería una fugitiva toda la vida… Por otra parte, la matriz que todo lo sabía, se daría cuenta de que uno de sus eslabones no estaba en su lugar y comenzaría mi rastreo por todas latitudes. Sabía que, más tarde o más temprano, finalmente me encontraría, y sólo Dios sabe qué realidad me depararía a modo de represalia.
Es innegable que estas cosas, las realmente serias, las que realmente te colocan entre la espada y la pared, tienen la virtud de acomodar todo en su justo rango. De pronto, el camino a Coroico, las 6 horas de caminata en subida o la vuelta por la montaña, el abandono de los guías y el atravesar caminos empantanados y derrumbados no parecían ser tan malos… Casi desee haber caído aquel día barranco abajo por la montaña, rumbo al infinito y más allá… Pero no! No podía dejarme caer en la desesperación! No podía rendirme tan fácilmente, no, al menos, sin oponer resistencia. Debía luchar con todas mis fuerzas y hasta las últimas consecuencias por volver a tomar las riendas de mi vida. Aunque en ello me fuese la vida, aunque fuese lo último que hiciera… lo último…
miércoles, 4 de agosto de 2010
09/04 Regreso con gloria
A la madrugada, y después de una noche repleta de corridas al baño, el aeropuerto comenzó, da a poco, a llenarse de gente nuevamente. Por lo que calavera y yo debimos abandonar la fila entera de asientos que habíamos ocupado y conformarnos con un asientito cada uno. Dormimos lo más que pudimos, incómodos, y no profundamente, (al final, estábamos con todas nuestras cosas alrededor), y en el caso de calavera, yendo y viniendo del baño cada dos por tres. Yo supongo que, además del sándwich que seguramente le hizo mal, algo en él debe haber relajado el manojo de nervios que venía acumulando, y ahí lo largó todo… literalmente hablando.
Para cuando debíamos hacer todo el chek in para abordar el segundo avión, estaba doblado del dolor en una silla, así que de todo el papelerío me encargué yo.
Por supuesto que toda esta situación también a mi me preocupaba, así que podría decirse que no fue una espera óptima. Pero agradezco que nos haya agarrado dentro del aeropuerto, y no vagando por las calles de La Paz.
Para cuando llegó la hora de tomar el segundo avión, calavera estaba verde. Pobre! Viajar en esas circunstancias es un garrón! Pero una vez más, no nos habían consultado al respecto.
Tomamos el avión y otra vez fue un viaje cortito. Menos mal que existen las bolsitas esas que te dan “por las dudas”! Digamos que calavera hizo uso y abuso de todas las instalaciones del avión…
Aterrizamos en Santa Cruz de las Sierras. La escala era por un par de horas, pero entre que hay que pasar por la aduana, llenar formularios etc, el tiempo se pasó volando.
Cuando se baja del avión siempre, al pasar por la aduana, está ese sector donde uno deja sus bártulos personales para que pasen por la cinta, y uno pasa por esa especie de umbral donde, si tenés algo de metal, suena, te pasan un cosito y chau pinela, no? Bueno, pues no, a veces se ponen un cachito cabreros y la cosa no es tan sencilla… Resultó que la mina que estaba haciendo los controles no había dormido bien, evidentemente, y se topó conmigo que había dormido peor. Yo estaba preocupada por calavera, había pasado una noche pésima y un viaje peor, y lo único que quería era terminar pronto el tramiterío y sentarnos tranquilos a que se tomara una seven up, a ver si se le pasaba. Así que cuando fue el momento de pasar por el control, hice lo que venía haciendo en el resto de los controles que ya había pasado sin problemas. Pero esta mina, con cara de pocos amigos y muchas ganas de molestar, me pidió que me sacara el cinturón. Me indigné, si sueno, pasame el cosito ese y punto, dejame en paz! Calavera estaba verde musgo, se notaba que veníamos juntos, así que empecé con eso de “qué ganas de jorobar a la gente, vos te sentís mal y a mi me hacen perder tiempo, por qué no buscan a narcotraficantes en lugar de molestar a la gente que viene a dejar la plata en su país y así…” Calavera por todos los medios trataba de callarme, pero bueno, callar a una mujer, es difícil, y a mi ni te cuento! La historia terminó conmigo sacándome hasta los borregos que tenía puestos. Una imbécil la mina!!!
Pero finalmente pasamos y sorteamos con éxito el resto del tramiterío que nos quedaba por delante.
Esta vez si, finalmente, éramos merecedores de acceder al free shop!!!! Y me compré el perfumito!!!!!!!!! Calavera, que de a poco venía mostrando una leve mejoría, volvió a recaer, pero imagino que el precio del perfumito tuvo algo que ver…
Ahora debíamos esperar que nos llamaran para ir a la sala anterior al embarque, y mientras esperábamos, se me ocurrió que calavera se tomara una seven up, qué se yo, es lo que a mi me daban cuando era chica y andaba mal de la panza. Pareció mejorar instantáneamente, el color verde se le fue retirando de la cara y volvió a su tono habitual, incluso a reirse…
En eso, desde el alta voz llaman a embarcar a los de nuestro avión, y no se si fue el ímpetu que tomó al levantarse de la silla o qué, pero para cuando llegamos a la sala previa al embarque, calavera, corriendo lo más que pudo, no atinó más que a abalanzarse sobre una enorme maceta que sostenía a una palmera. No pude más que pensar: "qué considerado, yo hubiese dejado mi huella ahí no más, en medio del hall" Evidentemente, la seven up no había sido la idea más brillante que se me había podido ocurrir…
Después del abrazo a la palmera, ya desahuciado, calavera se tiró sobre tres sillas y se entregó a lo que el destino tuviera preparado para él. Mientras, yo no veía la hora de terminar con todo este calvario y por fin llegar a casita.
Por suerte, no mucho después los números que identificaban nuestro vuelo sonaron desde los parlantes como señal para abordar el avión que nos traería de regreso a Bs. As.
Luego de un viaje corto, con bolsita incluida pero sin mayores inconvenientes, aterrizamos nuevamente en la República Argentina, más precisamente en la ciudad de Bs. As. en el aeropuerto de Ezeiza! Cómo me gusta irme de vacaciones, y cómo me gusta volver también!!!
Al aeropuerto nos fueron a buscar el hermano de calavera y la mujer, qué bueno ver caras conocidas!
Después del abrazo y los saludos de rigor, nos subimos al auto y comenzamos el recuento de nuestras aventuras.
Para cuando llegamos a casita, no habíamos superado aún el viaje de ida con el finadito de repasador en el rostro incluído…
Casita estaba preciosa! Como la habíamos dejado, la encontramos… HOGAR DULCE HOGAR.
Los chicos se quedaron en casa un rato, pero se fueron temprano. Calavera por suerte ya estaba bastante mejor, pero se acostó para no revolver más de la cuenta lo ya revuelto, y yo me puse a desempacar todo…
Y listo.
La verdad, y más allá de todas las que nos pasaron, creo que fueron las mejores vacaciones de mi vida. Imborrables momentos, imborrables paisajes, imborrables vacaciones.
Como toda historia que se cuenta, tiene una contra partida que no se cuenta, claro. Para más informaciones sobre la contrapartida que no se cuenta, acceder a www.amolasalxxx.blogspot.com
CREDITOS: casi todas las fotos hermosísimas del viaje, las sacó calavera, bien hecho calavera!
BUEN VIAJE
BUENA VIDA
Para cuando debíamos hacer todo el chek in para abordar el segundo avión, estaba doblado del dolor en una silla, así que de todo el papelerío me encargué yo.
Por supuesto que toda esta situación también a mi me preocupaba, así que podría decirse que no fue una espera óptima. Pero agradezco que nos haya agarrado dentro del aeropuerto, y no vagando por las calles de La Paz.
Para cuando llegó la hora de tomar el segundo avión, calavera estaba verde. Pobre! Viajar en esas circunstancias es un garrón! Pero una vez más, no nos habían consultado al respecto.
Tomamos el avión y otra vez fue un viaje cortito. Menos mal que existen las bolsitas esas que te dan “por las dudas”! Digamos que calavera hizo uso y abuso de todas las instalaciones del avión…
Aterrizamos en Santa Cruz de las Sierras. La escala era por un par de horas, pero entre que hay que pasar por la aduana, llenar formularios etc, el tiempo se pasó volando.
Cuando se baja del avión siempre, al pasar por la aduana, está ese sector donde uno deja sus bártulos personales para que pasen por la cinta, y uno pasa por esa especie de umbral donde, si tenés algo de metal, suena, te pasan un cosito y chau pinela, no? Bueno, pues no, a veces se ponen un cachito cabreros y la cosa no es tan sencilla… Resultó que la mina que estaba haciendo los controles no había dormido bien, evidentemente, y se topó conmigo que había dormido peor. Yo estaba preocupada por calavera, había pasado una noche pésima y un viaje peor, y lo único que quería era terminar pronto el tramiterío y sentarnos tranquilos a que se tomara una seven up, a ver si se le pasaba. Así que cuando fue el momento de pasar por el control, hice lo que venía haciendo en el resto de los controles que ya había pasado sin problemas. Pero esta mina, con cara de pocos amigos y muchas ganas de molestar, me pidió que me sacara el cinturón. Me indigné, si sueno, pasame el cosito ese y punto, dejame en paz! Calavera estaba verde musgo, se notaba que veníamos juntos, así que empecé con eso de “qué ganas de jorobar a la gente, vos te sentís mal y a mi me hacen perder tiempo, por qué no buscan a narcotraficantes en lugar de molestar a la gente que viene a dejar la plata en su país y así…” Calavera por todos los medios trataba de callarme, pero bueno, callar a una mujer, es difícil, y a mi ni te cuento! La historia terminó conmigo sacándome hasta los borregos que tenía puestos. Una imbécil la mina!!!
Pero finalmente pasamos y sorteamos con éxito el resto del tramiterío que nos quedaba por delante.
Esta vez si, finalmente, éramos merecedores de acceder al free shop!!!! Y me compré el perfumito!!!!!!!!! Calavera, que de a poco venía mostrando una leve mejoría, volvió a recaer, pero imagino que el precio del perfumito tuvo algo que ver…
Ahora debíamos esperar que nos llamaran para ir a la sala anterior al embarque, y mientras esperábamos, se me ocurrió que calavera se tomara una seven up, qué se yo, es lo que a mi me daban cuando era chica y andaba mal de la panza. Pareció mejorar instantáneamente, el color verde se le fue retirando de la cara y volvió a su tono habitual, incluso a reirse…
En eso, desde el alta voz llaman a embarcar a los de nuestro avión, y no se si fue el ímpetu que tomó al levantarse de la silla o qué, pero para cuando llegamos a la sala previa al embarque, calavera, corriendo lo más que pudo, no atinó más que a abalanzarse sobre una enorme maceta que sostenía a una palmera. No pude más que pensar: "qué considerado, yo hubiese dejado mi huella ahí no más, en medio del hall" Evidentemente, la seven up no había sido la idea más brillante que se me había podido ocurrir…
Después del abrazo a la palmera, ya desahuciado, calavera se tiró sobre tres sillas y se entregó a lo que el destino tuviera preparado para él. Mientras, yo no veía la hora de terminar con todo este calvario y por fin llegar a casita.
Por suerte, no mucho después los números que identificaban nuestro vuelo sonaron desde los parlantes como señal para abordar el avión que nos traería de regreso a Bs. As.
Luego de un viaje corto, con bolsita incluida pero sin mayores inconvenientes, aterrizamos nuevamente en la República Argentina, más precisamente en la ciudad de Bs. As. en el aeropuerto de Ezeiza! Cómo me gusta irme de vacaciones, y cómo me gusta volver también!!!
Al aeropuerto nos fueron a buscar el hermano de calavera y la mujer, qué bueno ver caras conocidas!
Después del abrazo y los saludos de rigor, nos subimos al auto y comenzamos el recuento de nuestras aventuras.
Para cuando llegamos a casita, no habíamos superado aún el viaje de ida con el finadito de repasador en el rostro incluído…
Casita estaba preciosa! Como la habíamos dejado, la encontramos… HOGAR DULCE HOGAR.
Los chicos se quedaron en casa un rato, pero se fueron temprano. Calavera por suerte ya estaba bastante mejor, pero se acostó para no revolver más de la cuenta lo ya revuelto, y yo me puse a desempacar todo…
Y listo.
La verdad, y más allá de todas las que nos pasaron, creo que fueron las mejores vacaciones de mi vida. Imborrables momentos, imborrables paisajes, imborrables vacaciones.
Como toda historia que se cuenta, tiene una contra partida que no se cuenta, claro. Para más informaciones sobre la contrapartida que no se cuenta, acceder a www.amolasalxxx.blogspot.com
CREDITOS: casi todas las fotos hermosísimas del viaje, las sacó calavera, bien hecho calavera!
BUEN VIAJE
BUENA VIDA
08/04 En avión
A las 6 de la mañana, ya estábamos arriba, ansiosos como si llegaran los reyes mayos. Ya nuestro viaje había llegado a su fin, (en algún momento consideré la posibilidad de que el fin llegara a nosotros antes que a nuestro viaje), y estábamos sanos y salvos. Y si bien por un momento creí que íbamos a volver en aviones separados, pues no, nos volvíamos en el mismo. Media hora después, ya nos estaba pasando a buscar el taxi que nos llevaría hasta el aeropuerto.
Si algo habíamos pensado bien, había sido justamente eso, hacer el viaje de ida en micro, y reservarnos el avión para la vuelta. Por supuesto que no contábamos con el agregado ese del pobre boliviano tiradito en el pasillo del micro con un repasador cubriéndole el rostro, pero sabíamos que para la vuelta seguramente estaríamos muy cansados, y que nos quedara la vuelta en avión era un aliciente más que reconfortante.
Mi hermana se había encargado de hacer la confirmación de los vuelos, y vía mail me había indicado que estaba todo ok, el único cambio, un agregado, en lugar de 2 aviones, tomaríamos 3, pero sin demasiado tiempo de espera entre uno y otro, y sinceramente, después de todo lo que habíamos pasado, no pensábamos que fuese un cambio relevante.
Llegamos al aeropuerto, hicimos todo el tramiterío, presentamos todos los papeles, y ahora si, sólo restaba esperar que saliera el avión, y para amenizar la espera, hacía días que venía soñando con el free shop y el riquísimo perfumito que me compraría libre de impuestos…
Primero fuimos a desayunar, compramos alguna tontería de recuerdo, (las tonterías de recuerdos las pensábamos comprar durante nuestro último día en Cuzco, pero siendo que nuestro último día en Cuzco fue en realidad en Santa Teresa, no habíamos podido comprar nada, bah, calavera no había podido comprar nada, yo, previsora, ya lo había comprado todo en Copacabana).
Y ahora si! Ya estaba lista para hacer la comprita del perfumito, la única comprita que a mi me interesaba hacer, y con la que venía soñando desde hacía días. No contaba con que, al tomar este avión, no tendría acceso al free shop…
UFA!
Pronto se hizo la hora de embarcar, y subimos al avión.

Ahhh!!! Qué lindo volar! Qué lindo estar entre las nubes! Qué lindo llegar tan rápido!
El vuelo fue cortito, apenas un par de horitas hasta La Paz, (nuevamente en tierras Bolivianas).
Una vez que aterrizamos, buscamos nuestras maletas, otra vez el tramiterío… y una vez que terminamos con todo, buscamos el free shop. Pero no, el próximo vuelo era dentro del país, así que tampoco teníamos acceso al free shop… De pronto, el perfumito comenzaba a evaporarse frente a mis narices. Lo único que nos quedaba por delante eran las 24 horitas de espera hasta el próximo vuelo.
Estábamos en La Paz, como poder, se podían hacer un montón de cosas, teníamos 24 horas!!! Pero después de todas las que habíamos pasado, calavera y yo decidimos no movernos del aeropuerto. Iba a ser una larga espera, pero estábamos seguros de que, si salíamos a recorrer la ciudad, algo nos iba a pasar, quizás nos cayéramos en un pozo sin fondo, o nos secuestraran narcotraficantes del cartel de Juarez, o fuéramos abducidos por algún objeto volador no identificado, y claro, perderíamos el avión. Así que no, no íbamos a salir. En cambio, teníamos un lugar de Internet, un libro cada uno, música para escuchar con los auriculares y un bar donde clavarnos algo cada tanto, cuando la ansiedad se tornara insoportable. El tiempo se pasaría lento, pero estaríamos seguros, qué nos podía pasar en un aeropuerto, no???????????????????
Así que, con todos nuestros petates alrededor, nos acomodamos en un par de poltronas, y dimos rienda suelta a la espera interminable.
En algún momento, el hambre se hizo insoportable, y nos metimos en uno de los dos bares que había para comer un bocado. Yo me pedí una ensalada cesar que estaba buenísima, y calavera optó por un sándwich que no lo dejó del todo conforme. Siempre lo digo, no hay nada que hacerle, vayamos a donde vayamos, siempre hago mejores elecciones de menú que calavera, (algunos me intoxican y casi me matan, pero esas son otras cuestiones).
Al caer la tarde, de a poco, el aeropuerto se fue vaciando, los negocios fueron cerrando, y para las 21 hs, no quedaba ni el loro… o mejor dicho, sólo quedaba el de seguridad, nosotros dos y el loro…
Yo solita me había embarcado en la difícil tarea de leer “La Montaña Mágica”, libro que fielmente me acompañó a lo largo de todo el viaje, y que aún hoy conservo en la mesita de luz, con la ilusión de terminarlo algún día, y mientras estaba con toda mi atención sumergida en la lectura, calavera, desde otro plano de la realidad, me comunica que no se sentía bien… quizás el sándwich le había caído mal???
Cerca de las 23 hs, y sabiéndonos dueños absolutos del aeropuerto, nos estiramos sobre las poltronas lo más comodamente que pudimos, y nos dedicamos a intentar hundirnos hasta el fondo en el sueño más profundo.
En eso estaba cuando, después de unos bruscos movimientos hacia un lado y hacia el otro, veo como calavera se levanta corriendo.
Al rato, y más blanco que la sal de Uyuni, volvía después de haber descargado parte de su anatomía en el inodoro del baño. Y así seguiría durante toda la noche…
Si algo habíamos pensado bien, había sido justamente eso, hacer el viaje de ida en micro, y reservarnos el avión para la vuelta. Por supuesto que no contábamos con el agregado ese del pobre boliviano tiradito en el pasillo del micro con un repasador cubriéndole el rostro, pero sabíamos que para la vuelta seguramente estaríamos muy cansados, y que nos quedara la vuelta en avión era un aliciente más que reconfortante.
Mi hermana se había encargado de hacer la confirmación de los vuelos, y vía mail me había indicado que estaba todo ok, el único cambio, un agregado, en lugar de 2 aviones, tomaríamos 3, pero sin demasiado tiempo de espera entre uno y otro, y sinceramente, después de todo lo que habíamos pasado, no pensábamos que fuese un cambio relevante.
Llegamos al aeropuerto, hicimos todo el tramiterío, presentamos todos los papeles, y ahora si, sólo restaba esperar que saliera el avión, y para amenizar la espera, hacía días que venía soñando con el free shop y el riquísimo perfumito que me compraría libre de impuestos…
Primero fuimos a desayunar, compramos alguna tontería de recuerdo, (las tonterías de recuerdos las pensábamos comprar durante nuestro último día en Cuzco, pero siendo que nuestro último día en Cuzco fue en realidad en Santa Teresa, no habíamos podido comprar nada, bah, calavera no había podido comprar nada, yo, previsora, ya lo había comprado todo en Copacabana).
Y ahora si! Ya estaba lista para hacer la comprita del perfumito, la única comprita que a mi me interesaba hacer, y con la que venía soñando desde hacía días. No contaba con que, al tomar este avión, no tendría acceso al free shop…
UFA!
Pronto se hizo la hora de embarcar, y subimos al avión.
Ahhh!!! Qué lindo volar! Qué lindo estar entre las nubes! Qué lindo llegar tan rápido!
El vuelo fue cortito, apenas un par de horitas hasta La Paz, (nuevamente en tierras Bolivianas).
Una vez que aterrizamos, buscamos nuestras maletas, otra vez el tramiterío… y una vez que terminamos con todo, buscamos el free shop. Pero no, el próximo vuelo era dentro del país, así que tampoco teníamos acceso al free shop… De pronto, el perfumito comenzaba a evaporarse frente a mis narices. Lo único que nos quedaba por delante eran las 24 horitas de espera hasta el próximo vuelo.
Estábamos en La Paz, como poder, se podían hacer un montón de cosas, teníamos 24 horas!!! Pero después de todas las que habíamos pasado, calavera y yo decidimos no movernos del aeropuerto. Iba a ser una larga espera, pero estábamos seguros de que, si salíamos a recorrer la ciudad, algo nos iba a pasar, quizás nos cayéramos en un pozo sin fondo, o nos secuestraran narcotraficantes del cartel de Juarez, o fuéramos abducidos por algún objeto volador no identificado, y claro, perderíamos el avión. Así que no, no íbamos a salir. En cambio, teníamos un lugar de Internet, un libro cada uno, música para escuchar con los auriculares y un bar donde clavarnos algo cada tanto, cuando la ansiedad se tornara insoportable. El tiempo se pasaría lento, pero estaríamos seguros, qué nos podía pasar en un aeropuerto, no???????????????????
Así que, con todos nuestros petates alrededor, nos acomodamos en un par de poltronas, y dimos rienda suelta a la espera interminable.
En algún momento, el hambre se hizo insoportable, y nos metimos en uno de los dos bares que había para comer un bocado. Yo me pedí una ensalada cesar que estaba buenísima, y calavera optó por un sándwich que no lo dejó del todo conforme. Siempre lo digo, no hay nada que hacerle, vayamos a donde vayamos, siempre hago mejores elecciones de menú que calavera, (algunos me intoxican y casi me matan, pero esas son otras cuestiones).
Al caer la tarde, de a poco, el aeropuerto se fue vaciando, los negocios fueron cerrando, y para las 21 hs, no quedaba ni el loro… o mejor dicho, sólo quedaba el de seguridad, nosotros dos y el loro…
Yo solita me había embarcado en la difícil tarea de leer “La Montaña Mágica”, libro que fielmente me acompañó a lo largo de todo el viaje, y que aún hoy conservo en la mesita de luz, con la ilusión de terminarlo algún día, y mientras estaba con toda mi atención sumergida en la lectura, calavera, desde otro plano de la realidad, me comunica que no se sentía bien… quizás el sándwich le había caído mal???
Cerca de las 23 hs, y sabiéndonos dueños absolutos del aeropuerto, nos estiramos sobre las poltronas lo más comodamente que pudimos, y nos dedicamos a intentar hundirnos hasta el fondo en el sueño más profundo.
En eso estaba cuando, después de unos bruscos movimientos hacia un lado y hacia el otro, veo como calavera se levanta corriendo.
Al rato, y más blanco que la sal de Uyuni, volvía después de haber descargado parte de su anatomía en el inodoro del baño. Y así seguiría durante toda la noche…
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