Cuando calavera se fue en búsqueda de agua, sentí que el que acababa de irse en realidad era Indiana Jones, y que no era agua lo que iba a buscar, sino una pócima mágica que me salvara la vida.
Pero por suerte no se trataba ni de Indiana Jones ni era una pócima mágica lo que tenía que traer, porque de haber sido así, el final de esta película no hubiese sido “happy end”.
Resultó que calavera se recorrió toda Copacabana y no encontró nada abierto, ni un kiosquito berreta donde comprar una Villavicencio. Resultó, también, que el dueño o el administrador del hostel no tenía ni una botellita de agua para facilitarnos ni vendernos ni nada, pero le dijo a calavera que tomara agua de la canilla, que era potable. Así que, cuando volvió a la habitación calavera, con las manos vacías y el cuentito del agua potable, (incluso en la página de la Embajada Boliviana aconsejan NO tomar agua corriente), agradecí no estar metida en una película de Indiana Jones, porque sino esta con seguridad hubiese sido “la última cruzada”.
Tenía dos opciones: o morir deshidratada o morir envenenada. Como la primera opción ya la venía probando y no estaba muy a gusto en esta situación, opté por tomar agua de la canilla y rezar… En todo caso, ya estaba intoxicada, evitaría la deshidratación y a lo sumo empeoraría la intoxicación… Ninguna de las dos opciones me seducía realmente, pero no estaba en condiciones de ponerme muy selectiva, y con todo el temor del mundo, le entré al agua de la canilla.
De a poco, muuuuyyyy de a poco comencé a sentirme mejor, pero al baño lo seguí frecuentando con la misma asiduidad… hasta que volví a Buenos Aires!
El resto de la noche pasó, así… pasó…
En algún momento, no se cuándo, me debo de haber quedado dormida. Calavera creo que ya no pudo dormir más.
Bien temprano calavera se levantó y fue a la Agencia donde habíamos contratado la excursión a la Isla del Sol, para explicarles lo sucedido y cancelarla. Obvio, no le devolvieron ni un centavo. Una pena haberse perdido esta excursión, una gran pena…
Cuando me desperté ya era el mediodía. Me sentía mal, incómoda, débil. No quería saber nada con comer, ya no quería volver a probar ni un bocado en tierra Boliviana, esta vez no quedaban dudas de que todo había sido producto del pescado, tanto esta vez como la anterior, y mientras que a calavera, alias “estómago de acero”, no le hizo nada, a mi me dejó KO.
Pero “algo” tenía que comer. Le pedí a calavera barritas de cereal o turrón o galletitas de agua, algo envasado y que considerara que no me iba a hacer mal. No se por qué la panza me pedía turrón, y se me ocurrió que si lo pedía mi panza en ese estado, no me iba a hacer mal, (mi panza no podía equivocarse tanto, no?). Pero no consiguió. En cambio, vino con una bolsa enorme de maíz inflado. Bien por calavera, era algo así lo que quería, y estuve a maíz inflado el resto del día.
Me había pasado todo el día en la cama, leyendo y durmiendo. A las 5 de la tarde, quise salir un poco, a tomar un poco de aire fresco. Así que eso hicimos, salimos a tomar un poco de aire. Aprovechamos para acercarnos otra vez a la agencia de la excursión fallida, por si el remordimiento no había dejado en paz a la señora que nos había atendido y, ahora piadosa, nos devolvía al menos una parte del dinero. Pero el remordimiento no se había presentado por allí. En cambio, nos pidió el papel que contrataba el servicio, supongo que con ese papel en su poder, podía rascar unos mangos más para quedárselos solita sin darle nada a nadie, (como que no había vendido esos lugares, sino que esos lugares quedaron sin vender, y la platita iba limpita a sus bolsillos). Pero se encontró con otra de su tamaño, y con la sonrisa más plena que logre dibujar en todo un día de retortijones, le comuniqué que como no habíamos podido recuperar ni un centavo, acababa de tirar el papelito a la misma basura. Le vi en la mirada una expresión de odio y arrepentimiento mezclado. Lástima, haber hablado con claridad y ella se quedaba con unos mangos y a nosotros nos devolvía otro tanto, lo que es no saber negociar!
Luego fuimos a hablar por teléfono, pero se ve que estaba débil de verdad, porque caminar me costaba un perú, me agitaba y me cansaba mucho, así que prontito emprendimos la vuelta y cuando llegué al hostel me sentía peor que antes.
Esa noche no salimos a cenar. Bien temprano me quedé dormida, y dormí toda la noche como un lirón, no se si estaba agotada, o si entré en coma, pero hasta la mañana siguiente, no volví a abrir un ojo. Claro que, al despertar, lo primero que hice fue correr al baño… y bueno, parecía que iba a seguir así un rato más. Luego ese rato se convertiría en días, pero aún no lo sabía…
Por suerte teníamos planeado dejar Copacabana al día siguiente para emprender el viaje a Cuzco. Sinceramente, después de tantos engorros atravesados, estábamos un tanto hartos, cómo podía ser que todo nos costara tanto?! Sobre todo porque la noche anterior la había pasado realmente mal, había tenido miedo, y si no me mejoraba así no más? Y si no solucionaba nada tomando agua de la canilla? A esta altura ya había sentido miedo mortal por la tercera vez, un poquito demasiado para unas vacaciones de 22 días, no?
Otra vez, Bolivia se nos volvía áspera, otra vez…
Pero listo, al día siguiente, tomábamos el bus para Cuzco, y suponíamos que allí todo sería distinto. Calavera, incluso, había pensado en suspenderlo todo, terminar el viaje allí y sencillamente volvernos a Bs. As. También para él había sido demasiado. Pero yo quería ir a Machupicchu!!!!!!! Calavera ya lo conocía, en el 2007 había estado ahí, pero yo no, y tenía mucha ilusión por conocerlo. Escudándome en mis encantos, (que a esta altura del viaje y en el estado en que me encontraba, había que esforzarse bastante para encontrarlos), logré convencerlo.
Mañana sería otro día. Mañana abandonaríamos tierras bolivianas para adentrarnos en tierras peruanas. Y calavera ya me había dicho que seguramente me encantaría Cuzco. Si, mañana sería otro día…
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