Igual tipo 10 hs. ya no podía dormir más, (no nos habíamos acostado a las mil y quinientas!), y un poco sin querer y mucho queriendo, medio que lo desperté “sin darme cuenta” a calavera, y lo insté para que se levantara. Es que en la habitación, no hay mucho por hacer, y para leer prefería estar sentada frente a una enorme taza de café con leche. Así que, sin presiones de ninguna característica, (je!), lo desperté y le dije: “me voy a desayunar al barcito de siempre, -con qué rapidez generamos rutina, no?-, cuando te quieras levantar, venís”. Y bajé rauda por mi dosis de cafeína! Al rato se me unió calavera con cara larga, -nada que unos panes con manteca no puedan resolver- y yo me pedí otro café con leche para no dejarlo desayunar solo.
Qué bueno no estar apremiados por el tiempo! Qué bueno no tener que correr de un lado a otro para no perdernos de nada! Qué bueno unos días de vacación! Como Coroico mismo es tan lindo, sólo estar ahí y disfrutar del paisaje es la ocupación fundamental. Así que con todo el tiempo del mundo, desayunamos. Una de las cosas que nos habían dicho que podíamos hacer por nuestra cuenta, (también había excursiones para hacer, pero no queríamos saber nada más con hacer excursiones por un tiempo), era ir hasta unas cascadas, aparentemente preciosas, a las que se podía llegar o caminando, (hora y media de caminata por un camino a los pies de la montaña), o en ómnibus. Como no teníamos ningún apuro, nos decidimos por la caminata.
La parejita franco-mexicana nos había mencionado una excursión que habían hecho, de la que habían vuelto llenos de polvo hasta el caracú. Ni bien comenzamos nuestro periplo comprendimos que se trataba del mismo camino que había tomado esta pareja. Es que era un camino de tierra por el que pasaban autos, motos y todo tipo de transporte. Como el resto de Coroico y gran parte de Bolivia, los caminos son angostos, así que si dos coches venían en sentido contrario, uno debía dejar pasar al otro, y también nosotros debíamos corrernos bien hacia uno de los lados para que el auto pasara. Y claro, al pasar los autos, levantaban tremenda polvareda que te llenaba de polvo, pero qué problema teníamos? Por lo demás, estábamos en el medio de la naturaleza, con la montaña de un lado y la inmensidad del otro, y la vista era fantástica.
Con el fatídico pensamiento que me caracteriza, al comenzar esta ida a la cascada, pensé: “estamos solos, si pasa alguien nos puede hacer lo que se le de la gana y quién se entera?” Pero como reconozco mi lado alarmista, y supuse que al ser un paseo que recomiendan hacer, sería absolutamente seguro, enseguida pensé que nada podría pasarnos… Por otra parte, la vista era precioso, así que un lindo paisaje estaría acompañándonos a lo largo de toda la caminata
Como en varias partes de Bolivia, el camino iba en subida, y el sol ahí en lo alto pegaba fuerte. Pero estábamos bien predispuestos y preparados, (con protector solar y botellita de agua), y nadie nos corría, así que si bien por momentos se tornó bastante cansador, era soportable y continuamos. Una vez cumplida esa hora y media de caminata, y un poco más, quizás, llegamos a lo que era la primera del grupo de tres cascadas. Había gente almorzando y niños disfrutando del agua. Nosotros, primero, oímos el agua caer antes de llegar a verla, lo que aceleró nuestro paso por el mismo entusiasmo que provoca llegar a la meta, y cuando finalmente la vimos, no nos arrepentimos de semejante caminata. No era muy grande, pero siempre el sonido del agua es reparador, y la combinación entre agua y montaña siempre garpa. Pero sabíamos que las que nos faltaban por ver prometían mas…
De todos modos, decidimos parar un poco para descansar y almorzar, y ahí no más, en medio de la naturaleza y estirando un repasador que había traído de casa, improvisamos un picnic de lo más agreste. Qué lindo almorzar en el medio de la naturaleza! Qué linda la vida al aire libre. Pero claro, todo tiene sus pro… y sus contras. Al ratito, una jauría de perros callejeros quería participar también de nuestro picnic al natural. Luego de un rato de aburrirnos de echarlos una y otra vez por todos los medios posibles, decidimos levantar campamento y seguir rumbo a las cascadas que aún nos faltaban por conocer. Pero los perros no nos abandonaban, creo que eran 5 ó 6, que nos seguían, se nos cruzaban y nos saltaban encima. Ya nos estaban empezando a poner de mal talante los cuadrúpedos, luego serían nuestros salvadores…
Resultó que mientras íbamos avanzando en estas condiciones, intentando espantar a los perros, un auto que venía en la misma dirección en la que íbamos nosotros, se acerca y comienza a ir a mi par. Calavera iba un poco más adelante, justamente para que el auto que ya habíamos oído que se aproximaba, pudiera pasar sin problemas, pero el auto no pasaba, iba a mi lado y los varios pibes que, copeteados iban adentro, no paraban de decirme cosas. Por suerte, o por esas cosas que la Divinidad ha querido que así sucediera, había un señor y una señora cerca, lugareños sin dudas, y cuando lo llamé a calavera para que notara la situación y le pedí que me esperara, el auto nos pasó y siguió su curso. Pero a mi ya me había quedado la espina clavada…
Avanzamos un poco más, pero de las cascadas ni noticias, y se apoderó de mi la idea de que estos pibes, o bien nos estaban esperando en algún lugar, o bien volverían a buscarnos. Y salvo por algún coche que cada tanto pasaba o por alguna persona con la que de pronto nos cruzábamos, por el resto, estábamos solos en el medio de la nada, indefensos… solos y con unos 5 ó 6 perros que nos venían acompañando desde la primera cascada. Pero llegó un momento en que no me aguanté más, y le dije a calavera que volviéramos: tenía miedo. Primero me dijo algo así como: “no pasa nada”, a lo que respondí con un rosario de improperios y fue lo último que nos dijimos por un rato largo. Yo ya nos veía, como mínimo, atacados por estos y despojados de los pocos mangos que teníamos, camarita y demás, y eso como mínimo, y si eso sucedía, andá a cantarle a Gardel, y cantá fuerte, total nadie te va a escuchar…
Si bien soy alarmista y tremendista, a veces, por desgracia, mis presagios se cumplen. En determinado momento, dos coches se cruzan en sentido opuesto, el que venía en nuestra misma dirección era el auto blanco que nos habíamos cruzado antes. Como ya dije, los pibes estaban re-copete, así que casi pasa cualquier cosa, casi chocan con el otro auto, y se llevó puesto a uno de los perros, que aulló de dolor pero no tan fuerte como el alarido de espanto que pegué yo cuando ví cómo lo golpeaba y sentí el sonido que hizo el cuerpo del animal al ser golpeado por el auto. Supongo que semejante enjambre habrá hecho que estos pibes se asustaran, porque salieron carpiendo, además ya no estábamos solos, íbamos con unos cuantos perros de los cuales a uno lo habían lastimado, y además estaba el otro auto, que debió haber notado que algo no andaba bien, porque no se fue hasta que desapareció el otro auto. Recién ahí calavera comprendió que mi miedo no había sido del todo infundado. Y yo ya estaba un poco más tranquila, suponiendo que éstos se habían asustando y ya no los veríamos aparecer más. De todos modos, no me quedé en paz hasta que llegamos a un pueblito mínimo por el que habíamos pasado, y donde suponíamos que podíamos tomar un bondi que nos llevara otra vez a donde había comenzado nuestra odisea. Por suerte, así fue, y una vez que volvimos a la zona que conocíamos y donde estaba nuestro hostel, recuperé la paz.
Y una montaña de plátanos nos aguardaba en señal de bienvenida.
Ya en el hostel, una ducha que nos saque el polvo y la angustia que habíamos pasado.
Otra vez, áspera Bolivia, en pueblo de ensueños y todo, qué pena…
Pero siempre hay segundas oportunidades para recomponernos, y justo era domingo de Ramos, así que pasamos por la Iglesia de Coroico, preciosa, llena de gente, niñitas vestidas de un blanco inmaculado, y ya nos sentimos un poco mejor. Volvimos al hostel con nuestro ramito bendencido, que guardamos y atesoramos a lo largo del viaje, y hoy descansa en paz en nuestra biblioteca.
Lo que siguió: la merienda, armar el bolso (al día siguiente ya volvímos a La Paz para seguir rumbo a Copacabana, nuestro siguiente destino), y luego salir a cenar unas ricas hamburguesas con papas fritas.
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