Desayunamos en donde siempre, nos despedimos del loro piropeador, y cargados con nuestras mochilas fuimos a la Terminal a tomar el bondi que, camino de la muerte de mediante, nos devolvería no se si la paz, pero al menos a la ciudad con ese nombre.
La espera fue bastante larga, no hay forma de saber con exactitud a qué hora saldrán los micros, ni hay forma de sacar el boleto con anterioridad, hay que ir, sacar el boleto, y esperar que el bondi llegue, luego se llene, y recién ahí salga. Así que si, fue una larga espera…
El camino de vuelta fue un poco menos terrible que el de ida, básicamente porque ya era un malo conocido, (que siempre es mejor que un bueno por conocer), y además porque si bien en la zona de la niebla, siempre hay niebla, esta vez era un poquitito más tenue.
Quiero resaltar, por otra parte, que los lugareños efectivamente conocen el camino como la palma de su mano, y se mueven con tal seguridad, que sin dudas podrían hacerlo con los ojos cerrados, pero no jodamos! Cuando lo veo al chofer que, en medio del camino en la zona de la niebla espesa, para, baja, pasa por un puestito, se compra un sándwich y una coca y vuelve al micro, me pareció demasiado. Pero bueno, está bien, supongamos que el señor tiene hambre, tampoco se va a morir de hambre, no? Pero qué necesidad de manejar en semejante camino con semejante niebla, con una mano porque la otra la tiene ocupada en llevarse el sándwich a la boca???!!! “No, dejá, por nosotros no te preocupes que no tenemos apuro, comé tranquilo y después seguimos”, quería decirle! Pero no, callé, y en su lugar, elevé una oración al Dios de Todos los Seres, para que nos ayude a llegar vivitos y coleando a La Paz, (y no precisamente a los cementerios privados!).
Así, entre oraciones y ruegos y después de 4 hs de viaje! –se hizo mucho más larga la vuelta- llegamos finalmente a La Paz. Pero no terminaba ahí la cosa. La idea, nuevamente, no era quedarnos en La Paz sino seguir hasta Copacabana, así que debíamos tomar un micro, pero antes debíamos ir hasta donde salían los micros para Copacabana que no era el mismo lugar donde nos dejaba el micro que venía de Coroico. Todo así en Bolivia, mucho viaje para todo, todo tarde siempre un montón, todo es complicado…
La cuestión es que le preguntamos al chofer del micro si no nos alcanzaría hasta el lugar de dónde salían los bondis para Copacabana, que dicho sea de paso, salen desde el cementerio (¡?), a cambio de unos mangos, claro, pero no, nos dijo que no. Le preguntamos entonces cómo hacíamos para llegar, y sin ganas nos indicó un lugar, nunca entendimos cuál, a donde ir a tomar, nunca entendimos qué… Aspera Bolivia y hostil La Paz!!!
Preguntando y sin lograr contestación, nos avalanzamos sobre un bondi que pasaba, y le preguntamos si iba hasta el cementerio, con cara de pocos amigos nos contestó que si y nos subimos, como pudimos, armados con todas nuestras cosas. Quizás fuera más fácil tomar taxi, podría pensar cualquiera. Pero justamente es lo que te aconsejan no hacer, por un tema de inseguridad, claro, así que estábamos atados a manejarnos de esta forma, y así de cargados como estábamos, entrar en una de esas camionetitas a las que le ponen asientos hasta en la ventanilla, se complicaba. Claro que uno cuenta con la buena voluntad del resto de los pasajeros, y que si uno pide permiso, de un buen modo se correrán apenas un poquito para que uno pueda pasar, así todo cargado como viene, con una mochila más grande que la persona misma… Y uno se equivoca! Hostil, hostil La Paz, no me gustó su gente! Así como en Coroico eran alegres y en Potosí amables, en La Paz ganó la hostilidad! Pero bueno, fue sólo un lugar de paso…
Una vez en el cementerio, casi nos tuvimos que tirar de la camionetita esa para poder bajar, pero lo logramos. Ahora ir a sacar el ticket para viajar a Copacabana!
Otra vez, había que esperar a que el micro se colmara de gente, hasta que no se vende hasta el último lugar, el micro no sale. Así que ahí estuvimos, un rato subidos al bondi, esperando a que se dignara a partir.
Y mientras, fuimos al baño, compramos un queso muy rico y extraño y sacamos fotos del típico perfil de La Paz, ese monte colmado de casas y edificios tan característico.
Un rato después, comenzábamos el viaje hacia Copacabana.
Cómo se nota cuándo uno está en una gran ciudad y cuando no! El tránsito era una cosa insoportable, íbamos a paso de hormiga, nos costó un triunfo salir de La Paz! Pero una vez que abandonamos La Paz para adentrarnos en la ruta, ya la cosa fue distinta, la marcha se hizo mucho más veloz y entretenida, y el paisaje también cambió considerablemente. Hasta que llegamos al Lago Titicaca, bah, no llegamos al lago, más bien, lo íbamos bordeando. Es enorme! Y precioso! Tiene unos colores! Y el sol, que ya se estaba guardando, lo iluminaba de un modo que lograba una tonalidad especial.
Una vez más, áspera Bolivia nos demostraba que después de todo, siempre aparecía el sol, siempre tenía un as de una belleza singular guardado bajo la manga, una vez más, áspera Bolivia se transformaba en maravillosa Bolivia.
En determinado momento, se para el micro, y nos dicen a todos que bajemos, que debíamos cruzar el Lago en botecito y luego seguir la marcha en bondi. Esto significaba, dejar todo arriba del bondi, y solitos con nuestros cuerpitos, subirnos a un bote de dudosa seguridad, cruzar el Lago, y confiar en que del otro lado, nos encontraría el bondi con nuestras cosas. Había un grupito de chicas inglesas que no quería saber nada con abandonar sus cosas. Pero no tenían/mos alternativa, y eso hicimos, todos, mientras tratábamos de no perder de vista el bondi con nuestros bártulos.
Por suerte, del otro lado, nos reencontramos con el micro, con nuestras cosas, y todos contentos seguimos viaje.
Un ratito después, ya el bondi nos estaba dejando en la plaza principal de Copacabana. Ya era noche tarde, hacía frío, estábamos cansados y teníamos hambre. Así que al primero que vino a ofrecernos un hostel más o menos en precio, le dijimos que si, y lo seguimos hasta el lugar. Como vimos que era más o menos decente, dimos por terminada la búsqueda, y nos quedamos ahí.
No tardamos ni 5 minutos, que ya estábamos afuera, famélicos, buscando un lugar para comer. Caminamos unas pocas cuadras, y vimos que otra vez había barullo de grupo musical. Nos quedamos un ratito, pero no era como Los Olvidados, no estaban tan copados, y nuestros estómagos ya estaban aullando por dentro. Así que pasamos por un lugar que más o menos nos gustó, y entramos.
Para nuestra sorpresa, descubrimos que tenían cerveza negra, así que nos pedimos una, para probar, y resultó riquísima. Luego descubriríamos que todo en el menú parecía exquisito. Nos pedimos trucha, (todo el mundo diche: si vas a Copacabana, comé trucha!), que vino con arroz y ensalada y papas y estaba buenísima.
Un rato después, ya estábamos en la cama dispuestos a partirla en dos.
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