Pero la cuestión es que es una ciudad muy religiosa y de mucho valor histórico, además ya que, más allá de la Isla del Sol, hay otros lugares donde los incas solían practicar sus rituales religiosos, ofrendas, sacrificios y a recorrer esos puntos dedicamos el día de hoy.
Los tres puntos más importantes son El Calvario, La Horca del Inca y La Piedra del Sol.
Si bien son tres puntos de gran valor histórico y por ende turístico, una de las grandes –a mi gusto- fallas que tiene Bolivia es que justamente no te facilita nada. Vuelvo a lo de siempre, no está preparada para el turista, así que aquello que podría recorrerse en una tarde y con toda la comodidad de un city tour y el valor agregado de la información que pudiera brindar un guía, se complica porque ni siquiera saben indicar con exactitud dónde queda cada lugar.
Desde la playita, se veía claramente dónde estaba El Calvario, y como no había otra forma de llegar más que subiendo la montaña en cuya cima se encontraba el lugar, y estábamos de acuerdo en visitar El Calvario pero no en vivirlo, decidimos conformarnos con la foto que podíamos sacar desde la playita.
El otro punto que nos llamaba la atención y nos interesaba conocer era La Horca del Inca. Quedaba también en la cima de una montaña a la que se accedía una vez que se recorría un camino en subida –siempre en subida!- durante 40 minutos aproximadamente. Ahí, te encontrabas con un señor cuya misión era quedarse ahí paradito, con un talonario, vendiendo los ticket de “entrada” por unos módicos 10 bls. Una vez abonado el ticket, sólo restaba trepar las escalinatas montañesas hasta llegar a La Horca. Dicho periplo se hace largo, eterno… Uno que ya tuvo bastante con los 40 minutitos en subida ahora le queda una escalinata interminable! Y con el sol, que prepotente, nos calentaba la cabeza. Luego de varias paradas en el camino a recuperar aire, luego de que creíamos que el inca nos vencería y no llegaríamos jamás a destino, finalmente vislumbramos la horca. Y sacamos, claro, las fotos de rigor, más alguna que otra donde hacía de inca ahorcadita… Desde ahí, la vista es preciosa. Lástima que sería lo último que vería el Inca, no?
Como no había nadie, el silencio era completo y la vista suprema, armamos nuestro mini-picnic ahí, y tuvimos nuestro almuerzo en medio de la naturaleza, qué lindo!
Luego bajamos por las mismas escaleritas por las que habíamos subido, pero ya bajar es otra cosa…
Lo próximo era conocer La Piedra del Sol. Llegar se nos hizo bastante difícil, ya que a quién le preguntábamos, o no sabía de qué le hablábamos o nos mandaba a cualquier parte. Pero preguntando se llega a Roma, y en nuestro caso, a La Piedra del Sol.
Sabíamos, por algo que habíamos leído, que era un lugar donde se hacían ofrendas y sacrificios, pero no pudimos averiguar mucho más. Cuando llegamos, nos encontramos con un lugar cercado por un alambrado cuya puerta tenía una especie de candado. Pero como el candado estaba abierto, pudimos entrar, y más o menos adivinar qué era cada cosa, y por fotos de referencia, distinguir a la que, entre todas, era la Piedra del Sol, (había otras supuestamente para sacrificios “menores”).
No podía dejar de pensar en que ese lugar, un poco más urbanizado, quizás con un bañito en la entrada, donde se cobrara para usarlo, por supuesto, y una mini “casilla” donde alguien cobrase una entrada al lugar histórico. Todo además, un poco mejor conservado, con el pasto cortado, quizás incluso algún puestito que vendiera merchandising, qué se yo, la remera del inca, llaveritos de la Piedra del Sol, guías con los recorridos y un detalle histórico de cada uno… Lo típico que sucede en todo el mundo. Si uno va a la Catedral de Notre Dame de Paris y puede pasar, antes de salir de la misma, por un local donde te venden de todo, por qué no salir de Nuestra Señora de Copacabana con un rosario bendecido??? Pero no, ni siquiera te dejan sacar fotos dentro de la iglesia… Qué se yo, es una opinión, no más, que me parece que al turista le facilita las cosas y que el Boliviano se vería sumamente beneficiado si aprovechara un poco más las opciones turísticas con las que cuenta. Obvio que lo agreste y a la que te criaste también tiene su atractivo, sin dudas, pero con los tiempos que corren, qué se yo, una ayudita de unos dinerillos extras no creo que le vinieran nada mal a la República de Bolivia… bueno, se la tiro al ministro de turismo…
Así las cosas, y después de caminar mucho, (siempre en subida!), volvimos a lo que era el centro y seguimos recorriendo por ahí.
A la noche, fuimos a cenar al mismo bolichito al que habíamos ido la primera noche, y que tanto nos había gustado. Yo me pedí unas pastas a la salsa blanca de trucha, que venía con una trucha entera. No tenía tanta hambre, y durante el día no me había sentido del todo bien, así que comí las pastas, pero la trucha, entera, se la comió calavera.
Cuando volvimos al hostel comenzaría lo que creí que podía ser la última noche del resto de mi vida.
Comencé a sentirme no del todo bien, incluso antes de salir a cenar. Pero al volver al hostel, ya me sentía pésimo. Lo malo fue esperar a estar mejor, porque eso nunca sucedió. Comencé a ir al baño con la misma regularidad de quién acaba de ser sometido a una terapia de enema. Así mi situación, para las 12 de la noche, estaba que no daba más, transpirando y tiritando al mismo tiempo. Calavera, no se cómo, se había dormido, pero se ve que mis movimientos en convulsión eran aún peor que los de la otra noche, y cerca de la 1 calavera se despertó. Debe haber visto en mi la cara del espanto, porque saltó de la cama y con un hilo de voz me preguntó qué me pasaba. Yo sólo pude articular la siguiente frase: “necesito agua ya”. Claro! De tantas veces que había ido al baño, ya sentía claramente que me estaba deshidratando, tenía necesidad de agua. Calavera se vistió rapidísimo y salió en busca de agua, vino, una cantimplora o lo que fuese, pero yo necesitaba líquido! Comencé a pensar en si pasaría esa noche o no…
No hay comentarios:
Publicar un comentario