Es verdad, ya eran las 5.30, y se suponía que a esa hora debíamos estar partiendo, así que si, era tarde, (aún no se tarde para qué, pero por los gritos de Miguel era tardísimo!). Supuestamente, debían habernos despertado a las 4.30 hs., para que tuviéramos tiempo de vestirnos minimamente, guardar todo y tomar un desayuno, algo calentito, estábamos en medio del desierto! hacía un fresquete que te la regalo! Pero no nos levantaron a las 4.30, nos levantó Miguel, cuando llegó, a las 5.30, furioso! UFFF!!! Qué feo empezar el día tan temprano y a los gritos pelados… y sin desayunar!
Y por más velocidad que quisiéramos imprimirle a nuestros movimientos, recordemos que no había luz, así que nada ayudaba…
Cuando, en el medio del alboroto, fui capaz de abrir un ojo, sin abrir el segundo, me levanté con sepillo de dientes en mano y fui al baño a lavarme, pero no se qué hice que perdí el sepillo de dientes por ahí, bah, se me cayó, y como no se veía nada, era lo mismo que perderlo. De todos modos, una vez en el piso, ya nunca más lo volvería a usar. Por suerte se me cayó una vez que lo había utilizado! Y bueno, un sepillo menos…
La cosa es que uno intenta apurarse, y así las cosas salen mal, ya lo decía Napoleón: “vísteme despacio, que estoy apurado” Ja!
Ya sin sepillo pero con mis dientes limpísimos, fui a recoger todas mis cosas, tenía que guardar la bolsa de dormir y alguna otra cosilla que había utilizado hasta último momento y había quedado fuera de la mochila, y debía hacer todo esto en la oscuridad, y con un humor!
Es decir: es muy temprano, tengo sueño, tengo frío, no veo nada, no se ni qué estoy guardando ni qué me falta por guardar, me están apurando a la mañana y es lo peor que me pueden hacer… sin desayunar no iba a ir a ninguna parte, se entiende, no? Por más gritos pelados que anden dando todos por ahí…
Así que desayuné, yo y todos, rapidito, sin sentarnos casi, pero me tomé mi dosis de cafeína calentita que necesito para arrancar el día.
Y tipo 6, tardísimooo!!! aparentemente, partimos en la van con rumbo desconocido…
Cuando el mal humor matinal de Miguel se calmó, nos informó que nos estábamos dirigiendo a los geisers. Como Miguel no era un gran guía, y claramente prefería el silencio a tener una conversación con nosotros, nunca supimos con claridad qué eran los geisers, pero puedo contar lo que vi. Llegamos a un lugar de esos de paisaje medio lunar, árido, rocoso, sin vegetación, y que tenía la característica de tener como agujeros en la tierra de los que salía humo. Si te acercabas, podías ver agua dentro de esos agujeros, agua hirviendo, mientras que afuera los gorros, los sacos, los guantes y bufandas no nos alcanzaban para apalear el frío. Tampoco podíamos acercarnos demasiado, aunque la tentación era inmensa, porque bien cerquita de esos agujeros, el suelo era bastante inestable, y no sólo podías resbalar y caer, sino también quemarte. Así que no se muy bien qué son los geisers, pero fue fantástico estar ahí, algo nunca visto por mi antes, ni sabía que existía una cosa así. Y estábamos nada más ni nada menos que a 4970 mts. de altura!!! Eso es alto, no?
Admirando todo el paisaje estuvimos un rato considerable, primero sacando fotos, filmando con la camarita, y luego, sólo callados y absorbiendo la inmensidad.
Hasta llegar a los Geisers, desde el refugio donde habíamos pasado la noche teníamos un buen tramo para recorrer. Durante el trayecto, nos topamos con yamas, con paisaje lunar, con montañas, con arroyuelos que de pronto aparecían vaya uno a saber de dónde, y con el volcán Ollagüe, que aún hoy está activo y puede verse salir humo de su chimenea. Precioso, un recorrido precioso!
Pero ya habíamos contemplado los Geisers y ahora debíamos continuar el viaje, no nos olvidemos de que estábamos “atrasadísimos”!
Lo siguiente fueron las aguas termales. Sinceramente, toda la excursión fue una gran maravilla y uno no dejaba de sorprenderse con lo que veía, “aguas termales en el medio del desierto?” Pues si, aguas termales en el medio del desierto, Aguas Termales Polkes, para ser más precisos. Esa fue nuestra siguiente parada, por si a alguien le daban ganas de pegarse un bañito en las aguas. Con el frío que hacía, el sólo hecho de pensar en sacarme algo del abrigo que tenía, me daba escalofríos, pero no todos pensaban igual, y hacia allí fueron Sam, Melany y Less. Mientras que ellos desde dentro de las aguas nos invitaban a que nos metiéramos, contándonos la linda temperatura que tenían, nosotros, desde afuera, les indicábamos con señas los locos que creíamos que estaban… Pero la verdad, es que se los veía disfrutar, y cuando salieron, una aureola de humito los cubría alrededor como si los protegiera del frío mientras volvían a cambiarse…
Cuando los nuevos relajados habían acabado con su baño termal y ya habían vuelto a vestirse, todos otra vez a la van y a seguir rumbo.
Como estábamos apuradísimos, (de verdad, todavía no entiendo por qué tanto apuro), no pudimos parar, ni bajar, ni sacar fotos ni nada, pero pasamos por un lugar que se llama El Desierto de Dalí, que es un lugar montañoso, como tantos otros que ya habíamos visto, pero que tiene la particularidad de parecerse muchísimo a una pintura de Dali, esa de los relojes chorreando. Si, ya se, difícil de imaginar, no? Difícil de creer, quizás… Pero cierto, lástima no tener una foto, porque además de todo, era de una belleza sin igual…
Y seguimos camino…
Desde antes de comenzar la excursión nos venían hablando de la Laguna Colorada y la Laguna Verde. Ya el día anterior tuvimos la oportunidad de maravillarnos con la Laguna Colorada, pero ni noticias de la Laguna Verde. Ahora había llegado finalmente su turno. También depende mucho de la marea, cuanto más movimiento haya, más verde se verá. Y si bien también es muy linda, y grande, y hay flamencos, lamentablemente se está secando. De todos modos, es increíble, todavía no entiendo, cómo una laguna en el medio del desierto???
Nuestros compañeros de travesía australianos, Melany y Sam, nos abandonaban, ellos no iban a volver con nosotros a Uyuni, porque seguían rumbo a Chile, así que hacía allí nos dirigimos para dejarlos donde debían empalmar con otro transporte para seguir viaje. Y nosotros tuvimos la yapita de llegarnos hasta la frontera con Chile, qué se yo, una cosa más, inesperada…
Lo siguiente, el almuerzo. Llegamos a un pueblito perdido, de esos en donde uno no puede creer que viva alguien. Y allí paramos en lo que parecía ser otro especie de refugio. Algo no andaba del todo bien con la van, así que mientras comíamos, (atún con quenia y tomates), Miguel intentaba arreglar el desperfecto. Y yo, con la capacidad de ver la catástrofe siempre, comencé a pensar que posiblemente ese día no llegáramos a destino…
Después de almorzar, después de que almorzara Miguel también, y ya con la van en condiciones, (al menos eso esperábamos todos), emprendimos la vuelta a Uyuni, ya la excursión había llegado a su fin, ahora sólo quedaba retornar…
Y seguir contemplando ese paisaje desértico lunar que cada tanto que maravillaba con cosas así…
Sabíamos que teníamos muchas horas de viaje por delante, aunque no imaginábamos cuantas! Y se hizo duro, tuvimos que parar varias veces por la camioneta, y cada vez pensé que ahí mismo deberíamos pasar la noche, pero no, por suerte, siempre tiraba un cachito más…
Llegamos a Uyuni a las 18.40 hs. agotados, exhaustos, sucios, y todavía teníamos un largo viaje por delante.
Como en Uyuni no hay nada para hacer, ni es un lugar demasiado lindo como para quedarse, y como en estos viajes el tiempo siempre es corto, cuando contratamos la excursión, también compramos un boleto de ómnibus, (clase turística, coche cama, con cena incluída y azafata haciendo juego, algo bastante mejor de lo que nos tenía acostumbrados Bolivia), que partía esa misma noche, a las 20 hs. con rumbo a La Paz, otras 12 horitas de viaje! Pero bueno, había que hacerlo así, si bien fue muy cansador, sigo pensando que fue la mejor opción, nos ahorramos la noche de hostel en Uyuni, y ganamos un día. Eso si, estábamos triturados, pero contábamos con eso para dormir durante todo el viaje…
Así que llegamos a la agencia, tomamos nuestras cosas que por suerte continuaban allí, y nos fuimos a tomar el bondi. Un rato después de las 20 hs. el micro había partido con destino a La Paz. Arriba del micro nuestro azafato, simpático y servicial nos sirvió la cena, (unos fideos bastante ricos, con queso y todo), y después de engullirlos intenté leer un poco, pero enseguida quedé frita. Teníamos un largo camino por delante aún!
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