domingo, 13 de junio de 2010

La consigna, la misma que la de los días anteriores: madrugar! Y si, había que levantarse temprano una vez más, pero esta vez, el objetivo era comenzar la excursión!!!

Habíamos quedado con la “agencia”, -por llamar de algún modo a ese reducto donde contratamos la excursión-, que nos pasaban a buscar por el hostel. Así que bien temprano nos levantamos para organizar todo el equipaje. Como no podíamos llevar todo con nosotros, (ya nos habían dicho que lleváramos lo mínimo indispensable para estos 3 días de excursión), debíamos organizar todo en una mochila pequeña y distribuir el resto en las mochilas grandes que dejaríamos en la “agencia” hasta nuestro regreso. Y eso hicimos, de un modo tan organizado y expedito que a nosotros mismos nos sorprendió! Y tuvimos tiempo de ir a desayunar y todo.

Llegó la hora señalada, y ahí estábamos, calavera y yo, en la puerta del hostel, con todo embalado y deseosos de comenzar la epopeya por las sales de Uyuni!!!

Y llegó la hora señalada, la hora señalada y 15 minutos, y la hora señalada y 30 minutos… Y comenzamos a dudar de todo: pero nos pasaban a buscar o teníamos que ir para la agencia? pero era a las 10 o más tarde? o sería más temprano? se habrán ido sin nosotros? che, no nos habrán cagado, no?

Por suerte, cuando ya nos estábamos comenzando a impacientar más de lo conveniente para unas vacaciones, una “van”, (es una camionetita de esas que tiene 3 filas de asientos), finalmente nos pasó a buscar.

De allí, directamente a la agencia donde tuvimos que seguir esperando otro rato más hasta que llegara la “van” con el resto de los pasajeros que serían nuestros compañeros de excursión. Y esperamos un rato…

Pero todo pasa, y el tiempo de espera llegó a su fin, y llegó la van con nuestros compañeros de viaje.

En total, éramos 7: Miguel, nuestro guía y chofer, Vinicius, un brasileño que viajaba solo, Less, un inglés de Manchester –al que nada le importaba el football- que también viajaba solo –hacía 5 meses que venía viajando!- y una parejita de australianos, Melany y Sam, que como se habían mudado de Sydney a Melbourne, habían renunciado a sus trabajos y antes de comenzar su nueva vida en la nueva ciudad, habían emprendido este viaje de 6 meses! Encontrándose, al momento de la excursión, por la semana 3.

Le dimos nuestros bártulos a Miguel, (el resto de las cosas las dejamos en la agencia, detrás de un biombo, donde fueron apiladas junto con las cosas de otros tantos viajeros en excursión, y de las que nos despedimos con la sana convicción de que las volveríamos a ver, o con la sana inconciencia de ese que está en medio de un viaje y no le queda más que confiar), que con una maestría envidiable las amarró al techo de la van, junto con las cosas del resto de nuestros compañeros de viaje, nos subimos a la mini-camionetita y tímidamente nos presentamos al resto de los viajeros.

Así, calladamente, timidamente, comenzamos el viaje. Pero como calavera de callado tiene poco y de tímido menos, pronto comenzó a hacer bunas migas con el brasileño, primero hablando de football, (de qué más sino??? jogo bonito!), y luego la charla fue derivando por temas de los más diversos. Por su parte, la parejita de australianos estaban de gran charla con el inglés, lógico! compartían idioma! Y mientras, yo, iba calladita mirando el paisaje y prestando atención a lo poco, (poquísimo a lo largo de tooodooo el viaje), que nos comentaba Miguel…

Avisados: la primera parada sería el cementerio de trenes. Y hacia allí nos dirigíamos. No habría pasado demasiado tiempo desde que abandonamos la agencia, que ya nos encontrábamos en nuestra primera parada.



El cementerio de trenes consistía, nada más ni nada menos, que en un descampado donde había cadáveres de viejos trenes, vagones y locomotoras en desuso y muchos, muchos turistas por todas partes, de todas las razas y colores, sacando fotos a lo loco!.

También pasa por ahí una vía, lógicamente en desuso, pensamos todos, pero no, está en uso, es una vía que goza de perfecta salud y por el que pasa el tren que viene desde Tupiza, (viaje que nos habían recomendado hacer, pero que a causa de muertito en bondi y complicación total, preferimos evitar), y que llega nada más ni nada menos que hasta Chile!!!



La verdad es que en esta parada no hay demasiado para ver, no son más que unos cuantos trenes ahí tirados, pero qué se yo, tiene algo, es lindo, es al menos, pintoresco, y todas las leyendas que tienen a modo de graffiti esos trenes en su esqueleto también lo son. Y además es una parada obligatoria para, por lo menos, sacar unas cuantas fotos, de los trenes, con los trenes arriba de los trenes… y en eso estaba yo cuando PUM! Al piso, y casi me mato. Le dije a calavera, me voy a subir ahí, (y le señalé el techo de uno de los vagones), sacame una foto… Me gustaba ese en particular, porque en su carcaza tenía una leyenda que me gustaba: “LA VIDA ES ASÍ” Así que subí al vagón para luego treparme al techo del mismo. No se si por un momento me creí una acróbata china o si escuché que uno de los creadores del cirque du soleil estaba disfrutando también de la excursión, y pensé que quizás me contrataría, la cosa es que en el intento de trepar al techo, lejos de ir hacia arriba me fui de cabeza hacia abajo! Me di un golpazo tremendo, me raspé toda la pierna en un rayón interminable que al día de hoy me dura, y claro, sentí un dolor profundo, no tanto en la pierna como si en el ego… Algo raro presintió calavera, porque desde afuera escucho un tímido, “estás bien?” que no tiene que ver más que con un PUM que escuchó y un AY mío que no pudo no haber escuchado él y el resto de los 300 turistas que andaban en ese momento montando vagones y sacando fotos… Pero como el orgullo está ante todo, le dije que no había sido nada, “un raspón no más, mejor sacame la foto desde acá”, a lo que, al ver el “raspón”, respondió con un muy expresivo: “UY! TE HICISTE MIERDA”, pero obediente, sacó la foto, (y en la foto sonrío, eh!!!!!!! que conste!!!!!!!).

Finalmente me bajé del vagón a cuyo techo jamás accedí, y ahí vino la pregunta, esa que calavera nunca tendría que haber hecho: “vos te diste la antitetánica, no?” Me arruinó el viaje. A lo largo de los tres días que nos quedaban por delante de excursión, (en medio del desierto, dicho sea de paso), no hice otra cosa más que pensar en que una gangrena galopante iba subiendo por mi pierna, infectando y matando todo a su paso hasta terminar con mi vida, claro está… Pero bueno, ASI ES LA VIDA, no???



No se si, como dice el dicho, el show debe continuar, pero la excursión si debía continuar, así que todos volvimos a la “van” para continuar viaje. Mientras todos iban apreciando el paisaje o chapuceando entre un cocoliche de idiomas alguna conversación, yo iba callada, ensimismada pensando en cómo de a poco la vida iba desprendiéndose de mi cuerpo a fuerza de infección asegurada… En esto estaban mis pensamientos cuando, tras una nueva parada, Miguel nos informa que debíamos bajar. Habíamos llegado a Colchame, el pueblo que se encuentra justo antes de ingresar en el salar, y donde se lleva a cabo todo el proceso de la sal. Ahí un lugareño nos indicó en qué consistía todo el proceso de la sal hasta que es embolsada para su venta, pero también nos contó que sólo es utilizada para consumo interno, ya que cerquita, en Cochabamba hay otro salar, y también los hay en Argentina, por lo que no se puede ni exportar ni comercializar en otras ciudades por contar con igual capacidad de producción, así que luego de la explicación, a voluntad, esperaba algún tipo de recompensa por su explicación, deseo otorgado por todos nosotros que metimos mano en nuestras arcas, claro!

Luego visitamos un museo de sal con figuras todas hechas de sal, pero no podía quitar de mi mente el pensamiento de estar muriendo de a poco… Por suerte, dentro del museo, había un local de venta de artesanías, donde compramos 2 gorritos y un par de guantes para mi, (preciosos! divinos guantes!), que surtieron el efecto de un remedio contra la infección… o mejor dicho, contra los pensamientos infecciosos! Inmediatamente, con mis guantes y mi gorrito puesto, pude comenzar a ver todo de otra manera. Al final de cuentas, a mi me parecía que había sido sólo un raspón… un raspón grande, es cierto, que se me hinchó y me dura hasta el día de la fecha, pero un raspón al fin! Y en todo caso, de tratarse de algo más grave, tampoco había nada que pudiera hacer, así que decidí que el tiempo que me quedara de excursión, (o de vida, lo que acabara primero), iba a pasarlo del mejor modo posible, y con una sonrisa! Así que de ahí en más, sonrisa mediante, me saqué fotos con todas las figuras de sal, y seguimos el camino, ahora si, al salar!



Un rato más subidos a la van y finalmente, la maravilla!!! Cómo explicar lo que es el salar??? Una superficie enorme, (dicen que es el salar más grande que existe), toda blanca, toda de sal. El día estaba precioso, absolutamente despejado, el cielo celeste sobre nosotros se fundía en el horizonte con el blanco de la sal, de modo tal que era imposible pretender tener los ojos abiertos sin tener los lentes de sol puestos. Es muy parecido al paisaje de la nieve, tanto es así, que si uno no sabe que es sal, puede perfectamente creer que se trata de hielo. Bajamos, nos sacamos fotos, tomamos pedazos de sal e hicimos monerías de las más variadas, y la cantidad de fotos que nos sacamos es un número vergonzoso de revelar…




Una vez que hicimos cuanta pirueta y monería quisimos sobre la sal, y nos sacamos las fotos más variadas, Miguel nos llamó para continuar con el viaje. Un rato más andando sobre la sal y llegamos a la Isla del Pescado. Se llama así porque, según nos dijeron, vista desde arriba, tiene la forma de un pez. Pero la isla en si consiste en un pedazo de tierra, dentro del salar, COMPLETAMENTE LLENA DE CACTUS! Hay cactus por todas partes, y de todos los tamaños, hay, incluso, cactus que ya han pasado a mejor vida, con su correspondiente certificado de defunción, claro!




La consigna, entonces, era: “tienen 40 minutos para pasear, y luego almorzamos” Estas fueron las indicaciones de Miguel, que se quedaría cerca de la van preparando el almuerzo mientras nosotros nos íbamos a recorrer la isla.

Si la cantidad de fotos que nos habíamos sacado en el salar es vergonzosa, entonces no se me ocurre adjetivo para la cantidad que nos sacamos en la isla, de los cactus, entre los cactus, cactus y más cactus por doquier. Y de fondo, el blanco del salar… Precioso, un lugar hermoso, calavera y yo estábamos maravillados, fascinados, contentos con estar haciendo esta excursión, y ya mi gangrena había quedado casi en el olvido…



Cuando se cumplieron los 40 minutos, retornamos al punto de reunión, donde nos esperaba Miguel con el almuerzo listo. En qué consistía el menú: en unos bifes de llama con quinua y ensalada. De postre, banana, y para tomar, agua y coca, otra maravilla! Cómo se las arregló para cocinar ahí, es un misterio que aún no hemos podido resolver, pero en ese momento, y con la boca llena de degustar manjares, tampoco tuvimos la oportunidad de preguntar.

Después del almuerzo, y mientras Miguel levantaba todo, una caminata digestiva debajo del sol calentito por el salar y unas cuantas fotos más…

El primer día de excursión estaba llegando a su fin, y había alcanzado a cubrir más que exitosamente las expectativas!

Pero aún nos quedaba un largo trecho más, todo blanco y celeste hasta que el salar llegara a su fin y luego otro tanto por el desierto hasta llegar al alojamiento. Todo el paisaje, todo lo que se veía a un lado y al otro era de una perfección asombrosa. No se si por lo admirados que estábamos todos contemplando el paisaje o porque a esa altura ya estábamos bastante cansados, la cuestión es que dentro de la van no volaba una mosca, no se oía ni un sonido…

Finalmente, luego de un buen rato de andar entre la maravillosa naturaleza del lugar, llegamos al alojamiento, que consistía en un lugar sencillo pero limpio. Las habitaciones eran dobles, así que sólo la compartí con calavera, lo que siempre es mejor que tener que compartirla entre varios, y si bien, salvo las 2 camas no contaba con nada más, era lo justo y necesario para pasar una noche. El comedor quedaba afuera, así que tuvimos que tomar coraje para salir del alojamiento a la hora de cenar, pero una vez dentro del comedor, también estaba calentito. Nos sentamos en la mesa donde estaban los de nuestro grupo, y comenzamos, tímidamente, a charlar. Poco a poco fuimos ganando confianza y al rato ya éramos como chanchos. Todos mis esfuerzos juveniles por aprender la lengua inglesa finalmente parecían dar sus frutos, así que me transformé en una especie de traductora oficial del grupo. Calavera, debo decirlo, maravillado con mi dominio del idioma anglosajón, ja! Un rato de cháchara y luego el silencio que indica que la comida está rica. La cena estaba riquísima: pollo con papas y bananas fritas. De postre, otra vez fruta que era siempre riquísima, y luego, para los que quisieran, había te o café calentitos! Un manjar!

Nos había dicho que en estos 3 días de excursión, no habría posibilidad de bañarse con agua caliente, lo que es igual, -al menos en mi caso-, a no bañarse. Pero averiguamos y, pagando 5 bolivianos se accedía al agua caliente! Así que hasta pudimos bañarnos y todo!

Ahora si, ya comidos, ya bañados, dispuestos a irnos a dormir, el primer día de excursión había llegado a su fin. La habíamos pasado súper bien, los lugares conocidos nos habían parecido hermosísimos, y sabíamos que esto era sólo el comienzo, aún nos faltaba mucha excursión más por delante.

A esta altura, por suerte, los efectos de la gangrena, de existir realmente, ya no me importaban en lo absoluto. Estaba cansada, limpia y con panza llena, la sensación de felicidad era plena. Ahora había que dormir y recuperar fuerzas, mañana había que seguir con tutti!!!


Ahí la foto de un personaje extraño con que nos encontramos en el camino…

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