Es raro lo que ocurre cuando uno está de viaje, todo se vuelve extremo, todo es vivido con una pasión desmesurada. Uno establece vínculos del estilo “para toda la vida” con gente a la que acaba de conocer, y a la hora de despedirse, aunque se pronuncie un “hasta luego”, internamente todos sabemos que es un “hasta nunca”. Y en cierta forma, está bien que así sea. Y lo mismo ocurre a nivel “patriotismo”, por llamarlo de algún modo. Cuando te tratan bien, “son las personas más amables del mundo”. Cuando te tratan mal, uno lo sufre, lo padece, y se vuelve el ser más patriota que existe, con frases del estilo: “Esto en casa/Argentina/Buenos Aires, no te pasa”. Bueno, yo creo que todas las mañanas nos pasaba un poco eso: “Ah sos gringuito, vos, te gusta andar invadiendo a la gente, a vos… vas a desayunar si sos Mandrake” Quizás parezca exagerado, (bueno, quizás no, más bien lo digo con certeza, ES exagerado, pero bueno, cuando uno está de viaje todo cobra otra dimensión, una dimensión exagerada…
Pero bueno, todo termina al fin, y una vez pipones y satisfechos, nos levantamos de la mesa, (acto seguido de una bandada de altos rubios que se abalanzaron sobre nuestros asientos, sin mediar el famoso “mujeres y niños primero”), y fuimos a la habitación a buscar nuestras cosas. Pedimos un taxi y nos subimos con destino al lugar de dónde salían los bondis para Uyuni, que estaba bien lejos de ser una Terminal de Ómnibus…
El micro, por llamarlo de alguna forma, consistía en una especie de catramina bastante vieja y destartalada, (gracias que tenía los asientos bien pegados al piso del micro!). Las valijas iban atadas en el techo, y cubiertas por una lona para que no se les pegue todo el polvo del camino.
Subir las valijas al techo ya era toda una experiencia. Uno de los conductores se subia al techo, (a trapada pura, eh! ninguna escalera ni nada por el estilo!), y desde abajo había que tirarle, -si, si, tirarle!- las valijas que él atajaba y ataba con sogas al techo. Yo estaba con calavera, así que quién lanzó las valijas fue él, (si a veces pesa muchísimo y uno ni puede cargarse solo la mochila a los hombros, cómo podría levantarla por sobre la cabeza y aún tener fuerzas suficientes como para tirarla más allá, no?), pero había señoras o viejitas que viajaban solas, y que de no ser por calavera, no se cómo hubiesen podido lanzar sus bártulos al techo del micro. Pero bueno, detalles… Lo importante es que todo el maletaje fue amarrado con éxito al techo del micro, (che, ni una propina para calavera!), y así emprendimos el viaje.
Nos esperaban 10 largas horas de recorrido hasta llegar a Uyuni. Como siempre, cualquier queja puede ser escuchada… y empeorada! Ya en el viaje de Villazón a Potosí nos quejamos del frío, del chiflete que entraba por la ventanilla sin vidrio que estaba sobre nosotros. Bueno, pues ahora nos pasaríamos 10 horas quejándonos del calor… Y si, Bolivia es así: para todos los gustos. Resulta que esta vez el viaje arrancaba a la mañana, a las 11, así que nos bancamos todas las horitas de sol directo sobre el bondi, calentando techo, asientos y pisos, y con ventanillas que no podían abrirse, (por si algún desorientado pregunta: no, no había aire acondicionado). Así que así fue no más, 10 horitas a pleno rayo de sol y con ventanillas que no pueden abrirse, una pinturita!
A pesar del calor que te achicharraba las crenchas, el paisaje era maravilloso. Los caminos no, claro está, pero ese paisaje entre montañas, con colores de los más diversos, y cada tanto, alguna llamita pastando, era fabuloso, inmenso.
Alrededor de las 12.30 hs. paramos a almorzar. Era temprano, hacía poco que habíamos comenzado el viaje y no hacía demasiado más que habíamos terminado de desayunar copiosamente, así que no teníamos hambre como para almorzar. Menos mal!!! Porque la parada fue en un pueblo fantasma, donde había algo parecido a un restaurante que evidentemente ya nos estaba esperando, y tenía preparadas para almorzar muchas raciones de SOPA. Si, sólo eso había para comer y de hecho fue lo que todos en el lugar estaban comiendo, sopa. A mi me encanta la sopa, eh! Pero el clima estaba más para clavarse un helado que otra cosa… Pero bueno, aprovechamos para recorrer la cuadra y media del pueblo, estirar las piernas, caminar un poco y sacar muchas fotos!
Cuando los comensales del lugar acabaron con su ración de sopa, continuamos el viaje hacia Uyuni. Siempre, por supuesto, acompañados del calor agobiante y la cumbia boliviana a todo volumen.
Cerca del anochecer llegamos a Uyuni. El pueblo no es gran cosa, pero desde ahí se sale para la excursión al salar, uno de los lugares maravillosos con los que cuenta Bolivia, así que hay bastante turismo y bastantes lugares donde comer o tomar algo.
Lo primero fue conseguir hostel. Yo tenía el dato del hostel donde había parado una amiga, que me había pasado un muy buen precio, y hacia allí fuimos. Claro que todo tiene un precio, y si es bajo, seguramente sea porque no vale más. Conclusión: el hostel era espantoso! Sin baño privado, pero al menos en la habitación si estábamos solos. De todos modos no pensábamos pasar más que una noche en el lugar, así que hicimos de tripas corazón y nos conformamos con ese lugar. Lo que queríamos era dejar los bártulos rápido y salir a recorrer el lugar y ver la posibilidad de contratar la excursión de 3 días por el salar y el desierto de Uyuni para el día siguiente.
Y eso hicimos, dejamos todo tirado en la habitación, y fuimos a recorrer un poco el pueblo. Primero entramos en el lugar de excursiones más cercano al hostel, (al lado, exactamente). Cabe aclarar que lo único que hay para hacer en Uyuni es la excursión al salar y al desierto, así que cada 5 pasos uno se topa con uno de estos lugares que ofrecen la excursión, exactamente la misma cada vez…
Es difícil optar por un lugar sobre otro. Siempre está la sensación de que “te la van a dar”. Y ya me veía en un arduo peregrinaje saltando de uno a otro de estos puestitos sin saber por cuál volcarnos… Pero no, resultó que al salir del primero, nos interceptó una señora preguntándonos si estábamos interesados en esa excursión, y de a poco nos fue convenciendo de contratarla con ellos. La señora había salido de su guarida, (de su lugar donde vendía las excursiones), para comprar pan, pero como quien ve luz y entra, nos vio a nosotros al salir de un reducto muy similar al suyo, y sin dudarlo, se nos acercó y no se inmutó por “robarle” posibles candidatos de excursión a su compatriota. Y así fuimos caminando hasta su guarida, ella con el pan bajo el brazo y contándonos todo acerca de la excursión por el salar…
Nos mostró fotos y mensajes que habían dejado, supuestamente, otros turistas que habían pasado por ahí. Y de a poco, nos fue convenciendo. Media hora más tarde ya estábamos cerrando trato con ella, y ya teníamos excursión programada para el día siguiente.
Ahora si, con la misión cumplida, nos pusimos en campaña para encontrar un lugar donde pudiéramos cenar esa noche…
Nos recomendaron uno que se llamaba 16 de julio, (no se por qué, pero había muchos restaurantes nombrados con fechas de julio… y yo que pensé que sólo era un mes excelente por ser el mes de mi cumple…). Cenamos muy rico, una carne con unas cosas que no se qué eran pero sabían bien, y una rica cervecita. Qué bueno, ya estábamos muy cerquita de comenzar la excursión, muy cerquita de conocer el salar!!!
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