lunes, 24 de mayo de 2010

22/03 LAS MINAS

Ahora si! Lunes otra vez, sobre la ciudad, la gente que ves, vive en soledad… Muy sui generis todo, pero este lunes nos agarró en Potosí!!!

Y era lo que estábamos esperando! Todo aquel al que consultamos antes de viajar sobre qué lugares visitar, todos, sin excepción, habían dicho: “tienen que ir a Potosí, y tienen que ir a las minas!”. Así que, una vez en Potosí, no veíamos la hora de ir a las minas. Pero llegamos un sábado por la mañana, y para ir a las minas había que esperar hasta el lunes.

Finalmente el lunes había llegado, finalmente iríamos a las minas!!!

Bien temprano amanecimos para desayunar, (obvio!), y ya 8.30 estaban los guías en el hostel para llevarnos de excursión. Varios de los que estábamos alojados en el Koala Den en ese momento partimos hacia la excursión a las minas, sólo calavera y yo éramos argentinos. Había de todo: alemanes, ingleses, australianos, yankis, españoles, israelíes… de todas las razas y todos los colores. Y el grupo se dividió en 3, cada grupo con un guía. La división tuvo que ver con la cantidad de personas y con el idioma: inglés o español, así que éramos bastantes poquitos en el grupo español y bastante muchitos en los otros dos. Los alemanes e israelíes, y bueno, tuvieron que acomodarse en el grupete del idioma que mejor hubiesen aprendido de escolares, qué va a hacer!

Nuestro guía era Oscar, me encantó, súper claro y didáctico, y nos tiraba mucha data histórica y contada de un modo dinámico, hasta gracioso, aunque muchas de las cosas que nos contaba no eran muy graciosas que digamos…

La primera parada fue en una especie de casa en donde debíamos dejar las mochilas o lo que lleváramos con nosotros y que no fuese absolutamente imprescindible que llevemos a las minas, y además para cambiarnos la ropa, o, mejor dicho, ponernos arriba de la que traíamos puesta una casaca grandota, unos pantalones enormes, unas botas y un casco con linternita incorporada. Pero al llegar al lugar, un patio grande nos esperaba con la siguiente inscripción en una de las paredes:




Obligué a calavera a que le sacara una foto.

Ya con el atuendo puesto, volvimos a los micros y nos llevaron a un lugar donde había uno al lado del otro, todos puestitos en los que se vendían toda clase de insumos utilitarios en las minas: dinamita, alcohol, mechas, explosivos, herramientas, sogas, hojas de coca, gaseosas, etc.

Entramos en uno de estos puestitos, y uno a uno Oscar nos iba contando para qué servía cada cosa. Así nos enteramos de que las minas funcionan en realidad como cooperativas, es decir, el minero gana según la cantidad de material que logre extraer, o no, de las minas, y además debe hacerse él mismo de todo lo necesario para desempeñar su labor, desde la indumentaria hasta la los explosivos y todo lo que precise. Así que Oscar nos propuso, (era más una directiva que una propuesta, pero está bien), que cada uno se hiciera de un kit de minero para dejárselo luego como obsequio a los laburantes de las minas. Así que cada cual se hizo de su bolsita con la dinamita, la mecha, la gaseosa y la bolsa de coca.
Antes de dejar el local, Oscar nos explicó que, como tradición, previo a entrar en las minas, se debe hacer una ofrenda al Tío, (después sabríamos mejor quién es el famoso tío), y a la Pacha Mama, para que, una vez que nos encontremos en las entrañas mismas de la tierra, nos protejan, no permitan que nos suceda nada y den mucho mineral para ser extraído por los mineros. El ritual consistía en unas palabras de protección que enunció Oscar como un mantra y en tomar una tapita de alcohol puro, sisisisisisi, de ése que uno tiene en el botiquín del baño. Primero pensamos que nos estaba haciendo un chiste, pero tenía la mirada muy seria, no parecía estar bromeando, y tampoco nos vamos a poner a joder nosotros ni con la Pacha Mama ni con el Tío, así que adentro la tapita de alcohol puro! AAAAJJJJJJJ!!!!!!!!!!!

Ahora si, ya estábamos listos para entra a las minas!!!

Pero aún nos faltaba algo más… A esta altura, la ansiedad me estaba carcomiendo por dentro! Y ahora qué? Bueno, lo que seguía era una recorrida por las instalaciones por donde pasaba el mineral una vez extraído de la mina. Así conocimos el proceso por el que pasaba, todo el recorrido que debía hacerse antes de que el mineral estuviese en condiciones de ser vendido o cualquier otro fin al que hubiese sido destinado…

Y ahora si, a entrar en las minas!!!

Yo no tenía ni idea de qué se trataba esta excursión, ni siquiera me lo había planteado, simplemente era algo que me habían recomendado, como otras tantas excursiones que teníamos pensado hacer. Pero ni siquiera me había detenido en averiguar de qué se trataba, iba absolutamente virgen de conocimiento sobre las minas. Así que una vez allí, todo era nuevo para mi.

La entrada a las minas es lo más parecido a la entrada a una cueva, de hecho, en cierta forma, es una cueva, un hueco en una montaña, un hueco grande, claro. Y los 5 más el guía que formábamos el grupo, pronto nos adentramos a las entrañas de ese hueco, esa cueva en la montaña. Una vez dentro, y tras un breve recorrido con el torso apenas inclinado por la altura del techo de la montaña, Oscar, el guía, nos advierte que prestemos atención a sus indicaciones, por si ocurriera que el carrito que viene cargando el mineral que extraen está viniendo hacia nosotros, de ser así, debíamos desandar el camino de la manera más veloz posible hasta llegar a algún huequito en los costados de las vías por las que pasaría el carrito para meternos y que no nos pase por encima. “Jaja” pensé, mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro, “estamos en Disney, esto no es más que un acting para volverlo más divertido” Pronto me daría cuenta de que no se trataba de ningún acting y que tenía bastante poco de divertido…

A medida que íbamos avanzando, cada vez debíamos agacharnos un poco más para poder entrar más profundo en la montaña. Hasta que llegó el momento en que Oscar, alterado, comenzó a correr hacia nosotros al grito de “atrás, atrás!” No se cómo explicar el terror que sentí! Nunca fue tan cierto eso de que “los últimos serán los primeros”, así que los que venían detrás de todo fueron los primeros en retroceder y llegar al lugar de guarecerse, y los primeros debimos pasarlos a ellos y seguir corriendo hacia atrás hasta llegar al próximo lugar refugiarnos y así. En cuanto llegué al refugio, después de chequear que mi corazón, que además de ir a 1000 revoluciones por minuto, seguía en su lugar, comencé a pensar que quizás meterme en una mina no era lo divertido que me había imaginado y que si toda la vida había sido un trabajo esclavo y denigrante, además de peligroso, EN QUÉ MOMENTO SE ME HABÍA OCURRIDO QUE PODÍA SER UNA BUENA IDEA???!!!

Lo que siguió de la excursión fue así, pero cada vez un poquito peor. Avanzar en la montaña se tornaba cada vez un poco más escabroso y peligroso, cuando no teníamos que agacharnos cual gigante en tierra de enanos, debíamos directamente arrastrarnos por el piso, (piso, bah, piedra, tierra y lodazal), cuando no teníamos que trepar por las paredes debíamos meternos por huecos intentando calzar el pie justo en un lugarcito que nos sostuviera mientras nos abrazábamos a la piedra con uñas y dientes. Para ese entonces, mi entusiasmo y mi humor, se habían ido por la alcantarilla, en el supuesto de que existiese alguna, o con el mismísimo carrito que sacaba fuera de ese infierno el material extraído por esas almas en sombras, y no podía más que preguntarme si salir de la mina implicaría el mismo recorrido que había significado entrar en ella…

A lo largo del recorrido, fuimos cruzándonos con los trabajadores de las minas, siempre con una bola de hojas de coca en alguna de sus mejillas, las más de las veces desencajados y siempre con una apariencia mucho mayor de la edad que efectivamente tenían. Hasta que llegamos a un lugar donde trabajaba un solo hombre, y allí nos detuvimos y Oscar comenzó a hacerle preguntas, que monosilábicamente y sin ganas respondía el minero. Así nos enteramos de que Adrián, tal el nombre del minero en cuestión, desempeñaba ese trabajo siempre, es decir, ése era su rol dentro de la mina, le correspondía y nadie podía sacárselo, sino, era guerra. También nos enterábamos de que trabajaba los 5 días de la semana 8 hs diarias, menos uno de los días, que cumplía un horario de 24 hs. ése día, como no abandonaba la mina en todo el día, no comía nada, sólo se mantenía a agua y hojas de coca. Por su trabajo, a veces no llegaba a cubrir los gastos mínimos que le significaba su desempeño laboral, y ya hacía 11 años que trabajaba en las minas.

A partir de aquí, ya el panorama nos cambió a todos en el grupo. El guía también nos contó que muchos de los mineros desarrollaban una enfermedad en los pulmones que les ocasionaba la muerte, y que como no lograban alcanzar la edad de jubilarse, debían salir a trabajar sus mujeres, que también iban a parar a las minas. Pero hay una creencia de que las mujeres traen la mala suerte a las minas. Cuenta la leyenda de que el idilio entre el Tío y la Pacha Mama se quebraba cuando las mujeres entraban a trabajar a las minas, aparentemente el Tío estaba muy contento pero la Pacha Mama no. No se si por eso o porque es un poco más justo que lo otro, pero la única reforma copada que hizo Evo con respecto a la explotación de las minas es adelantar la jubilación, así que desde hace unos años, para los mineros, la jubilación es a partir de los 50 años, ya no desde los 60. Pero si me piden mi opinión, además deberían pagarles un sueldo, (qué es eso de conformar una cooperativa, por favor???!!!), un buen sueldo, y desde ya proporcionárles toda la ropa y herramientas de trabajo, Sino, que hagan un paro!!! Una ciudad como Potosí precisa de la explotación de las minas para subsistir, incluso en lo que tiene que ver con el turismo, así que me parece que están en óptimas condiciones como para ponerse firmes en sus reclamos!

Ahora me siento una estúpida, seguramente, cualquiera con dos dedos de frente se hubiese imaginado que una excursión a las minas de Potosí, no sería como un paseo por el paraíso, pero sinceramente, ni me lo había planteado. Para mi fue lo más parecido a hacer lo que en argentina se conoce como turismo cartonero, es decir, ir a ver cómo los cartoneros husmean en la basura ajena, son relegados y maltratados y hacen de todo eso su trabajo. Era como ir al zoológico, pero en lugar de ver los monos en las jaulas, ver a los mineros cumpliendo su labor y encima pretender una sonrisa cuando uno entregaba la bolsita con los “presentes”. Me sentí sucia, indignada y, sobre todo, avergonzada. Una estúpida, en qué había estado pensando??? No en mucho, se ve.

La excursión terminó con unas detonaciones de dinamita que los tres guías habían hecho volar fuera de la mina. Y listo, y vuelta a la casa del BOLIVIA 6 – ARGENTINA 1, vuelta a cambiarnos y a juntar nuestras cosas.

Y vuelta al hostel. De ahí, sin escalas a bañarnos, a ver si además de la mugre me sacaba un poco la vergüenza…

Luego del baño, (reparador, por cierto), con agua bien calentita, salimos a pasear.
Pasamos por el mismo lugar precioso donde habíamos merendado el sábado, vimos luz, y decidimos entrar. Otra vez nos complacimos con una merienda exquisita. Seguimos paseando y sacando fotos, recorrimos un pequeño mercadito de puestos en la calle, y compramos un par de tonterías.

Estábamos antojados de pizza, así que fuimos a saborearla al mismo lugar donde habíamos cenado el pollito con vegetales, a LA TORR DE PIZZA, riquísima!!! Nos atendieron con esa parsimonia propia de los bolivianos, (al menos de los bolivianos de regiones como esta, bien distintos son los de La Paz, por ejemplo), así que cada plato demora su tiempito. Evidentemente, cuando escogimos la pizza, recién ahí se pusieron a amasar. Por eso, cuando finalmente nos trajeron la pizza, olimos ese olorcito que emanaba y nos emocionamos con ese quesito derretido y el humito que parecía elevarse hacia los cielos como una oración, ni lerdos ni perezosos le dijimos: “andá haciendo marchar otra, dale?”.

Y así, bien pipones, nos fuimos derechito al sobre, mañana nos esperaba un largo día, mañana emprendíamos la retirada de Potosí y marchábamos rumbo a Uyuni…

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