lunes, 21 de junio de 2010

27/03 De La Paz a Coroico

A las 2.30 de la mañana, aproximadamente, todas las luces del micro se encendieron. Viendo las caras de sueño, sorpresa y desconcierto que reinaban a mi alrededor, caí en la cuenta de que el resto del pasaje, al igual que yo, no entendíamos qué sucedía. Por suerte comprendo algo de inglés, que en la excursión debí practicar con holgura, porque enseguida por un alta voz, el azafato boliviano del ómnibus, nos comunicaba, pronunciando con perfección ese idioma, que en breve deberíamos bajar del micro para abordar otro de similares características en el que viajaríamos hasta nuestro destino final ¿¡!?

Todos abajo, entonces, con la almohadita y la frazadita que nos habían dado a cuestas, con las marcas del sueño en la cara, con frío, y sin entender todavía a qué se debía este cambio.

Pronto lo entendimos.

Resulta que las rutas, en gran parte de Bolivia, son inexistentes. Digamos que prácticamente, desde La Paz hacia el sur del país, no hay rutas, hay más bien caminos, bastante precarios y peligrosos, por cierto. Pero llegando a La Paz y de allí en adelante, los caminos cambian notablemente para transformarse de a poco en rutas.

Pues bien, nosotros veníamos de Uyuni, donde los caminos son aún de una precariedad importante, y lo que nos explicaron fue que el micro en el que veníamos viajando era lo suficientemente potente como para resistir esos caminos, pero que una vez pasada la zona “de conflicto”, semejante ómnibus no era necesario, y ya podíamos seguir viaje hacia La Paz en otro con menor envergadura. Vale aclarar que ese otro que debíamos abordar, venía a su vez desde La Paz y se dirigía hacia Uyuni, también cargado de gente. O sea, ya había hecho ese otro bondi el recorrido azfaltado, y ahora debía arremeter contra los inhóspitos caminos no azfaltados, para lo que necesitaba de una máquina como la que nos venía trayendo a nosotros. Si, ya se, increíble… pero real!

Eso no hubiese sido más que otra de las tantas bizarradas a las que Bolivia ya nos tenía acostumbrados, el pánico comenzó cuando vi a unos nn bajando todo el equipaje de un micro, que de a poco se iba mezclando con el equipaje que del otro micro estaban bajando otros nn. Una vez que el pánico se apoderó de mi corazón, no se si para dejarlo sin palpitaciones o para acelerarlas al 100%, opté por la filosofía que Bolivia me enseñó: “relájate y goza” Y si, más vale tender a confiar, a confiar en que, una vez llegados a La Paz, nuestros bártulos habrían llegado también…

Cuando por fin volvimos a subir al nuevo micro, una vez sentaditos en nuestros asientos, apoyé la cara en la almohada y otra vez quedé frita, estado en el que continué hasta la mañana bien temprano, en que nuevamente encendieron todas las luces, pero en esta ocasión por una razón mucho más reconfortante: servirnos el desayuno.

A las 7.30 hs. llegamos a la estación de La Paz.
Por cuestiones de necesidad y urgencia, calavera tuvo que dirigirse corriendo al baño. Así que yo me quedé solita, al costadito del micro, con el resto de los viajeros, esperando todos que bajaran nuestro maletaje para poder seguir cada cual su rumbo.
Uno a uno vi cómo bajaban valijas, mochilas, paquetes, bicicletas, de todo! Pero nada de las mochilas de calavera y mías. En eso me avivo que por el otro lado también estaban bajando equipaje, y rauda me dirigí hacia allí. Por suerte, y con un respiro de alivio, avisté nuestras mochilas, y entregando el ticket que comprobaban que eran nuestras, me hice de nuestras cosas. Y ahí me quedé, en un rinconcito, toda rodeada de bártulos, esperando que calavera regresara de su impostergable diligencia.

Pero la idea no era quedarnos en La Paz, a mi particularmente no me interesaba quedarme en ninguna ciudad, y menos en una ciudad que por lo que me habían dicho no contaba con demasiados atractivos y por lo que pude observar, resultaba bastante hostil para quien estuviera de paso. La idea era pasar por La Paz como destino obligado para llegar a donde realmente queríamos ir que era Coroico. Así que, preguntando preguntando, resolvimos que la mejor forma de llegar al lugar de donde partían los micros rumbo a Coroico era tomar un taxi, y eso hicimos.
10 minutos después, ya estábamos entre un mundo de gente, que nos ofrecían unos y otros subir al micro con destino Coroico.
Nos decidimos por uno entre todos los que había, dimos nuestras mochilas para que las sujetaran al techo del micro, subimos, nos acomodamos, y nos dispusimos a esperar que arrancara, que como es costumbre, sucede una vez que el micro esté completo, pero después del rally que veníamos haciendo, qué apuro teníamos?
Al ratito, la señora que nos había vendido el boleto nos ofrece devolvernos la plata, algo había ocurrido y el micro iba a tardar bastante más en salir. Nos miramos con calavera y bajamos. Otra vez el señor a treparse al techo, otra vez desamarrar todo para darnos nuestras mochilas y luego volver a amarrar el resto, otra vez… casi culpa me dio hacerlo trabajar tanto, pobre! Pero en un santimén se me borró la culpa por completo, en un santiamén comprendí tanta amabilidad: sólo querían sacarnos encima! Al parecer, un contingente de bolivianos que llegaba en dulce malón tenía la intención de viajar a Coroico también, todos juntitos, y para eso, necesitaban del micro libre. Pero no fue lo peor del caso, de hecho había varios micros también dispuestos a partir con igual destino en cuanto estuvieran ocupados los lugares, lo que no sabíamos es que todos los demás bondis eran más caros, y que los que estaban por salir, ya tenían los pocos asientos que quedaban libres reservados, (para más bolivianos que aún no estaban allí pero que tenían prioridad por sobre nosotros, o para los gringos que tenían prioridad por sobre todos). En síntesis, me agarré una bronca infernal. Siempre habíamos notado la especial atención que tenían con los gringos por sobre nosotros, pero nunca de un modo tan notorio. O.K, es verdad, lo de la hermandad latinoamericana no existe, DESPUES QUE NO LA RECLAMEN!!! Y si, che, enfurecí, y comencé a decir barbaridades a voz en cuello, y ningún intento de amordazarme por parte de calavera surtió efecto, y empecé con eso de que “y cómo no quieren que los traten como esclavos si se arrodillan ante el verde, si en todos los bondis y taxis tienen colgada la banderita yanki –verdad absoluta- si ni les presentaron la cadena de frío” y así… Es que me indignan que me mal traten! Al final de cuentas, estoy dejando mi guita ahí, que tanto laburo me costó conseguir, che!!! Si en lugar de comportarnos como esclavos, nos uniéramos entre nosotros en hacerle frente a ese que nos pone la pata encima, quizás otra sería la historia, no? Pero bueno, así las cosas, lo cierto es que no me llevé una buena impresión de La Paz, me pareció una ciudad sumamente hostil, y fea y sucia y ruidosa…

Un rato después, al fin logramos subirnos a una van, bastante más chica que el micro anterior, por eso también más cómoda y más cara, y partimos rumbo a Coroico, para lo que teníamos 3 horitas más por delante.

Una vez que abandonamos la ciudad, comenzamos a trepar por un camino de montaña, es decir, montaña de un lado, precipicio del otro. Hasta ahí, todo bien, alto, pero bien, paisaje panorámico, lindo, ciudad desde la altura, luego la naturaleza, lindo, muy muy lindo. Hasta que dejó de serlo… En un momento, la ruta, porque eso si, la ruta estaba en perfectas condiciones, toda asfaltada, lisa, prolija, bien señalizada, todo bien, pero en un momento, la niebla se apoderó del camino, y era todo niebla en una ruta de montaña que no paraba de subir y era todo en curva, todo el tiempo doblando. Sentí pánico, me quería bajar ahí y ponerme a llorar. Es que realmente no se veía nada. Y para colmo de males, en un momento, comienza a llover, horrible, la pasé tremendamente mal. Lo que es la ignorancia! De haber sabido que para llegar a ese lugar tan lindo del que tanto nos habían hablado, había que tomar un camino de semejantes características, sin lugar a dudas no hubiese ido. Tenía un miedo. Calavera también, intentaba calmarme pero ni a él mismo lograba calmar. Y las cosas que hace la cabeza solita, no? No podía dejar de pensar en mi mamá. Hasta ese momento, cada vez que nos íbamos de un lugar con destino a otra parte, se lo informaba vía mensajito de celular, para que estuviera al tanto de mi ruta. Pero esta vez, no lo había hecho, sabía que me iba a decir que después de toda la excursión que nos habíamos mandado, más las 12 hs a La Paz, le iba a parecer una locura que continuáramos viaje sin parar a descansar, y como por otra parte yo pensaba lo mismo, más allá de que nos conviniera por muchas cuestiones hacerlo como lo estábamos haciendo, decidí no decirle nada hasta llegar. Así que mientras estaba en la van en medio de la niebla pensando que en cualquier momento caíamos por el precipicio, no podía deja de pensar en cómo iba a hacer mi mamá para encontrar mi cadáver, si yo no le había dicho a dónde iba. Ridículo, no? Pero sin embargo la cabeza funciona así, después calavera me confesaría que él iba pensando: “ojalá que nos salvemos los dos o nos muramos los dos, porque si a Jimena le pasa algo, la madre me mata” Un exagerado, apenas lo torturaría un ratito… Pero bueno, a la cabeza se le da por tener pensamientos ridículos en los momentos menos oportunos…

Pero por suerte, o por la maestría del conductor, (a esta altura, y viendo la seguridad con que manejaba el chofer, habían quedado atrás todas las broncas y rencores, y los bolivianos volvieron a caerme sumamente simpáticos, no fue más que una rabieta de hermanos, je!), logramos superar con éxito las casi 2 horas de camino entre tinieblas, sin caernos por el precipicio, pero todavía faltaba un trecho. Llegamos a un punto en que el camino estaba cortado porque lo estaban arreglando, y debimos tomar por otro que era subiendo por el medio mismo de la montaña. Ya con lo que acabábamos de pasar, yo había logrado relajarme. Las condiciones no eran óptimas, claro, ya no había más ruta, era todo ripio y barrial, era muy angosto, sólo cabía un móvil, es decir, si venía otro de frente y lograban no chocar, entonces uno debía retroceder para que el otro avanzara, y seguía la montaña de un lado y el precipicio del otro, pero después de lo que acabábamos de pasar, todo me parecía “papita pa loro” Hasta que lo miré a calavera, y vi en su rostro la expresión misma del HORROR… No hablaba, no se movía, estaba pálido, aferrado al asiento, casi sin respirar, no me hablaba, le hacía preguntas y no respondía. Luego me enteraría que ese camino por el que estábamos era el viejo camino, ya en desuso, conocido como “el camino de la muerte”. Al parecer, el nuevo camino estaba siendo arreglado, y por eso la única opción para llegar a Coroico era tomar por el viejo camino, por el camino de la muerte... Por suerte yo ignoraba esa información.

Como 40 minutos después, un enorme cartel de BIENVENIDO A COROICO, nos anunciaba el fin de la tortura.

Lo que sigue, no tiene nombre… bueno, si, se llama Coroico, lo que quiero decir es que no puedo expresar con palabras lo que es este lugar… HERMOSO!!! Fue como entrar en un cuento, como de pronto aparecer en el país de las maravillas. Salir de la realidad y zambullirnos en un mundo de ensueños. Coroico es, sencillamente, un paraíso.



Debíamos buscar alojamiento, estábamos todos cargados, y ya muy cansados por tanto viaje. Y justo frente a nosotros, un puesto de información. Nos atendió un señor que nos dio algunas indicaciones, y yo aproveché para preguntarle otras posibles formas de abandonar Coroico, (después de todo no era la idea quedarse a vivir alli!), para seguir con nuestro viaje, pero nos informó que el camino que habíamos hecho de ida era el mismo que deberíamos a hacer de vuelta… Otra vez el mismo camino!? Comenzamos a considerar la posibilidad de quedarnos a vivir allí…

A una cuadra de la plaza principal, alrededor de la cual estaba todo, había un hostel que nos pareció bien y a buen precio, y decidirnos quedarnos allí. Nos dieron una habitación en la terraza, divina! Y nuestros vecinos eran una pareja como de unos 40 años, conformada por un francés y una mexicana bastantes hippies, que habían llegado ese mismo día un rato antes. No pudimos evitar comentar el camino, es decir, sólo nosotros la habíamos pasado tan mal?! Pero no, coincidían con nosotros en cada palabra… A mi me recordó la peli “El gran Pez”, en ese momento en que el protagonista debe elegir entre dos caminos, el “común” y el atajo, lleno de dificultades que atravesar, y elige este, pero la recompensa era llegar al pueblo al que llega, un paraíso… Bueno, con Coroico pasa igual, si pasás las tarántulas, llegás a Coroico, sería más o menos así…

Una vez que dejamos todo en la habitación, resolvimos salir, además de cansados y sucios estábamos famélicos, así que fuimos a buscar algún lugar donde comer algo. Entramos en un lugar muy lindo donde había un loro muy simpático que chiflaba y piropeaba a las mujeres, -muchas gracias señor loro!-, y donde nos pedimos un desayuno completo, abundante, rico y a muy buen precio. Además los que atendían también eran súper amables. Y pronto, todo el mal humor, la angustia por el camino y el cansancio, pasaron a un segundo plano y nos dedicamos a disfrutar de nuestra estadía en Coroico.

Como Coroico parecía no pertenecer a este mundo, todo lo que ocurría allí era distinto, incluso el tiempo. No sólo el clima era tropical, sino que las lluvias de la montaña en nieblas y lo nublado de La Paz habían desaparecido para darle lugar a un sol brillante y caliente, y otra vez salieron a relucir las mangas cortas.

Con el estómago lleno, ahora si, necesitábamos un poco de limpieza! Volvimos a la habitación, y conseguir que habilitaran el agua caliente era medio un plan chino, y como el frío no era insoportable, decidimos acelerar los procesos y pegarnos una ducha fría, pero igualmente reparadora. Y así relajaditos, a dormir!!!

Un rato después nos levantamos y salimos a pasear. Recorrimos un poco el pueblo, que cada vez nos enamoraba más, fuimos a Internet donde estuvimos otro rato conectados con el mundanal ruido, merendamos y seguimos paseando. Llegamos a un puesto de información turística, y decidimos hacer algunas preguntas, yo me negaba a creer que no había otra forma de volver más que pasar otra vez por ese camino, y he aquí una foto que sacamos de esa oficina:



A la noche fuimos a cenar al mismo bolichito en el que habíamos desayunado a la mañana. Comimos una trucha a la parrilla que venía con ensalada, arroz y papas, y que estaba exquisita! Y luego fuimos a la plaza central donde un grupo folclórico se mandó un showsaso de la hostia! En ese momento no lo sabíamos, pero los políticos bolivianos se encontraban en plena campaña electoral, y así como aquí es el pancho y la coca, allá es la birra y la música, así que parece que la estrategia electoral pasa por ofrecer a los electores grupos musicales y birrita.
Pero en ese momento sólo nos importaba disfrutar de la música y el show, que estaba divino. Era un grupo folclórico “Los Olvidados”, que sin pelos en la lengua cada dos por tres hacían referencia a la cerveza con que tan amablemente los convidaba el intendente de Coroico, bien por Los Olvidados, que parecían ser bastante memoriosos… Y ahí nos quedamos, en la placita del pueblo, disfrutando del recital y de una noche espléndida. Finalmente, después de tanto trajín, Coroico nos tenía preparada una recepción de puta madre!

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