viernes, 16 de abril de 2010

18/03/2010

A ver, vayamos de a poco… Recapitulando, haciendo memoria, recordé cómo comenzó todo…

Efectivamente, en esa realidad de la que provengo y en la que cada vez permanezco por menos tiempo, calavera y yo habíamos decidido viajar a tierras bolivianas y peruanas de vacaciones. Y abusando al máximo de mi memoria, recuerdo que todo comenzó más o menos así:

El jueves 18/03, con las mochilas a cuestas y las ilusiones renovadas, partimos rumbo a Retiro, de dónde saldría el micro que, tras un día de viaje, nos llevaría hasta Villazón, frontera boliviana y nuestra primera parada.

El primer error, también comenzó aquí. Habíamos sacado el pasaje en una empresa llamada Potosí Buses, no nos detuvimos a pensar en la posibilidad de que la empresa fuese boliviana, lo cual, en si mismo, no tendría ninguna importancia a no ser que efectivamente sí la tenía…

Todos, absolutamente todos los pasajeros, menos calavera y yo, eran bolivianos. Esto, en si mismo, tampoco sería un dato importante, a no ser, claro que si lo fuese…

No sólo resultó ser un lechero, es decir uno de esos buses que pasa por todas partes recogiendo gente, lo cual, por supuesto, demora mucho todo, sino que todos comparten un mismo gusto por la cumbia boliviana, que no sólo no compartimos, sino que además padecimos a lo largo de todo el viaje.

De todos modos, estábamos de vacaciones, recién arrancaba nuestro viaje, así que, con las ilusiones intactas y las ganas en ebullición, lo tomamos como un dato pintoresco más, aún a las 3 de la mañana cuando el disco ya sonaba por cuarta vez…

Como el servicio incluía la comida, salvo a la noche, para cenar, no hicimos ninguna parada en la ruta, lo que ameritaba mucha imaginación para que el tiempo no se volviera eterno y las piernas no se nos atrofiaran por completo.

Más allá de un par de películas que pasaron, (la segunda, debo decir, sin incluir el final porque ambas eran tan malas, que nadie se prendió a ellas), la lectura que cada uno traía consigo y, en el mejor de los casos, un par de auriculares que unidos a algún aparatito nos bendiciera con otro sonido diferente al de la cumbia boliviana, no había demasiado para hacer…

Pero el ingenio es el mejor de los creadores, y nuestra azafata, Zulema, tuvo la buena idea de organizar un bingo. Un juego que, sinceramente, no convoca mi interés en lo absoluto, pero que en esas circunstancias, se convirtió, de pronto, en el mejor de los programas. Con el estímulo, además, del 1° y 2° premio, a saber, un viaje de vuelta, de Villazón a Buenos Aires y un bolso con la impresión POTOSI BUSES estampada en el frente…

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