Tuve un sueño… En uno de los interminables viajes que hicimos de un lugar a otro, en algún momento me quedé dormida, y tuve un sueño.
El chico malo que siempre se vestía todo de negro, estaba muerto…
Yo estaba en mi laburo, que no era como es realmente mi laburo, pero que en el sueño, era mi laburo.
En eso, empieza a llegar la policía, y claro, todos nos precipitamos en averiguar qué había pasado. Así me enteré de que, en otra habitación vacía, cercana a la oficina en que me encontraba yo, yacía sin vida el cuerpo del chico malo que siempre se vestía todo de negro…
Aparentemente, lo había encontrado en el baño de su casa, colgando de una soga, la señora que iba una vez por semana a limpiar.
Todo parecía indicar que chico malo que siempre se vestía todo de negro, se había suicidado, pero la policía sospechaba que no era así, que en realidad, se trataba de un asesinato… Y yo pensaba igual. Suicidarse chico malo??? No era su estilo. Si el menosprecio, si el desplante y el desinterés, si el asesinato a palabra limpia, pero el suicidio… No, definitivamente, ése no era su estilo. Así que, al igual que la policía, yo también sospechaba que se trataba de un asesinato. Al final de cuentas, había mucha gente que no quería a chico malo que siempre se vestía todo de negro… y al parecer, en estos últimos años, el número se había acrecentado.
Fuera como fuera, la realidad decía que el cuerpo de chico malo yacía boca arriba en una oficina vacía muy cercana a la oficina en la que trabajaba yo, y esto me colocaba en una posición sumamente incómoda. Por qué se encontraba ahí? No era ni cerca de su casa, ni siquiera de su trabajo, qué tenía que hacer, entonces, el cuerpo sin vida de una persona que para mi hacía mucho tiempo que había muerto? Es que me encontraba yo engrosando una lista de “sospechosos”? De pronto, sentí que todas las miradas recaían sobre mi, sentí que en mi frente se dibujaba la palabra “sospechosa”, y encima, sentí culpa por la cantidad de cosas que he dicho sobre chico malo…
Y empecé a actuar de un modo extraño, se me caían las cosas, tartamudeaba, transpiraba… Traté de tranquilizarme. Traté de no caer en la paranoia. Traté de pensar en otra cosa. Después de todo, hacía mucho que no lo veía, que no sabía nada de él, y sobre todo, yo era inocente! Traté… pero no pude. No podía sacarme la sensación de culpabilidad de encima.
La policía estaba pidiendo que cualquiera que contara con algún tipo de información se comunicara con ellos, “cualquier dato, por tonto que parezca, nos puede ser de gran utilidad”.
Todos se acercaban y me preguntaban lo mismo, por qué no iba a hablar con la policía? mi testimonio podría ser relevante, y yo respondía, “qué puedo decir yo que les sirva para algo? hace 5 años que no lo veo” y seguía con mi trabajo.
Pero la verdad es que me daba miedo, me daba miedo verme involucrada en semejante entuerto, y sobre todo, me daba miedo que la policía considerara que contaba con motivos suficientes como para incurrir en un asesinato, sin dudas porque yo misma consideraba que tenía motivos más que de sobra como para haber cometido el acto…sólo que no lo había hecho.
Pero siempre hay una bocona dando vueltas por ahí, siempre hay una de esas personas que, como no tienen nada que ocultar, se creen que los demás tampoco tienen nada de lo que prefieran no hablar. Y cuando la policía llegó a nuestra oficina pidiendo cualquier tipo de información, ella tuvo que abrir su bocota de “todolodigoyentodomemeto”, y mencionó la relación que habíamos tenido.
Acto seguido, yo estaba, en la habitación donde yacía el cuerpo sin vida de chico malo, explicando por qué no me había presentado ante ellos de forma espontánea, sabiendo que estaban intentando recopilar toda información posible. Me llevó un tiempo explicarles que hacía mucho que no sabía nada de él y que no me parecía que pudiera aportar ningún dato de relevancia, y otro tanto me llevó explicarles qué quería decir con eso de que “para mi ya hacía mucho que estaba muerto”, pero finalmente pude establecer mi coartada y quedé libre de toda sospecha. Me pidieron que reconociera el cuerpo, y aunque no me causaba gracia, tampoco estaba en condiciones de negarme, así que acompañé a uno de los oficiales que me condujo hasta la mesa donde descansaba, boca arriba, el cuerpo inanimado de chico malo. Su aspecto no era el típico de rostro hinchado, morado y desencajado, al contrario, seguía con esa sonrisita sobradora tan caractarística. Los ojos permanecían cerrados, cosa que agradecí, aunque por un momento, me pareció ver que se abrían, me miraban y se sonreía por completo. Pero lo admito, pudo haber sido mi imaginación. Bueno, todo es producto de mi imaginación, porque todo esto no es más que un sueño, pero quiero decir mi imaginación dentro de la imaginación global que es el sueño, se entiende?
Una vez hecho el reconocimiento, me preguntaron, luego de una pausa que denotaba gravedad, qué opinaba yo con respecto al caso: “yo tampoco creo que se haya suicidado”, respondí. Fue lo último que dije, me agradecieron, me acompañaron hasta la puerta, y así, sin mas, me retiré.
Finalmente el caso se cerró. Si bien había sospechosos, no había pruebas firmes que sirvieran para incriminarlos. Tampoco existía nadie verdaderamente interesado en que el caso se resolviera, y quedó en la nada, como tantos otros casos que quedan en la nada, que se cierran sin resolución concreta, ya sea por desidia o por desinterés.
Y me desperté. Me desperté con la rara y aliviadora sensación de haber podido velar, a cuerpo presente, el cadáver de esa relación espasmódica y tortuosa, y enterrarlo bien profundo en las entrañas de la tierra, y así, por fin, dar por terminado un duelo que hacía mucho debió haber cerrado y que, ante la ausencia tan repentina del “objeto”, (no olvidemos que chico malo sencillamente se “esfumó” de un día para el otro), no había podido atravesar en su momento, y que ahora podía decir sin más: que en paz descanse!
No hay comentarios:
Publicar un comentario