domingo, 18 de julio de 2010

05/04/2010 MACHUPICCHU

De pronto, unos golpes secos, graves, me sacaron de un zarpazo del sueño profundo en que me había dejado caer, eran los insistentes golpes a la puerta de la recepcionista del hotel que nos avisaba que ya eran las 4 de la mañana. “Las 4 ya?!” Grité mientras de un salto salía de la cama, y a los gritos despertaba a calavera, que seguía navegando en las aguas de un sueño remoto, “dale que ya son las 4, a las 4 se iba el micro, ya son las 4, dale, dale, dale” eternamente insistente mientras me ponía una calza con una mano y guardaba el sepillo de dientes con la otra, “levantate que nos despertaron tarde, la puta madre, otra vez caminar 3 horas no!” “no se van a ir sin nosotros”, me respondió el iluso, yo, en cambio, no dije nada, sólo lo miré, con ojos inquisidores…

Dos minutos después, corríamos por la calle con los cordones sin atar y la mochila a medio cerrar.
Pero por suerte, ahí en el punto de encuentro, estaban todos aún, esperando, y así seguimos, esperando, por un rato más… Pero la espera se vió interrumpida cuando, por ahí, escucho algo así como que estaban entregando los boletos del tren para el día siguiente. Me acerco y pido los nuestros, pero no estábamos en la lista, (ya empezamos con las listitas!). Los estaba repartiendo el guía que se encargaría de nosotros desde que, esa misma tarde, volviéramos de Machupicchu. Así que me acerqué, y volví a pedir nuestros boletos. Ante la insistencia sobre eso de que no estábamos en la listita, saco el baucher le muestro como sí teníamos los boletos, así que un comino me importaba a mi la bendita listita, perdiendo absolutamente la compostura, (recordemos: venía descompuesta desde Copacabana!), le dije un par de cositas más también, pero conseguimos nuestros boletos… yo otras 7 horas no volvía a caminar ni en trance! Pero al pobre chico lo traté pésimo, y sería el único que nos daría una mano después…

Una vez apaciguada la tormenta de boletos pasajeros, vemos llegar a Ceci y Juan, la parejita de argentinos copados, que venían caminando de lo más campantes. Y así, calavera, con expresión triunfal en el rostro, me demostraba que había exagerado un poco con el apuro…

Un rato después, ya subidos al micro con destino a Machupicchu, y mientras desayunábamos una barra de cereal y un jugo que nos habían dado dentro de una bolsita a modo de vianda, nos pusimos a charlar con Ceci y con Juan y pegamos una onda increíble, y qué suerte! aún no sabíamos todo lo que nos faltaba compartir…

Llegamos a Machupicchu súper temprano, ni siquiera había abierto aún. Las entradas ya las teníamos, así que sólo debíamos hacer la cola para registrarnos, porque todos los que entran en Machupicchu deben registrarse, con número de DNI, para tener contabilizado el número de gente que ingresa, porque hay un tope determinado.

Y entramos…



No tengo palabras…



Una vez más, todo lo que habíamos padecido, la odisea atravesada, todo pasaba a segundo plano ante la inmensidad de la recompensa, hasta lo volvía un poco más místico todo…



Es inmenso, es bellísimo, es realmente sorprendente. Ni bien entras, lo que se ve es la imagen más conocida que todos tenemos de Machupicchu, y ahí nos sacamos mil fotos!!! Con la tecnología que es una cosa que no se puede creer, con la que no me amigo, pero que respeto, eso de tener la posibilidad de ver la foto en el mismo momento en que la tomás, y eso de poder sacar 1000 es fantástico! Y me pasó algo increíble, calavera me sacó la foto y cuando la vi, ni ahí mismo me lo podía creer, estaba ahí, me veía ahí, pero al ver la foto, me parecía que estaba photoshopeada, no lo podía creer, todavía no puedo creer que estuve ahí…

Pero ahí estábamos. Amoroso nos citó a todos a determinada hora para hacer la recorrida guiada, pero hasta ese momento, teníamos el tiempo libre. A recorrer entonces! Y estuvimos haciendo turismo los 4 juntos, Ceci, Juan, calavera y yo.

Cuando se hizo la hora señalada por Amoroso, fuimos al punto de encuentro, pero a la cita sólo acudimos nosotros 4 y Amoroso, se ve que los otros 6 que habían caminado por horas la noche anterior con nosotros, seguían muy furiosos con el chabón, y tenían razón, no es que nosotros no lo estuviéramos, es sólo que no nos queríamos perder las explicaciones… Así que lo que siguió fue la visita guiada que nos hizo Amoroso. Fue súper interesante, además me parece que Amoroso lo contaba y explicaba todo muy bien. Es inimaginable la organización, lo adelantados que estaban, los conocimientos que tenían… una cultura inmensa. Y como Amoroso era descendiente directo de los Incas, (o al menos eso nos dijo, y yo le creo), lo contaba de un modo especial, y dando siempre un condimento personal que sólo engrandecía todo. Así que no me arrepentí de haber tomado su guía, al contrario, cuando estaba a punto de amigarme con él, de casi quererlo un poco, calavera me cuenta que, cuando terminó de hacernos la visita a nosotros, una colega que estaba ahí le preguntó: “pero ya la terminás?” “si, ya está, les hago hasta acá”… Lo que más bronca me dió fue saber que me estaba haciendo perder un montón de cosas que me encantarían que me contaran como todo lo demás que me habían contado! Pero bueno, es así, qué se yo… es duro saber que eso de “hermanos latinoamericanos” es una mentira, tanto de un lado como de otro, no? es feo darse cuenta de que el sueño no fue posible, de que el sueño no es posible…

Cuando Amoroso decidió terminar con la visita guiada, también terminó con nosotros, y nos encomendó en las manos de Alex, el guía con el que me había carajeado a la mañana.

Adiós Amoroso.

Y los 4 seguimos recorriendo Machupicchu a nuestras anchas, y a nuestras largas también! Qué lugar inmenso, por Dios! Me impresionó ver a mucha gente que pareciera que suele ir a visitar las ruinas, que va a meditar, que se lleva una sillita y elige un lugar y se queda horas, otros que van con súper cámaras con trípode y todo, y las colocan en un lugar y también se pueden quedar horas. Otros van con un pañuelo o algo así, para poner en el piso, y arrodillados, meditan, o hacen TAI-CHI… La sensación era como que la gente esta, VIVIA, RESPIRABA Machupicchu… o algo así. Y por supuesto, esta gente, (en su mayoría, personas mayores), no llega a Machupicchu cruzando en tirolesa, eh!

Dicen que Machupicchu tiene poderes curativos, que tiene una energía muy especial… Yo no se nada de nada, lo único que puedo decir, es que a mi Machupicchu me curó. Después de Machupicchu, comencé a sentirme muchísimo mejor, ya no más descompuesta… Listo es lo único que tengo para decir. Ah, y lo de la energía, también, se siente… Ahora si, listo.

Almorzamos tirados en el pastito de Machupicchu, con una llama que andaba paseando cerca…

BELLISIMO
ME ALEGRA HABER ESTADO AHÍ

Alrededor de las 14 hs. ya no podíamos mantenernos en pie, así que nos despedimos de Machupicchu hasta siempre, y emprendimos la retirada.

La subida la habíamos hecho en bondi, ahora la vuelta debíamos hacerla caminando. No fue tan terrible como si hubiese sido al revés, pero estábamos tan cansados, que cualquier cosa era demasiado, y cada vuelta que terminábamos, al comprobar que aún nos faltaba al menos otra vuelta más, era desesperante!

No se cuánto tiempo nos habrá llevado terminar esa bajada, pero finalmente lo logramos, y fuimos directo a clavarnos una grande de muzza, y esperar encontrarnos con Alex en algún lugar…

Por suerte Alex, era bastante más responsable que sus compañeros, así que se ocupó de conseguirnos los boletos de tren y de conseguirnos alojamiento, porque una vez más, calavera y yo nos habíamos quedado afuera de una “listita”

El resto del día fue trasladarnos al nuevo hotel, bañarnos y luego salir a cenar.

Sería nuestra última noche en Aguas Calientes, al día siguiente emprenderíamos la vuelta a Cuzco, o eso creíamos al menos…

No hay comentarios:

Publicar un comentario