martes, 27 de julio de 2010

6/4 El comienzo del fin

Dormimos como angelitos, toda la noche, con la tranquilidad de la misión cumplida.

Como teníamos que dejar la habitación antes de las 10 de la mañana, pasó Alex a buscarnos, nos entregó a cada uno el ansiado boleto de tren y nos citó en un punto donde debíamos encontrarnos a las 12 para que nos llevara a tomar el tren.

Pero aún faltaba para las 12 y ya teníamos que abandonar el hotel, así que nos fuimos los 4 a desayunar. Nos sacamos fotos, una vez más recordamos los sucesos vividos hasta el momento y pudimos reirnos de cada uno, ya el viaje estaba llegando a su fin, sólo nos quedaba volver…

A las 12 nos reencontramos con Alex que nos acompañó a tomar el tren. Ahí nos despedimos, le agradecimos eternamente que se hubiese comportado tan bien con nosotros y no nos hubiese dejado de garpe como venían haciendo todos sistemáticamente, y le pedí mil veces perdón por lo mal que le había hablado el día anterior.

Y así, con un gran abrazo y un apretón de manos, nos subimos al tren.

Ya sabíamos lo que se venía, esa larga hora de caminata hasta llegar a la tirolesa, y ahí la larga cola hasta finalmente cruzar al otro lado. Además de la gente que viajaba en el tren, estaban los muchos que habían salido bien temprano en la mañana para hacer el recorrido del tren caminando, así que suponíamos que la cola para cruzar el río en tirolesa iba a ser inmensa. Por eso, entre los cuatro, planeamos la siguiente estrategia: ni bien frenara el tren, calavera y Juan tomarían la delantera, y Ceci y yo iríamos más tranquis, cosa de llegar a la tirolesa y que ellos ya estuvieran más adelantados haciendo la cola, y ser de los primeros en cruzar, y encontrarnos rápidamente con el guía que estaría del otro lado esperando por nosotros... si, otra vez, ni yo misma puedo creer que hayamos caído otra vez en la misma trampa, pero vayamos por partes…

La fabulosa idea que se le ocurrió a calavera, fue que llevara yo la mochila más pesada. Vale aclarar que en el viaje de ida la cargó él y despotricó a lo largo de todo el viaje. Un poco para no oirlo despotricar más, otro poco porque la idea era que ellos se adelantaran, pero sobre todo para no oirlo más, cerré trato, “además, -pensé-, ahora nos queda la mejor parte, si esta caminata de ida fue en subida, ahora nos toca en bajada” pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…

Una vez que frenó el tren, los chicos, como habíamos quedado, tomaron la delantera, y nosotras, yendo a paso firme, los seguíamos por atrás. Un primer tramo fue normal, hasta que llegamos al momento en donde debería comenzar la bajada para nosotros. Ese camino que hicimos a la ida que bordeaba el río, lo pudimos hacer porque era domingo y no había nadie trabajando, pero en realidad, es un camino cerrado, el camino que hay que tomar es por la montaña, y como era día de semana y la gente estaba, obviamente, trabajando, no nos dejó pasar y todos debimos tomar el camino de la montaña, MALDICIÓN!!!!!!!!!!!!!

Sentí que el mundo se me caía a los pies… se estrellaba contra el piso y se rompía en mil pedazos.

La mochilota ya no la soportaba más sobre las espaldas, cada 2x3 paraba Ceci a preguntarme si andaba bien, porque mis ojos inyectados en sangre y mi respiración de caballo agitado indicaban todo lo contrario. Y claro! Si a calavera le pesaba la mochila, qué se podía pretender de mi??? Sin mencionar que venía de una seguidilla de dejarme kg en el camino porque para qué cargarlos, no? Y en medio de la montaña! No sólo había subidas por doquier, sino que el camino no era fácil, (bah, no había camino), era peligroso, te podías caer… un garrón!

Lo admito, tenía ganas de asesinar a calavera. Sólo me calmó un momento en que Ceci me ofrece agua, yo le agradezco, pero ya estaba destapando la botella que cargaba yo, y en ese momento, Ceci se aviva que toda el agua con que contábamos, la teníamos nosotras. En ese momento, una breve sonrisa asomaba a mis labios…

Ya nos contarían después los chicos que les pasó más o menos lo mismo, en un momento, Juan le pide a calavera un poco de agua, y calavera le dice que la cargaba yo, y se lamentaron y putearon en todos los idiomas. Y bueno, chillá calavera, chillá, varios mts atrás estaba yo chillando de lo lindo también…

Caminamos, caminamos y caminamos.

Hasta que finalmente, con el último suspiro llegamos al tramo final donde debíamos, también por la montaña, comenzar a bajar para llegar hasta la tirolesa. Ahí lo encontramos a calavera que estaba indicando el lugar por donde debíamos bajar, ya más adelante estaba Juan.

Al verme, desfigurada, desarmada, desencajada, desesperada y todas las “ada” posibles, intentó tomar la mochila para cargarla él. No fue necesario que mediara palabra, mi mirada lo dijo todo. Creo que esa vez no lo tiré barranco abajo porque no tenía fuerzas suficientes… pero lo hubiese tirado.

Por suerte, Juan estaba bien adelantado en la cola, así que prontito cruzamos al otro lado. Como cada vez pueden cruzar sólo 3, yo crucé con los chicos, no quería ni compartir la tirolesa con calavera!

Ya del otro lado, una vez que me compuse un poco, todo volvió a tomar un tono más ameno. Ahora debíamos esperar que Miguel, así nos había dicho Alex que se llamaba el guía con el que nos debíamos encontrar, nos pasara a buscar con la combi y emprendiéramos el regreso a Cuzco

CRI CRI CRI CRI

Nos reímos, charlamos, almorzamos atún con queso y galletitas y esperamos, esperamos y esperamos.

Esperamos hasta que nos empezamos a preocupar, podía ser que nuevamente nos hubiesen dejado varados???????? Y si, podía ser…

El tiempo pasaba, los grupos enteros cruzaban y los veíamos irse en sus combis con sus guías, -qué envidia!- pero nadie acusaba el nombre de Miguel, nadie sabía dónde estaba ni quiénes éramos nosotros ni qué teníamos que hacer. Como estábamos en el medio de la nada, y no faltaba mucho más para que comenzara a oscurecer, decidimos tomar un taxi hasta Santa Teresa, y ver ahí qué corno podíamos hacer.

Con toda la bronca del mundo nos subimos a un taxi, y una vez en Santa Teresa, comenzamos a averiguar qué hacer.

Los chicos intentaban comunicarse con su agencia, calavera y yo intentábamos que una combi nos llevara de regreso, sin que nos cortara la cabeza. En eso estábamos con uno de los guías que se creía el rey teniéndonos en sus manos, hasta que llegaron los chicos diciendo que habían hablado con su agencia, y que esa combi que pretendía cobrarnos el pasaje era la que nos tenía que llevar de vuelta. Les habían dicho que había 4 pasajeros que no formaban parte del tour que estaban trasladando a quienes tenían que buscar, pero en ningún momento se les ocurrió hacer 2+2 son 4 y pensar que esos 4 que tenían que llevar éramos nosotros 4, no en ningún momento se les ocurrió, ni tampoco estaban muy preocupados por esos 4 que debían llevar y no estaban llevando. Según nos dijeron, nos buscaron del otro lado de la tirolesa, y como no estábamos, se fueron. No me consta que nos hayan buscado, de verdad que fuimos de los primeros en cruzar, y vimos irse a un montón de camionetas, y a nadie vimos que nos buscara. Pero de todos modos, no nos esperaron, y eso no está bien, no?

Por suerte dimos con ellos en el restaurante donde habíamos parado a la ida para almorzar, y ahí estuvimos un rato largo, luego, ese rato largo ahí lo pagaríamos caro.

Todos nos subimos a la combi y parecía que ahora si la odisea había terminado. Pero al llegar al lugar que tuvimos que cruzar a pie a la ida, la combi se frenó: el camino estaba 100000000000 veces peor que la primera vez que lo cruzamos. Con el agravante de que ya estaba oscuro, (esto por la demora en el restaurante, demora que todo el pasaje les echaría en cara: "nos tuvieron una hora ahí, para que consumamos, para que gastemos, y ahora, de noche, no se puede cruzar, si no hubiesen sido tan codiciosos..."),así que no se veía nada. La gente que estaba trabajando en el lugar, nos prohibió cruzar, (a pie, claro, en combi era imposible). Así que el guía, al enterarse de esto, subió a la combi a avisarnos que debíamos pasar la noche en Santa Teresa. Muchos de los que viajaban tenían avión para el día siguiente, lo que significaba que este retraso les haría perder el vuelo, pero no parecía que hubiese demasiadas alternativas.

Así las cosas, lo que les empezamos a decir, es que nos garantizaran alojamiento y comida. Ahí la cosa se puso peliaguda.

La gente que estaba trabajando en el derrumbe, tras delimitar la zona con una franja de seguridad que prohibía su cruce, se fue. Y los guías entonces, no tuvieron mejor idea que cortar la franja, (esto no es un delito???!!!), e instarnos a cruzar a oscuras un camino que se venía abajo y que teníamos prohibido cruzar. Por suerte, todos estuvimos de acuerdo en no hacerlo, salvo una señora que también tenía vuelo al día siguiente y no pensaba perderlo. Pero el resto, nos mantuvimos firmes. Una pareja de españoles que también debía volar al día siguiente, a voz en cuello pregonaba “que no he venido al Machupicchu a dejar la vida” Y tenían razón, yo tampoco había ido a Machupicchu para caerme de cabeza por un barranco desmoronado.

Y nos tuvieron que llevar de vuelta a Santa Teresa.

No se si es verdad eso de que Dios aprieta pero no ahorca, o eso de que todos contamos con un ángel protector, pero la cuestión es que, dentro de todos los garrones que nos tuvimos que comer, siempre encontramos una forma de solucionarlo o dimos con una persona que piadosamente nos ofreció su ayuda. Y así como Alex nos salvó en su momento, ahora Flora, la dueña del restaurante de Santa Teresa, no se por qué, pero nos dijo que nos tenía a su cargo y que se iba a ocupar de nosotros. Nos dio alojamiento, comida, y nos aseguró que al día siguiente nos iría a buscar al alojamiento en cuanto nos encontrara un lugar en alguna combi que nos llevara de vuelta a Cuzco.

Bueno, mañana veríamos qué haríamos, (ya eso de “yo te lo resuelvo todo” no se lo creíamos a nadie), en principio, teníamos comida y dónde pasar la noche, ya era algo…

Una vez más, y tratando de olvidar lo pasado y enfrentan con fe lo que faltaba, comimos, tomamos cerveza, charlamos y nos reímos.

Y luego, los 4 a una de esas habitaciones multitudinarias de los hostels, pero a esa altura, qué me importaba? Podía dormir parada en la plaza del pueblo!

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