Hay un momento del año en que siempre, indefectiblemente, me levanto con un humor de perros…
En general mi humor matinal no es el mejor. Eso de que el sonido metálico del despertador me taladre los oídos anunciando el comienzo de un nuevo día, ya no me predispone del mejor modo. Eso de que me tenga que levantar cuando ese maldito aparatito lo ordena, aunque todo mi organismo esté en condiciones de seguir de largo unas horitas más, tampoco me lo vuelve fácil. Pero si a todo eso le agregamos que ya estamos en diciembre, que tenemos todo el año encima y que se viene el fin de año con todo lo que eso implica, (las tensiones familiares, que están a la orden del día, compromisos por doquier y de todo tipo, de los que uno quiere y de los otros también), podríamos decir que el gruñido de un orangután resulta más simpático que el buenos días que a regañadientes me pueden llegar a sacar con tirabuzón.
Por eso, tengo la sana costumbre de levantarme con tiempo suficiente como para hacer todo lo que tengo que hacer antes de salir de casa, y de paso, dejar que se produzca en mi el pasaje de lobo feroz en niña buena, (tengo contabilizado en 1 ½ de duración este pasaje), y entonces si, salir a enfrentar al mundo con la frente en alto.
Además, soy tan pero tan lenta por la mañana, mi coordinación deja tanto que desear, que es otra buena razón para levantarme con tiempo y no tener que sufrir las apuradas, que en este estado, serían excesivamente peligrosas, (para el apurado, claro!).
Así que , con todo el dolor del alma, me pongo el despertador con 1 ½ de tiempo cosa de hacer todo lo que quiero antes de salir de casa: la cama, no me gusta volver y que la cama no este hecha; desayunar, soy incapaz de funcionar sin el desayuno encima, y con todo el ritual, eh! eso de tomar un café de parada conmigo no va; vestirme, arreglarme en general, a veces el pelo se endiabla, y hasta que no quedo conforme, no pongo un pie fuera de mi casa. Y así, tranquila, voy haciendo todo y mutando de monstruo en persona normal… Total, para correr tengo todo el día!!!
Ya le había advertido a calavera sobre este cuadro humorístico con el que suelo amanecer. Pero se empecinaba en insistir en que no era así, “cuando estás conmigo no te levantás de mal humor” (JUAJUAJUA, ríe, casi ladra el ogro mañanero que convive en mi)
Una y mil veces le expliqué:
-suele ser fín de semana, es decir, no tengo que ir a trabajar, es decir, no tengo obligación de levantarme a un horario, ergo, soy felizzz!
-de ser lunes, vengo del fin de semana, ergo, la felicidad del finde aún me dura!
-si es entre semana, bueno, levantarse con calavera está bueno, y no era algo habitual, salía de la rutina diaria, ergo, me da felicidad!
Pero ahora que calavera está en casita, dormimos juntos todas las noches y nos levantamos juntos todas las mañana, ya forma parte de mi rutina cotidiana en la que entra, claro está, el mal humor matinal… que en esta época del año sólo tiende a empeorar…
Se lo venía avisando a calavera, se lo venía advirtiendo… Bueno, hoy calavera, me lo avisó a mi. Se ve que viene notando la cara de perro malo con que de un gruñido me despierto, y hoy timidamente, casi con miedo creo yo, me deslizó un: “che, te levantás de mal humor, vos, no?” SI, CALAVERA, SI, ME LEVANTO DE MAL HUMOR, DE PÉSIMO HUMORRR!!!
ADVERTENCIA: Cuando se sufre de malhumorismo matinal, la pregunta: “estás de mal humor?” no ayuda, no señor!!!
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