No puedo precisar con claridad cuál fue mi sensación, simplemente puedo decir que la imagen que me devolvía el espejo, no la reconocía como propia. No se cuánto tiempo estuve obnubilada frente al espejo, pudo haber sido por 5 segundos o 2 horas, el tiempo a veces se vuelve relativo. Lo que si puedo aseverar, es que no me reconocía en la imagen que me devolvía el espejo, y no se me ocurren palabras para explicar el shock que ese reflejo significó para mi. No era sólo por el pelo cortito a lo garcón, aunque no es un dato menor. Toda la vida usé el pelo largo, desde chica, hasta la cintura, millones de fotos lo corroboran, así que este nuevo look que no llegaba ni siquiera a melenita, este corte “varón”, como vulgarmente se dice, (qué horror! corte “varón”, lo entrecomillo porque me duele hasta pronunciarlo!), me desorientó, me dejó perpleja y sin posibilidad de reacción por un tiempo considerable. Y a medida que mi mirada iba bajando, más y más iba aumentando mi perplejidad, de dónde habían salido esos músculos?! De quién eran esos hombros, esos brazos, esas piernas?! Nunca me caractericé por ser una esmirriada sin forma, pero de ahí a tener los músculos de Rambo y los abdominales de Terminator, había un abismo. Era como estar encerrada en el cuerpo de otra persona, en un cuerpo que no me pertenecía, y lo que era peor aún, un cuerpo que no me gustaba y en el que no me sentía para nada cómoda.
Al levantarme esa mañana, me había sentido rara, mareada. Creí que se debía a que estaba recién levantada. Como imaginaba que iba a despertar en la misma realidad que el día anterior, no me preocupé por saber qué hora era, ni por que calavera no estuviera a mi lado, ya sabía que en esta realidad de desempleada sin ocupación, los horarios no eran un problema para mi. Si me extrañó que no estuviera Aquiles a los pies de la cama, tal y como era su costumbre, pero supuse que habría ido a tomar agua, y simplemente, con el impulso propio del comienzo de un nuevo día, me levanté y fui al baño. Así que, cuando me tambaleé en el pasillo, no me preocupé, más bien se lo atribuí a esa manía que tengo de hacerlo todo rápido. Pero al llegar al baño y encontrarme con la imagen de esa musculosa de pelo cortito, comprendí que el mareo se debía a que estaba apresada en el cuerpo de otra. Y no era otra, yo se que no era otra, era yo misma, era mi cara, mis rasgos, mi pelo, corto, pero mio, y mis brazos, tres veces más voluminosos pero mis brazos, que concluían en mis manos, manos que reconocía, dedos con uñas que eran míos, incluso estaba la cicatriz en forma de cruz en la palma de mi mano derecha de cuando me clavé un pedacito de vidrio del vaso que rompí aquella vez que mi abuela me llevó a la casa de su primo Héctor, un viejito adorable, solterón empedernido, que hablaba francés y tocaba el piano como los dioses, y del que me enamoré perdidamente a los 5 años. Claramente no era el cuerpo de otra persona mi nueva cárcel, sino mi propio cuerpo… irreconocible, deformado, obscenamente voluminoso, pero mi cuerpo al fin. De ahí lo brutal del shock. Creo que haberme despertado en el cuerpo de un hombre, no me hubiese causado tanto estupor.
Una vez que recuperé la capacidad de reacción, comencé a llamar a los alaridos a Aquiles. No estaba, por ninguna parte aparecía Aquiles, ni rastros, en toda la casa, de la existencia de ningún perro, de ninguna mascota, para ser exactos. Y entonces, descubrí lo peor, con un terror asimilable a la locura, descubrí que tampoco había rastros, en toda la casa, de la existencia de calavera… o mejor dicho, los espacios vacíos en donde solían estar sus cosas, me anunciaban a gritos que calavera ya no estaba ahí, se había ido…
Nunca me había sucedido una cosa así. Siempre, en todos los viajes que había tenido la suerte o la desgracia, (aún no me decido, no se si todo esto es un gran castigo o un enorme don, las sensaciones son enfrentadas y contrapuestas cada vez), de afrontar hasta el momento, nunca mi vida se había visto tan horrorosamente alterada, siempre mantenía más o menos la misma lógica, nunca había dejado de ser yo, con perro o sin perro, con trabajo o sin trabajo, más o menos nerviosa, con un poco más o menos de plata, pero salvando ciertas circunstancias más bien aleatorias, yo siempre seguía siendo yo, mi vida era más o menos la misma, y por sobretodo, la gente que me rodeaba, que me contenía, que me quería y a la que yo quería, también era siempre la misma, y si bien mis circunstancias, al modificarse, modificaban las de los demás, estas modificaciones más bien acompañaban a las mías y viceversa.
Por eso, comprobar que no había rastros de calavera en casa, me hizo temblar de un modo del que no tengo registro previo, sentí que toda mi vida podía derrumbarse en cualquier momento, que no había nada estable que me contuviera, si calavera había desaparecido, qué otras cosas, qué otras personas más podrían haber desaparecido también?
Mi casa, al menos a primera vista, salvo por los espacios vacíos antes ocupados por las cosas de calavera, parecía ser la misma. No tenía ni pistas de en qué realidad me encontraba, como si hubiese sido mi primera vez en esta paralela, todo parecía dar vueltas a mi alrededor, y por un momento creí que me desmayaba. De pronto, un sudor frío comenzó a correrme por la espalda, y si alguien o algo había decidido entretenerse haciendo añicos mis realidades paralelas? Con estupor esta idea se apoderó de mi. Qué más podría haber perdido, qué otras realidades más podrían estar destruyendo de este modo tan impune y doloroso? Y la mayor de las preguntas, quién o qué podría estar haciendo esto? Por qué?
Pero quedaba aún otra posibilidad, otra opción en la que no quería ni siquiera pensar, una posibilidad peor que cualquier otra especulación posible, habría sido yo misma el monstruo malicioso encargado de tremendo desbarajuste? Era posible que yo fuese la artífice de todo esto? Habría perdido por completo el rumbo?
Nuevamente el mareo, nuevamente la sensación de inestabilidad y de desmayo. Y en eso desde el fondo de la conciencia, el sonido de un teléfono llamando me volvió a la realidad. Instintivamente lo busqué con la mirada donde suele estar, y ahí estaba, así que, no sin pánico, me abalancé sobre el aparato y contesté, sabiendo que podía encontrarme con cualquier cosa del otro lado del inalámbrico.
Con felicidad reconocí la voz de mi mamá, y no pude evitar largarme a llorar. Al menos mi mamá seguía siendo mi mamá, estaba y me quería, al menos eso no estaba destruido! Preocupada me preguntó qué me pasaba, pero sabiendo que no puedo explayarme en lo que concierne a mis viajes virtuales y a sabiendas de que esta realidad tan novedosa para mi era cotidiana para mi mamá, actué con rapidez e intenté dirigir la conversación a averiguar en qué realidad había despertado, quién era esta paralela a Jimena Luján y sobre todo, qué había sido de calavera.
Así supe que un tal Ricardo, domador de leones, al parecer, me estaba buscando “desesperadamente”. Me había dejado varios mensajes en el celular, (después supe que lo tenía apagado), y me había llamado al teléfono de casa. Yo no lo había escuchado, no sabía si porque aún no había atravesado el umbral que me vararía en esta vida, o si simplemente aún estaba durmiendo y el sonido de la campanilla no me había despertado, pero Ricardo había optado, como última opción, tratar de localizarme por intermedio de mi mama, con quien no se llevaba para nada bien. Aparentemente, desde que conocí a este "Ricardo", yo habría cambiado radicalmente, me había separado de calavera, me había unido a su circo entrenando los 7 días de la semana para convertirme en una acróbata de pura cepa, -lo que explicaba mi musculatura exagerada-, y, lo que había colmado la paciencia de todos, incluyendo la de mi madre, había decidido unirme al circo y partir de gira con ellos sin rumbo fijo. Por eso, una vez que mi mamá recibió el llamado de "Ricardo" desesperado queriendo tener noticias mías, más allá de haberse preocupado, se alegró con la esperanza de que finalmente hubiese entrado en razón y me hubiese despedido de la absurda idea de unirme en la legión de domadores, payasos y malabaristas. No fue dificil desembarazarme de mi madre. Le bastó con saber que iba a volver a la dieta y las compras compulsivas y que ningún circo iba a tener la suerte de contar con piruetas acrobáticas. Pero debía cortar pronto con ella, una avalancha de imágenes comenzaron a presentarse ante mi, y, como si estuviera viendo una película, una a una iban desfilando ante mi las imágenes de todo aquello que mi mamá acababa de relatarme.
Entonces comprendí que este cambio de cuerpo, de actitud, de vida, había sido absolutamente buscado, ideado y pergeñado por mi con el único fin de vivir otra vida totalmente diferente a mi vida, a mi vida original, sincera, verdadera y que ahora extrañaba tanto. Evidentemente, me había tomado en serio eso de vivir otras realidades, y en ese experimento, al parecer no me habría importado nada deshacer todo aquello que con tanto esfuerzo y corazón había armado a lo largo de todos estos años. Por eso, cuando lo conocí a Ricardo, con quién había comenzado a tomar clases de acrobacia, más por juego que por otra cosa, se me presentó la posibilidad de otra vida diametralmente diferente a la mía, y ante su ofrecimiento de unirme en su comparsa, no lo habría dudado ni un segundo, aún sabiendo que esto significaba el fin de mi relación con calavera. Supongo que especulaba con que siempre existen las demás realidades, pero ahora me avergüenza mucho haber obrado de modo tan egoísta.
En este sin fin de imágenes como ráfagas que desfilaron ante mi, me desgarró la de calavera juntando sus cosas, vaciando la casa de su presencia, y por sobre todo, me vi a mi partida en dolor. Por qué, entonces, seguir adelante? Era incomprensible y a la vez, no podía dejar de reconocer que esa actitud era bastante más común y repetida que lo aconsejable en el cotidiano colectivo, con la salvedad de que en escasas oportunidades tenemos la posibilidad de deshacer lo hecho. Ya había sido suficiente. Ya había entendido todo, ya sabía perfectamente en qué realidad estaba, y no me gustaba, no me gustaba ni un poco. Era hora de solucionar las cosas, o al menos, intentarlo.
Me vestí a las apuradas, sólo encontré calzas, remerones y babuchas coloridas, así que, viendo que el vestuario dejaba mucho que desear, me zambullí en lo primero que encontré, sin demasiadas pretensiones, y salí corriendo a la calle, sabía perfectamente a dónde debía dirigirme, ya había recordado todo.
Por instinto, no más, tomé la mochilita que había en sobre una silla cerca de la puerta de casa, y por suerte estaban las llaves y un monedero con algo más de $ 40. Decidí tomar un taxi, la urgencia de la empresa que tenía entre manos lo ameritaba.
En qué momento se me había ido todo de las manos de esta forma? No creo haber evaluado las consecuencias de mis decisiones... no creo haber evaluado nada, en realidad. Ahora la rueda había comenzado a andar, y parecía no tener fin, qué otras cosas estaría haciendo en este mismo momento mi Jimena paralela con pretencions de múltiples vidas??? Era como si con este don, que ya estaba comenzando a vivir como un castigo, se despertara en mi una zona oscura, egoísta, un ser nuevo y aterrador, dispuesto a cualquier cosa con tal de vivir nuevas experiencias, sin importar el daño que esto pudiera ocasionar a los demás, olvidando la regla número 1, que es que cada realidad, por más paralela que sea de la origina, funciona como un organismo entero, completo, tiene su propia organicidad y sus propias leyes, y si bien, como organismo funcionan de manera independiente, no dejan de estar íntimamente relacionadas, y sabía que, más allá de que no estaba bien lo que había hecho y debía intentar resolverlo, tarde o temprano, la Ley de Umbrales Virtuales, comenzaría a cobrarme mis malos comportamientos, en ésta y en todas las realidades.
Mientras reflexionaba sobre estas cuestiones, llegué al circo ese famoso en donde me estaban aguardando para partir con destinos inciertos. Los saludé afectuosamente a todos, una vez frente a ellos, debo reconocer que me alegraron un poco el alma. Era un lindo grupo, y se que supe ser muy feliz entre ellos, pero no puedo irme así, sin más y abandonarlo todo. Quizás en otra vida… No! Pero qué digo, por pensar en otras vidas estoy metida en este tremendo bolonqui del que sólo quiero salir! Les expliqué que realmente me habían hecho mucho bien que apreciaba la calidez con que había sido recibida en su maravilloso mundo, pero ni en sueños podría vivir en un remolque toda la vida! Entre elefantes y malabaristas, y hombres que escupen fuego por la boca, y olor a estiércol… Soy una persona absolutamente citadina, tengo cemento en las venas, y aunque puede que por algún tiempo haya creído realmente que podía vivir así, sin un hogar fijo, de gira eterna conviviendo cada vez con la gente del nuevo lugar, sabía que a la larga, extrañaría horrorosamente a mi familia, a mis papás, a mis sobrinas, a mi hermana, a mis amigas, mis entrañables amigas! Y a calavera, claro!
Una vez hecha la despedida, habiendo dado y recibido tantos abrazos que me quedó doliendo el pecho, fui a cumplir la otra misión que debía enfrentar, ir a buscar a calavera.
Esta vez preferí caminar. Estaba a 20 cuadras de donde suponía se había instalado calavera. No tenía una noción del todo preciso del momento de la separación, es decir, no sabía exactamente hacía cuánto que estábamos separados, pero por lo que mi mamá me había contado, podía suponer que rondábamos ya el mes, es decir, bastante tiempo como para haber pensado y re-pensado y haber tomado una decisión y sostenerla. Pero en otra época, en la época del “a mi no me pasa” ya habíamos estado separado, y tenía la ilusión de que al menos eso contara a mi favor.
Mientras caminaba esas cuadras bajo la lluvia, (obvio, no podía ser de otra manera, se había largado una tormenta de esas de verano, en que pareciera que el cielo se abriera sólo para dejar pasar el agua), iba pensando en que desconocía absolutamente el mecanismo de estos viajes virtuales, y estaba comenzando a percatarme de un detalle, ya no sólo era una cuestión de atravesar umbrales y caer en realidades paralelas de las más diversas, estaba comenzando a sospechar que además viajaba en el tiempo, y que en estos viajes a través del tiempo, algo de la conciencia también se comenzaba a trastocar, lo que posibilitaba estos cambios abruptos de elecciones y personalidades… eso o en algún momento, sinceramente, me dejó de importar el resto y comencé a mandarme cualquiera. Pero de todas, ésta era la explicación que menos me gustaba, y tenía fe en que estos viajes virtuales no afectaran de tal modo mi concepción de la vida.
Abruptamente tuve que abandonar estos pensamientos cuando, 5 cuadras antes del lugar al que me dirigía, justo frente a mi, también bajo la lluvia y con una expresión que no podía terminar de distinguir si era de asombro, alegría o furia, estaba calavera, clavado en la vereda, mirándome. De haberse tratado de una película, hubiese tildado a semejante escena de, como mínimo, trillada, previsible y poco novedosa, pero como pertenecía a la más absoluta realidad, al menos a la más absoluta realidad paralela en la que me encontraba en ese momento, no me detuve en calificativos y con mi mejor sonrisa, (mi abuela siempre me decía, “Jimena, una sonrisa no se le niega a nadie, es la mejor carta de presentación”), envalentonándome en mis grandes dientes blancos, me encaminé, derechito, hacia donde estaba calavera…
Al cruzar la calle, veo que junto a él estaba uno de sus amigos, a quién le entrega las bolsas que llevaba, (por lo que alcancé a ver, una botella de coca-cola un par de cajas de hamburguesas y un paquete de pan, bastante previsible también), y con un cabeceo de saluda desaparece por una puerta pesada de vidrio y rejas negras.
Ahora si, ahí estábamos los dos, enfrentados. Empapada y con la capucha puesta, no pude evitar pensar que mejor hubiese sido llamarlo por teléfono y arreglar una cita para charlar y así tener la oportunidad de presentarme en mejor estado, pero viendo el cuerpo que me contenía, pensé que iba a ser difícil mejorar el estado, así que mejor acelerar los trámites y acabar con esta agonía, sea cual fuese la resolución de todo esto, al menos iba a llegar a un fin, y ya estaba cansada de tanta vuelta novelesca. Nos saludamos con cordialidad aunque con frialdad, y como vi que no me invitaba a pasar ni me sugería entrar a ningún lugar, lo invité yo a tomar un café en el bar de la cuadra de enfrente. Me miró a los ojos, fijo por un momento, una eternidad para mi. Cada tanto, de la capucha caían gotas gordas de lluvia que se estrellaban en mi nariz, y mientras me miraba, no podia evitar pensar en lo aparatoso de la situación…
CONTINUARA...
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