martes, 29 de diciembre de 2009

El sillón rojo

Erase una vez, en la lejana tierra de A MI NO ME PASA, un muchacho, llamémosle calavera, que tenía un sillón, un sillón rojo, un sillón rojo mágico.

Cuenta la leyenda que las propiedades mágicas del sillón habrían sido los verdaderos responsables del encanto del que había sido presa cierta damisela que, al día de la fecha, permanece cautiva de semejante embrujo.

Una vez, y después de muchos días de llanto, la damisela fue interrogada por los aldeanos del lugar

-Por qué lloras, dulce y bella damisela?
-Porque calavera me ha dicho: A mi no me pasa
-Pero qué, qué le has visto a calavera que te tiene tan cautivada
-No se, pero una vez me senté en su sillón, en su sillón rojo, y ya nunca más quise abandonarlo

De ahí que todos los lugareños comenzaran a sospechar de las cualidades mágicas del sillón de calavera.

Tras largos meses en los que la lluvia y la sequía azotaron la tierra de A MI NO ME PASA, los pobres aminomepaseaneos, desesperados, fueron en caravana a ver a los Dioses de Todas las Tierras. Durante 3 largos día y 3 largas noches, viajaron montados al lomo de pequeñas ovejas que los llevarían al refugio de los Dioses, cargados con zumo de miel para beber y así evitar que la amargura se adueñara de sus almas.

Al bajar el sol, el tercer día de viaje, los aminomepaseanos, llegaron a las puertas del refugio de los Dioses de Todas las Tierras, y tras golpear 3 veces sus manos el más antiguo de ellos, se abrió la fortaleza y se adentraron en los prados Divinos de Todas las Tierras.

Allí, una viejecita pequeña que con el cabello tan largo que una hilera de hadas le servía de séquito constante sosteniendo la blanca cabellera, tan blanca que no se diferenciaba en las manos de las hadas tan puras y castas que un humano, fuera del los prados Divinos de Todas las Tierras, no las hubiese distinguido, los recibió sonriendo:

-Dime, pequeño humano, qué te trae por aquí
-Vengo de la lejana Tierra de A MI NO ME PASA…
-Lo se, lo se…
-Sabrás también, entonces, Gran Diosa de Todas las Tierras, que desde hace varios meses, las lluvias y las sequías están azotando nuestras benditas tierras, dejándonos desprovistos de alimentos, enfermando a nuestras mujeres y niños, cubriendo de desgracias nuestros destinos…
-Si, lo se, lo se… (repitió una vez más la Diosa anciana, está vez, con gesto apesadumbrado)
-Venimos a que nos digas, digna Diosa, qué podemos hacer para revertir esta situación, para que volvamos a ser la feliz tierra de A MI NO ME PASA
-Sólo hay una posibilidad… Existe, en vuestra tierra, unos antiguos árboles conocidos por ustedes como los árboles del A Mi No, estos árboles son hermosos, frondosos y su fruto además de delicioso, tiene propiedades curativas asombrosas, pero una vez, cada mil años, un pequeño duendecillo sale a jugar, y espolvorea con sus polvos los ojos de los hombres y mujeres de poca fantasía, cegándolos ante la experiencia del amor. Así en sus tierras, un hombrecillo conocido por el mote de calavera fue cegado por los polvos del duende, y pronunciando la frase que nombra la tierra de ustedes, rompió el corazón de una damisela que, de tanto llanto, ha provocado el llanto de las nubes y de ese llanto se desprendieron las tormentas e inundaciones. Los Dioses de Todas las Tierras, furiosos ante tremendo despilfarro de agua salada, y a sabiendas de que tanto llanto sólo puede deberse a una pena de amor, han castigado su tierra con tremendas sequías esperando que la luz vuelva a la vista de aquellos que no ceden ante el amor, pero ocasionando terribles trastornos para sus tierras…
-Y qué podemos hacer para revertirlo todo, para volver a nuestro hogar y que con nosotros vuelva el buen tiempo y la alegría?
-Sólo el sillón rojo puede lograrlo
-El sillón rojo? Preguntaron los peregrinos intrigados
-Si, el sillón rojo de calavera. Previendo esta situación, cuando la tierra de A MI NO ME PASA aún no era tierra y los árboles del A Mi No aún no daban frutos, los Dioses de Todas las Tierras, hemos enviado a la morada de calavera, un sillón rojo que tiene propiedades mágicas…
-Es cierto! el sillón rojo mágico de calavera, ya lo había mencionado la damisela! Gritó desde el fondo uno de los lugareños entusiasmado.
-… deben lograr que damisela y calavera se sienten en el sillón rojo, y cruzar los dedos, si son verdaderos los sentimientos, la magia del sillón rojo traerá de la ceguera a calavera… pero si en alguno de los dos el sentimiento no es verdadero o se ha esfumado, nada se podrá hacer, ya que el sillón hace magia, pero no milagros… Pero es muy importante no alertar a damisela y a calavera sobre todo esto, sólo deben tener fe, y si el sentimiento es verdadero, el amor lo solucionará todo…

Tras la respuesta recibida, los aminomepaseanos agradecieron a la viejecilla, y emprendieron el camino de regreso a la lejana tierra de A MI NO ME PASA, no sin antes recibir los manjares que la anciana Diosa les diera para el viaje: Una cantimplora llena de zumo de miel y una pata de mamut renegado cubierto con sal para mantenerlo fresco. Con el equipaje cargado y tras dejar que las ovejas bebieran el agua que les serviría para atravezar los prados que los separaban de su tierra de origen, emprendieron la vuelta.

Tras caminar 3 días y 3 noches por montes y escarpados, los peregrinos llegaron a su tierra, y fueron alegremente recibidos con trombones y trompetas por los pocos lugareños que aún quedaban en pie, ya que muchos yacían en su lecho, afiebrados o sufriendo convulsiones y alucinaciones de las más diversas.

-Qué les han dicho los Dioses de Todas las Tierras? Qué respuesta, qué solución han encontrado? Inquirió el más jóven de todos
-Que tengamos fe, respondió dubitativo el más antiguo, el que había llevado el habla frente a la digna Diosa
-Fe? Qué quiere decir eso? Qué tenemos que hacer? Es que debemos ofrecerles sacrificios florales a cambio de la vuelta de la paz y la buena fortuna a nuestras tierras?
-No, respondió aturdido, el vocero de los aminomepaseanos, significa que debemos creer…

Una vez terminada la frase, una tormenta descomunal estalló en los cielos, y todos sin excepción, se alejaron corriendo a refugiarse en sus hogares a orar por que la calma invocada a fuerza de fe, llegara prontamente.

Y eso fue todo.

Al día siguiente, a primera hora, con el primer rayo de un sol que hacía mucho no dejaba verse en la lejana tierra, todos los pueblerinos se reunieron en la plaza comunal.

Así, iniciando una nueva caravana, una vez más comandada por quien llevara la voz cantante ante la viejecilla Diosa, fueron a golpear la puerta de la casa de damisela que, aún dormida lloraba sus lágrimas de sal, y ahí mismo, y sin dar explicaciones, la alzaron en andas y la llevaron a la morada de calavera. Una vez más, y sin preámbulos, en andas llevaron a ambos hasta el sillón rojo, y ahí los depositaron esperando, con fe, que se cumpliera la profesía.

Cuenta la leyenda que una gran nube negra bajó de los cielos y lo cubrió todo, por 5 minutos, todo quedó cubierto por una gran nube de aserrín y azúcar y sal, el aserrín invocando al trabajo, a lo laborioso del amor, el azúcar para contrarrestar las amarguras que toda una vida juntos puede llegar a tener que enfrentar, y la sal como aquello que da condimento a la vida.

Lo siguiente fue el tiempo.

Si, por obra y gracia de la magia del sillón rojo, las dimensiones se confundieron, se entrelazaron, se entremezclaron…

De pronto, damisela y calavera ya no eran damisela y calavera… o bueno, si, lo eran, pero en otro mundo, en otra tierra no tan lejana… ya no pertenecían más a la tierra de A MI NO ME PASA.

Ahora, damisela y calavera vivían en un país… en este país, en esta era… y eran dos comenzando algo aquí y ahora, en la era líquida donde todo parece esfumarse de entre los dedos…

En esta era, en este mundo y en este país, decidieron un día, hace poco menos de un mes, vivir juntos. Y así comenzó una nueva travesía que incluiría, a lo largo de todo este mes, una caravana de viajes llevando y trayendo cosas en pos de concretar la ansiada mudanza… Pero había algo que no se podía mudar, que pareciera no querer mudarse: el sillón rojo.

Así, hubo un intento fallido, y otro y otro… Y damisela y calavera, angustiados, amargados, se preguntaban una y otra vez: "por qué no querrá mudarse el sillón rojo???" Y en casita, todo estaba aguardando la llegada del sillón rojo, como si fuese la pieza infaltable, la irreemplazable para comenzar el orden, la real llegada de todo el resto de las cosas y el real asentamiento de la casa en si…

"Hay que creer" "Hay que tener fe" pareció resonar un día en casa de damisela y calavera, como si la voz de una anciana pequeñita, se hiciera presente de pronto...

Y ayer, nada más ni nada menos que el día de los Santos Inocentes, se concretó la mudanza, y finalmente, el sillón rojo llegó a su nuevo hogar y ocupó, como un rey su trono, el lugar que tan celosamente le estaba reservado…


Ayer noche, calavera y damisela no comieron perdices, pero vieron un capítulo buenísimo de 24, le echaron mucha sal a la comida, y durmieron como niños el sueño mágico del sillón…

1 comentario:

  1. Increible amiguita!! no tengo palabras para lo que acabo de leer!! sos fantasticamente sensible, fantasticamente clara y fantasticamente feliz... te quiero mucho!!
    brindo por el sillon rojo!!

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