“Dale, Jim, apurate, antes de que te agarre la lluvia” me aconsejaba mi amiga desde el otro lado del teléfono. “Si, si, ya me pedí un taxi” la tranquilicé.
Al ratito, no más, calavera me avisaba que el taxi esperaba en la puerta. Mientras atravesaba todo lo largo del pasillo, que me lleva de mi casa a la calle, el viento ya anunciaba que la tormenta, ésa que los noticieros habían sabido adelantar con alertas meteorológicos de todos los colores, no tardaría mucho más en descargar su furia. Tuve tiempo, aún, de subirme al taxi y ahí, si, la furiosa tormenta se despachó a su antojo.
El viaje resultó bastante largo. Era lejos, pero además, había que ir con cuidado. La lluvia se había adueñado por completo de las calles, por donde pasábamos, levantábamos olas hacia los costados, unos chinos, indignados, no dejaban de sacar el agua a escobazos de adentro del mercado, que se empeñaba en volver a entrar con cada auto que pasaba, la gente corría intentando taparse con lo que fuese, o se acomodaba resignada debajo de algún techo, el viento hacía volar toda clase de cosas por el aire: papeles, bolsas, paraguas, ramas… gente no, al menos yo no vi gente volando, se ve que se agarraban fuerte…
“parece que esperó a que subieras”, dijo el tachero, en un claro intento por comenzar una charla y hacer más ameno el viaje. Lo intentó, pero no lo logró, soy especialista en hacer desistir a los tacheros de su intento de volver más ameno el viaje. Pero efectivamente, parecía que la lluvia, había aguardado a que me subiera al taxi para desmoronarse desde el cielo, muy educada la sra. lluvia.
Los mensajitos me llegaban uno detrás del otro
venís?
estás en camino?
por dónde andás?
No me tenían confianza. Ya creían que la lluvia me había ahuyentado. Pero no, ahí estaba yo, estoica en plena marcha hacia la reunión.
Habíamos quedado en encontrarnos con mis compañeros de dramaturgia, en la casa de uno de ellos, que nos había prometido las 3 p: pileta, parrilla y ping-pong. Yo estaba ansiosa por ir a la casa de las 3p!!!
Llegué poco antes de las 21 a una puerta verde de lata, que de afuera no decía nada, pero desde adentro, decía de todo!!!
La casa de las 3 p resultó ser de lo más bonita y acogedora, y su dueño, un anfitrión de primera, como uno de las chicas lo definió: todo un dandy.
En cuanto pasabas por la puerta, te esperaba con un trago recién preparado. Ni se qué era, tenía un color entre naranja y amarillo, pero era riquísimo. Con semejante recibimiento, la noche se presentaba muy prometedora…
Fui la última en llegar. Como siempre, alguno avisó durante el día su imposibilidad de asistir, y luego la tormenta se ve que hizo desistir a otros. Cuestión que el anfitrión resultó el único masculino entre 4 féminas, un lujazo! –para el anfitrión, obvio!-
La tormenta, que se desató feroz, y parecía no tener fin, fue rabiosa, pero sólo por un momento. Un ratito después de haber llegado a destino, ya la furia había amainado, y al rato, volvimos a decidirnos por la primera de todas las opciones, que por cuestiones climáticas, ya habíamos echado por tierra: la parrilla. Si, finalmente una de las 3 p prometidas, se cumplía!
Como la lluvia había cesado por completo, el anfitrión nos acompañó en recorrida por el jardín, que, muy cuidado, -el mismito se encarga-, nos amortiguaba las pisadas con pastito bien mojado. Y ahí, al final del jardín, casi al lado de la medianera que lo separa del vecino, estaba la vedette de la casa, con uds. la señora pileta! Linda, la pile, claro! Lindo tener una pile en el fondo de tu casa, eh! Y como a pesar de la lluvia, el calor no había aflojado, el anfitrión con dos de las chicas que obraron como cómplices, se le animaron a la pile y a la cuenta de tres, piletazo con clavado de por medio! Vaya coraje! Yo desde temprano, había desistido de la pile, así que, no había ido preparada para la ocasión, y andar improvisando “piletas nudistas” no era la onda. De todos modos, imaginaba un frasquete posterior a la mojada que tampoco me animaba demasiado, así que mientras uno chapuceaban como niños, yo conversaba con mi amiga, que detrás de su enorme panza de 8 meses, se mostraba radiante. Pero más allá de eso, y contra todo pronóstico, ya íbamos por la segunda p cumplida!
La mesa de ping-pong estaba, en un rincón, plegada, pero estaba. Y ahí quedó, la pobre, olvidada… Y bueno, 2 p de 3 no está mal, no está nada mal…
Después del chapuzón, después del trago riquísimo, después de charlar con todos un rato, de admirar la casa y el jardín, llegó, finalmente la hora de comer! El menú: trucha y salmón a la parrilla, rociados con exquisita salsa compuesta por crema, hongos, alcaparras y puerro… una exquisitez! Todo acompañado con ensaladas… Y con el salero a mano para echar a gusto!
Fue difícil negarse a un trozo más y a otro y a otro, fue difícil ver cómo, retazos del manjar, quedaban olvidados en una fuente que, estrepitosamente, fue a parar al fondo de la heladera… si fue duro. Pero en algún momento había que decir BASTA, ya el estómago se había extendido todo lo posible.
Con la digestión en marcha, decidimos que era hora de entrar a la casa, la noche había comenzado a refrescar.
Ahí vino la charla esa divina que tanto me gusta con el grupo de dramaturgia, de series y de pelis, y de teatro, y de qué hay para ver y qué está bueno, mechada con la otra, qué van a hacer en las vacaciones, qué es de tu vida, en qué andás… en fin, charloteamos de lo lindo.
“comemos la torta” propuso una de las chicas.
Y para bajar el budín, qué mejor que un te?
Resultó que el anfitrión nos agasajó con un te blanco que se extrae de una flor del mismo color que nace sólo dos veces al año en China, UNA PAQUETERÍA!!! Y sabrosísimo!!! Un aroma! Un sabor! Ni azúcar, ni edulcorante, ni miel, nada, no había que endulzarlo con nada, el gusto era perfecto así como estaba. Claro que tenía un secreto: las hierbas debían quedar reposando durante 8 minutos en el agua, antes de servir el te.
Toda la velada fue muy bien acompañada por música que, delicadamente, había sido seleccionada por el anfitrión, así había temas musicales de los más diversos, pero que juntos lograban una combinación exquisita. Ese fue el souvenir que nos llevamos, cada una, un cd con la música especialmente seleccionada para la ocasión!
Nos quedamos hasta pasadas las 2, prometiendo volver y tomar revancha con la mesa de ping-pong… La casa que prometía las 3 p estaba quedando en deuda con 1, así que pactamos volver a saldar la deuda…
La noche toda fue sublime, pero de todo, lo que más me sorprendió fue el triciclo colgando del techo. Veníamos del jardín y lo descubrí a la distancia, desde el techo yacía el pequeño vehículo. Sostenido por unos cables, flotaba el viejo triciclo del anfitrión, ahí solito, de pronto, entre tanto glamour tanto estilo y tanto coolismo, un triciclo nos mandaba una bocanada de pasado, de infancia, de ternura de juego…
Todo fue un enorme placer, pero, de todo, elijo el triciclo… aunque más no sea para dar un vuelta… una vueltita, un viajecito al país del nunca jamás, y vuelvo…
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