Ahí estaba yo, muriendo de calor debajo del disfraz de la Bella Durmiente, encerrada junto a Blanca Nieves en un cuartito de un pelotero esperando que, desde el cuarto de al lado, repleto de niños, de grandes, de globos y piñatas, el Hada Madrina cumpliera el deseo de la cumplañera y nos hiciera llegar desde el país de los sueños a la cuenta de 3.
Todo comenzó hace unas semanas atrás, cuando, desde un mail, mi amiga me hace el convite al cumpleaños de su hijita, mi ahijada, sin olvidar mencionar el pedido especial.
Aunque en realidad, todo comenzó mucho antes, allá por mayo de 1977 en las Américas de Norte.
No suelo poner nombres a la gente que cito, por nada en especial, simplemente, lo prefiero así. Pero en este caso en particular, me parece que vale la pena.
Zor nació, como decía, un 8 de mayo de 1977 en Estados Unidos.
Su papá, español de origen, había llegado a EE.UU escapando de Franco, (o, muy al contrario, había llegado con su padre, que era franquista, escapando de los que vinieron después, no recuerdo cuál de las versiones es la real, a los efectos, tampoco importa, y de todos modos, tanto una como otra podrían ser ciertas). Emeterio, así se llamaba, trabajaba de mozo en un bar de Nueva York, y es ahí donde conoce a Violeta, la mamá de Zorana, cubana de nacimiento, pero que no se llevaba muy bien con la ideología reinante y, así no más, vía balsa, se cruzó el océano para llegar a las costas de Miami y, vaya uno a saber por qué vueltas de la vida, terminar trabajando como mesera en el mismo bar en que igual función desempeñaba Emeterio.
No se si fue la tonada caribeña o el desparpajo propio de las zonas tropicales, pero la cubana le llegó al corazón al oriundo de la madre patria, y un buen día, concibieron a Zorana, la yanqui de nacimiento más porteña que conocí en mi vida.
Por buena voluntad de los clientes, que dejaban abultadas propinas, o buena visión de Emeterio para los negocios o vaya a saber qué, la cuestión es que para la familia, las cosas comenzaron a mejorar y la situación a acomodarse un poco. Y unos años después, los teníamos instalados en este bendito país, ya dueños de un video juegos al mejor estilo Sacoa por la zona de Almagro, y de un tenedor libre muy concurrido durante el verano en Mar del Plata.
Y poco a poco, los negocios fueron creciendo. Pero eso ya forma parte de otra historia.
A la edad de 6 años, a Zorana le caen con un novedón de aquellos: “vas a tener un hermanito”. No la conocía en esa época, así que no estuve presente, pero imagino su mueca de desagrado: se acababa el reinado para una!
Así fue que nació Omar, 6 años menor que mi amiga, y el único argentino de ley.
La conocí a Zor a los 9 años, cuando ambas cursábamos juntas el 3° grado del colegio Sagrado Corazón. Inmediatamente nos hicimos amigas, -aún no me explico cómo- y muy a menudo venía ella a mi casa o yo a la suya. Recuerdo que cuando iba a su casa, amaba comer el arroz con pollo que nos preparaba la cubana, tanto como sufría cuando a Zor se le ocurría la fantástica idea de jugar a la “guerrita” con Omar. El, 6 años menor, era, claro, el que acababa llorando. Pero después de las persecuciones de rigor que incluían encerradas de mi amiga en el baño, y sacadas del mismo a como de lugar, era Zorana la que terminaba llorando por la mano de Emeterio, que, lo aseguro, era mucho más doloroso.
Qué decir de Zor? En principio, que me he reído lo indecible en su compañía. No sólo por las ocurrencias que tiene, sino por su modo de contar las cosas, vivir la vida y divertirse en forma, (no sin un precio, como todo en la vida, pero también forma parte de otra historia).
Por eso, hace unas semanas atrás, si bien no esperaba encontrarme con el pedido que me encontré, una vez leída la solicitud, no me pareció en lo más mínimo extraño…
La cuestión era la siguiente: Mica, mi ahijadita, la hija de Zor, cumplía 4 años. Su mamá se lo iba a festejar en un pelotero, como el año pasado, con los amiguitos del jardín, la familia y nosotros, los grandes que, desde chicos, venimos acompañando a su mamá y ahora la acompañamos a su pequeña también.
Para la ocasión, la nena, había solicitado la presencia, en su cumpleaños, de las Princesas de Disney. Pero al parecer, dicha concurrencia cuesta unos dinerillos importantes que mi amiga no estaba en condiciones de desembolsar. Y he aquí la ocurrencia: pedirle a sus amigas de toda la vida que se disfrazaran de las princesas para el evento!
Repito, no me extrañó el pedido, lo que no significa que no me causara un poquito de escozor. Pero bueno, la niña quería a las princesas, y su mamá quería cumplirle el sueño, y las amigas de la mamá queríamos hacer lo propio con la madre y con la hija!
Frente a la insistencia de Mica, lo que le respondió Zorana, fue que, de todas las princesas, había logrado hablar con la Bella Durmiente y con Blanca Nieves, (las dos preferidas de la niña), con las demás no se había podido comunicar, o estaban de vacaciones o tenían mucha tarea para entregar. Pero le aseguró la presencia de sus preferidas. Por su parte, Zorana se iba a disfrazar de Hada Madrina, iba a disfrazar a su hija de otra de las Princesas, y a la cuenta de 3, le iba a cumplir el deseo, y ahí era cuando Vicky y yo haríamos acto de presencia enfundadas en los vestidos de las heroínas de la historia.
Ese era el plan. Como se llevó a cabo, fue lo divertido.
Durante todo el cumple, mientras los niños correteaban por todo el pelotero, estuvimos palpitando, temiendo, el momento del disfraz. Zor me había advertido que el que me tocaba tenía mangas largas, así que el calor sería importante, pero sin dudas, la que llevaba la peor parte era Vicky, que como le tocaba corporizarse en Blanca Nieves, era inevitable la peluca carré. Advertida de semejante atuendo, no veía el modo de zafarse del trance y, efectivamente, no zafó, je!
A la hora señalada, nos acorralamos las 3 en el cuartito, y comenzó el operativo disfraz. Claro que era divertido vernos enfundadas en esos trajes, pero todas las carcajadas se las llevó la peluca de Blanca Nieves, o, como la llamaba Vicky, la peluca del pibe chorro. Lo que parecía! Por suerte hay fotos que atestiguan los hechos! En más de una oportunidad, creí que iba a tener que salir corriendo, enfundada en el vestido y todo, hacia el baño, para no sumar más vergüenzas al momento! Es que del ataque de risa, que me agarró al verla con peluca capita y panza al aire por ser la casaquita demasiado corta, además de llorar de risa, casi me hago encima!
Yo no estaba mucho mejor, obvio, pero por lo menos no tenía una peluca tiesa que parecía recién sacada de un lavaplatos.
Pero llegó la hora de cortar la torta, así que Zor nos dejó, se fue con su hija, que para ese entonces también estaba vestida de Princesa, y como había prometido, a la cuenta de 3 le cumplió el sueño a Mica y ahí aparecimos nosotras, las pseudo Princesas de los cuentos.
Aún no se qué efecto provocó esta aparición en la niña. Espero no conlleve daños colaterales demasiados tremendos!!! Al resto de los chicos, pareció gustarle, pasábamos y nos tocaban el vestido y se nos quedaban mirando con los ojos grandes y sorprendidos. Pero Mica, claro, nos conoce, por más peluca y vestido que nos pusiéramos, éramos la madrina y la tía Vicky. Así que, desde su desconcierto, no se si la pequeña entendió algo, si se pensaba que le estábamos tomando el pelo o si no sabía muy bien qué pensar. Por otra parte, en sus escasos 4 años, supongo que ya sabe que de su madre puede esperar cualquier cosa, y no debe sorprenderse si de pronto una de las tías aparece caracterizada de Princesa de Disney a la cuenta de tres de su madre que, desde su disfraz de Hada Madrina promete cumplirle el deseo.
Mientras estábamos en el cuartito, con Vicky pasamos por todos los estados. Además de que vinieran todos los que trabajaban en el pelotero, se asomaran para reirse a carcajadas en nuestras caras y luego seguieran su rumbo, todos los grandes que asistieron al cumpleaños obraron de igual manera, entre ellos, calavera, claro! Nos sacaban fotos y se alejaban con el souvenir tan preciado. Pero además de tolerar semejante humillación, (de todos modos, a esa altura ya estábamos jugadas y no nos importaba nada), nos preocupaba la reacción de la niña. Yo temía que todos se pusieran a llorar, Vicky que todos se pusieran a reir, y ambas que le arruináramos el cumpleaños a la nena o, lo que es peor aún, que no nos quisiera más!
Por suerte, nuestros más sombríos pronósticos no se cumplieron y todo resultó bastante bien, los niños no lloraron ni se rieron, más bien, sorprendidos nos miraban extasiados, los grandes si, claro, todos rieron mostrando bien los dientes, pero ése es un dato menor, y Mica, bueno, Mica aún no se cómo lo habrá tomado, pero seguramente, algún día, cuando sea más grande, se dará cuenta de que su mamá era capaz de hacer cualquier cosa con tal de verla feliz… y de que contaba con un séquito de amigas que también harían cualquier cosa por ver feliz a la madre y a la hija!!!
FELICES 4 AÑITOS MICA!!!!!!!!!!
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