Me lo veía venir. Sabía, que más tarde o más temprano, finalmente sucedería. Siempre, al llegar esta época, un poco más temprano en el tiempo o un poco más tarde, debo enfrentar el hecho: mi psicóloga se toma vacaciones.
Como digo, ya sabía que esto ocurriría en algún momento, es más, sabía que no podía demorarse demasiado más, enero iba a ser el mes, enero siempre es el mes elegido. Sólo me faltaba escuchar la confirmación, que agazapada esperaba detrás del diván para saltarme encima en cualquier momento.
Y no se hizo esperar mucho más, finalmente, la confirmación llegaría, hace dos miércoles atrás. Pacientemente escuché la noticia con estoica aceptación justo antes de abandonar el consultorio. Para volver el miércoles siguiente y con una sonrisa fingida, al terminar la que sería nuestra última sesión hasta su regreso, la despedí con un beso y un deseo de felices vacaciones y que descanses. Pero el saludo se volvió eterno, sin pensarlo me aferré a ella sin dientes pero con uñas y no podía soltarla. Actuando delicadeza, logró separar mis garras de su estructura, alejar un poco mi cuerpo del suyo, y con una sonrisa tranquilizadora, mientras me acariciaba la cabeza como a un cachorro fiel, me aseguró que todo iba a andar bien. Yo, desde mis ojos húmedos de cordero degollado, quise creer.
No me animé a contárselo a nadie en cuanto me enteré. Mejor dejar pasar algunos días, decidí. Se lo que provoca esta noticia en los que me rodean: PANICO, y preferí aplazar la agonía del resto lo más posible, el camino al cadalso ya estaba siendo transitado por mi, y al menos por una semana más podía demorar que el resto se me uniera como un séquito en el espinoso camino.
Pero después del miércoles pasado, después de la última sesión hasta su retorno, la confesión se volvía inevitable…
La semana pasada, cuando se lo revelé a calavera, inmediatamente me recordó una situación que habíamos vivido en la última ausencia de mi psicóloga, la escena incluía gritos y llantos en medio de la calle. Me hizo prometer que esta vez me controlaría, yo le retruqué que intentaría controlarme, pero la modalidad condicional con que conjugué el verbo no lo convenció, y ante su insistencia, no me quedó otra más que cruzar los dedos detrás de la espalda mientras mi boca escupía desvergonzada la promesa. Mi mentira, sin él saberlo, pareció tranquilizarlo, y el tema quedó ahí.
“Todo va a andar bien” me repito para mis adentros como un mantra sanador, “Todo va a andar bien…”
Esta mañana, antes de salir de casa, en el resumen diario que nos hacemos con calavera para saber por dónde andará cada uno, me preguntó, incrédulo: “Hoy vas a lo de tu psico, no?” “No, está de vacaciones, te acordás?” se le había olvidado el detalle, como si se negara a aceptar la realidad, “Ah, cierto”, agregó enseguida, y vi cómo una mueca de dolor se le dibujaba en el rostro. Tiene miedo, decididamente, calavera tiene miedo.
Y cómo no tenerlo? Yo también lo tengo!
Ahora que lo pienso, el único que no temía estas ausencias, el único que más bien las festejaba, era chico malo que vestía sólo de negro. Chico malo odiaba a la psicóloga, la responsabilizaba por nuestras peleas. Supongo que ella se olía mucho antes que yo que chico que vestía sólo de negro era, además, chico malo, y quizás intentó hacermelo notar más de una vez, sin lograr un éxito completo. La verdad me saltaría a la cara de todos modos, en el momento menos oportuno, justo cuando mi psico estaba de vacaciones, es que a chico malo que vestía sólo de negro le encantaba hacer estas cosas, tenía un humor negro, chico malo un humor muy muy negro…
La cuestión es que debo enfrentar el hecho de que por 3 semanas tengo un “alta” obligada, no deseada y mucho menos buscada, pero no me queda otra más que atravesar estas 3 semanas del mejor modo posible.
Pensé en diferentes alternativas: tomar la pócima que tomo Julieta y esperar entre sueños que las 3 semanas pasen sin pena ni gloria. Pero temo que me den por muerta y, además de hacer sufrir a mi familia, me despierte un día enterrada 3 metros bajo tierra. Otras opciones que se me ocurrieron fueron recluirme en un monasterio, hacer una cura de sueño, un pacto de silencio, vender el alma al diablo, inventarme algún trabajo en el Amazonas o unirme a los cascos azules, pero todas me parecieron demasiado extremas y no se si estoy lo suficientemente entrenada para lograr ninguna de las metas.
No, Jimena Luján, no queda otra más que atravesar heroicamente las tres semanas.
Siempre, absolutamente siempre que mi psicóloga se va de vacaciones, me da el teléfono de una colega a quien llamar en caso de urgencia, acto que en si mismo me llena de tranquilidad. Nunca utilicé el recurso de la colega, pero siempre me tranquilizó saber que tenía el teléfono al alcance de mi mano para hacer uso en cuanto lo precisara. Pero esta vez no, esta vez no me dejó ni teléfono ni fax ni dirección de mail ni nada de nada de ningún colega suyo. No me di cuenta hasta hace unos pocos días, y para ese entonces, la suerte ya estaba echada. En cuanto caí en la cuenta de la ausencia total de profesional en sanamiento mental a la que debía enfrentarme, el pánico se apoderó de mi. Pero al instante, y haciendo uso del más despierto de los raciocinios, consideré la posibilidad de que en realidad anduviera incluso mejor de lo que yo misma imaginaba, y que el no darme un teléfono no había sido producto de una distracción, sino una decisión evaluada concienzudamente por tan buena profesional. Pero de pronto, el más despierto de los raciocinios pareció echarse a dormir, y en cuestión de segundos nuevamente toda yo era invadida por el más espantoso de los pánicos, adicionando el síndrome de la abstinencia psicoanalística: no había sido una decisión tomada a conciencia, no, había sido un olvido producto del cansancio que pasientes de la talla de la que suscribe le acarreamos durante todo el año, un horrible, horrible olvido…
Sin embargo, y apelando a la promesa de calavera que aseguró que me iba a ayudar, (me pregunto si mientras lo hacía, también él cruzó los dedos), opté por que el pánico no ayudaba en nada a pasar estas tres semanas que me quedan por delante, y haciendo uso y abuso de mis escasos conocimientos de TAI-CHI, apelando a la respiración vuelta conciencia, a llevar la energía al centro, al OMMM y a la buena voluntad de los astros que no me van a tirar un balde de agua hirviendo desde los cielos, -al menos no durante estas 3 semanas- he decidido quedarme tranquilita pensando que, efectivamente, todo va a andar bien…
Hoy es el primer miércoles que no voy a tener sesión, y lo único raro que noté hasta ahora, es que todas las mañanas, al despertar, me acuerdo de los sueños que tuve. Yo nunca sueño, o mejor dicho, nunca recuerdo lo que soñé, (dicen, los que saben, que todos soñamos siempre cuando dormimos, y en colores! pero a mi sólo me pasaba despierta!), cosa que solía frustrar a mi psicóloga. Ahora que ella no está, me acuerdo perfecto lo que sueño la noche anterior. Pensándolo bien, supongo que hasta puede ser tomado como un avance, no? Es decir, lo que antes no recordaba por reprimirlo, ahora que lo recuerdo ya no lo estoy reprimiendo!!!
El último sueño que tuve corresponde a anoche. Soñé que le comentaba a calavera que quería comprar un auto y, acto seguido, lo compraba. Suele pasarme en la vida que comento que tengo ganas de algo, y media hora después lo estoy haciendo. Mi amiga Maru siempre me recuerda que una mañana le comenté como al pasar que me quería hacer un tatuaje, y esa misma noche, cuando nos encontramos para ir a bailar, le mostré el que me había hecho. Esto no demuestra más que una clara ansiedad y que hay cosas que no pienso dos veces. Y si bien, repito, suelo comportarme así en la vida, nunca me pasó con un auto! Claro, la imposibilidad monetaria me lo impide desde el vamos, y para eso están los sueños! Pero no termina ahí. El auto que compraba no era cualquier auto, era un Mercedes, (cabe aclarar que no se nada de autos, pero si conozco los mercedes, je!), y se me había ocurrido amputarle el asiento del conductor y en su lugar poner un silloncito de mi abuela, excelente idea, no? mucho más cómodo que el asiento original seguro, no se si tan práctico… Otro detalle no menor es que en mi sueño, como en la vida misma, no se manejar… Dato no menor pero que no me desalentó a la hora de subirme, en el sueño, al flamante automóvil con silloncito de la abuela incluido. Ahí estaba yo, montada a mi Mercedes, que al darle el giro de arranque comenzó, de manera asombrosa a volar. Cosa que me pareció muy normal y que además me solucionaba el temita ese de no saber manejar. Lo que ocurrió después si fue un poco más novedoso. El autito, comenzó a tomar formas extrañas hasta, finalmente, cobrar la forma de mi abuela de cuerpo entero. Y ya no era yo la que manejaba, sino una especie de justiciera, como si fuese una súper heroína al volante, pero bastante personal, es decir iba yo, montada a caballito de mi abuela, por los aires, ajusticiando a todo aquel que me la había hecho pasar mal…
No me pareció tan raro, después de todo, montar a caballito a su nieto y castigar a todo aquel que lo haya hecho sufrir, puede ser el sueño de cualquier abuela, no? En este caso, es cierto, lo soñó la nieta, lo admito, pero estoy segura que, de haber podido, mi abuela lo hubiese soñado también. El sueño prosiguió con los actos de ajusticiamiento. No creo que deba preocuparme por ninguno en particular. En definitiva, el chico malo que se vestía todo de negro, se lo merecía, aquel curandero ciego que tuve la mala suerte que cruzarme alguna vez, también obtuvo su merecido, y ni hablar de aquella insulsa actriz que tan mal me la hizo pasar una temporada! su pelo largo hasta la cintura bien pagó el mal trato al que me sometió durante tantas funciones…
Ahora que lo pienso, el hecho de que recuerde los sueños, es, sin dudas, un adelanto importantísimo en mi análisis, mi psicóloga se va a sentir muy orgullosa de lo que progresé en estas semanas!
Si, si, si! Si sigo soñando así, y recordando todo con tanto detalle, seguramente podré superar exitosamente estas 3 semanas!
Todo va a andar bien, todo va a andar bien…
El mantra salvador de mi psicologa fue: - Vas a estar bien...
ResponderEliminarY eso fue 3 meses atras, cuando comenzo con su licencia por maternidad!!!!!
Moraleja: es preferible que las psico tomen vacaciones, y no que nos fuerzen a unas largas vacaciones sin fecha de vencimiento para tener a su segundo hijo!!!!! Buaaaahhh! Buaaaahhh!!
Igual yo me estoy portando bastante bien... porque VOY A ESTAR BIEN, VOY A ESTAR BIEN, jajajjaja