El sábado tomé un tour que se llama Buenos Aires Misteriosa II, (lo que implica, claro, un Buenos Aires Misteriosa I, que se hace los viernes). El tour consiste en una recorrida por distintos lugares de Buenos Aires en los que se sucedieron hechos de lo más escabrosos, asesinatos, desapariciones y, lo que es peor aún, apariciones! Así se recorren algunas zonas de la ciudad, y la guía, además de ofrecernos un cacho de cultura y de historia de la ciudad, -que nunca está de más- como es narradora, oficia de buena cuentista a la hora de poner en palabras esas misteriosas historias. El tour es súper recomendable, además de ser una buena forma de recorrer nuestra ciudad por la noche que, dicho sea de paso, es preciosa.
Así nos refirió distintas historias, algunas leyendas urbanas, que no se sabe si son ciertas o no, pero que se fueron haciendo famosas pasando de boca en boca; y otras, absolutamente ciertas, hechos reales, sangrientos y truculentos, que cuentan con su respectivo archivo policial y todo, (y en algunos casos, también expediente psicológico).
Tanta historia negra y fantasmagórica, me hizo traer a la memoria, un suceso que dormitaba por allí, en los confines de mi mente.
Todo el mundo conoce, al menos todo el mundo que vive en Caballito, al fantasma que recorre el Parque Rivadavia. Antiguamente, el parque Rivadavia era una casa quinta que pertenecía a la familia de Ambrosio Lezica, y justo donde hoy está el gran ombú era donde estaba la servidumbre. Cuenta la leyenda que una morena, al parecer muy amigable, solía recibir por las noches a sus amantes. Pero una noche, a uno de sus amigos, que era muy celoso, no quiso recibirlo. Aparentemente, esto no le habría gustado al muchacho que dicen que la mató a puñalada limpia. Otra versión refiere que la morena habría sido degollada al descubrirse que recibía estas visitas por las noches. La cuestión es que hay más de uno que dice haberla visto pasearse por el parque, plancha al rojo vivo en mano, y otros aseguran haber escuchado sus quejidos. Lo que si es seguro es que, los que vivimos por el Parque Rivadavia, no tenemos por costumbre acortar camino cruzando el parque… al menos no de noche.
Pero no era esta la historia que recordé. Sólo me sirve como introducción, para adentrarme en el mundo fantasmal de Caballito.
Seguramente, cada barrio tendrá su historia, su hecho escabroso, su fantasma. Seguramente si, yo no lo se. Lo que se es que Caballito si lo tiene, y si tiene un fantasma, puede tener más de uno… o no???
Todo sucedió una noche. Era mi cumpleaños n° 25. Yo cumplo años el 8 de julio, pleno invierno, por eso, los 26° que hicieron durante todo el día lo volvieron, al menos, un 8 de julio particular. De todos modos, vivido con gran alegría: “es mi cumpleaños y me puedo poner una musculosa, HUIJAAA!!!” Es que, realmente, los atuendos de verano siempre son mucho más prometedores que los de invierno.
Para la ocasión, se me había ocurrido festejar mi cumple invitando a mis amigos a cenar a mi casa. Todavía vivía con mis padres, pero pacté con ellos que ese sábado saldrían por la noche, y no volverían a dormir, se fueron a un hotel o algo así, otro hecho escabroso del que prefiero no enterarme los detalles.
Le pedí ayuda a mi mejor amiga, y juntas preparamos varias salsas para acompañar un montón de ñoquis que había encargado. Mi amiga, una santa, vino ese sábado por la tarde, y se clavo conmigo en la cocina a poner todo a punto.
A la hora señalada, comenzaron a venir los invitados. Así llegaron mis amigas de la secundaria, mis amigas de la vida y mis amigos de teatro, (grupo al que correspondía mi amiga Maru), todos con sus respectivos.
Parece que las salsas no estaban nada mal, porque en general, todos quisieron probar todas: la filetto, la mixta, la parisienne… Y comimos como bestias, casi no sobró nada. También hubo postre seguramente, no recuerdo con exactitud, pero me atrevería a aseverar que mi amiga Maru me había preparado una torta, como suele hacer para mis cumples, por otra parte.
La cosa es que así pasó la velada. Comimos, charlamos, tomamos, cortamos la torta, volvimos a comer y así… Pasaron las horas, y el festejo llegó a su fin.
Todos se fueron retirando, de a poco. Todos, menos Maru. Amigas como estas hay una en un millón, y Santa Marina se quedó conmigo y me ayudó a poner todo en orden. Había, primero, que levantar la mesa, repleta de platos, vasos y cubiertos, lavar todo lo que se había ensuciado, y luego ordenar un poco para que no pareciera Sarajevo al día siguiente cuando llegaran mis padres.
El departamento es grande, es bastante grande, pero el living-comedor, que fue donde se desarrolló todo el evento, está separado de la cocina por un pasillo largo y angosto, lo que significa que, para llevar todo del comedor a la cocina, había que atravesar ese largo pasillo, cada vez.
Y eso hicimos con mi amiga. En cuanto se fue el último de los comensales, mientras hablábamos de cómo la habíamos pasado, mientras chismeábamos sobre cosas de la reunión, emprendimos la faena de levantar la mesa, recorrida de pasillo incluida. Pero nuestra charla, que venía siendo muy fluída y risueña, siempre con algún condimento malicioso y gracioso de esos que no pueden faltar, de pronto, esta charla tan amena y entretenida, comenzó a menguar… Fue de a poco, y no sabría explicar bien cómo, pero las dos comenzamos, de a poco, a quedarnos calladas, los comentarios cada vez eran más escuetos, y nuestras risotadas también comenzaban a flaquear. Hasta que el silencio y la seriedad, se adueñaron por completo del momento. Y así seguimos, levantando la mesa en silencio y con actitud seria.
Hasta que se me ocurrió la buena idea de quedarme en la cocina lavando, ya tenía varias cosas para lavar, así que, para ir adelantando, yo me quedaba en la cocina lavando, mientras Maru continuaba trayendo el resto de las cosas desde el comedor. Se lo propuse y, sin dar un salto de alegría aceptó. Y así lo hizo, una vez más. Pero cuando volvió de esa última vez, ya no pudo soportarlo más y lo soltó:
-Ay, Jim, te lo tengo que decir, no quiero ir más al comedor sola, estoy viendo a un montón de gente!
-Vos también?!
-Cómo yo también?! Vos también los ves?
-Si, hay un montón, son miles! Pero no son gente….
-Son fantasmas!!! (gritamos las dos, al unísono)
-Si, son fantasmas, yo no lo quería decir, pero si…
-Me estaban volviendo loca! Creí que yo sóla los veía, y están todos ahí, en el comedor, cada tanto veo a uno por acá, ay! acaba de pasar, lo viste? Por eso te decía que siguieras vos levantando, no sabía que los veías también
-Si, los veo están por todas partes, parece que estuvieran de fiesta, no?
Esta doble confesión, un poco nos tranquilizó. En el caso de estar locas, era algo más que compartíamos. Y decidimos tratar de tranquilizarnos.
En principio, llegamos a esa conclusión, que estaban de fiesta. Para mi, eran mi abuela Tere y sus amigos. Mi abuela había vivido en mi casa con nosotros hasta que se murió, cuando yo tenía 7 años. Y en más de una oportunidad me pareció verla, haciendo el mismo camino que siempre hacía cuando se iba a dormir y que yo, desde mi cama, podía ver noche tras noche. Después de muerta, cada vez que la vi, sentí paz, nunca miedo, era mi abuela! Pero esto era otra cosa, era un desfile de apariciones!!! Había un montón, y el punto de reunión parecía ser el comedor, como lo había sido para mis amigos y para mi hasta hacía un rato no más, pero cada tanto se veía alguno rezagado vagando por allí, quizás algun sediento yendo a la cocina a buscar algo con qué saciar su sed.
La segunda conclusión a la que llegamos, fue que eran amigables. No estaban moviendo cosas, ni golpeando nada contra las paredes, ni nos hacían cosas raras ni nada, simplemente, estaban ahí. Y como yo había visto a mi abuela en otras oportunidades y esa era, en definitiva su casa y yo su nieta y ése día era mi cumpleaños, pues bueno, que mi abuela había decidido venir a mi cumpleaños n° 25… acompañada por sus amigos del cielo!!!
Finalmente, tomamos coraje, y entre las dos terminamos de hacer el resto de viajes que faltaban del comedor a la cocina levantando las últimas cosas, del modo más rápido posible, y luego nos encerramos en la cocina a lavar, secar y guardar todo. Una vez terminada la tarea, volvimos a tomar coraje para atravesar una vez más el largo pasillo y el living-comedor, y llegar al pasillito que desembocaba en mi dormitorio, (hoy, dormitorio de mis sobrinitas). Así que, juntitas y agarradas de las manos, emprendimos la odisea. Juramos no mirar, juramos mantener nuestra vista al piso, pero la tentación era grande… Maru asegura que los vio fumar, yo aseguro que los vi jugar al poker, pero también es posible que a esa altura, el cansancio y la sugestión se estuvieran dando una panzada con nuestras cabecitas. Lo que si es seguro, es que estaban ahí, que eran muchos y que la estaban pasando bárbaro…
No se si la temperatura, por demás calurosa para la época debió habernos alertado sobre los sucesos posteriores, no se si es que, desde que murió mi abuela la cocina no es lugar donde se asen manjares y la excepción llamó la atención de mi abuela y decidió convocar a festejantes al convite, o si eran las ganas que tenía de festejar conmigo mi aniversario o si el cuarto de siglo trae consigo una energía propia de otro mundo… lo que si se es que, esa noche, en mi casa, a Maru y a mi se nos aparecieron un montón de, -valga la redundancia- “apariciones”, y que compartieron con nosotras un buen rato…
Hay quién dice que estas presencias conviven todo el tiempo con nosotros, pero que sólo algunos pueden percibirlas.
Yo no se si es cierto, y la verdad, prefiero no enterarme tampoco. Si se que ese día con mi amiga, forjamos una amistad que va más allá del ámbito de lo terrenal, a partir de ese momento, además de todo, somos “amigas de apariciones”, eso es así, lo crea ud. o no…
Increible!! Imposible de olvidar amiga!! Cada vez que me acuerdo se me erizan los pelos del cuerpo, eran muchos y estaban todos ahi... un desfile insesante de figuras fantasmales... Pero es verdad eran amigables y sabian compartir!!!!!! Lo bueno fue saber que las dos estabamos siendo participes de ese gran evento del mas alla, que esta vuelta tenia sede en el mas aca... mas aca en Caballito...
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