domingo, 31 de enero de 2010

LOS INICIOS

Mi primer viaje lo hice cuando tenía 5 años, al menos el primero del que tengo algún recuerdo, aunque en aquel momento no le di importancia, y coincidió con mi primer viaje en avión. Iba con mi familia de vacaciones a Río de Janeiro, Brasil.

Mis padres estaban sentados en la fila de adelante, y mi hermana, mi abuela y yo en la de atrás.
Mientras mi hermana, que ocupaba el lado de la ventanilla, soñaba abstraída dentro de una de las historias de Luisa May Alcott, mi abuela, sentada del lado del pasillo, soñaba por los efectos de una pastillita que se había asegurado en tomar justo antes de subir al avión, lo que me dejaba a mi en el asiento del medio, encerrada entre dos que soñaban, una despierta y la otra dormida.

El aburrimiento era tal que, a veces, pienso que todo pudo haber sido producto de mi imaginación, capaz de inventar hasta lo más disparatado con tal de mantener mi mente entretenida en algo. Pero con el paso del tiempo y un sinfín de hechos ocurridos después de aquel viaje en avión, he optado por desistir de ese pensamiento, claramente estaba presa entre esos dos cuerpos, atada con el cinturón al asiento y con las garras del aburrimiento rascándome la cabeza, y todo lo que ocurrió después, fue igualmente cierto, producto de la más absoluta realidad, y no una fantasía ideada por mi disparatada imaginación de niña aburrida.

Como mis compañeras de viaje no parecían ser mi fuente de entretenimiento, decidí buscar mi diversión en cualquier cosa que estuviera a mi alcance. Cuando creí haber explorado todo lo explorable del avión, cuando ya había devorado hasta la última miga de lo que nos habían servido en la bandejita, incluso el resto de sal que había quedado en el sobrecito que venía para condimentar la ensalada y que rasqué laboriosamente con el índice para luego lamer con esmero, cuando ya había intentado por todos los medios despertar a mi abuela o molestar a mi hermana, y tras fracasar en ambos casos, desesperada incliné mi cabeza hacia atrás como buscando en el cielo alguna respuesta, y descubrí, sobre mi cabeza, una serie de teclitas y dispositivos de los más diversos que se convirtieron rápidamente, en mi nuevo foco de interés.

Toqueteando unos y otros, descubrí el orificio por donde salía el aire frío, las lamparitas y las teclitas que las activaban o no, los parlantitos y una tecla más, misteriosa, diferente a las otras.
Sin siquiera pensarlo dos veces, la presioné y tras no obtener ninguna respuesta a la vista, volví a presionarla aguardando expectante los resultados. Pero nada parecía suceder, y cuando mi dedo, insistente, se disponía a apretar por tercera vez la teclita, una aeromoza y su gran sonrisa de dientes blancos se acercó a preguntar qué necesitábamos. Claro que al ver la escena que se le presentaba, y comprender que quien había presionado el llamador no había sido ni mi abuela, que continuaba soñando la mona, ni mi hermana, que continuaba soñando con mujercitas y hombrecitos y los muchachos de Jo, sino una pequeña, fastidiosa y seguramente malcriada chiquilla que se entretenía haciéndole perder su valioso tiempo, la sonrisa se le desdibujó rápidamente. Entonces comprendí que la misteriosa tecla tenía la misión de llamar a las azafatas, comprendí que la simpática que se había acercado era la misma que ahora me miraba con cara de perro malo y comprendí, con el movimiento de cabeza de mi mamá, que también ella lo había comprendido todo, y un terror descomunal se apoderó de mi. Ahora mi madre se daría vuelta, hablaría con la azafata, le pediría disculpas, y el resto lo arreglaría conmigo, seguramente se enfadaría, luego vendría el reto y por último la reprimenda, que podía ser desde dejarme sin postre hasta dejarme sin playa, dependiendo siempre del humor maternal, y mi corta experiencia no me auguraba buenos resultados. Así las cosas, el terror más inmenso se volvió mi amo. Ahora que lo pienso, mi imaginación fue más rápido que mi cordura, después de todo, la travesura no había sido tan grave, quizás hubiese habido una llamada de atención o un reto leve, pero seguramente no una reprimenda, así que semejante pánico fue, sin dudas, insensato, quizás producto de la altura o como consecuencia del exceso de sal, no lo se, pero en aquel momento, lo viví así, sólo me quedaba esperar lo peor…
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Lo siguiente que recuerdo es que estaba sentada en un banquito, en el compartimiento de las azafatas, con tres de ellas en cuclillas, soplándome la rodilla roja de mertiolate, mientras mi mamá, acariciándome la cabeza, intentaba consolarme a la par que me regañaba por haberme subido al asiento, intentando treparme al porta-equipaje, a pesar de sus múltiples advertencias. De qué estaba hablando? Qué porta-equipaje? No importaba, sólo estaba feliz de haber esquivado el del reto y la vergüenza frente a la azafata, qué había pasado? No lo sabía, pero tampoco me importaba, sin dudas, tenerlas a mi alrededor soplándome la rodilla y a mi mamá preocupada intentando consolarme, era un panorama mucho más halagüeño que el posible reto que, temía, podría haberme dejado sin playa por los próximos días. Así que, dejé de llorar, de hecho el dolor de la rodilla ya se había calmado, y volví a mi asiento del medio contenta, con un librito para pintar y una ración doble de torta de chocolate de la clase ejecutiva.

Muchos años después comprendí que ése había sido mi viaje iniciático, mi primera experiencia de traspaso virtual de umbral también virtual. Un viaje corto, y que compartía similares características entre un mundo y su paralelo, pero un viaje al fín, el primero del que guardo algún recuerdo y el primero de una larga e incesante lista que me acompaña desde entonces y hasta el día de la fecha. Acaso haya habido otros antes, acaso los viajes virtuales a mundos paralelos me vienen acompañando desde el vientre materno, no lo se, y claramente no tengo registro de ello. Sin dudas puedo asegurar que aquel primer viaje en avión coincidió con mi primer viaje a un mundo paralelo del que tengo registro, y que fue el que abrió la compuerta de los viajes concientes, compuerta que nunca más se cerró.

Con los años, y a raíz de numerosas investigaciones y averiguaciones que, por curiosidad primero y por necesidad después me vi obligada a hacer, comprendí por qué mis viajes a mundos paralelos podrían haber comenzado en aquel primer viaje de avión. Primero descubrí que viajar en avión es la forma más fácil de atravesar puentes, cruzar umbrales y, en definitiva, viajar a universos paralelos. Las posibilidades se vuelven inmejorables por cuestiones de presión, velocidad y una conjunción de factores que el estado mismo del vuelo produce en los cuerpos, pero son ecuaciones muy difíciles de comprender que no vienen al caso. Esto sumado a la ingesta excesiva de sal que también ayuda en el proceso del viaje, habilitando la apertura de ciertos capilares que tenemos en la zona de las papilas gustativas, que tienen relación con la zona del cerebro donde se gestan los viajes, pero también son cuestiones escabrosas que merecen una explicación más detallada. También habría contribuido el terror que se apoderó de mi y las ganas tremendas que sentí de esfumarme de aquella situación. Si se lo piensa bien, los viajes virtuales no son más que el cumplimiento de un deseo fervoroso que no podemos expresar… debemos pensar muy bien qué deseamos, a veces los deseos se cumplen.

Por supuesto que ésta era una información que ignoraba a los 5 años. De haberlo sabido, quizás, todo hubiese sido diferente, pero de nada sirve pensar en eso ahora.

Si bien los estudios no están demasiado avanzados y aún existe un gran desconocimiento al respecto, el debate científico está abierto y las teorías son innumerables.
No es un tema del que pueda hablarse abiertamente, -es más, los gobiernos hacen todo lo posible para mantenerlo en las sombras, siempre temen aquello que desconocen-, pero existe, y aunque intenten ocultarlo, el tema está instalado en todas las discusiones científicas que se precien de serlo.
Algunos estudios aseguran que se trata de una posibilidad, un don lo llaman algunos, una deficiencia o deformación otros, una simbiosis alienígena los más alarmistas, la cuestión es que la ignorancia sobre esta clase de temas siempre acarrea temor y posibilitan ciertos comportamientos represores, por lo que, tanto unos como otros ocultan toda información cubriendo el tema con un gran manto de silencio.

Mientras tanto, nosotros, los viajeros, vamos de mundo en mundo sorteando toda clase de peligros, intentando evadir a aquellos que nos persiguen. Entendemos el miedo, la ignorancia hace estragos en la mente de los débiles, y es verdad que hay viajeros que intentan aprovecharse de su don en perjuicio del resto, pero son delincuentes, casos aislados y no deberían juzgarnos a todos igual por causa de algunos.
En nuestros viajes, sólo estamos en la búsqueda de nuestra identidad, tratando de averiguar qué nos sucede… y lo mejor, qué podemos esperar que ocurra con nosotros. El peligro es constante, pero las posibilidades de viajes infinitas.

Para todo recién iniciado, seguramente, la primera pregunta sea: Por qué a mi?

Si bien a ciencia cierta no hay nada asegurado, la teoría más divulgada otorga toda la responsabilidad de los viajes a una célula llamada CTVU, Célula de Traspaso Virtual de Umbral. Aparentemente, la información genética formadora de esta célula produciría el salto de una realidad a otra. Por qué esa información genética produciría la creación de esta célula y por qué se daría en ciertas personas y no en otras, es algo que aún es materia de investigación, pero muchos científicos aseguran que se debe a un deseo muy grande de la madre de que su hijo viva todas las experiencias que quiera, en conjunción con una ávida curiosidad del feto en formación. Esta comunión sería la responsable de la formación de la CTVU.

Otra cuestión es que esta célula puede permanecer en estado de latencia toda la vida sin jamás activarse. O puede activarse sólo cuando la persona está en sueños, sin enterarse nunca de los viajes en los que participa mientras su conciencia duerme, lo que provoca que todo aquello que viva en las realidades paralelas, sea agenciado tan sólo como un sueño o una vivencia reprimida en algún remoto hueco de la mente. Claro que estos casos suelen acarrear, a largo plazo, trastornos de los más diversos, ya que la persona, jamás cedería al descanso real, en todas sus vidas se encontraría inexplicablemente cansada y, de convertirse estos viajes en sueños en una constante, podría, incluso, estar en peligro de muerte.

Finalmente, el por qué de que esta célula se active, entre en funcionamiento, también son más las preguntas que las respuestas.

En mi caso, pareciera que haber comido esa sal desde el sobrecito, activó un dispositivo que normalmente se encuentra en estado pasivo, el viaje en avión habría posibilitado el acercamiento a umbrales de comunicación con otros mundos, el terror al reto de mi madre habría creado en mi un deseo muy profundo de desaparecer y todo junto habría provocado el viaje.

Cuanto es real y cuánto de mentira, no se si alguna vez lo sabremos. Lo real es que los viajeros existimos, vamos de mundo en mundo sin poder elegir demasiado en cuál quedarnos, mientras escapamos de aquellos que nos persiguen… “Si no puedes derrotarlos, úneteles”, reza un conocido dicho. Y eso haré, no puedo evitar viajar a mundos paralelos, así que ya no lo haré. A partir de ahora, voy a vivir muchas realidades a la vez, la vida es demasiado corta, las posibilidades infinitas, el riesgo aterrador y la adrenalina asegurada…

Para quien guste acompañarme, las compuertas están abiertas…

1 comentario:

  1. amiga con gusto me sumo a tu propuesta encantadora...eso si yo poca sal, pero muuucho oreganooooo para despertar tantas realidades como sea posible en este universo!!!! te extraño!!! besotes

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